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Bolivia y Estados Unidos: la geopolítica del gas

Fuentes: Rebelión

El Siglo XIX transcurrió bajo el dominio geopolítico de Inglaterra. La Reina Victoria nació en 1819 y falleció en 1901. Su reinado simboliza la presencia triunfante de barcos británicos en la Guerra de Crimea (1854-1856), en la consolidación del dominio colonial en la India (fue proclamada, en 1877, Emperatriz de las Indias, y en la […]

El Siglo XIX transcurrió bajo el dominio geopolítico de Inglaterra. La Reina Victoria nació en 1819 y falleció en 1901. Su reinado simboliza la presencia triunfante de barcos británicos en la Guerra de Crimea (1854-1856), en la consolidación del dominio colonial en la India (fue proclamada, en 1877, Emperatriz de las Indias, y en la Guerra de Transvaal, África del Sur (1877-1881). En 1833, los ingleses se apoderaron hasta el presente de las Islas Malvinas. Al concluir la primera Guerra Mundial, el viejo león británico comenzó a perder la dentadura, ya que debió compartir su dominio mundial con EEUU. La finalización de la Segunda Guerra Mundial convirtió a Inglaterra en potencia de segunda fila, ya que la hegemonía mundial pasará a manos, con la Guerra Fría de por medio, de Washington y Moscú. El derrumbe del muro de Berlín, en 1989, y la desintegración de la ex URSS, dos años más tarde, transformaron a EEUU en país que ha logrado no sólo la hegemonía compartida, sino la hegemonía total. A partir de entonces, el objetivo de EEUU consistirá en mantener esta situación de manera permanente, para lo cual esta dispuesto a aplastar a cualquier competidor, así sea su aliado.

Para consolidar su dominio, Washington ha planificado acciones militares preventivas de reacción inmediata, evita que sus soldados sean juzgados por la Corte Penal Internacional y pretende garantizar el flujo permanente y diversificado de petróleo para su insaciable industria. Las Naciones Unidas se han convertido, desde 1989, en obstáculo para los planes estadounidenses, razón por la que, de manera desembozada y no hipócrita, como ocurría antes, invadió a Irak, en marzo de 2003, sin autorización del Consejo de Seguridad del citado organismo. Al Presidente George W. Bush le agrada repetir que lo interesante de ser presidente de EEUU reside en no rendir cuentas a nadie. A partir de allí, ha dicho que la guerra cumplió el objetivo de derrocar al dictador Saddam Hussein, a fin garantizar la democracia. Sin embargo, tuvo que admitir que el objetivo central del ataque bélico fue «establecer bases militares norteamericanas en un Estado satélite (Irak), situado en el centro de las mayores reservas energéticas mundiales, y así aventajar a sus rivales». Zbigniew Brzezinsky (asesor del Presidente Jimmy Carter), ha sostenido que «el papel de EEUU en la seguridad de la región le brinda un poder político (y militar) crucial frente a las economías europeas y asiáticas que también dependen de las exportaciones de petróleo de la región» (Noam Chomsky: «¿Quién Controlará el Mundo?». «Rebelión. Org, 21-06-04). En la perspectiva del Siglo XXI, el control estadounidense del Golfo impedirá que la Unión Europea o China puedan cuestionar seriamente la hegemonía de EEUU. Sin embargo, el imperio no puede impedir que Bush, al haber invadido a Irak en contra de las Naciones Unidas, se hubiera convertido en criminal de Guerra, aunque en situaciones como la presente el juez español Baltasar Garzón prefiera hacerse el distraído.

LA IRRACIONALIDAD DE LOS «CIVILIZADORES»

Lo cierto es que a Washington le interesa poco la opinión pública mundial. En Bolivia, por ejemplo, las presiones para que el Congreso ratifique el tratado de inmunidad a las tropas estadounidenses no están basadas en argumento alguno. Le basta decir que si se rechaza su exigencia, las FFAA bolivianas perderán una ayuda militar de ocho millones de dólares. El Departamento de Estado certifica los resultados que logran los países latinoamericanos en su lucha contra el narcotráfico, sin importante que el 50 % de los dineros que genera esa ilícita actividad son «lavados» en Bancos norteamericanos, los que, a su vez, protegen los paraísos fiscales de las Islas Caimán o de las Bermudas. Exige, a través del Banco Mundial, en cuyo directorio tiene mayoría, que los países prestatarios cumplan severas cláusulas medioambientales, pero se niega a suscribir los protocolos internacionales destinados a disminuir la emisión de gases de efecto invernadero. Desprecia los derechos humanos como lo demuestra la difusión de fotografías de las aberrantes torturas que sufren los prisioneros iraquíes o el mal trato a detenidos en el campo de concentración de Guantánamo.

Es probable que los planes del complejo industrial militar norteamericano terminen por imponerse, los que, sin embargo, están encontrado serias dificultades. La primera de ellas, es la insospechada resistencia iraquí, que, en el ámbito de sus propias características culturales y geográficas, tiende a constituirse en el nuevo Vietnam del siglo que ha comenzado. Tal resistencia ha logrado que EEUU se quede cada vez más sólo en su afiebrado belicismo, al que sólo lo acompaña el debilitado primer ministro británico, Tony Blair. La salida de España de la coalición y el abandono de Irak de empresarios de decenas de países confirman este punto de vista. Frente a estos hechos, Bush dice que EEUU tiene el derecho de atacar no sólo a los países que poseen armas de destrucción masiva, sino también a quienes tienen intenciones de poseerlas, para luego añadir que su país controlará militarmente el espacio por que es propietario de él (Chomsky: «Rebelión. Org. 29-06-04).

La segunda reside en el fracasado intento (que puede ser coyuntural o no) de controlar el petróleo del Golfo. Hasta ahora, por lo menos, los precios del «oro negro» aumentan de manera constante así como el terrorismo en los países árabes. Con esos tropiezos, la reelección de Bush, en las elecciones de noviembre próximo, será muy difícil. La doctrina Carter, en materia energética, sostiene que EEUU debe garantizar su consumo de petróleo sin renunciar a cualquier recurso lícito o ilícito. Dick Cheney, el vicepresidente de Bush y presidente ejecutivo de la poderosa empresa de servicios petroleros Halliburton, añadió que ese suministro debe ser diversificado. Tal preocupación es explicable si se piensa que EEUU consume el 22 % de la producción del petróleo mundial, en tanto que su autoabastecimiento sólo llega al 9 %. A este ritmo, sus reservas se terminarán en los próximos diez años. Sus campos sólo contienen el 2.6 % de las reservas mundiales, en tanto que las del Medio Oriente llegan al 80 % (Michael T. Klare: «El Informe Cheney». «La Jornada». México. 26-01-04).

La necesidad de diversificar las fuentes energéticas hizo que EEUU prestara enorme atención desde la fragmentación de la ex URSS, al Asia Central y, de manera especial a la zona del Mar Caspio, rica en gas y petróleo. En la cuenca del Mar Caspio se encuentran Azerbaiján, Georgia, Kazajstán, Kyrgistán, Turkmenistán, Tayikistán, Uzbekistán y partes adyacentes a Rusia e Irán, además de Afganistán, país ocupado por tropas rusas, primero, y norteamericanas después, sede de Al.Qaeda y refugio de Bin Laden. Se trata de una las zonas más inestables del mundo, pese a lo cual las petroleras norteamericanas y europeas están construyendo un costoso gasoducto que unirá el Mar Caspio al viejo continente, vía Turquía, a fin de evitar que el energético cruce por Rusia. La importancia del gas con relación al petróleo ha ido incrementándose aceleradamente en los últimos años, no sólo por ser un combustible mucho menos contaminante, sino también por su versatilidad como materia prima para usos industriales. En el Africa Occidental, Nigeria es el país que tiene mayores reservas de petróleo. Sin embargo, su producción ha sido permanentemente interrumpida por conflictos interétnicos, lo que llevó a EEUU a instalar bases militares en ese país. Debido a ese panorama, las reservas energéticas de América Latina se han tornado cada vez más importantes para Washington. El problema reside en que Venezuela, el principal abastecedor de petróleo a EEUU después de Arabia Saudita y Canadá, está gobernada por el comandante Hugo Chávez, cuya relación con el Departamento de Estado es altamente conflictiva. El país del norte se nutre también del petróleo de Colombia (séptimo abastecedor), país en el que las petroleras deben, en varias regiones, extraer el energético después de obtener el victo bueno de los insurgentes (Michel Klare: «La estrategia energética Bush-Cheney: Procurarse el petróleo del mundo». «La Jornada». México. 26-I-2004).

LA AGONIA GEOPOLITICA DE BOLIVIA

Es obvio que el petróleo es uno de los componentes fundamentales del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Se trata del esfuerzo que realiza EEUU por someter a América Latina, a fin de enfrentar su competencia con China y la Unión Europea en las mejores condiciones posibles. A su vez, las petroleras latinoamericanas y sobre todo la iniciativa del Presidente Hugo Chávez de articularlas a través de Petroamérica se ha convertido en el planteamiento más revolucionario de las últimas décadas, el cual, pese a su sencillez, actualiza de manera vigorosa el ideal bolivariano de la Patria Grande. Como contrapartida, la liquidación de las petroleras estatales en Argentina y Bolivia facilitó al máximo el avance de las transnacionales norteamericanas y europeas en el Cono Sur del continente.

La posición geopolítica de Bolivia ha quedado tan debilitada que muchos hablan de su desintegración. Mark Falcoff, experto iberoamericano del American Entreprise Institute (AEI), un centro de peritos neoconservadores patrocinados por Dick Cheney, anunció la desaparición del país, a menos que adopte un sistema federal, que permita a sus regiones productoras vender gas a EEUU y México. De lo contrario, dijo, Bolivia camina hacia el suicidio. El FMI condiciona la viabilidad de la República a esa misma exigencia. El Ministro de Defensa argentino, José Pampuro, ha indicado que Bolivia ya vive un proceso de «libanización», que lo dividirá en tres partes, una de las cuales será Tarija, donde se hallan las mayores reservas gasíferas, que se anexará a su país (Semanario «La Época», de La Paz, del 20-06 y del 4-07-04). Pensar que Pampuro manifestó lo anterior a título personal es una ingenuidad. Por el contrario, la «inteligencia» argentina parecería interesada en ocupar los campos gasíferos del sur de Bolivia antes de que lo haga el Ejército chileno, cuya carrera armamentista es muy conocida.

El debilitamiento geopolítico a que hacemos referencia ha sido acompañado de la liquidación de YPFB, cuyos excedentes, junto a las de otras empresas estratégicas también liquidadas, amortiguaban las tensiones de una sociedad empobrecida. Al no existir ese excedente, los enfrentamientos regionales y étnicos se han hecho más violentos y están resquebrajando los frágiles cimientos del país. El vacío de las empresas estatales ha sido ocupado por compañías extranjeras, especialmente petroleras, cuyo control del aparato estatal es mayor cada día. Si bien el desmoronamiento del débil aparato estatal comenzó con las medidas de ajuste estructural, dictadas por Víctor Paz Estensoro, el 29 de agosto de 1985 (decreto 21060), el manejo del gobierno por parte de GSL, desde el 6 de agosto de 1993, precipitó al país por un abismo del que no puede salir. Apenas iniciada su presidencia, GSL envió a Chile al presidente de YPFB. Mauricio Gonzáles, a fin de concretar la construcción del gasoducto Tarija – Tocopilla, con la finalidad de impulsar el desarrollo de la minería chilena, cuyos principales yacimientos son la estatal Chuquicamata y la privada «La Escondida», cuyos principales accionistas son la australiana Broken Hill Propietary (BHP), la inglesa Rïo Tinto Zinc (RTZ), que tiene el 33% de las acciones de COMSUR, de GSL, además de la japonesa Mitsubitshi y la Internacional Financial Corporation (IFC), brazo financiero del Banco Mundial. El proyecto de gasoducto fue vetado, en ese momento, por oposición de las Fuerzas Armadas (ASR: «La Conciencia Enclaustrada». Editorial Contemporánea. La Paz-Bolivia. Página 68).

LA LIQUIDACION DE YPFB Y LOS CONFLICTOS ETNICOS Y REGIONALES DE BOLIVIA

Hasta ese momento, YPFB, si bien debilitada por el Decreto 21060, era todavía una empresa vertical y horizontalmente integrada, ya que controlaba la exploración, explotación, transporte, refinación y comercialización de los hidrocarburos, de la que se extrajo el 65 % de sus ingresos brutos para sostener las políticas neoliberales de Paz Estenssoro. Diez años más tarde, las transnacionales y Petrobrás controlan esa cadena productiva, en territorio boliviano. En 1994, Itamaratí ofreció financiar el gasoducto al Brasil, a cuenta de futuras ventas de gas. El ofrecimiento fue utilizado por GSL para desplazar a YPFB del transporte de gas a fin de entregarlo a la ENRON y la Shell, empresas acusadas de corrupción y que forman Transredes, las que capitalizaron los gasoductos, oleoductos y poliductos del país, con participación de Petrobrás. La Ley de Hidrocarburos (1689), de 30 de abril de 1996, dispone la «capitalización» de YPFB. La otrora compañía estatal integrada se convirtió en residual, prohibida de intervenir en la cadena productiva de los hidrocarburos. La Ley 1731, de 26 de junio de 1996, reclasifica los campos de hidrocarburos en nuevos e inexistentes, lo que, en buenas cuentas, significa la rebaja de regalías, que se pagan en boca de pozo, del 50 al 18 % y una disminución de los ingresos del Tesoro General de la Nación (TGN), del 38 al 6 %.

La asfixia total del ente estatal se produce con el Decreto Supremo 24806, de 4 de agosto de 1997 (dos días antes de GSL terminara su primer mandato presidencial), por el que se entrega la propiedad de los hidrocarburos a las transnacionales en boca de pozo. Bajo esas tres disposiciones se suscriben 78 joint ventures o contratos de riesgo compartido, por 40 años. El decreto fue abrogado por Carlos Mesa con otro decreto, el que, al no tener carácter retroactivo, permite que el 24806 esté vigente en los próximos 36 años. Varios de los firmantes del 24806 fueron recompensados. El Ministro de Hacienda, Fernando Candia, y el Ministro de Minería, Jaime Villalobos, se incorporaron al directorio de Transredes, en tanto que el canciller Antonio Aranibar, jefe del Movimiento Bolivia Libre (MBL), se convirtió en abogado de la Chaco Petróleo (British Gas).

Mediante la Ley de Hidrocarburos, 1689, de 30 de abril de 1996, GSL y el Congreso nacional, controlado por el MNR y sus aliados (MBL, MRTK-L y UCS) transfieren a las transnacionales todas las reservas de hidrocarburos del país ya descubiertas y las que se descubran a futuro, ya que YPFB está prohibida de participar en la cadena productiva del sector. Lo anterior, como ya dijimos, va acompañado de la reclasificación de áreas, por la que cuatro mega campos, descubiertos por YPFB, «Margarita», «San Alberto», «San Antonio» e «Itaú», fueron catalogados como «inexistentes», a fin de que paguen sólo el 18 % de regalías. «Margarita», el más grande de los mega campos, quedó en poder de la española Repsol y de la inglesa British Gas. «San Alberto», de Petrobrás y Repsol. Desde estos yacimientos, Petrobrás-Bolivia vende gas a Petrobrás Brasil. Repsol-Bolivia a Repsol Argentina y Pluspetrol Bolivia a Pluspetrol también de Argentina. En los hechos, ya no hay circulación de dinero. Sólo acreditación de transferencias en libros desconocidos o adulterados para eludir el pago de impuestos al país.

La sacrosanta Ley de Hidrocarburos y los intocables contratos son modificados cuando las petroleras así lo desean. El artículo 30 de esa Ley, determina la obligatoriedad de perforar por lo menos un pozo en cada parcela, en el lapso de cinco años. De lo contrario, las parcelas deben ser devueltas a YPFB. Al cabo de 5 años, las transnacionales sólo perforaron 3 de las 36 parcelas del campo «Margarita». En forma oportuna para las compañías, el gobierno de Jorge Quiroga Ramírez dictó el DS 26366, de 4 de octubre de 2002, modificatorio del referido artículo 30. Este decreto es inconstitucional, ya que un decreto no puede cambiar una ley. El artículo 40 de la Ley de Hidrocarburos determina que la empresa transportadora no puede comercializar hidrocarburos. Transredes lo hizo a Cuiabá, Brasil, a través de dos subsidiarias, por lo que incurrió en el delito de contrabando. Los gobiernos de Quiroga, GSL y Carlos Mesa guardaron silencio cómplice frente a estos hechos.

LAS MISMAS PETROLERAS SE COMPRAN Y VENDEN ENTRE ELLAS EL GAS DE BOLIVIA

Decíamos que Repsol Bolivia vende gas a Repsol Argentina, el cual es procesado en Refinor, la refinería más grande del norte argentino, de propiedad de Repsol y Petrobrás. Desde esta refinería se vende a Chile termoelectricidad, GLP y otros derivados. Por esas operaciones, las transnacionales consiguen enormes ganancias, en tanto el país acepta un precio de «solidaridad» con el pueblo argentino, que no alcanza ni a 70 centavos de dólar por millar de pies cúbicos. Pero las cosas no terminan allí. Repsol, junto a la Britih Gas (las empresas más importantes del Consorcio Pacífic LNG, interesado en vender gas boliviano a California) es dueña de Metrogas, la empresa distribuidora del energético en Santiago de Chile. También participa en el negocio, la compañía Sempras, que debía ser la distribuidora del gas boliviano en California.

Los planes de las compañías son muy concretos con relación al gas boliviano. El ex ministro Xavier Nogales ha indicado que se venderán cuatro trenes de gas a los mercados de México o Estados Unidos, integrado por ocho barcos metaneros, exportará 3.6 trillones de pies cúbicos, TCFs, en 20 años). Dos trenes a Argentina y dos trenes a Brasil. Los ocho trenes exportarían 28.8 TCFs, lo que es más que todas las reservas probadas de Bolivia, que sólo alcanzan a 27 TCF (Semanario «Pulso», 16 al 22 de abril de 2004). La consigna de las petroleras para Bolivia es muy clara. Ni un solo metro cúbico de gas debe ser industrializado dentro de su territorio, ya que ellas obtendrán grandes utilidades al industrializarlo en el exterior. Para alcanzar este objetivo, las compañías y sus voceros internos, como Carlos Alberto López y Carlos Miranda, han dicho que sólo es posible industrializar el gas en Bolivia si se exporta grandes cantidades de metano o gas seco. Ninguno de ellos puede explicar el por qué Chile, que no exporta gas seco, tiene cuatro enorme plantas de metanol, fabricado a partir del metano, convertido en uno de los rubros de exportación mas grandes del vecino país. Se preguntan, asimismo, de dónde Bolivia obtendría recursos para industrializar su gas. Y nosotros preguntamos, ¿de donde aparecen los recursos para exportarlo sin valor agregado? ¿Acaso la exportación de gas a EEUU no requiere de más de 7. 000 millones de dólares? Importantes proyectos de industrialización en Bolivia requieren mucho menos de esa cantidad.

El ingeniero Luís Carlos Kinn, en carta al Presidente Carlos Mesa y en notas periodísticas (El Deber, de Santa Cruz, 5 y 19-04-04), ha demostrado que Bolivia puede convertir la totalidad de sus reservas de gas natural en diesel ecológico, para cuyo producto existen mercados en todos los países industrializados del mundo, comenzando con Brasil. De esta manera, los 54 TCFs que tiene Bolivia y que al precio de un dólar de pies cúbicos valdría 54.000 millones de dólares, se multiplicarían por cinco o más veces si se transforma en diesel. Bolivia importa ml barriles de diesel diarios, por lo que gasta alrededor de 100 millones de dólares anuales. Con una pequeña planta de diesel en Yacuiba, el país ahorraría ese monto de divisas. Luego podría instalar una planta de 90.000 barriles diarios, los que, en la transformación de gas a diesel, generan energía eléctrica y 90.000 barriles diarios de agua potable, que transformarían al reseco y siempre sediento chaco tarijeño. Industriales cruceños han comenzado a instalar una planta de úrea, lo que es altamente positivo. Debe continuarse con una termoeléctrica para explotar el hierro del Mutún (el gas opera como reductor de este mineral). La empresa GTL Internacional ha ofrecido al gobierno fabricar polietileno en Patacamaya, debido a la cercanía de esta población altiplánica al Océano Pacífico, y otra de Dimetil Eter, un sustituto barato del GLP. Ambos productos proceden del metano.

EL GAS: HERRAMIENTA DE LA LIBERACION NACIONAL

La política energética de Bolivia debe consistir, en consecuencia, en cambiar a gas nuestra matriz energética. Lograr que la mayor parte del parque vehicular, alrededor de 450.000 vehículos, funcionen a gas. Las redes de gas domiciliario deben estar presentes en toda la República. La exportación de gas a Chile debe ir acompañada de la solución al problema de nuestro enclaustramiento geográfico. Si Brasil y Argentina quieren nuestro gas, la operación debe ser condicionada a que volúmenes similares a los exportados se industrialicen en territorio boliviano. Finalmente, debemos descartar la venta de gas a México y EEUU por ser antieconómica y lesiva al interés nacional.

El gas, como ha podido advertirse, es el instrumento que le queda al país para salir de la pobreza, impulsar su industrialización en forma equilibrada y homogénea, bases esenciales para consolidar la unidad nacional, afectada por intereses internos e internacionales. Si bien el paso inicial reside en la recuperación efectiva del control de nuestros hidrocarburos, lo que significa rescindir los contratos con las petroleras que han contrabandeado gas a Cuiaba, que han evadido impuestos y que han vendido gas y petróleo al exterior a precios inferiores a los del mercado interno, la tarea pasa por que YPFB vuelva a ser la empresa integrada horizontal y verticalmente como lo fue en el pasado. Sin embargo, nadie quiere que YPFB se convierta en botín de partidos políticos o sindicalistas corruptos. Para evitarlo, se necesita promulgar la Ley de Investigación de Fortunas presentada por el autor de estas líneas, en agosto de 1990. Se requiere, asimismo, que YPFB funcione con control social, lo que implica publicar semanalmente sus estados de cuentas en periódicos de circulación nacional. Se precisa una tregua social de por lo menos cinco años, mediante la cual los sectores sociales y sindicales se comprometen a no hacer paros ni huelgas, pero a condición de que nadie gane más de 10.000 bolivianos mensuales, lo que significaría democratizar el sacrificio. Es urgente, en fin, implantar el modelo endógeno de desarrollo, el que consiste, básicamente, en pensar con cabeza propia y ser autosuficientes en alimentación, vestido y vivienda. Este es el mejor camino para recuperar la autoestima y la dignidad nacionales, que las transnacionales y sus agentes internos tratan de destruir.