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Buitres en la pampa

Fuentes: Rebelión

La verdad es que echando una ojeada a los símbolos de un planisferio ideal, uno no puede menos que interrogarse, con la colega Vicky Peláez, sobre lo qué está sucediendo en ciertos países latinoamericanos que habían dejado a un lado la costra neoliberal y hoy afrontan la confusa mescolanza de «derechistas confesos, izquierdistas soñadores, neofascistas […]

La verdad es que echando una ojeada a los símbolos de un planisferio ideal, uno no puede menos que interrogarse, con la colega Vicky Peláez, sobre lo qué está sucediendo en ciertos países latinoamericanos que habían dejado a un lado la costra neoliberal y hoy afrontan la confusa mescolanza de «derechistas confesos, izquierdistas soñadores, neofascistas al estilo europeo, indígenas manejados por las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), demócratas desilusionados, políticos oportunistas e inclusive la gente que salió de la pobreza gracias a los programas públicos de asistencia social, gritando al unísono ´¡Fuera Correa!´ ´¡Fuera Maduro!´ ´¡Fuera Cristina! ´¡Fuera Dilma!´ ´¡Fuera Morales, Fuera!´ ´¡Qué se vayan todos!´».

Claro que no es la mayoría de la población, pero pesan, como asegura la colega en SPUTNIKnews.com. Con ella digamos que quizás el quid esté, en parte, en una máxima de Malcom X (1925-1965):»Si no tienen cuidado, los periódicos lograrán que odien a los oprimidos y amen a los que les oprimen».

Sabias palabras, más en un ámbito como nuestra región, desbordado de petróleo. La brusca caída de los precios del hidrocarburo en los mercados internacionales, y en general de todas las materias primas, ha constituido un duro golpe para las economías orientadas a la extracción. «Su población se quedó confundida por la guerra mediática contra los gobiernos de los países en cuestión, que fueron señalados por los medios como ineptos, corruptos y débiles, incapaces ya de responder a los intereses de sus habitantes y solucionar sus frustraciones».

Consiguientemente -y conservamos la lógica de la expositora-, se ahondó el proceso de despolitización y desideologización de la sociedad frente a la indecisión de administraciones absortas en cómo salir de la crisis económica y financiera.

En ese filo de acantilado que semeja hoy Argentina, el descontento fue utilizado con sabiduría añeja por la derecha, haciendo que el ultra que la representó en la cruzada electoral lanzara para triunfar la proclama de la inevitabilidad de cambio, «hábilmente promovida en el 2014-2015 por sus especialistas en mercadotecnia, quienes, con el apoyo incondicional del Grupo mediático Clarín, lograron convencer a los votantes [de] que [Mauricio] Macri era el candidato que necesitaba el país. Y Argentina consiguió a su nuevo presidente olvidándose de su prontuario y decenas de juicios contra él en la ciudad de Buenos Aires; tampoco le importó su fama de autoritario y de pocos escrúpulos. Así, en un mes Argentina se convirtió en un país diferente, donde según la revista Noticias ´nació un nuevo relato. El presidente perfecto´», que recibió el espaldarazo de Washington en la controvertida visita de Obama.

Y vaya si hubo cambio. Como resume Martin Hacthoun, de Prensa Latina, desde la devaluación, el ajuste económico, las políticas por decreto, el apretón a gremios y los despidos, hasta el tarifazo eléctrico y el del gas, se comenzó realmente a mutar. Así que luego de 12 años de un proyecto popular nacional, que, sin dejar de apoyarse en el capital, aunque con énfasis en la industria vernácula, impulsó un desarrollo más participativo e inclusivo, el flamante gabinete dio un giro a la línea de la Casa Rosada, con secuelas en todas las esferas.

Secuelas entre las que resulta menester subrayar la disminución del papel del Estado, con miríadas de despidos, eliminación de impuestos a los grandes negocios agrícolas y de subsidios a servicios públicos, elevación del techo para el endeudamiento externo, recorte o modificación de programas como el de Precios Cuidados y el ProCreAr para la construcción de viviendas.

Y la infamante lista no termina ahí. Entre otras disposiciones figura la apertura a la libre importación, lo que acaba con una multitud de medianas empresas locales, y sobre todo el nefasto hecho de un pacto con los fondos buitre ascendente, en el momento en que redactamos estas líneas, a cuatro mil 635 millones de dólares con los cuatro más grandes acreedores.

(Por cierto, socorridas fuentes tales la enciclopedia digital Wikipedia nos ilustran sobre término tan en boga: «Un fondo de capital de riesgo o fondo de inversión libre que invierte en una deuda pública de una entidad que se considera cercana a la quiebra. De acuerdo con el periodista Alcadio Oña, el modus operandi de los fondos buitre consiste simplemente en comprar en el mercado deuda de Estados y empresas al borde de la quiebra, normalmente al 20 por ciento o al 30 por ciento de su valor nominal (su valor facial), y luego litigar o presionar por el pago del ciento por ciento de este valor. En otras palabras, mediante la especulación financiera, los fondos buitre compran títulos de deuda de los países en una situación económica difícil, a precio muy bajo para luego litigar en los foros internacionales e intentar cobrar la totalidad del valor de esos bonos»).

Regresión

En fin, que Argentina perdió la pelea con las aves de rapiña. Recordemos que antes de la asunción Macri aseveró que se pagaría lo que dictaminara el juez Thomas Griesa, encargado de la querella presentada durante el Gobierno de Cristina Fernández ante una corte de apelaciones en Nueva York.

Después intentó una negociación con los más proclives a un acuerdo, pero finalmente terminó cediendo con el más marrullero de todos (NML Elliot de Paul Singer), por casi el doble de dinero de lo que este reclamaba hace poco más de un año, dizque para acelerar el acceso a los mercados internacionales y recibir inversiones extranjeras, en un contexto marcado por la desaceleración de la economía regional y la propia.

Pero, en sí, un paso atrás con respecto al ejecutivo anterior, cuya batalla legal, como asunto de soberanía, llegó a la Asamblea General de Naciones Unidas, donde se respaldó la determinación de no dejarse chantajear. Una cita del exministro de Economía Axel Kicillof traída a colación por la comentarista Laura Bécquer, del diario Granma, nos provee de una síntesis del entuerto:

«Si Néstor ofreció 35 centavos por cada dólar, Griesa pretende que Argentina pague cuatro dólares por cada dólar. Pero además, hay que tener en cuenta que los fondos buitre pagaron solo 25 centavos por cada dólar, porque nunca le prestaron plata a Argentina, sino que compraron los títulos después del default (cesación de pagos) e incluso después de la reestructuración con el expreso propósito de buscar un juez que les dé la razón. La sentencia de Griesa cumple ese objetivo y les otorga una ganancia de mil 600 por ciento, que con el descuento que ofrece el Gobierno de Macri se reduciría a… ¡mil 200 por ciento!».

Para el conocido sociólogo James Petras, tan epigramático en sus conclusiones, el asunto no requiere más vueltas: «El origen del aumento de preponderancia del bloque neoliberal puede encontrarse en las prácticas y políticas de los anteriores gobiernos Kirchner y Fernández. Dichas políticas fueron diseñadas para superar las crisis capitalistas de 2000-2002 canalizando el descontento de las masas populares mediante reformas sociales, estímulos a las exportaciones agro-minerales e incremento del nivel de vida mediante impuestos progresivos, subsidios a la electricidad y los alimentos y aumento de las pensiones. Los programas progresistas de Kirchner se basaron en el boom de los precios de las materias primas. Cuando estos se vinieron abajo, la ´coexistencia´ capital-trabajo se disolvió y la alianza de empresarios, clase media y capital extranjero, liderada por Macri, aprovechó la defunción del modelo para hacerse con el poder».

Así que «la lucha de clases impulsada desde abajo se había visto gravemente debilitada por la alianza del mundo laboral con el régimen de Kirchner, no porque este le beneficiara económicamente, sino porque el pacto desmovilizó las organizaciones de masas activas en el periodo 2001-2003. A lo largo de los siguientes 12 años, los trabajadores formaron parte de negociaciones sectoriales (paritarias) con la intermediación de un ´Gobierno amistoso´. Las alianzas ´sectoriales´ y los asuntos de la vida cotidiana reemplazaron a la conciencia de clase. Los sindicatos perdieron su capacidad para propiciar la lucha de clases desde abajo e incluso para influir en los sectores más populares. La clase trabajadora quedó en una posición vulnerable y se encuentra debilitada para oponerse a la despiadada ofensiva neoliberal contrarreformista».

No obstante, hay esperanza, medita Petras. «Mientras la inflación se dispara y la economía se estanca debido a la caída de la inversión pública y del consumo, existen probabilidades de que la lucha de clases se intensifique. Todo indica que antes de que finalice el primer año del Gobierno [de] Macri se acentuarán las huelgas y otras formas de acción directa».

Se nota que en la Argentina de hoy, asevera por su parte el reputado pensador Emir Sader, no es la libertad de la gente, sin las trabas del kirchnerismo, lo que se impone, sino la libertad de los capitales, de los grandes empresarios, de las grandes corporaciones, hasta de los fondos buitre.

Obviamente, se demuestra que, «sin el contrapeso del Estado, no son los individuos los que ganan poder y libertad, sino los grandes pulpos económicos y sus representantes, en los medios y en los economistas, que hablan por el capital». Porque «las promesas del liberalismo quedaron en la campaña. A los que sobrevivan se les ofrece un largo camino de espinas para llegar al jardín de rosas del liberalismo».

Ese mismo que, con sus heraldos, los medios de comunicación, consiguió que ciertas víctimas llegaran a amarlo -vaya masoquismo-, y hoy despiertan traicionadas y con sentimiento de culpa. Mas, por suerte, en espiral de combate.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.