Fácil entrar, difícil salir del fascismo

Bolivia y Chile, procesos en distinta dirección

Fuentes: Rebelión

En Bolivia el fascismo atropella. En Chile el fascismo, intacto, aguanta. Chile y Bolivia viven dos dinámicas revolucionaria y contrarrevolucionaria, opuestas; dicho de otra forma: dos momentos distintos en la lucha de clases o en el enfrentamiento con el Imperio. Por otro lado, los factores, internos o externos, con los que se realizan estas luchas; […]

En Bolivia el fascismo atropella. En Chile el fascismo, intacto, aguanta.

Chile y Bolivia viven dos dinámicas revolucionaria y contrarrevolucionaria, opuestas; dicho de otra forma: dos momentos distintos en la lucha de clases o en el enfrentamiento con el Imperio. Por otro lado, los factores, internos o externos, con los que se realizan estas luchas; y las propias coyunturas en las que tienen lugar, son distintos.

Dos dinámicas con diferentes puntos de partida y puntos de llegada inciertos. Para decirlo de otra manera, mientras en Bolivia el fascismo se consolida frente a un pueblo que ha sido desarmado de sus instituciones políticas, organizaciones sociales, sindicales, de clase, del estado plurinacional y de sus liderazgos políticos; en Chile la rebelión social, iniciada por la subida de las tarifas en los transportes que situaba a estudiantes, trabajadores y sectores populares -incluido el pueblo mapuche- en una situación insostenible, se ha encontrado frente a un sistema institucional resistente, empezando por la Constitución y las leyes represivas.

La estructura económica neoliberal estaba en retroceso en Bolivia y ahora se consolida rápidamente, mientras que en Chile no se ha movido ni un ápice.

En Bolivia las Fuerzas Armadas y Policiales, con un equipamiento represivo similar, han entrado en enfrentamiento con el pueblo. En Chile, los carabineros, expertos en la represión y en su escalada desde los tiempos de Pinochet; y las Fuerzas Armadas, con una estructura idéntica a la que tuvieron después del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 mantienen unos mandos de ideología fascista e imperialista. En ambos países el aparato militar está dispuesto a recuperar o sostener al régimen político mediante la fuerza.

Detestar hasta el delirio. El ejemplo catastrófico

En Bolivia, Evo Morales, había establecido un sistema plurinacional al que detestaban, hasta el delirio, los grandes terratenientes agrícolas y los sectores económicos vinculados a la propiedad de las materias primas y mineras; y al sistema de trabajo semifeudal. Por otro lado, el entonces Presidente, había nacionalizado una parte importante de los recursos privatizados durante los gobiernos anteriores, y estaba en proceso de nacionalización de las riquezas esenciales y de los grandes servicios públicos.

Su avance había sido espectacular en algunos terrenos: fundamentalmente salud, educación, integración, lucha contra la exclusión; y contra la pobreza y la desigualdad.

Por otra parte, Morales había llevado a Bolivia a ser el país latinoamericano con mayor índice de crecimiento económico sostenido ¡El indio puede gestionar los recursos naturales, la organización industrial y la propia tecnología mejor que el blanco! ¿A dónde vamos a parar?

El ejemplo era catastrófico, tanto para el imperialismo, como para la oligarquía boliviana, dependiente, clasista y racista.

Por si fuera poco la nivelación social impetuosa, respetuosa y pacífica, entre culturas diferentes en el terreno político, social, económico y cultural apareció como prioritaria y metida dentro de otra gran revolución.

Evo Morales enfrentó dos revoluciones

Evo Morales comprendió rápidamente que su enfrentamiento esencial era contra el imperialismo y en apoyo de una revolución continental que liberase a América Latina de una situación colonial y de dependencia. Morales enfrentó la necesidad de realizar dos revoluciones pendientes: la indígena y la neocolonial.

La primera en el tiempo y en el proceso de cambio histórico es la indígena. El componente amerindio es, con mucho, la mayor parte de la población del país, sobre todo si se incluyen los mestizos. La estructura económica de Bolivia es de herencia española pero sostenida por la oligarquía feudal, esclavista y colonial sobre las masas indígenas, la inmensa mayoría de la población. Hay que tener en cuenta que las leyes coloniales españolas no permitían el «blanqueo» de los indígenas.

Hasta la irrupción del MAS los indígenas amerindios trabajaban en condiciones muy parecidas a la de la mita y el trabajo temporal y obligatorio -con frecuencia de obligación familiar-, de la época colonial española. Las relaciones laborales en las que vivían los «indios» -los collas- solo habían sido modificadas en sus formas y determinaban la situación de subordinación ante la minoría blanca.

La segunda era la revolución socialista y antiimperialista que vinculaba Bolivia con América Latina. En palabras de Evo, su gobierno, elegido democráticamente respondía a la necesidad de una revolución contra el capitalismo en su última fase imperialista y racista, que destruía la naturaleza –la Pachamama– y negaba la identidad de los pueblos.

El golpe en Bolivia

En Bolivia el golpe de estado fue propiciado, organizado y financiado desde fuera aunque respondía a los deseos de la oligarquía económica y de la minoría blanca subordinada desde siempre a los intereses de Washington.

EEUU fue, evidentemente, su gestor principal. Utilizó todo su aparato propagandístico y de falseamiento de la realidad (Falsimedia), ambos permanentemente activados y estructurados a nivel estatal (Bolivia), latinoamericano (la OEA y sus países Kisling), de la UE (con participación destacada del estado español que mantiene buenos negocios en el país y una relación de vasallaje continental con los EEUU), y de otros países capitalistas.

El golpe fue efectuado por etapas con la actuación de grupos de combate ultraderechistas autodenominados «cívicos» que golpeaban, quemaban, mataban y humillaban «indios», con el apoyo de la «indiferencia policial» que actuó propiciando con su «pasividad programada» un caos multiplicado por los medios y agencias nacionales e internacionales. A las palizas de estos grupos fascistas, presentados como de «autodefensa» le siguieron los asesinatos selectivos, las humillaciones y las quemas de locales públicos, y de pequeñas propiedades privadas de los sectores populares.

Era el nacimiento del terror presentado como respuesta a la dictadora de Evo Morales.

Los cargos electos, fundamentalmente indígenas fueron apaleados. Se cebaron con las mujeres ejemplo de solidaridad y resistencia: una alcaldesa fue humillada, arrastrada, afeitada y pintada en una escena que recordaba el comportamiento de los grupos fascistas en la España de 1936.

Las manifestaciones de resistencia fueron atacadas con armas antimotines (utilizadas con su máxima fuerza represiva como se haría después en Chile: balas de goma, balines, lanzamiento de agua con ácidos, fuego real, etc.) y se empezaron a contabilizar los muertos y las masacres de gentes desarmadas.

Inmediatamente comenzó a destruir, sistemáticamente, las instituciones del estado plurinacional, las estatales, regionales y locales. Con la misma celeridad comenzó la localización y detención de líderes políticos, senadores y parlamentarios electos, los líderes y lideresas del MAS y de las organizaciones sociales, populares e indígenas. En un proceso muy bien planificado se «decretó» la corrupción de miembros del Gobierno que fueron detenidos, expoliados y condenados sin más juicio que la señalización por las nuevas autoridades.

Se implantó la autopresidencia provisional de Jeanine Áñez que nombró rápidamente un nuevo ministerio ultraderechista que tiene como figura principal al fascista Arturo Murillo actual ministro de Gobierno.

Los EEUU no sueltan nunca a una presa

Todo el proceso fue ilegal. Las sesiones parlamentarias de diputados y senadores fueron realizadas bajo el quórum del terror. Los parlamentarios y senadores del MAS, que constituían la mayoría, no pudieron acudir a sus escaños y ocuparlos. Se ensayó el «golpe lento» modelándolo según las sanciones planificadas por el Departamento de Estado. El resultado fue imponiéndose porque cuando el Imperio agarra a una presa no la suelta nunca como observaría, en plena retirada y aceptando las disposiciones de los golpistas, el propio Evo Morales.

Mike Pompeo observó y sacó sus conclusiones. El modelo boliviano podría ser aplicado de nuevo a Venezuela y las conclusiones relativas a la toma o conservación del poder podrían servir para Chile.

El golpe en Bolivia, mantiene varias similitudes con la continuidad del Régimen chileno:

-La más importante de ellas es quizás la presencia de la CIA y su vinculación con la implantación en Bolivia -y el sostenimiento en Chile- de un régimen fascista. Ambos serían apoyados incondicionalmente por las Fuerzas Policiales y Carabineros; y, finalmente, por las Fuerzas Armadas de ambos países.

-La CIA siguiendo la tradición intervencionista organiza y planifica los niveles de represión en unas operaciones de «violencia limitada pero creciente hasta el punto que se considere necesario». Opera desde las embajadas que son realmente Estaciones de la Agencia y en las proximidades de los cuarteles. Su experiencia en Bolivia y Chile ha sido y es, inmensa. Basta recordar su papel en el golpe contra Salvador Allende en el segundo país y en la captura y el asesinato del Che, en el primero.

-El golpe en Bolivia y la manipulación del proceso político en Chile responde a una estrategia global contra la independencia de América Latina y, fundamentalmente, en las zonas de disgregación o ruptura más importantes.

-La independencia de América Latina del Imperio está vinculada a la guerra global y a la política de poder de los Estados Unidos en el mundo. Determina las alianzas globales y es una zona de disputa en máxima actividad. No podemos olvidar que esta guerra en el Patio Trasero determinará recursos estratégicos fundamentales. Por otra parte es uno de los escenarios de la lucha entre el capitalismo y el socialismo.

El proceso boliviano. La coyuntura y el proceso político

Sin ánimo de detallar los hechos que puedan determinar el final incierto de la lucha emancipadora de Bolivia -que con seguridad no terminará ahora-, voy a reproducir sucintamente los momentos que considero más importantes de este enfrentamiento continental, pero parcial, que se produce en un escenario global.

Mi modesto objetivo es el de seguir en parte la secuencia de luchas que se superponen y nos dan, un día tras otro, la impresión variable de que la balanza se inclina hacia uno u otro lado.

Como todos nosotros somos a la vez observadores y participantes, el campo de análisis es tan vasto, la rapidez con la que tenemos que dirigir la mirada de un lado a otro es tan alta, la falta de precisión es tan grande que la percepción tiene que ser, necesariamente, una línea de trazo grueso, la de los hechos que solo vemos desde la distancia. Para acercarnos a ellos tenemos que hacerlo con intermediarios de nuestra confianza elegidos entre cientos.

Reduciré esta exposición a los hechos inmediatamente anteriores y posteriores al golpe del 10 de noviembre de 2019. Marcan un modelo elástico.

Empiezo sin más preámbulos:

-El día 9 de noviembre, después del triunfo electoral del Presidente Morales, el proceso del golpe empezó a desplegarse. Entre las primeras acciones están las de la neutralización de los medios de comunicación de las agencias y medios internacionales, y las de las radios comunitarias. El director de Radio Comunidad y corresponsal de Resumen Latinoamericano es detenido, esposado y amarrado a un árbol. Bandas atacaron medios estatales y cortaron los servicios informativos para aislar al Gobierno.

-Empiezan los amotinamientos policiales, y el cerco popular de las mismas que son defendidas por grupos fascistas.

-Todas las acciones de defensa del estado plurinacional de Bolivia y del triunfo de Morales son desarmadas: vigilias, declaraciones de apoyo al Presidente, etc. Los centros oficiales son bloqueados y empiezan a producirse amotinamientos policiales que prefieren moverse en el terreno de la ambigüedad mientras los «cívicos» de Santa Cruz y los grupos de choque toman posiciones.

-El Plan Armado empieza a desarrollarse ante la debilidad de las defensas populares que, en gran parte, ignoran la magnitud de lo que está ocurriendo. La maniobra de enmascaramiento está en pleno desarrollo.

-Algunos dirigentes sindicales indígenas se presentan como secretarios de las organizaciones después de pactar con Fernando Camacho, el líder del «Comité Cívico de Santa Cruz». La justificación de esta traición es típica de un proceso como éste que busca la confusión y el desarme inmediato de las organizaciones. La alianza, dicen, es la de parar «todo intento de racismo y discriminación y apostar por la unidad de Bolivia».

-Grupos fascistas atacan la casa del Gobernador de Oruro. El golpe se desarrolla en varias direcciones.

-Empiezan también las deserciones. El alcalde de Potosí renuncia a su cargo. Para hacerlo lo obligan a sentarse sobre la bandera nacional.

-Manifestación popular bloquea el Alto con barricadas y vehículos.

-Evo llama a un diálogo entre fuerzas parlamentarias.

-Las FFAA hacen una declaración extremadamente ambigua: «los actuales problemas generados en el ámbito político deben ser solucionados en el marco de los más altos intereses de la patria, antes de llegar a momentos irreversibles». «Las Fuerzas Armadas, enmarcadas en la democracia y las leyes, garantizaremos la unión entre compatriotas, por lo que ratificamos que nunca nos enfrentaremos con el pueblo, a quien nos debemos y siempre velaremos por la paz, convivencia entre hermanos y el desarrollo de nuestra patria». Las FFAA apoyan el diálogo propuesto por Evo Morales. Días después se sabría el premio que Willams Kaliman recibió por estas palabras y por la «consecuente» petición de dimisión al Presidente Evo Morales. El plato de lentejas fue de 1 millón de dólares. El «plato de Kaliman» no estuvo muy colmado.

-Comienzan las muestras de solidaridad con Evo Morales por organizaciones y países amigos en América Latina.

-Jefes de la oposición se niegan a negociar con el presidente Morales.

-Méjico le ofrece asilo político a Morales.

-Dimite Adriana Salvatierra como Presidenta del Senado. García Linera abandona la Vicepresidencia de Bolivia para que no se destruya el país.

-La embajada de Venezuela es asaltada y amenazadas las de Cuba y Méjico.

Dimite Evo Morales.

-Se consuma el Golpe fascista. Dimiten ministros y diputados. El presidente de la COB pide la dimisión del Presidente para «pacificar el país».

-Donald Trump: «Estados Unidos aplaude al pueblo boliviano por exigir libertad y al ejército boliviano por acatar su juramento de proteger no solo a una persona, sino a la constitución» y añade: «Estos eventos envían una fuerte señal a los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua de que la democracia y la voluntad del pueblo siempre prevalecerán. Ahora estamos un paso más cerca de un Hemisferio Occidental completamente democrático, próspero y libre.»

-El pueblo de Bolivia se moviliza en apoyo de Evo Morales. Inmediatamente la policía reprime con extrema dureza y gran aparato de guerra las manifestaciones.

-El Mando Militar de Bolivia ha autorizado a las Fuerzas Armadas del país a realizar «operaciones militares aéreas y terrestres» contra los grupos armados que están «actuando fuera de la Ley», según un comunicado, emitido este 10 de noviembre.

-Senadora opositora, Jeanine Áñez, segunda vicepresidenta del Senado, anuncia que asumirá la Presidencia de Bolivia. Es el guión y el control de los estados Unidos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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