La serie de estudios del grupo Harvard Growth Lab (GL), son documentos que pretenden ser técnicos, neutrales y objetivos, como siempre nos hacen creer. Pero una revisión detallada muestra que son documentos cargados de una ideología neoliberal que ignora la historia y la realidad boliviana.
Y esto, no es un decir. Ricardo Hausman (economista venezolano que coordina estos estudios) declaró, en un programa de junio de 2025, que habíamos cometido los mismos errores que Venezuela: “… el país (Bolivia) … cometió unos errores graves…”, “… nosotros cambiamos la constitución, entonces Evo cambio la constitución, nosotros expropiamos a las industrias petroleras, ustedes expropiaron a la industria petrolera” (Hausman, 2025), como si estos cambios no hubieran sido parte de la llamada Agenda de Octubre que costó la vida de decenas de bolivianos. Queda claro que, para este personaje, la historia no cuenta, ni interesa en los analisis económicos… pero vaya que estaba equivocado…
De estos prejuicios y desconocimiento absoluto de la realidad boliviana, resultaron una serie de documentos del laboratorio de Harvard que solo repiten la misma receta fallida neoliberal del Consenso de Washington: eliminar subsidios, pactar con el FMI y cambiar las leyes para que los privados (transnacionales) vuelvan a controlar sectores estratégicos como el gas y el litio. Siempre en nombre de mantener la estabilidad macroeconómica, como si éste fuera el fin en sí mismo.
Según estos textos, hubo errores graves en el manejo de la economía, y no solo en un sector “No se trató de un error aislado en un solo sector económico, sino de la expresión de una estrategia de desarrollo más amplia… en la agricultura, la minería, el litio y el turismo se repitió el mismo patrón: el control estatal desplazó a la inversión privada” (Hausman, pág. 6) por lo que el Estado desplazó a la inversión privada y generó incertidumbre sobre los derechos de propiedad. Ciertamente… se planteó un nuevo régimen para todos los recursos naturales, era la intención y el mandato del pueblo boliviano y no había incertidumbre en torno a los derechos de propiedad, estos estaban –y debían estar– claramente establecidos en manos del pueblo de Bolivia.
Lo que se busca el estudio es que los RRNN estén en manos de privadas transnacionales y para esto es necesario instaurar la narrativa de que es necesario recuperar la confianza del capital privado, atraer IED y por tanto, privatizar estos sectores. Pero esta receta ya sabemos a quienes beneficia y cuando daño hacen al pueblo boliviano.
Para exponer estos puntos rápidamente revisemos el caso de los hidrocarburos. Existen dos tipos de régimen en este sector, el de servicios contractuales y el de concesión, ambos, son igualmente utilizados en la industria petrolera: la diferencia entre ambos es “sencilla”, unos otorgan propiedad sobre los hidrocarburos (en el de concesión) y los otros no otorgan propiedad (los de servicios). Bajo ambos regímenes las empresas petroleras operan normalmente, bajo ambos se puede contar con su tecnología, experiencia e inversiones, sin ceder la propiedad a ningún privado nacional o extranjero.
Pero el tema, como bien saben los analistas del GL, se encuentra en quien toma decisión sobre los hidrocarburos y sus excedentes y qué hacer con ellos. Si el Estado tiene la propiedad, posee la soberanía para decidir a quién vender, a qué precio y cómo invertir las ganancias en el bienestar del país.
La realidad boliviana contradice la narrativa de Harvard sobre la supuesta eficiencia del sector privado y sus inversiones. Cuando los recursos estuvieron en manos privadas durante la época de la «capitalización», las empresas reportaron utilidades bajas e insignificantes para evitar el pago de impuestos. Y, está documentado, que el compromiso de inversión de las empresas capitalizadoras no se fue efectivo sino hasta 2003; pero, no hubo ningún mecanismo que pudiera verificar estas inversiones porque se trató de empresas privadas en las que el Estado boliviano no podía inmiscuirse (YPFB, 2023), así que realmente nunca se supo cuánto invirtieron realmente. Esta fue la realidad de la aplicación del modelo neoliberal.
La pregunta es ¿cuál es el resultado de ambos patrones de comportamiento?, el neoliberal, donde el privado es el dueño, o ¿es mejor cuando el Estado es el dueño? Para responder estas preguntas veamos los resultados. Cuando la renta petrolera estuvo en manos del Estado (sistema vigente en la actualidad), según datos de YPFB, la Renta Petrolera, se disparó un 118% en solo un año, pasando de 674 millones de dólares en 2005 a 1.473 millones en 2006, y escalando hasta los 2.715 millones en 2007. Dos mil millones de dólares adicionales por hidrocarburos que ingresaron al país, en lugar de que se apropien las transnacionales. Esto significa millones de vidas salvadas y miles de niños y niñas que ya no nacieron con mal nutrición, familias que pudieron acceder a una mejor calidad de vida, con una desigualdad mucho menor. Con esto debería bastar para entender porque las privatizaciones (o capitalizaciones, que es lo mismo), no funcionan para las grandes mayorías, de países como Bolivia.
Más aún, si hablamos de datos macroeconómicos, solo si vemos uno de ellos, el PIB. Mientras el PIB nominal promedio entre 1996 y 2005 fue de 8.268 millones de bolivianos, en la década siguiente subió a 22.463 millones, demostrando que el modelo soberano no solo aumentó los ingresos, sino que mejoró la tendencia de crecimiento, junto con otros indicadores sociales, lo cual es aún más importante, pues al final, el debate no se trata solo de números macroeconómicos, sino de para quién es el crecimiento: si para las grandes mayorías o para los intereses privados que ya fallaron en el pasado.
Como siempre, el tema central es: ¿crecimiento para quién? ¿Desarrollo económico, para quién? ¿Estabilidad macroeconómica para qué? La respuesta no está en los números de la macroeconomía, aunque también éstos acompañaron al proceso del decenio anterior al 2019, está en la vida de las grandes mayorías, está en el pulso de las sociedades.
Esto hoy vuelve a ser evidente en Bolivia, en sus calles, en las que ha quedado claro que no aceptaremos que nos vuelvan a engañar con la receta neoliberal. Ya lo dijimos claramente antes y lo volveremos a hacer cuantas veces sea necesario… como en la “Guerra del Gas” en octubre de 2003, los RRNN deben ser propiedad de los y las bolivianas!!
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