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En marcha la conjura contra Evo Morales

Fuentes: Rebelión

«Los que negaron la libertad para defender sus privilegios, no pueden apelar a ella para recuperarlos». -General José de San Martín. La estrategia neoliberal norteamericana, considera a Bolivia uno de los eslabones más débiles del supuesto «eje del mal» latinoamericano compuesto por Cuba, Venezuela y Bolivia. Ellos creen que debido a la inexperiencia del gobierno […]

«Los que negaron la libertad para defender sus privilegios, no pueden apelar a ella para recuperarlos». -General José de San Martín.

La estrategia neoliberal norteamericana, considera a Bolivia uno de los eslabones más débiles del supuesto «eje del mal» latinoamericano compuesto por Cuba, Venezuela y Bolivia. Ellos creen que debido a la inexperiencia del gobierno de Evo Morales, la división racial persistente y la existencia de una oposición organizada de los partidos tradicionales petroleros, en unión con los dueños de bancos, minas, fabricas y grandes extensiones de tierra, serán presa fácil para el retorno de un gobierno al servicio del Gran Patrón. Pero puede que el tiro les salga por la culata.

Se sabe que la derecha recalcitrante, concentrada en el oriente del país donde están los yacimientos de petróleo, gas y minerales y representada por los prefectos de Santa Cruz, Cochabamba, Tarija, Beni y Pando ya están tocando las puertas de los cuarteles para derrocar al presidente que se atrevió a poner en marcha el proceso de nacionalización de hidrocarburos para recuperar la perdida soberanía nacional. Una muestra de esto es la amenaza del ex comandante del ejército, general Marcelo Antezana quien dijo que las fuerzas armadas están molestas con Evo por su adscripción al eje «Cuba-Venezuela» y por su intento de instalar un régimen «dictatorial y absolutista».

«Si los políticos fallan actuarán los militares porque la Patria debe vivir, así tengamos que matar», dijo.

Aunque el actual comandante de las Fuerzas Armadas, el general Wilfredo Vargas inició un juicio marcial contra Marcelo Antezana por «convocar a los militares a actuar en contra del gobierno legítimamente constituido», los rumores de un golpe se expandieron por todo el país debido a la campaña orquestada por la prensa escrita y la televisión que, de acuerdo a Evo Morales, «son propiedad de intereses foráneos que trabajan contra su pueblo, forman parte de la red internacional de desinformación y propaganda que sirve a los intereses de los plutócratas del mundo. La prensa nacional es amiga de los ricos y enemiga de los pobres».

Es cierto que Bolivia ha batido récord de golpes de estado en América Latina (190 golpes y contragolpes en 181 años de independencia). Sin embargo, en los últimos tiempos los militares bolivianos siguen el ejemplo de sus homólogos de Brasil, Argentina y Chile, en dejar gobernar a los civiles porque no hay condiciones para golpes. Ellos saben también que la gran mayoría aimara, quechua y mestiza está organizada y no quieren repetir el fracasado golpe de Venezuela porque a Evo Morales tiene gran apoyo. Los militares y el Departamento de Estado norteamericano tampoco ignoran que la elite blanca solo representa menos del 3% de la población.

Los grupos de choque del «Comité Cívico» de Santa Cruz – sede de la mayoría de los golpes de estado, no tienen condiciones para repetir la masacre de 1971 organizada por Carlos Valverde Barbery bajo la consigna «como en Yakarta casa por casa» (masacre militar de más de un millón de progresistas en Indonesia). Tampoco la colonia alemana, que financió el golpe de Hugo Banzer, tiene recursos para comprar la cúpula del ejército y contratar mercenarios rodesianos, alemanes croatas etc. para formar escuadrones de la muerte – como hizo Klaus Barbie en Bolivia.

Lo que trata de hacer la oposición de Santa Cruz es dividir el país enarbolando la bandera contra los «superpoderes de la Asamblea Constituyente», todo para asegurar su autonomía y una futura secesión al estilo de Bosnia Herzegovina de Yugoslavia o la muy posible pronta separación de Kosovo de Serbia. La designación del nuevo embajador norteamericano a Bolivia, Philip S. Goldberg – especialista en la desintegración de la República Federal Yugoslava y asesor de Richard Holbrooke es clara seña de este proceso, dirigido desde el norte. No hay que olvidar que el embajador Goldberg prácticamente ocupaba el puesto de vicerey en Kosovo. Pero los bolivianos ya le dieron la seña que será muy difícil. Cuando fue recibido por el jefe de protocolo Cancio Mamani quien vestía poncho, chullo y chuspa, le estaban diciendo que el pueblo es el que gobierna y hace cambios ahora en el país.

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