Las elecciones subnacionales -municipales y departamentales- que acaban de realizarse en Bolivia, requiere de una una lectura crítica del proceso electoral, de sus características, significado político, su entramado, condiciones en que se armaron los distintos frentes o alianzas y de cómo llegaron al final al escrutinio para lograr la democracia controlada.
Las subnacionales de este año, se diferencian sustancialmente de las anteriores, en razón a que tienen determinadas características que están más allá de la epidermis y que nos permitimos explicitar:
- Está marcada por una avalancha de candidatos que como nunca antes acudieron a postularse, de los cuales decenas quedaron en el camino por no reunir los requisitos. Este hecho singular en las disputas electorales, es visto en sectores conservadores y retrógradas como el caos democrático que erosiona la tradición política de la meritocracia, según quienes, los representantes democráticos deben tener “los títulos o cartones” que ameriten estar en el poder; poco más, “cualquier individuo quiere ser autoridad”. Desde otra óptica, social-inclusiva, este fenómeno de innumerables candidatos, es visto como la expresión de la crisis democrática, que frente a la ausencia de organización (partido) popular, se está dando una dispersión de esfuerzos y opciones, pero que son el resultado del proceso iniciado el 2006 por Evo Morales y la nueva Constitución (2009) que ha abierto la opción y ejercicio del poder por parte de los excluidos. Para bien, es una etapa en la que los excluidos pierden el miedo y el complejo cimentado por las clases dominantes.
- La ausencia de propuestas electorales coherentes y realistas y, el bajo nivel político de los candidatos, marcaron también la disputa electoral; nos referimos al nivel político y no a los cartones que deberían tener los candidatos. Sin entender la propuesta demagógica del 50/50, creyendo que contaran con más recursos en el futuro inmediato, la generalidad de candidatos abundaron en promesas sin fundamento, demagógicas, repetitivas, promesas de siempre y una ausencia fundamental en las gobernaciones: propuesta para mover el aparato productivo, el motor y la dinámica regional y/o departamental si no quieren seguir a Rodrigo Paz que coludido con Trump, está en la tarea de desmantelar los pocos emprendimientos nacionales que contamos.
- Venta, alquiler, préstamo o flete de siglas de partidos o asociación ciudadana con legalidad avalada por el Tribunal Supremos Electoral (TSE) para participar en elecciones. Las negociaciones corruptas de candidaturas a concejalías o asambleístas fue una de sus facetas más descaradas. Como en las nacionales, cuando varios candidatos tenían la opción de negociar con unas u otras alianzas independientemente de la línea o visión ideológica (como es el caso del actual presidente Paz); sino fue posible con el amarillo, o el verde, fue posible con el lila, lo importante era ser candidato. Nada de ideología, de principios y de ética. Los candidatos de izquierda o popular, también siguieron esa ruta, incluso con instrucción precisa en ese sentido.
- La arbitrariedad y parcialidad del Tribunal Electoral al anular y proscribir abusivamente a frentes o alianzas hasta en las vísperas a la elección misma, fue la norma. Simplemente escandalosa. Ídem como el anterior Tribunal Electoral que persiguió a Evo Morales y proscribió a cuanta organización quisiera habilitar al expresidente indígena para las elecciones de 2025. Pero sí, terminaron habilitando a dos corruptos, Revilla y Reyes Villa, dos políticos cuyos prontuarios dicen de la forma como la derecha administró siempre las llamadas “justas electorales”. El actual Tribunal Electoral no tiene la legitimidad para administrar procesos transparentes, debido a la forma como el ejecutivo terminó invadiendo ese poder.
- Desde las elecciones 2005 y en lo sucesivo, cuando Evo Morales y el MAS se hicieron de los triunfos electorales, los partidos de la derecha y extrema derecha y los medios de comunicación hegemónicos, no cesaron de echar sombra sobre las elecciones con la cantaleta de FRAUDE. Pues en la actual elección, también en la nacional, de pronto se olvidaron del fraude, aunque el sistema sigue siendo el mismo. El padrón electoral en Bolivia es el sistema avalado por los organismos internacionales, veedores y países del mundo que estuvieron en Bolivia en las elecciones del 2005 al 2021 así lo reconocieron. Ante la crisis política que sufre el país, producto de la dispersión momentánea del campo popular y sus instrumentos, las clases dominantes, la oligarquía cruceña, toda la prensa y la reacción juntos, se olvidaron del famoso fraude, lo que ratifica para nosotros que siempre lo supimos, que era una manipulación grosera; que la lucha de clases, no para nunca.
- No puede negarse que siendo la democracia actual y las elecciones dentro esta democracia, otra forma en la que el capital somete al trabajo y a las fuerzas de la transformación social y la verdadera justicia social, las elecciones nacionales o subnacionales fueron verdaderas fiestas electorales del 2005 al 2021. La actual, sin duda fue un velorio electoral, sin alma, sin alegría (sin ajayu), sin movilizaciones, sin grandes campañas, sin brillo, sin propuestas, sin debate en las calles y comunidades (no en los medios). ¡Ningún entusiasmo! No es que no exista sustancia, pues la hay; la crisis económica y social llegó al límite de la resistencia de la población que aguanta con sus ahorros y recursos generados en los años anteriores y que requiere de salidas políticas que solo puede darle el bloque popular indígena originario.
- Finalmente, lo que vemos y sentimos, es lo que trajo la derecha, lo que es la derecha, lo que busca la derecha; si llegamos a la anomia social, mejor, conjuga con el producto naranja (Trump) que quiere gobiernos dirigidos por los CEOs y no “por la indiada”, pues no quieren resistencia, rebeldía, conciencia, izquierda. Esta coyuntura es la de la crisis del campo popular, crisis de sus instrumentos políticos, crisis y ausencia de la izquierda revolucionaria, crisis orgánica, política e ideológica de las fuerzas progresistas y del cambio estructural y, dominio de la derecha; es la decadencia de la política. Si el país está mal y los valores parecen haber desaparecido, es porque el movimiento popular está muy herido, fragmentado y la derecha gobierna con sus reglas. Solo así se explica las actuales elecciones y la coyuntura misma. Será hasta que el pueblo organizado se recomponga y reorganice.
¡Solidaridad con la Cuba valiente y digna!
No a la guerra contra Irán
Unidad de los pueblos para resistir al imperialismo yanqui
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