Recomiendo:
0

Una mirada a las campañas políticas

Guerra sucia y propuestas electorales

Fuentes: Alai

En Bolivia, dos de cada tres ciudadanos son considerados pobres: sólo el 29 por ciento ha logrado pasar la barrera de la pobreza, el 36 por ciento se encuentra en estado de indigencia total y el 34 por ciento es simplemente pobre. A nivel de América Latina, sólo Haití tiene un nivel de desarrollo humano […]

En Bolivia, dos de cada tres ciudadanos son considerados pobres: sólo el 29 por ciento ha logrado pasar la barrera de la pobreza, el 36 por ciento se encuentra en estado de indigencia total y el 34 por ciento es simplemente pobre.

A nivel de América Latina, sólo Haití tiene un nivel de desarrollo humano más bajo que Bolivia.

El país se reconoce como mayoritariamente indígena. Según datos del último Censo Nacional (INE 2001), el 62 por ciento de los bolivianos y bolivianas de 15 o más años, se identifica con algún pueblo originario: el 31 por ciento se considera quechua, el 25 por ciento aymara y el seis por ciento con otras etnias. Existen 37 pueblos o nacionalidades indígenas y originarias.

Aunque el primer artículo de la Constitución Política del Estado dice: «Bolivia, libre, independiente, soberana, multiétnica y pluricultural, constituida en república unitaria, adopta para su gobierno la forma democrática representativa, fundada en la unión y la solidaridad de todos los bolivianos», ese precepto sencillamente no se cumple.

Este pequeño país, ubicado estratégicamente en el epicentro del continente, para colmo y producto de los intereses económicos transformados en guerras, quedó mediterráneo. Tiene apenas una superficie de 1.098.580 kilómetros cuadrados y alrededor de nueve millones de habitantes; la esperanza de vida es la más baja del continente y refleja elevados índices de pobreza, desnutrición, analfabetismo, desempleo y mortalidad infantil.

Por eso, se habla de la existencia de «dos Bolivias»: la primera, de una minoría que históricamente ha sido beneficiada económica, política y socialmente y la segunda, de la mayoría de la población que no sólo fue marginada de las decisiones sobre el destino del país, sino también explotada, discriminada y despreciada.

Producto de esa dramática realidad, la situación ha empezado a cambiar vertiginosamente.

Sólo en los últimos tres años, la fuerza de los bolivianos y bolivianas logró derrotar a dos Presidentes de la República (Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa Gisbert), perforar el modelo neoliberal, expulsar a transnacionales, modificar las reglas de juego y sobretodo delinear un camino de esperanza sobre el futuro del país.

Para salir de esta crisis están planteadas las elecciones generales del 4 de diciembre de 2005. La mayoría de los ciudadanos -incluidos candidatos y militantes- tienen la seguridad que en esa fecha no se resolverán los problemas sino sólo cuando se encuentren soluciones estructurales al tema de la Asamblea Constituyente, Nacionalización de los Hidrocarburos y Autonomía para los Pueblos.

Hasta la fecha, dos binomios ya fueron presentados: el del dirigente indígena Evo Morales junto al intelectual Álvaro García Linera por el Movimiento al Socialismo (MAS) y del empresario Samuel Doria Medina con el fundador de la nación camba Carlos Dabboud por Unidad Nacional (UN).

Los otros candidatos, tanto de izquierda como de derecha y de las agrupaciones ciudadanas, aún guardan sus fichas.

Guerra sucia y show mediático

Hasta el momento, los candidatos de los partidos neoliberales y de derecha no presentaron ninguna propuesta de gobierno: prefieren la guerra sucia y el show mediático.

El empresario del cemento Samuel Doria Medina candidato presidencial de Unidad Nacional (UN), en sus primeras declaraciones afirmó que «se debe conformar un frente para bloquear a Evo».

Criticó a Morales por haberse aliado con un «terrorista», en alusión a García Linera que fue ideólogo del Ejército Guerrillero Tupaj Katari (EGTK), y criticó al ex presidente Jorge Quiroga a quien considera el candidato de la embajada de Estados Unidos y que tiene nexos con las empresas petroleras.

Consultado sobre un tema central para los bolivianos y bolivianas como el futuro de los hidrocarburos, Doria Medina respondió: «Nosotros no estamos de acuerdo con los miopes que por hacer cumplir un slogan están dispuestos a destruir la industria de los hidrocarburos, no estamos de acuerdo con la nacionalización, ni tampoco estamos de acuerdo con la migración de los contratos».

Jorge Quiroga, ex militante de Acción Democrática Nacionalista (ADN), partido del extinto dictador Hugo Bánzer Suárez, ahora candidato por la Alianza Siglo XXI, en todas sus apariciones públicas no pregona su plan de gobierno sino que sólo ataca a Evo Morales pero además al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez.

El mencionado candidato no se cansa de pregonar que «Evo Morales es financiado por Hugo Chávez» y que «Bolivia no necesita bloqueos sino trabajo».

Quiroga -el candidato preferido de la embajada de Estados Unidos- dijo que no está de acuerdo con la nacionalización de los hidrocarburos «pero sí con la nacionalización de los beneficios que generan los hidrocarburos» y además agregó que «no transará con el narcotráfico».

Para lograr sus objetivos de esta «guerra sucia», los candidatos neoliberales recurren a los medios de comunicación comerciales que ellos mismos controlan.

Entre los partidos de derecha más desgastados se encuentran el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que postularía al cruceño Hormando Vaca Diez a la presidencia, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada que aún no tiene candidato definido y la Nueva Fuerza Republicana (NFR) que sólo alcanzaría a postular a su jefe Manfred Reyes Villa para prefecto en Cochabamba. Nada más.

Propuestas concretas y esperanza popular

En el otro margen, el Movimiento al Socialismo (MAS), la primera fuerza política del país, priorizó incluso antes que las candidaturas, una propuesta concreta que está siendo socializada en diferentes estratos sociales.

El planteamiento del MAS y los movimientos sociales contempla diez puntos:

1. La nacionalización de los hidrocarburos y la industrialización del gas.

2. La Asamblea Constituyente.

3. Ley Andrés Ibáñez para las autonomías de las regiones y los pueblos.

4. Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz, contra la corrupción y la impunidad, comprende la investigaciones de fortunas y el juicio de responsabilidad contra los políticos que dañaron al Estado.

5. Ley «Tijera» que será de austeridad estatal.

6. Un programa económico para el desarrollo productivo, derogando el Decreto Supremo 21060 (libre contratación) y garantizando a la inversión extranjera que llegue con fines productivos y no especulativos.

7. El control de las tarifas de los servicios públicos eliminando las superintendencias, los sueldos millonarios, el ocultamiento de la información al Estado nacional y la burocracia.

8. Un plan eficaz de seguridad ciudadana.

9. La reforma agraria para acabar con los latifundios improductivos y distribuir la tierra en forma equitativa.

10. Ley Elizardo Pérez para la educación y cultura.

Según Evo Morales, Bolivia atraviesa la coyuntura más importante de los últimos años y, por tanto, no sólo se trata de elegir a los nuevos gobernantes sino sobretodo de una propuesta de «refundación» del país.

«Nunca antes en la historia, los indígenas, campesinos y originarios estamos tan cerca del poder y, ahora junto a empresarios honestos, obreros, intelectuales, maestros, desocupados, estudiantes, amas de casa y otros sectores sociales tenemos el deber de llegar al poder y cambiar la historia», afirmó.

En cambio, García Linera agregó que Bolivia está atravesando por un momento importante de su historia. «No es cualquier momento, esta a punto de cerrarse un ciclo catastrófico del neoliberalismo que nos dejó una patria saqueada por inversionistas extranjeros. Este es un momento en el que los movimientos sociales están por hacerse del poder».

Hasta el momento, el MAS ha sido el único movimiento que presentó su plan de gobierno, el resto de los partidos -incluidos otros de izquierda como el Frente Amplio (FA) de René Joaquina o el Movimiento Indígena Pachakuti (MIP) de Felipe Quispe, priorizan candidatos.

Lo que queda claro, en esta coyuntura electoral, es que las reglas de juego han cambiado. La mayoría de los bolivianos y las bolivianas, que son parte del gigante dormido, han cambiado, ya no son los mismos que aceptan espejitos por votos, promesas por apoyo, dádivas por pegas. Esa Bolivia se va acabando.

Esta nación para salir de la catastrófica situación en la que se debate -producto de la política neoliberal a la que la condujeron los malos gobernantes impuestos por políticas internacionales- requiere propuestas concretas, cambios profundos, una «refundación» en beneficio de las mayorías nacionales…