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La Escuelita Zapatista, una ventana a la autonomía

Fuentes: Rebelión

Se cumplen ya dieciocho años desde que Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el gobierno federal mexicano firmaron los Acuerdos de San Andrés Sakam Ch’en de los pobres. Mediante el diálogo se intentaban definir los cambios para transformar la relación entre los pueblos indígenas y el Estado. De fondo, esto implicaba reconocer el derecho […]


Se cumplen ya dieciocho años desde que Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el gobierno federal mexicano firmaron los Acuerdos de San Andrés Sakam Ch’en de los pobres. Mediante el diálogo se intentaban definir los cambios para transformar la relación entre los pueblos indígenas y el Estado. De fondo, esto implicaba reconocer el derecho de los pueblos a la libre determinación y a la autonomía. La historia fue otra. Tras haber sido discutido uno solo de los temas, el proceso de diálogo se rompió y las promesas acordadas pretendieron destinarse al olvido.

En gran medida la ruptura del diálogo obedeció a la doble jugada del gobierno: mientras por un lado firmaba acuerdos y mostraba su supuesta voluntad negociadora, por el otro detenía a presuntos zapatistas y reanudaba los ataques bajo la modalidad de «guerra de baja intensidad». Ante esto, los pueblos indígenas decidieron reforzar los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) -creados desde 1995- como una vía para implementar de facto la propuesta autonómica de los Acuerdos de San Andrés.

Vinieron en 2001 otros intentos de legislar sobre los derechos de los pueblos indígenas, pero quedaron lejos de responder a las necesidades de los mismos. Mientras tanto, los zapatistas continuaron organizándose, fortaleciéndose en el ámbito interno. Crearon en 2003 las Juntas de Buen Gobierno y los Caracoles Zapatistas, sedes de cada uno de sus gobiernos autónomos. Por otra parte, siguieron vinculándose con el exterior a través de múltiples iniciativas como la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, el encuentro de los pueblos zapatistas con los pueblos del mundo, y el encuentro de los pueblos indígenas de América realizado en 2007, 2008 y 2009. Con la Escuelita Zapatista desde el año pasado se abren nuevamente al mundo para compartir sus reflexiones y experiencias en la lucha por la autonomía.

Ha sido esta última iniciativa la que ha permitido ver en perspectiva la trayectoria de las comunidades autónomas zapatistas a lo largo de todos estos años. A través del trabajo y la convivencia diaria con las comunidades de apoyo zapatistas, personas de las más diversas geografías han podido conocer en carne propia la autonomía, la resistencia y esa otra, muy otra, manera de entender el mundo. De alguna forma, la Escuelita Zapatista ha servido como una ventana a ese rincón olvidado del mundo donde el pueblo se autogobierna.

Sin duda alguna, la construcción de autonomías ha sido el paso más significativo que han dado los zapatistas para satisfacer sus demandas de tierra, libertad, educación, techo, trabajo, salud, alimentación, cultura, información, independencia, democracia, justicia y paz. Ha respondido a la necesidad imperante de desligarse de las estructuras gubernamentales obsoletas, de la cultura del dinero y de las formas impuestas de hacer política. Ha sido un reclamo histórico de poder vivir de acuerdo a las cosmovisiones indígenas y la importancia de la colectividad. En ese sentido, han introducido la idea del ejercicio colectivo del poder y se han replanteado el papel de la autoridad dentro de una comunidad. Sus gobiernos autónomos se articulan desde abajo, reconociendo el papel central del pueblo en todos los procesos políticos: la definición de objetivos y prioridades, la toma de decisiones, la implementación de proyectos, la renovación de cargos y la rendición de cuentas, entre otros.

Los propios zapatistas plantean que no hay una ruta trazada, sólo un aprendizaje en cada acción y cada paso. La autonomía es un aprendizaje constante de lo que es la justicia, la democracia y la libertad. Saben de antemano que cometerán errores, que no lo saben todo como pueblos, pero defienden por encima de todo su derecho a decidir sus propias utopías y cómo caminar hacia ellas; aún si esto significa tropezarse muchas veces.

Los largos años de lucha han llevado a los zapatistas a la conclusión de que la construcción de la autonomía está condicionada por la plena libertad de los pueblos. Una libertad entendida como aquella condición exenta de la opresión, la explotación y la dependencia. Los zapatistas han caminado en dirección a esa libre determinación por medio de dos vías. Por un lado con la resistencia, es decir, el rechazo tajante a todo apoyo del gobierno o de los partidos políticos, para evitar la manipulación electoral y la división interna. Por otro, a través de autosuficiencia económica y una organización que prioriza las necesidades colectivas.

Es así que la emancipación para los zapatistas está ligada necesariamente a la construcción de autonomía, entendiendo que esta última rebasa la esfera política. En realidad es una concepción que ha de extenderse a todos los ámbitos de la vida, en una reafirmación constante de la libertad, de la vida y de la dignidad. Por ejemplo, para ellos el trabajo mismo es una actividad emancipadora; los libera del sometimiento, les permite sentirse útiles, y los conecta con la tierra que les da vida. Esta concepción los ha llevado a entender de manera distinta su papel en el mundo y su relación con la naturaleza, sujetos a otros tiempos y principios que nada tienen que ver con la sociedad del consumo y el trabajo enajenante.

El Comisionado para el Diálogo con los Pueblos Indígenas, Jaime Martínez Veloz ha declarado que este año el gobierno federal quiere discutir nuevamente los Acuerdos de San Andrés. Afirma que busca recuperar la confianza de los zapatistas y reactivar el diálogo con las comunidades indígenas. Después de tanto tiempo y tantas atrocidades cometidas contra los pueblos vale la pena preguntarse con qué legitimidad pueden hacerse tales declaraciones.

En este contexto ¿No será que estamos ante una nueva estrategia para deslegitimar los esfuerzos del EZLN de construir autonomía? ¿Hasta cuándo perdurará la idea de que las comunidades indígenas deben sentarse a esperar que el gobierno mexicano haga algo por ellos?

En un rincón olvidado del mundo, existe un pueblo que se autogobierna. Los zapatistas no sólo resisten, construyen. La lucha diaria que llevan a cabo no es sólo por ellos o por su tierra, es una lucha por una forma más digna de vivir.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.