Una práctica de las empresas y líderes sindicales charros que los trabajadores mexicanos conocemos muy bien, es la intromisión en la vida sindical y la violación constante a los derechos de los trabajadores, es un fenómeno que ocurre desde hace muchos años y hoy nuevamente lo vemos en el caso de los mineros, un sector de la clase trabajadora muy oprimido.
El pasado 28 de mayo de este año se dio a conocer a través de distintos medios de comunicación (La Jornada, El Economista, Milenio y otros más), la acusación que hace el sindicato estadounidense United Steelworkers (USW) en contra de la empresa canadiense Orla Mining operadora de la minera Camino Rojo en Zacatecas en el sentido de graves violaciones a los derechos humanos y laborales; mediante un comunicado la organización sindical informó que un panel de investigación establecido por el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida (MLRR), un mecanismo regulado por el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México (T-MEC), que se utilizó para presentar la queja, mediante el cual solicitó a la Fiscalía General de Canadá formular cargos penales contra dicha empresa y la acusa de utilizar al crimen organizado para amedrentar a sus trabajadores e intervenir en la vida sindical.
El sindicato norteamericano acusa a la empresa de presionar a los trabajadores para abandonar el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana que dirige Napoleón Gómez Urrutia y afiliarse a una organización patronal. El comunicado agrega que medios de Canadá y México reportaron que dicho contratista “estaba supuestamente asociado con el crimen organizado”, habría interrumpido reuniones sindicales con hombres armados y emitido amenazas de muerte contra dirigentes sindicales, obligando a varios trabajadores y sus familias a esconderse.
El hecho que una empresa interfiera en la vida interna de los sindicatos es grave, atenta contra los derechos humanos y laborales de los trabajadores, viola los principios de democracia y libertad sindical establecidos en la Ley Federal del Trabajo y en los convenios internacionales en materia laboral y de derechos humanos.
Conviene recordar los cambios que ha sufrido la justicia laboral mexicana y conocer un poco la historia del sindicalismo estadounidense y sus repercusiones en México para comprender mejor el alcance que tiene la violación que están sufriendo los obreros de la mina Camino Rojo, a saber: en nuestro país a partir de que entró en vigor el T-MEC hace seis años, en forma paralela y como condicionante a su firma se implementó la reforma laboral en mayo de 2019, que transformó el esquema de la justicia laboral, fueron eliminadas las Juntas de Conciliación y Arbitraje, organismos tripartitas ante los cuales se llevaban a cabo los procesos judiciales con motivo de las quejas y reclamos de los trabajadores de carácter individual y los conflictos de carácter colectivo (revisiones del Contrato Colectivo de Trabajo, emplazamientos a huelga, registros de sindicatos, etc.), y en su lugar la justicia laboral se ventila ahora ante los juzgados y tribunales que dependen del poder judicial de la federación y de los estados y se creó el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral y los centros de conciliación laboral en los estados para asuntos de carácter local. Destaca la importancia que el T-MEC le concede a la protección de los derechos de los trabajadores, así como el respeto a la libertad de asociación, el derecho de huelga y el derecho a la negociación colectiva basada en la representatividad de los sindicatos.
Cabe señalar que uno de los mecanismos en materia laboral del tratado es el mecanismo laboral de respuesta rápida (MLRR) del T-MEC, un procedimiento inédito que dicho brevemente consiste en la posibilidad inmediata de presentar una queja por violaciones a la ley laboral cometida por alguna empresa, específicamente por la intromisión de está en los asuntos de carácter interno de los sindicatos, que afecten la democracia y la libertad sindicales o maltrato a los trabajadores, establecido en el anexo 31-A del capítulo 23 del apartado laboral del T-MEC. Coincidentemente el próximo mes de julio se revisará por primera vez el tratado comercial entre los tres países y es en este contexto que surge el conflicto de la minera Camino Rojo.
El conflicto es entre el sindicato minero que dirige Gómez Urrutia que ahora se queja a través del sindicato gringo United Steelworkers, por un lado, y la empresa canadiense Orla Mining que presiona a los trabajadores para que abandonen el sindicato minero y se afilien a un sindicato patronal, pero lo cierto es que Napoleón Gómez Urrutia, líder del sindicato minero es ampliamente conocido entre los mineros y en la sociedad mexicana, pues tiene décadas al frente del sindicato minero que le heredó su papá Napoleón Gómez Sada quien también fue líder sindical durante muchos años, ambos conocidos por la corrupción, el enriquecimiento ilícito, vínculos con el narcotráfico, etc., cuenta con varias acusaciones penales en su contra, incluso se tuvo que exiliar en Canadá y para mayor protección obtuvo la ciudadanía canadiense y su regreso a México estuvo apoyado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, contendió por el partido Morena y fue elegido Senador, actualmente es Diputado Federal.
El sindicato de Gómez Urrutia participa en diversos organismos internacionales supuestamente de defensa de los intereses de los trabajadores, como el United Steelworkers USW que es uno de los sindicatos más grandes en el mundo, con más de un millón de sindicalizados y está afiliado a la American Federation of Labor and Congress of Industrial Organizations (AFL-CIO) en los Estados Unidos y al Congreso Laboral Canadiense (CLC), así como a varias federaciones sindicales internacionales. Pero los antecedentes de estas organizaciones nos permiten ver la injerencia del imperialismo en las mismas, nos permite ver que dichas organizaciones responden a los intereses de los capitalistas norteamericanos y del mundo, el USW respaldó la campaña presidencial y la reelección de Barack Obama, la campaña presidencial de Hillary Clinton y la campaña presidencial de Joe Biden. La AFL-CIO está ligada al gobierno norteamericano, a los servicios de inteligencia del mismo y su tarea principal es someter a la clase obrera a los intereses del gran capital con el disfraz de la lucha sindical, desde su surgimiento ha jugado ese papel y actualmente con la crisis global del capitalismo mundial con mayor razón.
Por consiguiente, los mineros de la mina Camino Rojo están sufriendo una doble violación; por un lado, la interferencia de la patronal en la vida interna de su sindicato que además, según la acusación del sindicato United Steelworkers la empresa utiliza el crimen organizado para amedrentar a sus trabajadores y, por otro lado, el sometimiento a un sindicato que nunca ha defendido realmente a los trabajadores pues el sindicato minero de Gómez Urrutia jamás ha defendido a los mineros; por el contrario, es responsable junto con las empresas mineras de las tragedias ocurridas en diversas minas en años anteriores por la falta de condiciones de seguridad para el desempeño de sus labores, y ahora, los ponen a elegir entre el sindicato charro que ya los oprime o un nuevo sindicato patronal.
Las opciones que tienen los trabajadores de la mina Camino Rojo no ofrecen una verdadera alternativa de organización y lucha sindical, pues los ponen a elegir entre dos monstruos, ninguno de los cuales representa realmente los genuinos intereses de los mineros, como si tuvieran que elegir entre Escila y Caribdis, monstruos de la mitología griega que obstruían el paso de Ulises para continuar con su viaje de regreso a Ítaca. De igual manera pasa con los trabajadores mineros, que tienen que encontrar la salida a una verdadera democracia sindical, tienen que sacudirse esas organizaciones sindicales charras, cuyos intereses son los de la clase capitalista, ver quiénes están detrás de las mismas y los intereses que persiguen.
Sólo un camino existe para salir del atolladero, la organización y la lucha combativa para adquirir conciencia política como clase obrera y de ese modo estar en condiciones de construir una auténtica organización de trabajadores, independiente de los charros y los patrones.
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