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Entrevista a Silvio Schachter, miembro del Consejo de Redacción de la Revista Herramienta

«El derecho a definir en qué tipo de ciudad y sociedad queremos vivir»

Fuentes: Rebelión

Silvio Schachter: Es difícil encontrar hoy un tema que tenga el significado y la trascendencia de la aprobación de la Ley por el aborto legal, seguro y gratuito. Sobre todo, partiendo de la base que es una lucha histórica, que tiene muchas décadas, que tanto vos y yo tenemos grandes amigas como Nora Ciapponi y Mabel Bellucci que fueron de las primeras.

M.H.: Nora fue la primera en plantearlo en una campaña electoral cuando fue candidata a vicepresidente del Partido Socialista de los Trabajadores en 1973. 

S.S.: Fue una de las primeras en plantear en una plataforma electoral este tema. 

M.H.: Y siempre fue una preocupación. Recuerdo que incluso en los años de la dictadura y antes de salir del país, Nora participó de la Brigada Simón Bolívar en Nicaragua en julio de 1979, siempre fue una preocupación suya, no solo el derecho al aborto sino también los derechos de la mujer en general. Siempre se ocupó de eso. 

S.S.: Y Mabel también, tiene su libro Historia de una desobediencia. Aborto y Feminismo que recoge su experiencia de vida, cuando eran muy poquitas y cuando hablar de este tema era un tabú. 

M.H.: Desde el punto de vista público la actividad de Mabel ha trascendido más que la de Nora. 

S.S.: Se concentró mucho en eso y además se transformó en una teórica del tema, ha recorrido mucho, su libro se ha leído en toda América Latina. Hay que tener en cuenta también que este tema va a repercutir mucho en América Latina. Sólo en Argentina ahora, Uruguay y en parte de México el aborto es legal. 

M.H.: O sea que al nombrar a Mabel Belucci y Nora Ciapponi, coincidirás conmigo que el feminismo no comenzó con la “Ola verde”. 

S.S.: Desde ya que no. 

M.H.: Algunes creen que sí. 

S.S.: No, justamente hoy hablaba con Mabel y Nora temprano, para saludarlas, y acordábamos en que esto no puede ser apropiado por nadie, es una historia de cuatro décadas, de generaciones de lucha y es patrimonio de un colectivo que excede cualquier coyuntura partidaria y, sobre todo, hay que tener en cuenta que la ley es un primer paso, gigantesco, pero ahora hay que garantizar que se cumpla, hay que ejercer el derecho. Hay que tener en cuenta este tema de la objeción de conciencia. 

M.H.: El otro día lo charlábamos con Alfredo Grande. 

S.S.: Porque en provincias donde gobiernan sectores patriarcales, clericales, como sucede en varias del norte argentino, va a haber mucha resistencia a aplicar esta ley. Es un paso gigante pero no termina acá y la lucha continúa. Es un homenaje a las que gritaron cuando el resto callaba. En este contexto lo que habíamos acordado conversar sobre el proyecto de Costa Salguero aparece un poco relativizado. Pero es un fenómeno interesante de estos tiempos. Vos sabés lo que opino de las audiencias públicas porque he participado en varias. 

M.H.: Incluso en esta. 

En la audiencia pública por Costa Salguero se anotaron 7.000 participantes 

S.S.: Sí, ya participé, pero en general las audiencias tienen una dosis de formalidad muy grande, no son vinculantes, para el gobierno de turno es simplemente un trámite que fija la Constitución de la Ciudad, es ese paso inevitable que tienen que dar para abrochar el o los proyectos y no le dan demasiada importancia. Más allá de que pueda haber un porcentaje importante de la Ciudad o los barrios que van a presentar su posición, eso después pasa a la Legislatura, levantan la mano los de la mayoría y la cosa se aprueba como si nada hubiese pasado.  

Pero en este caso hubo una excepción, porque se anotaron 7.000 personas. Es algo inédito, una cifra que supera cualquier tema que se haya tratado en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. De los 7.000 no todos intervienen, pero llevamos ya más de 1.000 intervenciones, de las cuales 970 son en contra del proyecto y 30 a favor. 

M.H.: Hay alguna intervención judicial también ¿no? 

S.S.: Sí. Hay elementos jurídicos porque esto es violatorio de la Constitución de la Ciudad, de la Constitución Nacional sobre las costas, los derechos a los ríos, el uso del espacio público y también hay una violación del plano urbano ambiental que también es una ley. Eso está demostrado. Ha habido un concurso público con un proyecto ganador antes de que se hiciera la audiencia. Todo ha sido irregular y desprolijo, porque se pensó que se iba a avanzar sin oposición.  

Yo creo que hemos aprendido algunas cosas los habitantes de la Ciudad y sus organizaciones, por ejemplo, respecto a Puerto Madero, que fue uno de los despojos más brutales de tierra pública en el país, y que después de 25 años se termina sin que haya habido grandes resistencias a eso. Teniendo en cuenta que pasaron todo tipo de gobierno y que fueron parte de la gestión de Puerto Madero, a pesar de ser una S.A., pero con participación de la Ciudad y el gobierno nacional. Es decir que todos los gobiernos de los 90 en adelante han estado comprometidos con eso y nadie se opuso. Es más, para muchos ha sido un ejemplo, en todo caso Costa Salguero sería una especie de desarrollo de esa misma idea, apropiación de la costa, del terreno público, un proyecto para una elite especuladora que ni siquiera va a vivir en esas viviendas.  

Así que la respuesta, que no solo fue una audiencia, sino que la gente hizo bicicleteadas y movilizaciones a la Legislatura, le dio mucha trascendencia al rechazo en la defensa del espacio público, del derecho a la recreación, a la costa y al río, de la belleza que el río tiene y que es un patrimonio del colectivo y que no puede ser apropiado por un grupo de elite.  

Todavía habrá que ver cómo reacciona la Legislatura, la fecha es horrible porque ya viene el verano y la gente está con la cabeza en otras cosas, entre otras en la pandemia. Pero muchas organizaciones ambientalistas han participado, es muy interesante.  

Hay un hecho político significativo que es que los sectores del kirchnerismo le han puesto la proa a este proyecto, algo que no ocurrió en el caso de Puerto Madero o en la privatización de las playas de los ferrocarriles de Palermo, Caballito y Liniers, los miembros del kirchnerismo le dieron curso junto con el PRO. En este caso han replanteado su mirada sobre la Ciudad y también es cierto que han puesto a Larreta como su enemigo principal desde el punto de vista político, así que todo lo que debilite a Larreta les suma puntos.  

Pero me parece que lo más importante es la reacción de la sociedad que empieza a tener en cuenta que este no es un problema menor, que no es un pedazo de tierra simplemente ni una lucha de vecinos, sino que tiene que ver con el debate sobre lo que es el patrimonio común, el derecho al uso colectivo de los bienes comunes y, entre otras cosas, que el río es un bien común muy importante porque es el único elemento natural que existe desde la fundación de nuestra Ciudad, obviamente la precede por muchísimos años, pero quiero decir que todo lo verde de la Ciudad está hecho por el hombre, el río estaba antes y se conserva a pesar de estar contaminado, de haber sido invadido por construcciones, sigue siendo el elemento natural por excelencia que define nuestra Ciudad que hay que rescatar, no solo porque nos brinda el agua que bebemos, que no es un tema menor para la salud. 

M.H.: Sobre todo, ahora que se cotiza en Wall Street. 

S.S.: Además hay que tener en cuenta que CABA tiene serios problemas ambientales, sobre todo la parte que linda con el río, la City tiene fenómenos como los llamados “isla de calor” con alto nivel de polución y contaminación. Y uno habla de la pandemia y piensa que gran parte de las enfermedades respiratorias que tiene la población tienen que ver con el aire que respiramos. Y construir frente al río es construir una muralla, como Puerto Madero que ha limitado la posibilidad de que los vientos limpien estas olas de calor y limpien la polución. Poner nuevas construcciones sobre el río aumenta este problema.  

Y el otro tema que es evidente para cualquiera que haya salido a la calle en estos días, es que la gente se ha volcado masivamente hacia los espacios verdes públicos, se ha transformado en una necesidad vital, no solamente de esparcimiento, sino físico y psíquico. La pandemia ha puesto en evidencia que CABA carece de espacios verdes suficientes, y los pocos que hay están saturados todos los días, no solo los fines de semana, cualquiera que vaya a una plaza cualquier día a la tardecita puede ver que tienen un uso intenso.  

Creo que esta idea de defensa de lo verde, de la relación con lo natural es un elemento que tiene que ver con la salud psíquica y física de la población y tiene que ser tomado como tal. Ya lo hemos hablado en otras oportunidades, a veces cuando se habla de salud se limita al barbijo, la vacuna, el hospital, pero salud es el hábitat. No es lo mismo la salud de quien vive en una villa miseria de quien lo hace en un departamento de 400 m2 con vista al río como ocurre en Puerto Madero o en un country en un terreno de 5.000 m2. Las condiciones del hábitat son muy importantes.  

Y el otro tema importante es que el espacio público es un espacio de socialización, donde te reconocés con los otros, encontrás identidades comunes, te igualás, porque tu departamento puede ser el mejor del mundo y el del otro ser muy pequeño, pero en la plaza somos todos iguales. Como dice el poema de Benedetti “en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos”.  

El lugar público por excelencia que es la calle y la plaza, también es donde recomponer lazos sociales, sentido de comunidad, y pensar que en última instancia la categoría de ciudadano no es solamente el derecho a un voto, quizás eso es lo menor, es el derecho a definir en qué tipo de ciudad y sociedad queremos vivir. Ese es un derecho colectivo que no se puede vulnerar. Y menos por una banda de levanta manos de la Legislatura que aprueban cualquier cosa en contra de los derechos de la mayoría.  

Lamentablemente la Sociedad de Arquitectos organizó este concurso, jugando un papel negativo, a diferencia del papel que jugaba la Asociación Central de Arquitectos hace 20 años y un sector de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo también favoreció este proyecto. Con lo cual también demuestra la ausencia del rol crítico que tiene que tener la Universidad frente a la sociedad. Ha vulnerado toda forma de autonomía del pensamiento crítico al darle el aval a esto.  

Vamos a ver qué pasa, durante todo el mes de enero siguen las audiencias, yo creo que no va a cambiar la tendencia, va a haber una amplia mayoría en contra del proyecto y esperemos que esto pese en la Legislatura como para que algunos sectores se replanteen y aborten este proyecto y tengamos uno de otro tipo.  

No se trata de abandonar, porque siempre el discurso es “hay que hacer algo porque esto está abandonado”. Esa es una táctica histórica de aquellos que quieren apropiarse de la tierra, dejan el lugar abandonado, entonces cuando hacen algo, el discurso es “mejorar lo que teníamos antes”. Eso se llama “la teoría de las ventanas rotas” en el urbanismo. Pasó lo mismo con Puerto Madero, décadas abandonado entonces cuando apareció un proyecto era mejor hacer algo a que quedara así. La sociedad tiene que elaborar un contraproyecto de uso masivo y popular. Hay que tener en cuenta que los sectores más humildes próximos a la Ciudad tienen pocos lugares donde recrearse y casi ningún contacto con el río. Históricamente eso era diferente. 

M.H.: Yo me iba a bañar al río cuando tenía 9 o 10 años. 

S.S.: Claro yo también, estaba el balneario El Ancla, donde uno podía pasar hermosas vacaciones en CABA y eso ha sido arrebatado a la Ciudad.  

M.H.: Hay otra gran noticia ninguneada, triunfó la lucha aceitera después de 21 días. 

S.S.: Sí, y también sobreseyeron a los compañeros que fueron detenidos en las marchas contra la megaminería en Chubut. Hay algunas señales que iluminan un poco la oscuridad de este fin de año, que nos abren la esperanza.  

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