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Un análisis crítico de la retórica liberal y el caso del proyecto de ley antibloqueo

La democracia como espejismo

Fuentes: Rebelión

Existe una frase que resuena como un mantra incontestable en la liturgia política moderna: “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Atribuida a Abraham Lincoln, su potencia retórica la ha convertido en el ideal abstracto contra el que se miden todas las democracias. Sin embargo, un análisis crítico que escarbe más allá de la superficie discursiva revela que esta triada no describe una realidad, sino que oculta una profunda contradicción entre la forma política y su contenido social. Utilizar esta consigna como punto de partida no es una adhesión acrítica, sino un método eficaz para desmontar, desde dentro, los mecanismos de legitimación del poder. Este enfoque, que se nutre de una perspectiva materialista dialéctica, resulta particularmente iluminador para examinar proyectos como la Ley Antibloqueo que se discute en Bolivia, cuyo nombre técnico y retórica enmascaran una reconfiguración material del Estado en beneficio de intereses particulares.

Desde el presente análisis crítico, el concepto de “pueblo” no es rechazado, sino comprendido en su verdadera naturaleza histórica y política. No es una esencia metafísica ni un sujeto homogéneo, sino una formación concreta y relacional que se constituye dialécticamente en la lucha contra un bloque de poder dominante. Es una categoría en disputa hegemónica, cuyo significado es el botín de la contienda política en donde las élites buscan vaciarlo de contenido clasista, mientras que los proyectos emancipatorios deben llenarlo con la presencia material de las clases y sectores subalternos –trabajadores, comunidades indígenas, pobres urbanos– cuya unidad se forja en la oposición a un orden excluyente. Por ello, preguntar por el “pueblo” no es un ejercicio retórico, sino el primer paso para desvelar qué alianzas de clase se articulan y qué intereses se defienden en un conflicto dado.

I. La triada liberal bajo la lupa crítica

Desglosar cada elemento de la frase desde esta perspectiva descubre la brecha entre el principio proclamado y su realización en sociedades estructuralmente desiguales.

·       ¿“Gobierno del pueblo”? La ilusión de la soberanía: El principio de que el poder emana del pueblo supone un sujeto político unificado y soberano. Un análisis crítico materialista cuestiona esta unidad al señalar que las sociedades contemporáneas están fracturadas por relaciones de producción y propiedad que generan intereses antagónicos. Por tanto, preguntar “¿de qué pueblo?” es esencial. Un proyecto como la Ley Antibloqueo, promovido por un gobierno alineado con élites económicas tradicionales y capital transnacional, demuestra que la soberanía efectiva no reside en la ciudadanía abstracta, sino en los grupos con capacidad para capturar la agenda estatal y orientarla hacia la protección y ampliación de sus privilegios materiales. El “pueblo” del que emana este poder es, en realidad, una minoría organizada como clase dominante.

·       ¿“Gobierno por el pueblo”? El mito del autogobierno: La democracia representativa reduce el ejercicio del poder popular al acto electoral, delegando su ejecución cotidiana a una clase política y una tecnocracia cada vez más autónomas. La noción de “antibloqueo” es paradigmática, pues, se esgrime para superar supuestas “trabas” (normativas ambientales, laborales, procesos de consulta) que, en realidad, son mecanismos de defensa y participación popular. Al tacharlas de obstáculos para la “eficiencia”, lo que se revela es un proyecto de poder que busca gobernar por encima de la sociedad, no a través de ella. El ejercicio democrático es vaciado en nombre de una gobernanza tecnocrática al servicio de la acumulación de capital. El poder no se ejerce por el pueblo, sino por una red de expertos y burócratas al servicio de una agenda privada.

·       ¿“Gobierno para el pueblo”? La gran mistificación: Este es el núcleo del espejismo. El sistema proclama servir al interés general, pero su lógica interna lo fuerza a priorizar las condiciones para la reproducción del capital. Cuando se anuncia que una ley de “reactivación económica” es “para el pueblo”, un análisis crítico exige examinar su texto concreto: ¿Facilita la privatización de recursos estratégicos? ¿precariza el trabajo? ¿debilita la capacidad regulatoria del Estado? Si la respuesta es afirmativa, entonces la ley gobierna para una minoría que se beneficia de ese modelo, no para las mayorías que sufren sus consecuencias. El “pueblo” se convierte en un significante vacío, útil para la legitimación, pero negado en la distribución real de la riqueza y el poder.

II. El caso boliviano: La Ley Antibloqueo como síntoma

Aplicar este marco analítico al proyecto boliviano permite trascender la discusión técnica y ubicarlo en una lucha más amplia por la definición del modelo de sociedad y por la propia configuración del “pueblo” como sujeto político.

En un contexto donde un gobierno como el de Rodrigo Paz representa la restauración de una agenda económica neoliberal, la Ley Antibloqueo se erige como la herramienta jurídica clave. Su objetivo material no es la “reactivación económica” en abstracto, sino la aceleración de un cambio estructural que se expresa en la transición de un Estado con sectores estratégicos y una narrativa de economía plural hacia un Estado facilitador, desregulador y privatizador. Su retórica de “eliminar bloqueos” es, en esencia, la declaración de que los derechos colectivos, las normas protectoras y la propia democracia deliberativa son obstáculos para un proyecto de acumulación elitista. Dialécticamente, esta ofensiva no hace sino producir y clarificar a su contrario, en donde el pueblo se constituye, material y políticamente, como el conjunto de fuerzas sociales cuyas condiciones de vida, trabajo y territorio son amenazadas por esta ley y el gobierno.

Así, la triada democrática se invierte:

  • No es un gobierno “del pueblo”, sino de una alianza de élites que ha obtenido el control del aparato estatal.
  • No se ejerce “por el pueblo”, sino a través de decretos y lógicas tecnocráticas que anulan la participación sustantiva.
  • No se legisla “para el pueblo”, sino para garantizar la rentabilidad del capital en sectores clave como el litio, la energía o el agronegocio, a menudo a costa de la soberanía nacional y la justicia socioambiental.

Conclusión: Más allá del espejismo, la disputa por la democracia real

El uso crítico de la consigna liberal no es, por tanto, un ejercicio de nostalgia, sino un acto de clarificación política. Nos permite demostrar que la crisis de la democracia no es un accidente, sino el resultado de su sometimiento a los imperativos de un sistema económico depredador. Proyectos como la Ley Antibloqueo son la manifestación concreta de esta contradicción que usan el lenguaje de la democracia y la urgencia nacional para vaciarla de contenido.

Frente a esto, la alternativa no es abandonar el ideal democrático, sino radicalizarlo. Esto implica disputar el sentido mismo de “pueblo” para que deje de ser una abstracción liberal y pase a significar la alianza histórica concreta de las mayorías sociales trabajadoras y excluidas, unidas en un proyecto de transformación. Luchar por un poder ejercido “por” mecanismos de participación directa y control comunitario que superen la delegación tecnocrática. Y exigir que el “para” se mida por la satisfacción de necesidades humanas y ecológicas, no por los índices de ganancia corporativa.

La frase de Lincoln, en última instancia, nos sirve como un espejo. No para admirarnos en lo que creemos ser, sino para reflejar nítidamente la distancia entre la promesa y la realidad. Reconocer esa distancia es el primer paso indispensable para construir, desde la crítica y la movilización, una democracia que deje de ser un espejismo para convertirse en una experiencia material y compartida. Una democracia donde el “pueblo” no sea el fantasma que convoca el poder, sino la fuerza material que lo ejerce.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.