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Justicia y libertad para Víctor Herrera Govea

Fuentes: Rebelión

Víctor Herrera Govea es uno de tantos nombres que las circunstancias hacen poner hoy seguido de los de Ferdinando Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, los dos anarquistas inmigrantes asesinados en la silla eléctrica el 23 de agosto de 1927 por el estado de Massachusetts -a quienes se les guarda memoria con la canción «Here is […]

Víctor Herrera Govea es uno de tantos nombres que las circunstancias hacen poner hoy seguido de los de Ferdinando Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, los dos anarquistas inmigrantes asesinados en la silla eléctrica el 23 de agosto de 1927 por el estado de Massachusetts -a quienes se les guarda memoria con la canción «Here is to you» de Joan Baez-, por la tragedia histórica que se repite como una espiral sin fin en todos los juzgados del mundo cuya lógica procesal es la del sistema jurídico de los Estados modernos.

Ahora me ahorraré recapitular las conclusiones ampliamente documentadas a las que llegaron las investigaciones, que por décadas se han hecho, posteriores al «legal asesinato» de ambas personas; fueron acusados por un robo y actos violentos que no cometieron y, en realidad, fueron sentenciados en uno de los estados más conservadores de la federación estadounidense por sus convicciones políticas y militancia anarquista en el momento histórico en que EEUU recién se apuntalaba como una potencia económica mundial tras la 1ra Guerra Mundial y en Europa Oriental se afianzaban los movimientos socialistas tras la Revolución de Octubre.

Víctor Herrera Govea fue detenido y severamente golpeado durante el provocativo, aparatoso y violento operativo policiaco que el gobierno perredista de la capital montó en contra del contingente anarquista durante la marcha del 2 de octubre 2009, y el Estado lo presentó ante Ministerio Público acusado de robo en pandilla y daño en propiedad ajena apresándolo, hasta hoy, en el Reclusorio Sur. El Oxxo -la parte acusadora- no tienen ninguna prueba (testimonial ni documentada) contra él y los agentes judiciales que han testificado cayeron en las contradicciones propias de sus grandes mentiras. Sin embargo, se han encargado de que el proceso se haya alargado lo más posible. En realidad -y los tiempos venideros se encargarán de demostrarlo- Víctor está siendo sentenciado por su simpatía y praxis con la ideología militante que más ha dado problemas a los Estados en los últimos tiempos: el anarquismo.

México vive un claro proceso de descomposición social que se demuestra en el número de crímenes cometidos por el narcotráfico -que en su gran porcentaje, es el propio pueblo mexicano más despojado que ha sido orillado a tales actividades por su situación económica y la falta de cualesquiera otra oportunidades de vida-, una crisis económica que no fue provocada desde «el exterior» sino producto de una crisis intrasistémica del libre mercado que hegemonizó la política económica en las últimas décadas, y una crisis política que no se ha solucionado en toda nuestra historia moderna pese a la alternancia partidista; la democracia que se pregona sigue siendo ilusoria para un sinfín de grupos que han luchado, desde diversos espacios, por los derechos sociales más básicos y sólo han conseguido represión o cooptación.

Es en éste contexto que diversos grupos de jóvenes anarquistas inconformes y en búsqueda de un nuevo orden posible, han realizado «acciones directas» contra todo lo que desde otros grupos del espectro político de «izquierda» y en la «academia crítica» sólo se nombra: la desproporcionada acumulación de unos cuantos basada en la intensiva apropiación del trabajo de tod@s, la deshumanización de la cultura producto de los modos de relaciones sociales existentes, la indiscriminada represión de los Estados y sus políticas de guerra -militar, jurídica y psicológica- como medio para ampliar mercados (y si no, ¿qué son entonces los desalojos de territorios para construir corredores turísticos, aeropuertos, autopistas, presas, neolatifundios, etc. y explotar los recursos naturales -en minas canadienses a cielo abierto, por ejemplo?).

El Estado mexicano -y los de muchas otras naciones- se ha enfrentado a recientes reivindicaciones violentas donde intencionalmente no hay víctimas civiles (es decir que no es terrorismo como el que se ejecuta desde el Estado en Chiapas, Guerrero, Sucumbíos, Iraq, Afganistán, etc.) en sedes de bancos, partidos políticos, iglesias, negocios, etc. Mientras otro tipo de organizaciones se conforman con firmar desplegados, los anarquistas hacen presencia indefinida cuando ven en las luchas de otros, las luchas de todos; componían mayoritariamente la caravana de la Comisión Sexta del EZLN, sostuvieron las barricadas que defendían al pueblo de los «escuadrones de la muerte» en el movimiento popular oaxaqueño, son quienes muestran la más amplia solidaridad con un sinfín de plantones en cárceles con presos políticos, legítimas huelgas, apoyo contra represiones violentas, manifestaciones en los encuentros mundiales donde las potencias buscan acordar modos que produzcan mejores ganancias en temas como el comercio, agua, el cambio climático, etc. Y claro, son también ellos quienes sufren las más violentas agresiones del Estado porque saben que son los más sencillos de linchar mediáticamente y a quienes menor cobertura política se les brinda.

Toda la teoría política -desde los clásicos como Hobbes hasta los neo clásicos liberales como Nozick- fundan la razón de ser del Estado moderno en la defensa de la propiedad privada a través de sus propias instituciones punitivas. El robo es «el» delito por excelencia tipificado como grave en el diseño del derecho romano -fundamento de nuestro sistema jurídico- aún por encima de otros peores crímenes, y es así como las cárceles se han llenado de personas que han robado cantidades mínimas como producto de una descomposición social ante falta de oportunidades de empleo. Robar es ya grave, pero hacerlo atentando contra el orden económico y, ende, político es amenazar los intereses de los usurpadores de la tenencia del monopolio de la violencia legítima: la clase gobernante, la única que tiene sus necesidades básicas satisfechas y se construye, además, una cultura de lujo a costa del despojo. ¡Eso sí es gravísimo!

Víctor no es un preso común, es uno de los tantos presos y procesados políticos -son cerca de 2 mil sólo los que ha sido posible su documentación- que el Estado mexicano recluye por ser una amenaza directa a la reproducción de la vida-mala que hoy conocemos todas y todos. Y entre los casos se encuentran unos llenos de cinismo: indígenas acusadas de «secuestrar» AFI´s, campesinos con cientos de años de cárcel por defender su tierra, casos intolerables de mujeres que son violadas como botín de guerra y luego apresadas…, y ello si tenemos «suerte» puesto que por centenas se siguen contando los detenidos/desaparecidos políticos (guerrilleros, ecologistas, campesinos, etc.) que son asesinados extrajudicialmente por el propio Estado o los grupos paramilitares que solapa. Víctor, como muchas otras y otros, es un chivo expiatorio mal calculado por el gobierno; es en un intento de amedrentar las convicciones militantes de muy diferentes visiones políticas disidentes, pero las aprehensiones sólo generarán aún más acciones directas.

Con un proceso adecuado lo único que se puede sentenciar es ¡Justicia y Libertad para Víctor Herrera Govea, y todas y todos los presos políticos!