Recomiendo:
0

Democracia hoy

Hay más beneficiarios que votos

Fuentes: Rebelión

Fondo y forma Las elecciones son, como todos sabemos, la herramienta fundamental de la democracia. Las del 11 de agosto próximo pasado en Argentina, fueron elecciones primarias. Es decir que la ciudadanía tiene la posibilidad de elegir los candidatos a presentarse como representantes de una alianza o partido, si es que hay dentro de una […]

Fondo y forma

Las elecciones son, como todos sabemos, la herramienta fundamental de la democracia. Las del 11 de agosto próximo pasado en Argentina, fueron elecciones primarias. Es decir que la ciudadanía tiene la posibilidad de elegir los candidatos a presentarse como representantes de una alianza o partido, si es que hay dentro de una misma agrupación más de una lista. O sea que una elección primaria es una acción aún más profunda del ejercicio democrático. Este sistema de elecciones primarias, abiertas, simultaneas y obligatorias fue introducido en nuestro país, por el gobierno actualmente en ejercicio.

En defensa de este sistema de gobierno, todos coinciden en que con el voto, el ciudadano juzga a cada postulante que ya está en ejercicio, o pone sus esperanzas, cuando vota por alguien nuevo, en que cumpla sus promesas preelectorales. La participación popular, de este modo, está garantizada.

Para que el funcionamiento democrático sea efectivo, las propuestas que cada candidato hace, tendrían que estar fundamentadas y debería estar aclarado, suficientemente, con qué medios va a contar para llevarlas a cabo. El ciudadano es, en consecuencia, quién debe con su voto, aprobar o rechazar al candidato. Luego que cada representante es elegido democráticamente por mayoría, debería cumplir con lo prometido.

Los integrantes del Poder Legislativo, que representan a los ciudadanos según la cantidad de votos que han recibido en las elecciones democráticas legislativas, también deben responder, a través de la proposición, aceptación o rechazo de leyes, a las ideas por las que fueron votados.

Esto que es una descripción básica de cómo debería ser, no es lo que pasa y lejos se está de ello.

30 años de democracia

El ejercicio de la democracia goza del beneplácito de las grandes mayorías en la sociedad Argentina y en muchos de los países latinoamericanos o, por lo menos, es lo que así se expresa. Después de la cruenta violencia de los años 70, haber conseguido llegar a transitar años de gobiernos que se suceden unos con otros a través del voto popular es un verdadero logro.

No todas las experiencias democráticas han sido fructíferas, porque ha sido muy difícil instalar ideas progresistas democráticamente. El neoliberalismo gobernó representando a los intereses de las corporaciones, en contra de los derechos populares. Muchas veces, como hoy sucede, los que prefieren favorecer a los poderes hegemónicos no lo hacen explícitamente en sus discursos.

Argentina vive 30 años de gobiernos democráticos sin interrupción. No obstante hubo intentos golpistas, gobiernos que se fueron antes de terminar su mandato por presiones corporativas y gobiernos que impusieron un neoliberalismo brutal, comprometiendo severamente la soberanía nacional. Vaciaron al Estado con privatizaciones y extranjerizaciones. Desde hace 10 años, el rumbo democrático se afianza. Se está en franca recuperación a manos del Estado de los bienes enajenados y son motivo de lucha diaria del Gobierno y los ciudadanos la igualdad y distribución de la riqueza.

Candidatos y electores

La mayor parte de los candidatos opositores no se expresan con franqueza ni en sus posiciones, ni en sus proyectos, ni en sus actuaciones en el Congreso. Lo que dicen representar no es lo que realmente es. Esta situación sumada a la gran manipulación que hacen los medios de comunicación hacen que los electores no muy ideólogizados voten sin coherencia, sin tener en cuenta la verdadera significación que tiene votar al candidato elegido. Hasta tal punto es así que llegan a hacerlo, muchas veces, en oposición a sus conveniencias e intereses.

En el corto tiempo de campaña que Massa se puso a la cabeza del Frente Renovador, pasó de decir que había muchas cosas positivas que hizo el kirchnerismo, las cuales consideraba sostener, a expresar, ante un grupo de influyentes empresarios, que cambiaría las alianzas internacionales, que tocaría el tipo de cambio para dar previsibilidad y atraer inversiones, que dejaría atrás los conflictos con el campo, que parte de las jubilaciones podrían volver a los bancos, que intervendría en la política inflacionaria, que volvería a endeudarse, o sea que se cambiaría radicalmente el camino emprendido en 2003. Hay quienes lo votaron por algo y otros por lo contrario.

Gran parte de esta deformación sería atemperada si la Ley de Medios estuviera en plena vigencia permitiendo que se divulguen con mayor paridad los distintos relatos. Esta ley no está en funcionamiento por la combinación destructiva entre los medios hegemónicos, negándose a aceptar una ley aprobada por el Congreso de la Nación, ratificada por el Poder Ejecutivo, y por la actuación de la Justicia, que se encarga de frenarla con distintos mecanismos. Pero esto no se lo dicen esos candidatos a los que han votado.

Lo que se está buscando, y en Massa parece haberse encontrado, es un candidato sonriente que hable con todos los electores desprevenidos pero que, sin explicitarlo, tenga una sujeción fuerte con los poderes económicos reales, con los que el actual gobierno se va enfrentando en sus distintas facetas.

Desde el otro arco opositor, el que corre por izquierda, van a decir que es lo mismo si se retorna al neoliberalismo, ya que si el gobierno de Cristina firma convenios con Chevron, no hay diferencias, ocultando que lo que los poderosos quieren conseguir utilizando a sus elegidos, son cuantiosas ganancias sin controles ni condiciones que cumplir, sin importarles el daño ambiental, ni el desarrollo autónomo, ni la reinversión, ni la sustitución de importaciones. No aclararán que no es lo mismo una inversión directa asumiendo riesgos, que endeudarse. Tampoco aclaran cómo sustentarían cualquier proyecto de autoabastecimiento de combustible. Solamente dirán, hacen convenios con multinacionales. Y los diarios y la tele dirán lo mismo.

Los verdaderos motivos de tanta crítica y acusaciones

Se acusa a este gobierno de no ser suficientemente republicano aunque las leyes se discutan, aprueben o rechacen en el Congreso. Pero para esa oposición, vocera de los grandes poderes capitalistas, no se está en una verdadera república porque así, democráticamente, se han dictado leyes en dirección a la ampliación de derechos, a la recuperación de la soberanía y al desarrollo autónomo, que no es lo que desean.

Etcheverre, presidente de la Sociedad Rural, criticó duramente al gobierno diciendo, entre otras cosas «…dilapidó en corrupción las divisas que produjo el campo», y fue apoyado por el secretario general de la Unión de Trabajadores Rurales, Momo Venegas. Lo dicen, aunque los datos reales indican otra cosa. El aumento del gasto público en el período 2003-2013, fue de 210 mil millones de dólares, y las retenciones al campo fueron de 55 mil millones de dólares, escasamente un 26% de la totalidad. Cerca de 135 mil millones de dólares (64%) fueron usados en gasto social. Lo que no sinceró, este increíble dúo, es que no están dispuestos a poner en blanco a los peones rurales que en su mayoría no están formalizados. El desempeño de los legisladores afines, no oculta sus verdaderos propósitos. Carrió, De Narváez, Michetti y Solanas, estuvieron ausentes cuando se votó en el Congreso la Ley del Peón Rural. Muchos dirigentes políticos de la oposición aportaron a este acto en La Rural, con sus presencias, sus sonrisas, sus trajes y sus consentimientos.

Hay más beneficiarios que votos

Es este el momento en el que vivimos. La desestabilización no es a través de guerras o golpes de estado. El liberalismo intenta volver y puede usar a cómplices conscientes o a «buenos muchachos» que en nombre de las buenas costumbres, no van a abstenerse de mentir para disfrazar sus oscuras intenciones y habrá ciudadanos persuadidos a ser opositores, aunque muchos queden afuera nuevamente de la vida posible.

Se quiere obligar al gobierno a abandonar su rumbo y a tomar los códigos del liberalismo, si quiere recuperar los votos perdidos, como si fuera novedoso tener que afrontar aprietos. No se admite que contrariamente a lo que quieren empujarlo, lo que llaman errores que debiera reconocer el gobierno, son precisamente las medidas más valientes no esperadas por los que se resisten a perder privilegios. Contabilizando resultados electorales, a la luz de lo que realmente sucede, debemos decir que hay más beneficiarios que votos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.