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Entrevista al escritor Enrique Nanti

«Dios es laico»

Fuentes: Rebelión/Clarín de Chile

En entrevista digital desde Argentina, Enrique Nanti (1966), habla de la novela La confesión y el significado literal del confesionario religioso: » En los pueblos pequeños sin demasiado roce con el mundo, la gente es más ingenua; acá, allá y en todas partes. Entonces confiesan su vida a un cura, grave error; el poder la […]

En entrevista digital desde Argentina, Enrique Nanti (1966), habla de la novela La confesión y el significado literal del confesionario religioso: » En los pueblos pequeños sin demasiado roce con el mundo, la gente es más ingenua; acá, allá y en todas partes. Entonces confiesan su vida a un cura, grave error; el poder la confesión es letal. Ya en las grandes ciudades se reemplazó al cura por el psicólogo, otro error de sobreestimación. La Iglesia supo y sabe usar la confesión como herramienta extorsiva de poder e impunidad. Por alguna vulnerable causa, hay quienes aún confían en un cura, más allá de que como en todas las profesiones, haya sacerdotes honestos, claro. Pero en general, la religión es un negocio y nada más, donde el abuso de confianza, entre otros abusos, hace su nido».

Autor de las antologías de poesía: Sermón de los ojos (1991), Babel (1993), Por partes (1994), Según mi corazón (1999), Madera prima (2002), Falsario (2005), e Ínfula (2012); también escribió la biografía: El Maquío Clouthier (Editorial Planeta, 1998) y las novelas: Suicidio por encargo (2002), Tala de sombras (2002), El huelguista (2009) y La confesión (Editorial Planeta, 2012).

Enrique Nanti confiesa: «La noche del 24 de junio recibí una llamada anónima de amenaza de muerte, no puedo acusar a ningún retrógrado en especial, pudo venir de cualquier lado. Sinceramente no sé cómo fue recibida mi novela por esos diminutos sectores, tampoco me interesa demasiado esa gente que es capaz de saberse la Biblia de memoria, pero incapaz de cultivarse leyendo algún otro libro». El anónimo que se tomó la molestia de llamar, hasta Argentina, lo hizo «en nombre» del candidato presidencial Enrique Peña Nieto ( sic ); paradójicamente, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, cuando le preguntaron al político mexicano cuáles eran sus tres libros favoritos, Peña Nieto dijo: » La Biblia es uno, la Biblia en algún momento de mi vida y algunos pasajes bíblicos. No me leí toda la Biblia pero sí leí algunas partes de la Biblia» (03/12/2011).


MC.- «La confesión» está basada en hechos reales, el sacerdote pederasta es interrogado por un policía araucano, en la Patagonia argentina; ¿utilizaste algún expediente judicial para escribir tu novela?

EN.- Ninguna parte de ningún expediente. Mi novela La confesión -que es una total ficción-, está basada en hechos de la realidad mundial, no en un hecho en particular. Hace unos dos meses salió a la luz que otro cura mexicano abusó de más de cuarenta niños indígenas. Hace una semana, en Argentina, se descubrió que un cura que había sido abusado de pequeño por otro cura, repitió aquel comportamiento abusando de unos cincuenta niños y jóvenes seminaristas, de los cuales la mayoría de ellos abortaron la idea de consagrarse al sacerdocio. Y en Estados Unidos apestan los casos, y en Holanda un alto porcentaje de los adultos mayores de cuarenta años fueron alguna vez abusados por un cura, y así podría detallar infinidad de casos en el mundo. A veces pienso que la Iglesia no está de acuerdo con la despenalización del aborto porque necesitan que nazcan muchos niños para luego violarlos; necesitan víctimas. Para escribir esta novela sólo tuve que abrir la ventana de mi casa y observar el mundo. En ella calqué suavizadamente la realidad que es aún peor. O sea, y para no contradecirme demasiado, es una ficción basada en la ventana.

MC.- ¿Todos los personajes son ficticios?, ¿quién es el sacerdote aludido?, ¿se dice el nombre del pecado, pero no del pecador?

EN.- Todos son ficticios. Aunque el cura protagonista se llame en la novela Graciano, parecido al apellido del padre Grassi, un cura argentino abusador y recientemente condenado que jamás pisó una cárcel. Fuera de esa coincidencia, es ficción, todo es ficción.

MC.- El sacerdote pederasta se justifica ante la policía: «Fue una relación consentida y no hubo abuso ni resistencia», pero la víctima tenía 8 años, y el sacerdote deja una pregunta abierta: «¿quién dicta el inicio y el límite de edad para copular?». ¿Todavía existen sacerdotes con semejantes argumentos ante la pederastia?

EN.- Esas preguntas y pensamientos los plantea el personaje. Supongo que así piensan los pederastas, curas o no curados, sólo que nunca lo dirían en público. En esta novela, además de investigar durante muchos meses infinidad de casos verdaderos donde las patologías se repetían, hay un gran esfuerzo de imaginación. Entonces, hacer pensar a los lectores es siempre un gran y vertiginoso objetivo para todo escritor, y hacer dudar. Entonces, debí crear los argumentos que hicieran dudar al lector de lo que estaba bien y de lo que estaba mal.

MC.- En las primeras cien páginas los diálogos son de largo aliento, de reflexiones teológicas, filosóficas y políticas; después con la llegada del personaje Raúl Ramírez los diálogos se vuelven ágiles. ¿Cómo fuiste armando la estructura de la novela?, ¿por qué elegiste al «policía Raimilla» y a «Raúl» en el papel de espejos ante las voces narrativas del sacerdote y Enri Palmares?

EN.- La idea era que al terminar de leerla, cada quien saliera con la mirada ilesa pero con los ojos temblando, por eso recomiendo que se la lea con gafas blindadas tomando previamente alguna pastillita que retraiga las ganas de vomitar. Hay en ella teología, algo de filosofía, existencialismo, metafísica, astronomía, política, porque de todo esto está hecho un cura; los preparan muy bien para pastorear ovejas y vivir de ellas, esto no se puede negar. Tal vez el problema no sean los curas, sino la ignorancia de quienes necesitan descerebradamente profesar una religión, como si aquél que no la profesara fuera ateo o estuviera lejos de Dios. Hablo de la acefalía de las masas que se mueven por contagio o imitación. Los pueblos más educados, más instruidos, más inteligentes, creen en Dios pero no practican una religión, y suelen ser más decentes, fíjate. Los nórdicos son un ejemplo de ello. ¿Qué estructura elegí?, la de la inspiración y el oficio. Por momentos sentí que alguien me la estaba dictando, ¿habrá sido Dios? (risas), seguramente. Y me pareció muy ágil intercalar capítulos con distintas voces y en distintas personas.

MC.- No contaremos el final de tu novela, que en sí mismo es polémico, ¿tenías planeado el desenlace antes de comenzar a escribir La confesión?, ¿era demasiada crueldad someter a un careo judicial al sacerdote pederasta y su víctima?

EN.- Sí, el final estaba planeado desde antes de escribir la primera página, eso es cierto, pero la narración en sí fue espontánea. Quise desprenderme de la rigidez estructural de otras novelas que había escrito. Con respecto al final, sí, quería, necesitaba llegar a ese final. Sentí que abrirle los ojos al que lee es un acto literario de enorme generosidad. Ayudar a pensar, a darse cuenta, supongo, siempre es un aporte social de evolución.

MC.- El Oficial principal Raimilla le dijo al sacerdote: «Su Iglesia sabe cómo ocultar a los malos curas y darles una nueva oportunidad», pero el uniformado no está libre de pecado, acostumbraba quedarse con la droga incautada y estuvo envuelto en un crimen pasional. ¿Por qué todos los personajes se confiesan con el padre Graciano?

EN.- Porque era el único cura del pueblo, y porque sobre todo en los pueblos pequeños sin demasiado roce con el mundo, la gente es más ingenua; acá, allá y en todas partes. Entonces confiesan su vida a un cura, grave error; el poder de la confesión es letal. Ya en las grandes ciudades se reemplazó al cura por el psicólogo, otro error de sobreestimación. La Iglesia supo y sabe usar la confesión como herramienta extorsiva de poder e impunidad. Por alguna vulnerable causa, hay quienes aún confían en un cura, más allá de que como en todas las profesiones, haya hombres honestos en la Iglesia, claro. Pero en general, la religión es un negocio y nada más, donde el abuso de confianza, entre otros abusos, hace su nido.

MC.- La novela es transgresora, describe a un sacerdote antisemita, violador de menores y cómplice del cura Tomás -otro sádico y perverso personaje-, ¿cómo fue recibida tu novela en los círculos católicos y del Opus Dei?

EN.- Bueno, la noche del 24 de junio recibí una llamada anónima de amenaza de muerte, no puedo acusar a ningún retrógrado en especial, pudo venir de cualquier lado. Sinceramente no sé cómo fue recibida mi novela por esos diminutos sectores, tampoco me interesa demasiado esa gente que es capaz de saberse la Biblia de memoria pero incapaz de cultivarse leyendo algún otro libro. Para mí, todo fundamentalismo es una subnormalidad y un insulto a la razón que precisamente Dios nos regala para pensar por nuestra cuenta. La religión, incluyendo la sangre que se ha derramado en su nombre, es la mayor causa de retraso mundial en la evolución de la especie, y la mayor causa de muertes violentas en el mundo guerra religiosa tras guerra religiosa.

MC.- El sacerdote Graciano dijo: «el placer tiene mala prensa», ¿cómo ha reaccionado la prensa mexicana ante tu novela?

EN.- Muy bien, salvo algunos «mochos» conservadores que en todas partes los hay y para quien la lectura objetiva es imposible, en general les ha impresionado positivamente. Dijeron los críticos que estaba muy bien escrita, lo que tampoco creo demasiado; debo ser el único argentino poco mamón. Bueno, yo al menos no volvería a leerla por cuestiones de salud mental. Es una novela inconfesable, letal. Y sí, pareciera que el placer tiene mala prensa. Todo lo que al hombre lo relaje o lo vuelva feliz por un momento, está condenado por las religiones y las políticas y las leyes y etcétera. Ser feliz es ilegal, ¿lo advertiste?, saca cuentas… A los pueblos hay que mantenerlos pisados y afligidos, así parece; eso los vuelve dependientes.

MC.- En México, vivimos los últimos días del gobierno derechista del PAN. En 1998, publicaste un libro sobre el líder histórico del PAN, Manuel Clouthier; ¿hicieron algún tipo de acuse de recibo en el PAN ante tu nueva novela o están más preocupados por la transición?

EN.- No, el PAN no acusó mal recibo de la novela, diría que ningún recibo. ¿Sabes?, el Maquío Clouthier fue bastante crítico de la Iglesia, era un hombre muy inteligente… La verdad, su primera intención al principio de su breve carrera política fue afiliarse al PRI, y como no le dieron lugar, se fue al PAN, sólo eso, hasta que también se dio cuenta de que el PAN para hoy era hambre para mañana…

MC.- ¿Por qué decidieron publicar tu novela en México?, ¿qué posibilidades hay para internacionalizar La confesión?

EN.- Mira, no sé exactamente por qué decidieron publicarla en la filial mexicana de la Editorial Planeta , deberías preguntárselo a ellos. Lo internacional va llegando de a poco. Te cuento que ya hay varios productores interesados en filmarla. Quizás hubiese tenido mayor repercusión si La confesión se hubiera editado en la imprenta del Vaticano.

MC.- Finalmente, ¿tienes cuenta de Facebook o twitter?

EN.- Mi cuenta en twitter es: @EnriqueNanti, y en Face : Enrique Nanti , a cara lavada .

 

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