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A dos voces

Diálogo imaginario entre Paulo Freire y Roque Azcurraire (La Poderosa) a 50 años de Pedagogía del oprimido

Fuentes: Rebelión

IV Encuentro hacia una Pedagogía emancipadora en nuestra América. 17, 18 y 19 de setiembre 2018, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Buenos Aires, Argentina

Ernani María Fiori prologa la edición de Siglo XXI de Pedagogía del oprimido de Paulo Freire (1970) donde aprender a decir la palabra consiste en su método de alfabetización porque la práctica de la libertad solo encontrará adecuada expresión en una pedagogía en que el oprimido tenga condiciones de descubrirse y conquistarse, reflexivamente, como sujeto de su propio destino histórico. Alfabetizar es concienciar.

En el círculo de cultura, en rigor, no se enseña, se aprende con «reciprocidad de conciencias»; no hay profesor, sino un coordinador que tiene por función dar las informaciones solicitadas por los respectivos participantes y propiciar condiciones favorables a la dinámica del grupo, reduciendo al mínimo su intervención directa en el curso del diálogo.

El método Paulo Freire no enseña a repetir palabras ni se restringe a desarrollar la capacidad de pensarlas según las exigencias lógicas del discurso abstracto: simplemente coloca al alfabetizando en condiciones de poder replantearse críticamente las palabras de su mundo, para, en la oportunidad debida, saber y poder decir su palabra. Para asumir responsablemente su misión de hombre, ha de aprender a decir su palabra, porque, con ella, se constituye a sí mismo y a la comunión humana en que él se constituye, instaura el mundo en que él se humaniza, humanizándolo.

Con la palabra el hombre se hace hombre. Al decir su palabra, el hombre asume conscientemente su esencial condición humana. El método que le propicia ese aprendizaje abarca al hombre todo, y sus principios fundan toda la pedagogía, desde la alfabetización hasta los más altos niveles del quehacer universitario.

Paulo Freire no inventó al hombre; solo piensa y practica un método pedagógico que procura dar al hombre la oportunidad de redescubrirse mientras asume reflexivamente el propio proceso en que él se va descubriendo, manifestando y configurando: «método de concienciación».

Leyendo el excelente prólogo de Ernani recordé una de mis primeras experiencias como docente de Sociales en el Bachillerato Popular «Darío Santillán» en el barrio de Barracas de la Ciudad de Buenos Aires. Desde aquellos días siempre les insisto a mis alumnos/as que allí no van a aprender matemáticas, lengua, historia, etc., sino que eso podrán hacerlo si siguen estudiando en la Universidad o un terciario y como los exámenes en esos ámbitos no son solo escritos sino también orales, tienen que aprender a expresarse frente a sus compañeros/as y los profesores/as. Generalmente obtengo resultados positivos. Pero en ese primer año tuve como alumno a Roque Azcurraire que se negaba a hacerlo y hoy, seis años después, es capaz de hablar ante centenares de personas en actos públicos.[1]

Dice Roque (RA): «Cuando empecé el Bachillerato «Darío Santillán» me costaba un montón hablar frente a mis compañeros y compañeras porque sentía que mi voz, mis palabras no valían, entonces me llevaba a no hablar porque sentía que lo que iba a decir iba a estar mal, entonces aunque la voz propia siempre la tuve, nunca me dieron lugar para poder hablar. Delante de mis compañeros y compañeras me costaba por miedo. Era parte de apropiarme de la voz propia y a lo largo del tiempo me fui dando cuenta lo importante que es la palabra en las personas, en cada uno de nosotros y nosotras, que tenemos algo para contar y que es importante hablar, apropiarse de la palabra y los contextos coyunturales y de lo que vivimos en nuestros barrios. Por eso creo que la voz de cada uno y una vale y principalmente mi voz; más allá de que siempre digo que me cuesta hablar cuando arranco no paro. Me pasó que cuando veníamos de Brasil (se refiere al encuentro de La Poderosa en ese país en julio 2018)

estábamos con un montón de periodistas y primero empecé a sudar, me costó arrancar, pero una vez que lo hice empecé a hablar de todo lo que sentí en el Foro, en el viaje, lo acompañado y emocionante que estuvo todo. Escuchando a compañeros y compañeras de otros países, también apropiándose y contando historias muy zarpadas que no son muy lejanas a nosotros.

La dificultad para hablar surgía claramente del lugar donde vivo. Vivo en una villa. También a muchos de mis vecinos les cuesta hablar porque sentimos que nuestras voces no se van a escuchar en ningún lado. Para qué hablar si es al pedo, a nadie le importa. Con el tiempo me fui dando cuenta que nuestra voz la tenemos que hacer valer nosotros, por eso hablo, digo, me expreso. Siempre con honestidad y mirando la realidad que vivimos.

La educación popular tuvo mucho que ver porque al estar con compañeras y compañeros que nos cedían la palabra y que todo el tiempo nos proponían que hablemos en el grupo, en las asambleas del Bachillerato y también entender que somos todos iguales, que no importa de qué país venimos, que somos todos hermanos y hermanas, eso también llevó a apropiarme de mi propia voz.

Ahora soy parte de una organización, La Poderosa. Fue gracias al Bachillerato y La Poderosa que fui aprendiendo un montón de cosas buenas y también aprendí a hablar a través de la fotografía que es lo que hago en La Poderosa.

Claramente en La Poderosa como en el Bachillerato fui tomando conciencia que no estamos solos, que hay gente que nos escucha, que está para ayudar y para luchar juntos y esto de la voz propia, no sé si hablará bien o mal, pero mis compañeros y compañeras y muchas personas que no conozco me dicen que emociono hablando y gracias por enseñarles.

Creo que ellos son los que me dan fuerzas y ganas de hablar, de contar lo que pasa tanto en mi barrio como en otros».

«Nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunión»

Paulo Freire (PF): ¿Quién mejor que los oprimidos se encontrará preparado para entender el significado terrible de la sociedad opresora?

¿Quién sentirá mejor que ellos los efectos de la opresión? ¿Quién más que ellos para ir comprendiendo la necesidad de la liberación? Liberación a la que no llegarán por casualidad, sino por la praxis de su búsqueda: por el conocimiento y reconocimiento de la necesidad de luchar por ella.

Nuestra preocupación, en este trabajo, es solo presentar algunos aspectos de lo que nos parece constituye lo que venimos llamando «la pedagogía del oprimido», aquella que debe ser elaborada con él y no para él, en tanto hombres o pueblos en la lucha permanente por la recuperación de la humanidad. Pedagogía que haga de la opresión y sus causas el objeto de reflexión de los oprimidos, de lo que resultará el compromiso necesario para su lucha por la liberación, en la cual esta pedagogía se hará y rehará.

RA: Estando en La Poderosa nuestro principal objetivo como organización es la organización de todos los barrios. Nuestro objetivo es entender que todos y todas, no importa de dónde vengamos, tenemos los mismos derechos, tanto en Argentina como en otros países de América Latina. Por eso la idea también es ir replicando Poderosas en cada país de América Latina y que cada uno luche contra las injusticias que no solo pasan en nuestro país.

PF: Al defender el esfuerzo permanente de reflexión de los oprimidos sobre sus condiciones concretas, no estamos pretendiendo llevar a cabo un juego a nivel meramente intelectual. Por el contrario, estamos convencidos de que la reflexión si es verdadera reflexión conduce a la práctica.

Por otro lado, si el momento es ya de la acción, ésta se hará praxis auténtica si el saber que de ella resulte se hace objeto de reflexión crítica.

RA: Antes de empezar el Bachillerato mi vida estaba prácticamente perdida. Vivía todo el tiempo en consumo, no estaba en todo el día en mi casa, era llegar a mi casa e insultar a mi mamá, a mis hermanas y hermanos y hoy todo ese cariño que no les pude dar antes, se los doy en estos años que fui aprendiendo durante la militancia y todo el tiempo se los digo.

Todo el tiempo perdido, más allá que quisiera quedarme más tiempo porque no pude estar con ellos por el consumo, ellos saben que ahora estoy militando y si no estoy en mi casa y me voy por 3 o 4 días es porque estoy haciendo cosas para cambiar y mejorar esto. Para que no vuelva a pasar más con ningún pibe de ningún barrio de acá ni de América Latina lo que me pasó a mí.

Si tuviera que dar un mensaje a los pibes y pibas les diría que no caigan en el consumo, que entiendan que hay otras herramientas que son mejores que estar en consumo o estar haciendo nada o mirando la tele. La herramienta es el poder de la lucha que tenemos cada uno en las calles para reclamar nuestros derechos que nos pertenecen y nos quieren arrebatar. Con el gobierno que está hoy, nuestro país cada vez viene peor, censurando a medios, reprimiendo en las calles, comprando armas a EE UU. Justamente eso es lo que quieren, militarizar nuestros barrios y encerrarnos y prácticamente matarnos porque sabemos lo que viene después de militarizar.

Decirles que nadie está solo y estamos para dar una mano. Cada vez que veo a un pibe o piba consumiendo me pone mal porque me hace acordar a esos tiempos feos que he pasado. Me pone mal, pero les hablo aunque sé que en ese momento no me pueden responder porque el consumo lleva a eso. Que no caigan, que si necesitan una mano se acerquen a las organizaciones que estamos en los barrios para eso.

Sin embargo, concluye Paulo Freire este diálogo imaginario, el educador «bancario» no puede creer en nada de esto. Convivir, simpatizar, implican comunicarse, lo que la concepción que informa su práctica rechaza y teme.

No puede percibir que la vida humana solo tiene sentido en la comunicación, ni que el pensamiento del educador solo gana autenticidad en la autenticidad del pensar de los educandos, mediatizados ambos por la realidad y, por ende, en la intercomunicación.

Referencias bibliográficas

Freire, Paulo: Pedagogía del oprimido, Siglo XXI, Buenos Aires, 1970

Entrevista a Roque Azcurraire realizada por el autor el 2/8/2018 en la Villa 21-24, Barracas, Buenos Aires, Argentina

Nota:

[1] Intervención de Roque Azcurraire, fotógrafo de La Poderosa, en al acto en la Villa 21-24 de Barracas, zona sur de la Ciudad de Buenos Aires el 1º de junio de 2018, repudiando la represión de efectivos de la Prefectura en la que fue detenido junto a su cuñado:

«Quiero agradecerles a todos los compañeros y compañeras que están acá presentes. Contarles que a nosotros nos llevaron como si hubieran ido a buscar a un grupo de narcos, a los peores delincuentes de toda la historia. Entraron a nuestra casa, nos recagaron a palos, manosearon a mi hermana, se llevaron a mi otra hermana presa. Es terrible cómo actuaron y cómo nos torturaron en la garita a donde nos llevaron, teniéndonos incomunicados, sin saber qué iban a hacernos. Resignados, con miedo, sin saber qué hacer. Todo lo que nos hicieron no puede quedar así. Nos quisieron inventar causas de todo tipo, todas se las rebotaron. Estamos sobreseídos y vamos a lograr justicia y van a tener que dar explicaciones de por qué entraron a mi casa, por qué me llevaron por filmar, por qué manosearon a mi hermana, por qué nos torturaron. No va a quedar así, no nos vamos a callar nunca más y vamos a seguir luchando como lo hacemos todos los días. Les agradezco el apoyo, los abrazos y el acompañamiento. La verdad es que eso nos da energía para seguir luchando, para que dejen de pasar estas cosas y defender a cada pibe y cada piba de nuestros barrios. Gracias».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.