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Aniversario del asesinato del corresponsal de La Jornada y fundador del semanario Ríodoce

Javier Valdez, la actualidad de su obra

Fuentes: La Jornada - Imagen: El periodista Javier Valdez fue asesinado el 15 de mayo de 2017. Foto: La Jornada

Este 15 de mayo se cumplirán 9 años del salvaje asesinato del periodista y escritor Javier Valdez.

Un crimen que sigue impune y cuyas claves se encuentran en Estados Unidos. La fiscalía mexicana acusó a Damaso López Serrano, el Mini Lic, de ser el presunto autor intelectual del homicidio. Sin embargo, en junio de 2017, el operador del cártel de Sinaloa se entregó a las autoridades estadunidenses en Calexico, colaboró con la justicia de ese país y en 2022 fue puesto en prisión domiciliaria.

En un momento en el que Sinaloa es el epicentro del mayor sismo político desde la desaparición forzada de los 43 normalistas rurales de Ayotzinapa, que cimbró la relación de México con su vecino del Norte, la obra, las conferencias y las entrevistas del corresponsal de La Jornada y fundador del semanario Ríodoce proporcionan pistas sustantivas para entender lo que está sucediendo. No importa que haya transcurrido casi una década desde su crimen y que en el país se estén llevando a cabo transformaciones sustantivas del régimen. La actualidad y lucidez de su trabajo periodístico es enorme.

Javier Valdez nació en 1967 en Culiacán, donde hizo su vida y encontró su muerte. 

Desde su punto de vista, alimentado por centenares de testimonios, esa ciudad es la cuna del narco, la cueva del lobo, el santuario del cártel de Sinaloa. En ella, la convivencia con el crimen organizado era una vecindad necesaria e inevitable.

De pequeño, enfrente de su casa, vivía un comandante de policía que trabajaba para Juan Manuel Salcido Uzeta, el Cochiloco, uno de los socios mexicanos más cercanos a Pablo Escobar.

En alguna ocasión, Javier escribió y en muchas más contó, la historia de un vecino suyo de la infancia, que sufrió el maltrato de su familia. En ella se resumía la tragedia de su generación.

El autor de Miss Narco recordaba: “Él era el niño de todos los del barrio. Lo llevábamos a jugar futbol y beisbol. Dormía en la casa de mi mamá y en la de los vecinos de enfrente. Eran tiempos en que nos ubicábamos en la esquina para tomar refresco y un bolillo. Así convivíamos. Teníamos el barrio para nosotros. Él creció con nosotros. Era muy sano. Fue a la escuela. Pero, apenas nos dimos cuenta y ya era un adolescente sicario. De repente, lo ves cambiado, armado, con mucho dinero, con vehículos de modelo reciente. En la demencia de sicariato. Y luego lo ves muerto. Fue asesinado brutalmente años después. Me costó mucho trabajo contar esa historia porque era alguien muy cercano a nosotros, casi de la familia. Lo quisimos mucho. 

La capital del estado –explicaba–, era una urbe con más de 100 años conviviendo con las drogas. Al principio, los culichis no se permitían convivir con los malosos. 

Aunque vivieran a poca distancia, no los invitaban a sus fiestas, ni permitían que sus hijos noviaran con sus hijos. Los llamaban gomeros, porque procesaban goma de opio. Lo suyo, más que un asunto policiaco, era una forma de vida. Vivían, sobre todo, en Tierra Blanca, desde donde subían y bajaban a la sierra.

Huyendo de los gomeros, los grandes acaudalados –muchos de ellos terratenientes– privatizaron la ciudad. Levantaron exclusivos fraccionamientos a manera de guetos. Según Ismael Bojórquez, fundador del semanario Ríodoce junto con Javier, “estas privadas se inventaron buscando seguridad y la gente terminó encerrada junto al enemigo… La privada tuvo éxito hasta que la seguridad detrás de esas murallas fue buscada también por los narcotraficantes a través de prestanombres, algunos conocidísimos hombres de empresa. Primero llegaron toda clase de políticos arribistas, empresarios, líderes sindicales enriquecidos con el sudor de obreros y maestros… luego arribaron los narcos. Por todos lados, de mil formas”.

Así que ese “marcar raya” original no sirvió de mucho. El imán del dinero fácil los atrajo. A pesar de que carecían de alcurnia, los señores de la tierra y la política se mimetizaron con los nuevos ricos. Los malosos se extendieron por las zonas privilegiadas de la urbe. Adquirieron grandes residencias y trocas de lujo y comenzaron a frecuentar los mismos lugares de esparcimiento de las familias fifis. Inscribieron a sus vástagos en centros escolares de relumbrón. Así, hasta convertirse en parte del paisaje y dueños de la ciudad. La convivencia fue inevitable y se normalizó. Los grandes negocios inmobiliarios florecieron de la mano de las agencias funerarias. El narcotráfico enfermó a Culiacán y se apoderó de ella. En ese mundo creció Javier.

El autor de Narcoperiodismo no dudaba que parte del Estado mexicano había sido capturado por el crimen organizado. Tenemos –aseguraba antes de 2017, con administraciones del PRI y el PAN– un gobierno corrupto subordinado al narcotráfico. Ya no es una sociedad o un acuerdo con los narcos –como en el pasado–. Lo que hoy existe es que el crimen organizado está por encima de la autoridad, es el que manda.

Parte de los nuevos políticos –explicaba– son creación del crimen organizado.

Fueron financiados y tienen negocios con ellos. Antes, el político iba con los criminales, los buscaba, les pedía dinero y ellos lo financiaban. Ahora no. Ahora el narco busca al político, lo crea, lo promueve, lo alimenta, lo nutre, lo hace candidato. Y, cuando ese político llega al gobierno, le ordena que ponga a tal persona en la policía y tal otra en tránsito, o en las secretarías de Seguridad Pública o de Gobierno.

Cuando en 2011 recibió en Nueva York el Premio Internacional de la Libertad de Prensa, del Comité para la Protección de Periodistas, advirtió: “He contado la tragedia que vive México y que debe avergonzarnos. La niñez, tiene su ADN tatuado de balas, fusiles y sangre. Y esta es una forma de asesinar el mañana. Somos homicidas de nuestro propio futuro”.

A nueve años del crimen contra el gran cazador de historias, el que le puso rostro a las víctimas, sigue pendiente juzgar y castigar a sus asesinos intelectuales. Un buen homenaje a su memoria es leer sus espléndidos libros.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/05/05/opinion/javier-valdez-la-actualidad-de-su-obra