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La impunidad de Grupo México

Fuentes: Fragua

El pasado 9 de julio de 2019, la Unidad Terminal Marítima de Guaymas, operada por Mexicana de Cobre, perteneciente a Grupo México, derramó tres mil litros de ácido sulfúrico al Mar de Cortés en Sonora. En otros números de FRAGUA hemos dado a conocer que el dueño de Grupo México es Germán Larrea, el segundo […]

El pasado 9 de julio de 2019, la Unidad Terminal Marítima de Guaymas, operada por Mexicana de Cobre, perteneciente a Grupo México, derramó tres mil litros de ácido sulfúrico al Mar de Cortés en Sonora. En otros números de FRAGUA hemos dado a conocer que el dueño de Grupo México es Germán Larrea, el segundo hombre más rico del país y uno de los más favorecidos por la política neoliberal.

Las imágenes que circularon en internet sobre este desastre, y las fotografías de tortugas y leones marinos muertos cerca de la Terminal, son una pequeña muestra de todo el daño que ha ocasionado Grupo México no sólo en el país, sino también en todos los lugares donde opera: el sello de esta empresa ha sido la muerte, tanto para el ambiente como para los trabajadores. Esto lo demuestra la lista de 22 accidentes de Grupo México que reveló la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), que, como dijera el secretario Víctor Manuel Toledo, se trata de accidentes «inadmisibles».

Un día después del derrame, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) realizó la primera inspección para determinar los daños al suelo; la segunda inspección se llevó a cabo el 16 de julio para observar si existía una afectación al ambiente. Después de las investigaciones la dependencia determinó aplicar como medida de seguridad la clausura parcial temporal de las obras y actividades de la Unidad Terminal en Guaymas. El 20 de julio a las 02:00 horas se colocaron los sellos de clausura; entre los motivos por los que se cerró temporalmente está el no contar con autorización de impacto ambiental.

Grupo México no tardó en salir al quite e iniciar una campaña de limpieza, pero no del ambiente, sino de su nombre, ya que en diversas declaraciones ha sostenido que dicha planta inició su operación en 1979, antes de que se emitieran las leyes ambientales en 1998, y que sólo por eso no requiere dicha autorización de impacto ambiental. La limpieza siguió y el 22 de julio se enviaron cartas a sus inversionistas y empleados para decirles que debían «sentirse orgullosos» por la contribución que realizan al país en materia de crecimiento y desarrollo, que la SEMARNAT ha difundido «falsas acusaciones y descalificaciones», que las imágenes de los animales muertos no tienen relación con el accidente, que se murieron por otras causas. Lo más aberrante fue decir que 18 de los 22 supuestos accidentes ambientales son falsos e imprecisos, pues dos ocurrieron antes de que Grupo México fuera dueño, y los otros dos sí fueron su culpa, pero aclaró que fueron «remediados en su totalidad».

Uno de los casos que acepta es el derrame de 40 mil litros de tóxicos en los ríos Bacanuchi y Sonora, en 2014, provenientes de su mina estrella Buenavista del Cobre. Han pasado cinco años y del fideicomiso de dos mil millones de pesos para resarcir los daños en las comunidades afectadas no se ve ni sus luces. Tampoco se sabe nada de las 28 plantas de tratamiento de agua que se comprometió a construir, sólo hay ocho. El otro caso que acepta es el de 2006, cuando una explosión en la mina 8 de la Unidad Pasta de Conchos, en Coahuila, sepultó a 65 de los 73 obreros que se encontraban trabajando en ese turno. La empresa simplemente dijo que no se podían rescatar y ahí cerró todo el asunto. Sin embargo, tiempo después se dio a conocer que desde el 2000 la empresa ya tenía reportes acerca de las fallas de seguridad.

Con esto Grupo México demuestra cuánto le importa la vida de sus trabajadores y el ambiente, pues siempre ha priorizado sus ganancias sobre cualquier cosa. Con todo este historial negro, el Gobierno de la Cuarta Transformación, comandado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ha declarado que para tomar una decisión debe escuchar a la empresa, «dialogar» con ella y sólo después tomar una decisión «porque tenemos que cuidar las fuentes de trabajo». ¿A qué trabajo se refiere? ¿A ése donde Grupo México prefiere dejar sepultados a 65 mineros que tomar la responsabilidad por su negligencia?

Para AMLO «lo más importante es la naturaleza, cuidar el medio ambiente», por lo que volvemos a cuestionar al presidente: ¿priorizar el ambiente es lo que Grupo México hace? ¿No basta la lista de 22 accidentes? Si la política del gobierno es el ambiente, el pueblo se pregunta: ¿por qué no se da un castigo ejemplar a Germán Larrea? Es cierto que ya no ha dado concesiones para la minería, pero con las 333 que tiene, le basta y le sobra para seguir explotando al pueblo y seguir dañando al ambiente.

Nosotros, como pueblo trabajador, nos merecemos más que una revisión «cuidadosa de los hechos». Con los engendros de la política neoliberal no sirve el «diálogo» ni la «conciliación», pues ellos han demostrado que siempre priorizaran sus ganancias sobre el pueblo. Además, no debemos olvidar que Germán Larrea no es el único que necesita pagar por sus crímenes, sino que en esta lista también se encuentra uno de los miembros del Consejo Empresarial del presidente, Ricardo Salinas Pliego, quien participó en la oscura trama de la venta de Grupo Fertinal (empresa de fertilizantes privatizada en la década pasada y recomprada por Pemex en años recientes), algo muy parecido a lo ocurrido con Fertimex, Emilio Lozoya Austin y Alonso Ancira Elizondo.

Para nosotros, como Organización de Lucha por la Emancipación Popular, no basta con parar una empresa un ratito o amenazar con seguir investigando, lo que el pueblo necesita es justicia, es que estos empresarios engendros del neoliberalismo paguen por sus crímenes, que no sigan en la impunidad. Sin embargo, no sólo queremos que estén en la cárcel, también exigimos que le devuelvan al pueblo todo lo que le han robado, así que como mínimo Grupo México le debe regresar todas las empresas que nos pertenecen y que han hecho a Germán Larrea el segundo hombre más rico del país. Para esto es necesario destruir el neoliberalismo de raíz y construir un sistema más justo para todos: ¡el socialismo.

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la portada del No. 45 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Agosto-Septiembre 2019.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.