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Nueva era en Latinoamérica

El triunfo de Evo Morales

Fuentes: Rebelión

El espectacular triunfo de Evo Morales en Bolivia excedió todas las expectativas. Se trata no solamente de una oportunidad emancipadora para uno de los países más pobres de nuestro continente sino un impulso más a la ola de liberalización que ya une a Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela y Cuba a la cual ahora se une […]

El espectacular triunfo de Evo Morales en Bolivia excedió todas las expectativas. Se trata no solamente de una oportunidad emancipadora para uno de los países más pobres de nuestro continente sino un impulso más a la ola de liberalización que ya une a Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela y Cuba a la cual ahora se une Bolivia.  Y si las cosas siguen como van el año próximo el triunfo probable de Andrés Manuel López Orador borrará del poder a uno de los gobiernos más reaccionarios  y sumisos en la historia de México, el nefando sexenio de Vicente Fox. 
Haber obtenido el 51% de los votos en primera vuelta significa un mandato claro y fuerte del pueblo boliviano para acometer las reformas prometidas: refundar el país, convocar una convención constituyente, legalizar el cultivo de la coca, y nacionalizar las fuentes energéticas. Evo no solamente obtuvo el poder ejecutivo sino 65 de los 130 curules de la cámara, probable paridad en el senado y dos prefecturas. Lleva con él como vicepresidente a un intelectual de izquierda,  Álvaro García Liñera.

Los primeros en lamentarse de lo sucedido han sido las grandes compañías energéticas como British Gas y Total y en primer lugar la española Repsol, que tras la victoria de Evo vio desplomarse el valor de sus acciones. En unas horas se vendieron 9.8 millones de títulos de Repsol con un valor de 246 millones de euros. Los especuladores comenzaron a deshacerse de un papel que ha perdido parte de su valor ante la inminencia de la nacionalización del hidrocarburo  boliviano. 

Bolivia es uno de los primero productores del mundo de gas natural lo cual produce abundantes ganancias que van a las trasnacionales. El 79% de la población rural vive en la miseria más absoluta. A la vez Evo no ha hecho un programa extremista de rechazo a ultranza del capital foráneo y xenofobia desenfrenada y ha prometido dar facilidades a los inversionistas extranjeros.

De otra parte debe considerar el problema del cultivo de la coca que no está relacionado con la producción de cocaína ni con el narcotráfico de las mafias. Es una cultura agrícola de largos antecedentes populares y Evo pretende legalizar el sembrado, de lo cual dependen económicamente los campesinos, y dar a la coca usos farmacéuticos. A la vez de propone combatir la producción y comercio  ilegal de la cocaína.
Mientras acomete esas reformas económicas Evo debe luchar en el plano social, con el atraso, el analfabetismo, la miseria y el racismo a que han estado sometidos los aymaras y los quechuas. Extraer a esas etnias de su secular atraso y convertirlos en parte funcional y actuante de la nueva sociedad es uno de sus desafíos mayores. 

En el plano internacional Evo Morales no ha ocultado su admiración por la obra de liberación nacional  de Fidel Castro y ha sido visitante frecuente y público de muchas actividades cubanas. A la vez se declara un ferviente admirador de la obra bolivariana, americanista y unitaria de Hugo Chávez. Esto significa que ha surgido un sólido frente  que en los foros mundiales hará frente al neoliberalismo y a las políticas empobrecedoras del FMI y el Banco Mundial.

Falta por ver la reacción de Estados Unidos ante esta derrota pavorosa de los candidatos de la derecha. Bush puede ensayar el magnicidio pero el asesinato de Evo, en las actuales circunstancias, desataría un caos que haría parecer los tumultos del bogotazo, tras el crimen de Gaitán, como un paseo a Disneylandia. Pueden intentar las armas ensayadas en Cuba: el terrorismo desestabilizador, el bloqueo económico pero ya se ha visto, en Cuba y en Venezuela,  que lejos de debilitar esa agresividad une a las fuerzas populares y les da una coherencia y una firmeza que logra objetivos muy distantes de los que se propone.  

La victoria de Evo Morales reafirma  a Latinoamérica en el camino de su nueva  independencia y constituye un reto al gobierno de los Estados Unidos para que formule nuevos procedimientos y políticas al relacionarse con sus vecinos del sur. Quizás el gobierno menos dotado para ese cambio indispensable es el actual. La agresividad, tozudez, ineptitud y conservadurismo a ultranza del gobierno de Cheney y Rumsfeld lo incapacitan para tender los puentes que facilitarían una relación armónica. El éxito de Evo consolidará el estado de guerra no declarada entre Estados Unidos y América Latina.

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