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Una batalla que el neoliberalismo perdió

El siguiente paso: Demoler sus cimientos

Fuentes: FRAGUA

En medio de un clima de violencia contra nuestros hermanos migrantes, de los recientes feminicidios, de las ejecuciones contra defensores de derechos humanos y de la ola represiva que no cesa contra el pueblo que se organiza y lucha, sobresale en esta injusta realidad un dejo de esperanza: la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de […]

En medio de un clima de violencia contra nuestros hermanos migrantes, de los recientes feminicidios, de las ejecuciones contra defensores de derechos humanos y de la ola represiva que no cesa contra el pueblo que se organiza y lucha, sobresale en esta injusta realidad un dejo de esperanza: la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM).

En el marco de la Consulta Nacional para decidir el futuro del nuevo aeropuerto -convocada por el futuro gobierno-, el pueblo hizo escuchar su voz bajo las consignas: ¡Cancelación inmediata del nuevo aeropuerto!, y ¡Lago sí, aviones no! Desde las comunidades y los barrios, hasta las escuelas y el transporte público, la demanda popular se enfrentó a la maquinaria de los grandes medios de comunicación, e hizo temblar al gran capital.

Los medios de comunicación independientes, las marchas, las caminatas, las rodadas, la información de boca en boca y hasta de viva voz fueron las herramientas que el pueblo consciente utilizó para defender la vida y su territorio. En todo el país, se enarboló la consigna de la cancelación inmediata del nuevo aeropuerto, pues se comprendió que la lucha es contra un enemigo en común: la burguesía (los empresarios) que se enriquece con el despojo, la privatización y la explotación del pueblo trabajador y a la que no le importa la vida y el medio ambiente, pues a su paso ha causado destrucción y muerte.

La Consulta Nacional se llevó a cabo del 25 al 28 de octubre, y tuvo la participación de un millón 89 mil 128 personas, de las cuales 69.94% votó por la cancelación del aeropuerto en Texcoco, y por la modernización del sistema de aeropuertos, el cual incluye el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México «Benito Juárez», el aeropuerto de Toluca y la colocación dos bases aéreas en Santa Lucía. Este resultado es un triunfo del pueblo que por años ha sido ignorado; es un mensaje claro a la oligarquía mexicana: aquí estamos, somos capaces de tomar decisiones importantes, compartimos la responsabilidad de transformar al país, y acabar con el neoliberalismo hasta sus cimientos.

Quienes no están nada contentos con los resultados son la minoría rapaz: el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y a la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco) aglutinadas en la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex). Con sus declaraciones reflejan el desprecio a la clase trabajadora, pues a diferencia de lo que ocurre en esta ocasión no fueron ellos, sino el pueblo consciente, el que tomó la decisión. Bajo un discurso de respeto a la legalidad y la democracia, esta minoría llama a defender el «Estado de Derecho», es decir, un Estado en el que sus intereses estén a salvo, y busca asustarnos con las declaraciones de sus partidos políticos y sus voceros, en las que asegura que el comportamiento inestable de los mercados internacionales es responsabilidad del resultado de la consulta. Además, intenta chantajearnos con la posible «pérdida» del dinero de los trabajadores, sin mencionar que fueron ellos los que, sin consultarnos, pusieron en riesgo las afores.

En su declaración del 29 de octubre, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador afirmó que respetará la decisión del pueblo, por lo que quedará definitivamente cancelada la obra del NAICM en el exlago de Texcoco. Sin embargo, también declaró que será respetuoso y garantizará los contratos que tenían las empresas en Texcoco, ante lo cual nosotros nos preguntamos: ¿Esto significa que seguiremos alimentando a esa minoría rapaz?

Entendemos que aunque ganamos esta batalla la lucha sigue, pues debemos exigir congruencia al gobierno entrante: no podemos, ni debemos permitir que Carlos Slim, Bernardo Quintana Arrioja, Olegario Vázquez Raña, Carlos Hank Rhon, Hipólito Gerard Rivero y demás empresarios, como Alberto Baillères, German Larrea y Grupo Higa, participen en la construcción en Santa Lucía o en los nuevos proyectos, pues sabemos que los contratos se les entregaron «a modo» en Texcoco. La consulta no debe convertirse en una simulación del nuevo gobierno: quienes votaron por defender el lago y evitar un ecocidio, votaron también contra esa minoría rapaz que desde hace 30 años se ha enriquecido con el neoliberalismo.

Son tiempos de seguir tomando decisiones, de denunciar y desenmascarar a los judas, aquellos que de manera cínica y desvergonzada apoyaron el proyecto del NAICM en Texcoco para defender sus negocios. Nos referimos a aquellos dirigentes morenistas que, utilizando sus cargos de representación, actuaron en contra de los intereses del pueblo y, al viejo estilo priista, obligaron a los trabajadores de distintos ayuntamientos a votar por continuar con el nuevo aeropuerto. Además, evitaron que el conteo de las urnas en Texcoco fuera público. Incluso en su desesperación, llegaron a robarse la urna del último día de votación y utilizaron a los cuerpos policiacos para evitar que la gente observara el conteo. En un acto de congruencia, la dirigencia nacional de MORENA debe sacudirse este tipo de grupos que pudren y descomponen los procesos organizativos que anhelan un cambio verdadero.

Como Organización de Lucha por la Emancipación Popular sostenemos que la única forma de triunfar no sólo en Atenco y Texcoco, sino en todo el país, y recuperar lo que nos han robado, defender nuestros derechos y echar abajo otros megaproyectos de muerte, es fortaleciendo la participación del pueblo desde el movimiento independiente, con conciencia de clase proletaria. Como pueblo es momento de entender que la consulta es sólo una herramienta que tiene limitaciones y que la fuerza del pueblo y la garantía de su victoria radican en su organización, en su capacidad de soñar con un mundo más justo y en su disposición de luchar para terminar por la vía de los hechos con el neoliberalismo y cimentar las bases que terminarán con el capitalismo y permitirán la construcción del socialismo en México.

¡Contra el despojo, la explotación y la represión; resistencia, organización y lucha por el socialismo!

Nota:

Este artículo fue publicado en el No. 38 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Noviembre-Diciembre 2018.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.