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La piratería versus el procomún colaborativo

Fuentes: Rebelión

Comencemos este artículo por conocer qué es la piratería informática. Acudo en primer lugar a una fuente que el mundo académico puede desestimar, pero que la gran mayoría de personas por su inmediatez puede tomar como referencia, esta es la Wikipedia. La cual dice: «Pirata informático es quien adopta por negocio la reproducción, apropiación y […]

Comencemos este artículo por conocer qué es la piratería informática. Acudo en primer lugar a una fuente que el mundo académico puede desestimar, pero que la gran mayoría de personas por su inmediatez puede tomar como referencia, esta es la Wikipedia. La cual dice: «Pirata informático es quien adopta por negocio la reproducción, apropiación y distribución, con fines lucrativos, y a gran escala, de distintos medios y contenidos (software, vídeos, música) de los que no posee licencia o permiso de su autor, generalmente haciendo uso de un ordenador. Siendo la de software la práctica de piratería más conocida»[1].

Luego, el Diccionario de la Real Academia Española sobre piratería nos provee de información menos amplia pero con la cual se puede hacer una reflexión al respecto, y dice: «Ejercicio de pirata», «Robo o presa que hace el pirata», «Robo o destrucción de los bienes de alguien«[2].

Ahora bien, quién fue el primero que habló acerca de piratería. Pues en 1976, Bill Gates fue el primero en llamar «ladrones» a los «aficionados» en la carta llamada en inglés An open letter to Hobbyists (Carta abierta a los aficionados)[3]. En ella Gates manifiesta su malestar porque la inversión económica y de tiempo que hace en mejorar el código de BASIC se disipa porque los aficionados copian el código sin pagarlo. La carta iba dirigida en realidad al Homebrew Computer Club, un club de aficionados de computadoras que en un garaje mantenían un foro para compartir sus aficiones computacionales de forma voluntaria.

Aunque en la carta nunca se hace explicito el término piratería como tal, es claro que el concepto de «robar el código» sí se le debe atribuir a Bill Gates. La carta es sustantivamente reveladora, porque es la contradicción entre el mercado y el goce de una afición. El resultado como después la historia lo demostró terminó por hacer de la afición un pecado, y de ese pecado un delito.

No pienso seguir con la demás historia de «éxito» de Bill Gates, que transformó aquello en una industria jugosa en ganancias, que generó una burbuja financiera de la cual él se benefició, y que puso a la jurisprudencia de su lado para crear un imperio que robó y sigue robando conocimiento.

Quiero hacer énfasis en dos aspectos trascendentales en la vida que sepultó el «éxito» de Gates. En primer lugar el disfrute algo opacado por la dinámica del mercado y luego la afición como factor creador. Es importante destacar su significado semiótico, el símbolo que deja como resultado es que la sociedad debe rendirse ante el mercado, no valen las aficiones, vale el negocio.

Pues bien, el software es uno de esos bienes intangibles que no pueden tener dueño. Así como es una flagrancia ética intentar patentar olores y sabores, también lo es patentar el código de un software. De esto los únicos perdedores somos la humanidad en su conjunto, el código de un software debe ser considerado un bien común o un procomún, así como el agua, los bosques, las pesquería, el aire, entre otros, por su importancia en la generación de información y porque además, el uso de ese código en la actualidad es también la posibilidad de producir más conocimiento.

En resumidas cuentas esa carta marcó el triunfo del mercado y sus perversos esquemas de acumulación y la derrota de la humanidad a través de las limitaciones del conocimiento. Revisemos el ejemplo al que acude Enrique Dans[4] en su libro«Todo va a cambiar», donde hace un recorrido de cómo nace la música, los inventos que fueron transformándola hasta convertirla en un negocio donde el que más pierde es el verdadero artista, tanto el que escribe la canción como el que la interpreta. Qué pasaría sino existiera la mal llamada «piratería, ese bien cultural sería nada más un privilegios de muy pero muy pocos, aquellos que tienen la capacidad de pagar por comprar esa música, el artista tendría menos reconocimiento, por su puesto al empresario no le importa, porque las jugosas ganancias quedaron en sus manos.

Pero sabemos cuánta música bellísima no ha sido del disfrute de la humanidad solo porque el artista no ha sido capaz de vender su arte a los «cazadores de talentos», o porque sencillamente esa canción no va a vender en el mercado. Lo que triunfa no es la calidad, triunfa el negocio.

Acaso el artista que disfruta de lo que hace no es mejor que el artista al que obligan a cambiar la letra de su canción para que pegue en las radios, en la televisión, en los sitios de descarga, o aquel al que el contrato lo obliga a hacer veinte canciones al año.

Bajo esta realidad, acudimos precisamente a la derrota de la piratería, como medio de privación no solo del conocimiento sino de la cultura en general, hoy el Internet que es un procomún, por lo menos así lo creemos, y hay que luchar para que así sea, es capaz de poner de manifiesto toda esa cultura que se ha estado perdiendo por la privatización durante años. La gente disfruta de mucha música que jamás llegó a sus oídos simplemente porque no tuvo los $ 20 dólares para el disco o para el cassette.

En el caso del código de los programas informáticos es la misma realidad, el modelo de privatización es un fracaso y revisémoslo con números. Según el informe de la piratería de software del año 2014 por la BSA [5], dentro de los países industrializados con mayor capacidad adquisitiva, la piratería es más baja, pero en los países de menor capacidad adquisitiva la piratería es mayor. Es una forma de exclusión cultural.

Según el mismo informe, Estados Unidos alcanza el 18% de piratería, el país con las leyes más duras en torno a este fenómeno. En Asía y Oceanía cerca de 2,5 mil millones de personas caerían en la piratería. En África más de 550 millones, en Europa cerca de 330 millones y en América 335 millones.

Los países en vías de desarrollo como los BRIC, tienen un alto nivel de piratería con el 67%, a pesar de la riqueza que están generando. En total, según el informe 62 mil millones de dólares son los que las empresas ligadas a esta perniciosa industria han dejado de acumular.

Pero bien, sigamos con el análisis y ahora es momento de hacer de abogado del diablo. Esto quiere decir que esta gente que no trabaja para estas industrias perniciosas, dejarán de comer, el conocimiento y la cultura quedará estancado y no tendríamos estos «adelantos tecnológicos», pues no es así.

La industrialización de la música y del software ha servido nada más para generar mecanismos de acumulación y para limitar el conocimiento y la cultura, como hemos apuntado. Actualmente el Software Libre es una alternativa a nivel mundial y la gente que produce software tiene ingresos igual que los otros productores en la industria privativa, por su puesto que no hay CEO’s que ganen obscenos salarios por dirigir una empresa. Pero el artista hace lo que le gusta, goza de su producción, se siente parte de ella y no es explotado y de paso ayuda a generar empleo, ya que en general los modelos de negocios del Software Libre producen más empleo.

En el caso de la cultura libre que avanza fuertemente también es igual, no es prohibido vender la obra, es prohibido privatizarla, declarar a través de una patente que nadie más sin el permiso del autor puede mejorarla, distribuirla, estudiarla, usarla. Eso es lo que cambia en la cultura libre, tampoco es que los precios sean estrafalarios, son precios para hacer retornar los costos de producción y reproducción de las obras. El artista no es el que vende su fuerza de trabajo a través de la obra, es aquel que disfruta haciendo cultura y por ello recibe algunos ingresos económicos.

Con el conocimiento a flor de piel en la sociedad actual, cualquiera puede ser capaz sin plagiar el código de un software o la letra de una canción, crear una obra que sea parecida. Además, nadie puede decir que creó de cero un sonido o un código, es el resultado de todo un acervo que se construyó colectivamente. En la sociedad del conocimiento, privatizar es matar la cultura.

Para finalizar, el procomún es una nueva forma de crear cultura y gestionarla, poniendo la comunidad sobre la propiedad dice Antonio Lafuente[6]. Este nuevo procomún es colaborativo, es el rescate de la solidaridad que caminará por otras vertientes. El software en su conjunto debiera ser parte de este procomún – no solo el Softwre Libre-, así como la música, estamos a lo mejor cerca también de una economía que no se base en la propiedad sino que contribuya a fluir los nuevos bienes comunes. Para Jeremy Rifkin[7], ésta coexistirá en algunos años con el capitalismo, y éste último dejará de ser el sistema hegemónico. Por el bien de la humanidad es la mejor noticia.

* Coordinador de la Licenciatura en Ciencias de la Computación de la Universidad Luterana Salvadoreña.

Referencias [1] «Pirata informático», Wikipedia, la enciclopedia libre. 14-may-2015. [2] «Diccionario de la lengua española». [En línea]. Disponible en: http://lema.rae.es/drae/?val=. [Accedido: 15-may-2015]. [3] «Bill_Gates_Letter_to_Hobbyists.jpg (Imagen JPEG, 1700 × 2200 píxeles) – Escalado (15 %)». [En línea]. Disponible en:http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/1/14/Bill_Gates_Letter_to_Hobbyists.jpg. [Accedido: 15-may-2015]. [4] «Capítulo 1. Música, películas, mentiras e Internet Todo va a cambiar». . [5] BSA, «BSA Global Software Survey». jun-2014. [6] «Lo que es todos (y no es de nadie)», ELMUNDO, 05-abr-2014. [En línea]. Disponible en: http://www.elmundo.es/economia/2014/04/05/533e9be122601d9b1b8b457a.html. [Accedido: 15-may-2015]. [7] «En 35 años el capitalismo ya no será el modelo dominante», El Huffington Post. [En línea]. Disponible en: http://www.huffingtonpost.es/2014/09/21/jeremy-rifkin-entrevista_n_5851246.html. [Accedido: 15-may-2015].

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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