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Del charro mexicano ranchero al «líder charro» que vende derechos obreros al gobierno

Fuentes: Rebelión

1. Quiero explicar la relación que hay en nuestro país entre líder charro y el charro mexicano de las películas para responder varios correos que me la han pedido. Muchos de mis solicitantes han expresado que para ellos el charro es un símbolo del pueblo mexicano, junto a su caballo y las canciones entonadas por […]

1. Quiero explicar la relación que hay en nuestro país entre líder charro y el charro mexicano de las películas para responder varios correos que me la han pedido. Muchos de mis solicitantes han expresado que para ellos el charro es un símbolo del pueblo mexicano, junto a su caballo y las canciones entonadas por grupos de mariachis. La realidad es que, después de ver las películas mexicanas y oír las canciones de Pedro Infante, Jorge Negrete, Luis Aguilar y muchos más, ha quedado claro cómo son los charros, su forma de vida, su valentía y su conducta machista. Pero no está demás reiterar que el charro es un personaje que ama la charrería que consiste en festividades en estados del centro de la República donde hombres y mujeres, vestidos con pantalones estrechos y faldas amplias, respectivamente, (con adornos muy bellos y con un elegante sombrero de amplias alas adornadas) donde se canta con voz fuerte, se laza artísticamente, se baila y se compite de diferentes formas.

2. ¿Y el «líder charro»? Este calificativo surgió en 1948, durante el gobierno de Miguel Alemán, cuando el líder ferrocarrilero Jesús Díaz de León (a quien le agradaba vestirse con el traje de charro y acudía al sindicato vestido de esa manera) se hizo secretario general del sindicato y vendió, en su oportunidad, los intereses de los obreros ferrocarrileros al gobierno alemanista. Desde entonces, conocido el gran papel sindical que habían jugado los obreros con sus movilizaciones, huelgas, así como por las represiones que habían sufrido, causó mucho enojo esa actitud entreguista. El presidente Alemán, para mantener al «charro» Díaz en la secretaría general, encarceló a los líderes de la oposición de entonces: Gómez Z (Zepeda), Sánchez Castorena y Valentín Campa. No solo se doblegó y sometió a los ferrocarrileros sino que logró el gobierno amedrentar a los demás sindicatos que se declaraban rebeldes. Así se acuñó el calificativo de «charro» para todos aquellos líderes al servicio del poder.

3. Pero aunque antes de 1948 no había aparecido ese calificativo, el «charrismo» obrero es muy viejo. Basta recordar que en 1915 el apoliticismo anarquista de la Casa del Obrero Mundial fue roto por un núcleo de intelectuales oportunistas encabezados por el pintor Dr. Atl, que entregaron la organización al carrancismo mediante un pacto para la formación de «Batallones Rojos», integrados por obreros, con el objetivo de enfrentarlos a los ejércitos campesinos de Villa y Zapata. Este pacto, según Rosendo Salazar, fue una solemne burla al proletariado porque los líderes pervertidos, disipadores y fatuos, únicamente se dedicaron a satisfacer personalísimas vanidades. En 1918 se fundó la CROM y su líder Morones, en vez de mantener una posición independiente, llegó a formar parte del gabinete del presidente Elías Calles. En 1936 se fundaría la CTM liderada por Lombardo Toledano y con la protección del presidente Cárdenas. Con ello el corporativismo se hace presente.

4. Pero el líder «charro» más grande de México fue Fidel Velázquez, líder nacional de la CTM (la organización obrera más numerosa del país) durante 60 años, es decir hasta que falleció. Este personaje hizo y deshizo lo que quiso en la política sindical mexicana. A la cabeza de la CTM determinó apoyos a 11 presidentes de la República (de Cárdenas a Zedillo) y si no hubiera muerto también le hubiese dado el apoyo a los panistas Fox y Calderón. De los 11 presidentes por lo menos en seis participó directamente en su selección. No hubo un líder charro más poderoso que Velázquez porque además tuvo bajo su protección a otros líderes charros en cada una de las 32 entidades de la República. Pero también ha habido dentro de los obreros personajes «charritos», «aprendices de charros», «neocharros» y «charras» como Esther Gordillo; es decir, ese calificativo que surgió en 1948 con el Charro Díaz, se ha extendido en la historia obrera.

5. Mi amigo, el sólido militante comunista, Dr. Mario Rivera, antes de narrar el violento 1 de mayo de 1952 (cuando la represión ordenada por el gobierno de Alemán lo llevó a la cárcel, junto a Sánchez Cárdenas) nos habla del charrismo: «La nueva burguesía gobernante pudo imponer su modelo de industrialización sin derechos políticos para los obreros. La clase obrera fue decapitada y maniatada por el Estado. El núcleo histórico del viejo proletariado había sido sometido por la vía de la coerción durante las batallas sucesivas que instauraron el llamado charrismo, que los nuevos contingentes de asalariados en la manufactura participaron activamente del anticomunismo en boga durante el régimen de Alemán; anticomunismo que representó fielmente el lechero del Estado de México, Fidel Velázquez, jerarca de la CTM». El ferrocarrilero charro Díaz fue cosa muy menor frente al significado de Velázquez y los otros cuatro lobitos o charritos: (Amilpa, Yurén. Quintero y Sánchez Madariaga)

6. El ferrocarrilero Gómez Z, que a principios de los cincuenta fue opositor al «charro» Díaz, a los pocos años se convirtió en un poderoso nuevo charro, junto con Velázquez y dirigentes de otras organizaciones obreras pertenecientes al PRI y servidoras del gobierno en turno. Pero también dentro del gremio ferrocarrilero surgió el más grande anticharro: Demetrio Vallejo, quizá el líder obrero más importante en la historia de México, después del anarquista Ricardo Flores Magón en las dos primeras décadas del siglo XX. Vallejo estuvo en la cárcel 11 años y cuatro meses (1959/71) por encabezar el histórico movimiento ferrocarrilero (1958/59) que casi puso en jaque al gobierno de López Mateos. Vallejo no solamente fue un sindicalista «anticharro», fue también militante de la izquierda socialista que buscaba un cambio radical (de raíz) en el sistema político mexicano. Así que ser charro mexicano es buena cosa, pero ser líder charro y traicionar los intereses obreros es cosa funesta.

7. En México el charrismo sindical sigue siendo poderoso por el apoyo que recibe de los diferentes gobiernos como pago y agradecimiento del respaldo que los líderes le dan en las campañas políticas y frenando las luchas de los trabajadores. La líder charra más importante en los últimos 15 años ha sido Esther Gordillo porque además de controlar el sindicato más grande de América Latina, (el sindicato de maestros), domina una Federación de trabajadores al servicio del Estado, un partido político (Partido Nueva Alianza) y más de una decena de legisladores y funcionarios de gobierno. Contó además con todo los apoyos de los gobiernos panista de Fox y Calderón y en estos días se ha aliado con el líder del sindicato de petroleros y 25 organizaciones más para ponerse con mucha mayor fuerza al servicio de Calderón o del mejor postor. ¿Podría tenerse mejor ejemplo del significado de «charrismo sindical»? Pregunto: ¿Vale la pena luchar contra él? ¿Cabe alguna duda?

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