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Elecciones primarias

Democracia, votos e izquierda

Fuentes: Rebelión

Las pasadas elecciones «primarias abiertas, simultáneas y obligatorias» despejaron dudas sobre la inminencia de un nuevo período de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Más allá de la volatilidad de algunos procesos políticos -basta recordar la debilidad gubernamental tras el conflicto por la 125 y la derrota en las elecciones del 2009- los próximos meses […]

Las pasadas elecciones «primarias abiertas, simultáneas y obligatorias» despejaron dudas sobre la inminencia de un nuevo período de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Más allá de la volatilidad de algunos procesos políticos -basta recordar la debilidad gubernamental tras el conflicto por la 125 y la derrota en las elecciones del 2009- los próximos meses no auguran cambios en un escenario donde el triunfo de Cristina acompañará la permanencia de los viejos aparatos provinciales del PJ. Más allá de estas certezas, vale la pena intentar sacar algunas conclusiones sobre tres cuestiones: la influencia de estas elecciones sobre el sistema político y la democracia, los procesos que se expresaron en el voto y las tareas planteadas para los sectores populares y la nueva izquierda independiente.

Del 2001 a la «ampliación de la democracia»: dos caminos que se bifurcan  

Las elecciones primarias fueron calificadas por Cristina como «una ampliación de la democracia», en un diálogo -que el gobierno domina a la perfección- con las expectativas populares. Pero el carácter progresivo o reaccionario de esta reforma electoral (que contiene una de cal y una de arena) no puede comprenderse sin tomar en cuenta que en el 2001, tras el reclamo de «que se vayan todos», se exigió adquirir protagonismo y poder de decisión popular sobre los temas que afectan a la vida cotidiana y al rumbo del país, sin la intermediación de los políticos profesionales que -abonados vitalicios a las gradas del poder- dirigen nuestros destinos desde hace añares. En este sentido la reforma electoral, aunque reformulando la selección de esa elite, no ha avanzado nada en la implementación de mecanismos que otorguen algún poder de decisión al pueblo. Más que una «ampliación de la democracia» se trata de una reforma para sostener un régimen meramente delegativo donde gobiernen los de siempre con las mismas e inmutables instituciones reaccionarias.

Por otra parte los medios fatigan con cada palabra de los candidatos y sus respectivas tácticas y estrategias hacia octubre. Otros temas, generados por otros actores de la política argentina, más anónimos y colectivos, desaparecen invisibilizados por este régimen que prioriza un pequeño sector de lo político. Por caso, la dramática falta de vivienda que sufren centenares de miles de familias en todo el país fue puesta sobre el tapete sólo por la reciente lucha del pueblo de Jujuy, prologada por la toma del Parque Indoamericano en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires, la creciente infantilización de la pobreza, los estragos que esta causando el narcotráfico y el abuso de drogas como el paco en las barriadas populares, o la precarización laboral como modo característico de creación de empleo. Sin embargo, se prefiere dedicar horas al análisis de cada pavada planteada por algún candidato antes que a destacar y poner en primer plano del debate los graves problemas políticos señalados por los hombres y mujeres de nuestro pueblo.

El reclamo democrático del 2001 persiste pero no ha logrado encarnar en otras instituciones y formas organizativas, ni encuentra cómo expresarse masivamente. Nos encontramos ante uno de los problemas no resueltos aún por los sectores populares: cómo dar la batalla desde las actuales instituciones y por fuera de ellas para otra y real democracia. Dependerá entonces de ese pueblo intentar alcanzar una ampliación real de la democracia donde se adquieran verdaderos niveles de decisión popular y se impongan en la agenda política la resolución de los temas que se intentan negar.

Los procesos que expresó el voto

La contundencia del voto a Cristina es una respuesta por parte del pueblo a los aciertos que supo tener el kirchnerismo -como sector más lúcido de las clases dominantes argentinas- en la adopción de medidas acordes a la situación del capitalismo nacional y mundial, así como a su habilidad para generar un diálogo con las expectativas y necesidades populares, que le permitió mostrar estos aciertos como parte de un modelo que supuestamente cambiaría el rumbo del país.

Enfrentando a Cristina hubo una serie de candidatos a su derecha, algunos con cierto barniz de «progresismo», que al coincidir con lo esencial del rumbo adoptado sólo pudieron dialogar con el miedo y la inseguridad, prometiendo mano dura y represión, o anunciando catástrofes que nadie seriamente prevé. El que se destacó en esto fue Eduardo Duhalde, quien en su primera «reflexión» pos-electoral llamó a terminar con la subversión, revalidando así el permanente título que le otorgamos de «candidato a la cárcel».

Esos aciertos en relación a la situación del capitalismo mundial a los que hacíamos referencia nada tienen que ver con una supuesta desconexión con la crisis internacional que resaltan los defensores del oficialismo. El modelo no desconectó al país de la situación económica mundial sino se adaptó a los intereses del capital nacional y trasnacional que, así como en los noventa exigía la privatización del patrimonio público, hoy impone seamos productores de materias primas para el mercado mundial, extrayendo todos los alimentos, combustibles o minerales posibles, sin importar el costo humano o de la naturaleza que implique.  Como denunció el Movimiento Nacional Campesino e Indígena (MNCI) en julio de este año, se apunta a » consolidarnos como productores de materias primas en el marco de un saqueo transnacional que nada tiene que envidiarle a antiguos esquemas coloniales». Los agronegocios, el monocultivo de soja, la producción de agrocombustibles y la megaminería a cielo abierto constituyen pilares de este modelo que, si por un lado desertifica la tierra, expulsa poblaciones hacia los suburbios, eleva el precio de los alimentos y contamina regiones enteras; por el otro le permite al gobierno generar recursos para sostener la estabilidad económica, brindar importantes subsidios a los empresarios y -en el marco de una distribución de la riqueza cada vez más desigual- otorgar reivindicaciones como la asignación universal por hijo o la ampliación de la cobertura jubilatoria, lo cual le genera importantes consensos. La otra pata del modelo, la generalización del trabajo precario para consolidar las ganancias empresarias, es vista como un avance por quienes antes nada tenían. Y si bien todas estas cuestiones que atentan contra los intereses populares e hipotecan el futuro del país no son efectos colaterales del modelo que desaparecerían si éste se profundizara, sino que constituyen la esencia del modelo y, dada la ausencia de alternativas, fueron visualizadas como lo mejor a conservar. Otras medidas adoptadas, como la Ley de Medios, el Matrimonio Igualitario, la estatización de las AFJP o la política de derechos humanos, consolidaron esta opinión.

Pero el pueblo no come vidrio ni firma cheques en blanco. Las contradicciones del modelo dejan abiertos espacios y fisuras para defender las conquistas y construir otro proyecto de país desde las organizaciones populares.

La izquierda y las elecciones

Una de las opciones que en su origen se presentaba como a la izquierda del gobierno fue Proyecto Sur. Pero nació con dos males congénitos que la llevaron a la debacle. Por un lado nunca aspiró más que a acumular y actuar dentro del marco institucional vigente. Sus aliados los buscó entonces no entre las organizaciones populares y agrupaciones de base, sino entre los que ejercieran alguna representación institucional aunque estuvieran a su derecha, acercándose a Juez, Binner, Stolbizer o incluso la Carrió, haciendo poco creíble su plataforma progresista. Por otro lado, el personalismo de su principal dirigente, Pino Solanas, nunca favoreció una organización democrática que diera marco a los miles de jóvenes que se acercaban… y huían espantados al ver todo esto. El resultado no pudo ser otro que quedar fuera de la contienda de octubre. Se dice que la otra opción de izquierda en las recientes primarias, el frente de izquierda FIT, ha logrado el «milagro» de pasar a las generales de octubre. No creemos pueda calificarse de «milagro» el que una parte de nuestro pueblo sea capaz de responder positivamente, y más allá de las diferencias, al pedido democrático de estas fuerzas. Tampoco creemos sea un «milagro» el resultado obtenido en lugares como Neuquén, donde candidatos como los compañeros de Fasinpat (ex Zanón) fueron siempre un ejemplo de lucha, de organización y de batalla cultural e ideológica, más allá de los límites de la fábrica recuperada. El desafío planteado para estas fuerzas -si desean avanzar a ser una importante alternativa popular- es el de una profunda revisión de sus prácticas para dejar de poner en el centro la disputa por la dirección y representación de los trabajadores, que los lleva a mirar desde arriba a los sectores populares y a exagerar diferencias en su afán de diferenciarse (lo cual deja al FIT pendiente de un hilo tras octubre), para pasar a priorizar el aporte que podrían hacer a la construcción del poder popular, que descree de las «verdades» preexistentes y necesita de la unidad y del diálogo ida y vuelta con los sectores populares y sus organizaciones.

Los que formamos parte de la izquierda independiente no participamos con candidatos en estas elecciones. Eso no significa que nos hayan resultado indiferentes y desde nuestra organización, como integrante de la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de Argentina (COMPA), llamamos a votar a los que se presenten como alternativa a este sistema político y social. Asimismo, con la herramienta de las «10 Propuestas Emancipatorias» salimos a disputar y mostrar que las organizaciones populares también tenemos un proyecto de país, cuya necesidad y vigencia se realza, ya que nuestros sueños no se agotan en octubre y apostamos a que las luchas populares por venir puedan traducirse en sólidas organizaciones de base, en una redoblada disputa contrahegemónica y en el avance hacia la construcción de una alternativa popular masiva que proyecte una propuesta de cambio social.

Frente Popular Darío Dantillán

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.