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Evo Morales, ¿El fin del MAS en Bolivia?

Fuentes: Rebelión

Las recientes fisuras dentro del principal “partido político” de los movimientos sociales en Bolivia, denota los intereses de personas y grupos encuadrados en el cálculo político siguiendo las directrices de Nicolás Maquiavelo en el Príncipe, una obra del siglo XVI que hoy sigue vigente, en donde sólo prima el interés yuxtaponiendo los axiomas de sinceridad y lealtad, elementos que hoy han sido reducidos a  cuotas de poder en la política y lo político; pues el Gobierno de Luis Arce Catacora ha desoído e inaplicado los consejos y sugerencias del jefe del MAS-IPSP Evo Morales, quien en varias oportunidades ha interpelado la gestión del gobierno.

Se ha criticado mucho a Morales por el hecho de haber “huido” en plena cristalización del golpe de Estado de 2019; así como ha sido fustigado verbalmente por haber abandonado a su pueblo, faltando al axioma: “patria o muerte”.

Muchas veces los líderes toman decisiones contundentes para salvaguardar la revolución, de no haberse actuado de esa manera quizás los grandes procesos revolucionarios no se hubiesen concretado ni transformado en paradigmas que al día de hoy son los irradiadores de muchos movimientos revolucionarios en el mundo.

Así por ejemplo Patrice Lumumba de no haber sido asesinado el 17 de enero de 1961, sin duda su país —el Congo— hoy tendría otro sistema político o al menos otro tipo de visión continental desde el África.

Otros que al no poder ser asesinados en más de 638 oportunidades como es el caso de Fidel Castro —desde la toma del Cuartel Moncada en 1953— no se habría consolidado la independencia de Cuba frente al Régimen dictatorial pro EEUU de Fulgencio Batista.  

Como comandante y jefe de estado de la Isla Caribeña, Fidel pudo plasmar el sistema social cubano con una revolución que por más de 64 años desde su génesis hasta el presente ha sido el ejemplo de economía, tecnología, medicina, educación, cultura, ciencia, deporte, dignidad; etc., bajo un bloqueo artero por parte de EEUU y sus aliados. La revolución cubana es una muestra digna de como un líder puede consolidar un país desde su propia identidad afrocaribeña, siendo un referente de lucha y resistencia no solo para su pueblo sino para el Continente y el mundo.

Mientras en Cuba se fortalecía el proceso revolucionario, las logias neoliberales en Chile en complicidad con los militares bajo la capa de Augusto Pinochet asaltaban el Palacio de la Moneda, asesinando a Salvador Allende e implementando un golpe de estado sangriento.  

A partir del 11 de noviembre de 1973 se impuso un sistema neoliberal obsecuente con Inglaterra y EEUU pulverizando los beneficios y los derechos del pueblo, el cual tuvo que soportar por más de 40 años para que nuevamente aquel movimiento iniciado por el presidente socialista retomara sus ideales para encarnarse en el movimiento estudiantil y popular de 2019, en donde muchos ofrendaron sus ojos y sus vidas. Tuvieron que pasar más de cuatro décadas desde que su líder fue asesinado para que el pueblo retome el poder.

En Bolivia en 1967 Ernesto Che Guevara continuando la línea revolucionaria de Fidel Castro había tomado la decisión de instaurar la revolución desde el corazón del Continente con tal de irradiar sus efectos en toda la región, lamentablemente su proyecto fue amputado por los rangers estadounidenses en Ñancahuazú.

De no haber sido ejecutado Guevara, sin duda el escenario mundial hubiese tenido otro tipo de connotaciones; pues de estar vivo el Che, sin duda “los miserables y condenados de la tierra” hubiesen tenido el faro para la consecución de su lucha y su victoria frente a los actuales amos del mundo.

En otra parte del planeta Nelson Mandela, que desde sus inicios buscaba quebrar la política del apartheid, instaurado por las colonias europeas (holandesas), fue encarcelado por 28 años, mas no asesinado.  Si sus enemigos hubiesen cegado su vida seguramente el movimiento racista blanco de Sudáfrica habría continuado con sus políticas inhumanas sepultando los derechos de los negros.

Gracias a Mandela hoy el crimen de apartheid es calificado por el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional de 2002 como un crimen de lesa humanidad.

Hoy los renovadores, disidentes u opositores que protestan contra el liderazgo de Evo Morales deben estar conscientes que hay hombres que son necesarios no por sí mismos sino por la interacción y la articulación que esta genera en el fortalecimiento del poder político para la conducción de un pueblo, el mismo que lo arropa, lo elige o lo vomita, por ello los grupos que mascullan  la defenestración del primer presidente indígena boliviano no deben preocuparse; pues es el pueblo que con su sabiduría  lo legitima, ya lo decía José Martí: “Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura lo que un pueblo quiere”.

Hoy Bolivia es un paradigma en el plano internacional, un estado que se va consolidando, cuyo proceso comenzó el 2006, el mismo que reivindica el derecho de los pueblos indígena originario campesinos y el posicionamiento de un estado plurinacional frente al otrora monocultural republicano y obsecuente con las políticas neoliberales.

En esa línea si Evo hubiese sido asesinado por la oligarquía boliviana el 2019, el MAS y el movimiento obrero campesino sin duda hubiese quedado huérfano y descabezado, en tal sentido la victoria de los movimientos sociales en las elecciones del 2020 con la fórmula Catacora y Choquehuanca no hubiese existido ni quizás ganado por el más del 55%, victoria que fue dirigida y proyectada por Morales primero en México y luego desde Buenos Aires.

Por ello la figura de Evo Morales Ayma no solo cobra importancia para Bolivia sino para el Continente; ya que muchos líderes hoy en día han marcado los senderos de una política exterior continental (de la Patria Grande) contestataria desde la formación y los cimientos de la dignidad, la no injerencia y la autodeterminación de los pueblos hacia el imperialismo y el nuevo orden mundial, por ello las elecciones del 2025 en el marco del bicentenario de Bolivia serán de vital importancia, pues fortalecerá aún más el paradigma boliviano.

De no ser posible esta cristalización post 2025, posiblemente se estará entrando a una crisis, de la cual quizás al igual que en el Chile pinochetista tengan que pasar décadas para que los movimientos sociales retomen nuevamente el poder, no obstante que el país ya ha experimentado el desastre  político, económico y social el 2019 cuando la dictadura de las logias empresariales y  oligárquicas administraron el estado bajo sus reglas: desfalco a sus arcas, violación a los derechos humanos y la obsecuencia sumisa a EEUU, Europa y sus alfiles regionales; ¿Estarán los bolivianos listos para asumir sus decisiones?

Roberto Chambi Calle es jurista, teólogo y analista en RRII. Director del Centro Estudios en Geopolítica Internacional y Civilización Islámica (CEGICI), La Paz-Bolivia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.