Los
datos surgen de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA),
elaborada por la UCA, que remarcó que el descenso registrado “trae
alivio”, pero no implica una solución de fondo.
La serie histórica
evidencia un problema persistente: en 2010, la pobreza infantil era del
45,2%, luego bajó momentáneamente en 2011 y 2012, pero desde entonces
inició un deterioro casi constante. El pico se registró entre 2020 y
2021, con niveles cercanos al 65%, y un máximo en 2023 del 62,9%.
En ese contexto la asistencia alimentaria alcanzó el 64,8% de los chicos, el valor más alto de toda la serie.
Este
aumento se consolidó a partir de 2020, impulsado por la expansión de
comedores infantiles, y comunitarios, y la implementación de la Tarjeta
Alimentar.
La cobertura de transferencias como la Asignación
Universal por hijo, llegó al 42,5% de los niños, lo que implica una
caída del 3,3 puntos porcentuales respecto del 2024.
Las condiciones
de vida también reflejan déficit estructurales. El 18,1% de las niñeces
viven en viviendas precarias, y el 20,9% en situación de hacinamiento.
El
informe revela que seis de cada diez chicos viven en hogares con
adultos en situación laboral precaria o informal. Esto impacta
directamente en su acceso a derechos básicos. Tuñón subrayó: “se trata
de 6 de cada 10 chicos que dependen del sistema de salud estatal, que
dependen del sistema de educación estatal”, evidenciando una fuerte
dependencia del Estado.
Además, remarcó una deuda histórica: “la
deuda que tenemos todos los argentinos es cómo les damos buena salud,
buena educación y buena alimentación”. Para la especialista, mientras no
se resuelva la inclusión laboral de los adultos, es fundamental
fortalecer las políticas públicas dirigidas a la infancia.
Respecto a
la leve baja en la pobreza, Tuñón explicó que se vincula a factores
coyunturales: menor inflación, refuerzos en transferencias sociales como
la Tarjeta Alimentar y cambios metodológicos en la medición. Sin
embargo, aclaró que existen debates técnicos sobre estos indicadores.
Más
allá de los ingresos, el informe pone el foco en dimensiones sociales y
emocionales preocupantes. En los últimos 15 años no mejoraron las
oportunidades de socialización: la mitad de los niños no realiza
actividades deportivas y el 80% no accede a propuestas culturales.
Tuñón alertó
sobre un fenómeno silencioso: “la mitad de los chicos no hacen
deportes, no hacen actividades extraescolares”, y agregó que muchos
experimentan malestar emocional. “Tenemos 4 de cada 10 que sus padres
señalan que experimentan situaciones de tristeza, de ansiedad”, indicó.
Esta
situación se agrava en contextos de mayor pobreza. La investigadora
explicó que la falta de contención familiar y comunitaria limita el
desarrollo integral: “muchas veces esos chicos pasan muchísimas horas
solos mientras sus padres trabajan”.
Desfinanciamiento del programa PNUD – Argentina contra el hambre
Desde
la Red El Encuentro denuncian que el programa está en una situación
crítica, ya que desde agosto de 2024 el Estado Nacional transfiere 763
pesos por cada persona que recibe un almuerzo en un comedor comunitario,
y 280 pesos en el caso que desayune o meriende. Explican que, según los
precios relevados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos
(INDEC), a marzo de este año, con el monto destinado a un almuerzo solo
se pueden adquirir 44,65 gramos de carne vacuna (paleta); y en el caso
de la prestación para desayuno o merienda, el valor resulta insuficiente
incluso para llenar un vaso de leche.
Desde la Red afirman que esta
situación “impide a los comedores comunitarios ofrecer una prestación
alimentaria que responda a los estándares nutricionales requeridos para
el desarrollo de niñas, niños y adolescentes, y para proteger la salud
de los adultos que se encuentran en situación de vulnerabilidad social”.
“Cabe
destacar, que los titulares de derecho de este programa son personas
que se encuentran bajo la línea de pobreza, con un porcentaje
significativo en situación de indigencia. En función de ello, cualquier
deterioro en la calidad nutricional de las prestaciones alimentarias
genera un impacto directo sobre su salud. Asimismo, la actual crisis
económica y el sostenido aumento de los precios han provocado un
incremento considerable en la demanda de asistencia en los comedores
comunitarios, lo que coloca a las organizaciones en la imposibilidad de
responder adecuadamente a esta creciente necesidad”, agregan.
Uno de cada cinco chicos no puede ir al médico por falta de dinero
En
el último trabajo que publican los investigadores de la Universidad
Católica Argentina (UCA) a través del Observatorio de la Deuda Social,
encontraron que “el 19,8% de todos los niños y adolescentes no asistió
al médico o al dentista durante 2025 por motivos económicos, según el
reporte de sus adultos de referencia”.
La cifra más triste se abre en
más detalle: son más de uno de cada 10 chicos menores de 5 años (11,3%)
y casi 3 de cada 10 adolescentes los que no pisaron un consultorio de
salud. En el caso particular de la atención odontológica, la cifra sube
al 17,4% de los menores que no accedieron a un dentista por falta de
dinero.
El documento con todos estos datos lo publicó el equipo de
investigadores coordinado por la socióloga Ianina Tuñón desde el
Observatorio Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, junto con sus
colaboradoras Valentina González Sisto y Lucrecia Freije.
Según contó
Tuñón en la presentación, «casi uno de cada cinco chicos argentinos
menores de 17 años dejó de ir al médico, al odontólogo o a ambos durante
2025 por problemas económicos». No fue por falta de tiempo o por
desidia familiar, sino que la razón que esgrimen los adultos
responsables es la falta de dinero. Eso incluso pensando en que existe
un sistema asistencial público que es gratuito. El problema es que
llegar al médico cuesta plata y, además, a los padres les significa
faltar al trabajo, lo que también deteriora la economía familiar.
La
cifra de no poder ir a un médico sube hasta el 27,5% entre los
adolescentes. “Y la falta de atención odontológica ronda el 17%, o sea,
que sigue siendo postergada en el marco de las políticas sanitarias, a
pesar de su impacto en la nutrición, la autoestima y la calidad de
vida», advirtió Tuñón.
Otro dato que encontraron es que, durante el
2025, el 18,1% de los chicos de entre 5 y 17 años presentó “síntomas de
tristeza o ansiedad”, según la percepción de sus padres o responsables.
La incidencia de estos síntomas indica que sube hasta el 21,2% durante
la adolescencia y, otro dato, las chicas adolescentes superan en este
riesgo a los varones (24,7% frente a 18%).
Esta situación también
tiene consecuencias concretas sobre el proceso de aprendizaje. Los
chicos con esta sintomatología tienen un 46% más de probabilidades de
«no aprender mucho» en la escuela.
Otro detalle impactante del
flamante informe es el que revela, en forma indirecta, otro problema
educativo: el 30,6% de los chicos asiste a escuelas donde los docentes
“se ausentan con frecuencia o donde se suspenden las clases de manera
habitual”. Esto implica casi uno de cada tres alumnos, cifra que crece
al 44% entre los chicos ubicados en los estratos socioeconómicos más
bajos y lo mismo en el Conurbano bonaerense.
«Los datos recopilados
indican que el ausentismo y la suspensión de clases son dos situaciones
que se concentran principalmente en escuelas de gestión estatal,
claramente donde más sectores socialmente vulnerables asisten», señaló
Tuñón.
El viejo disfrute en la escuela también está en crisis: En
2025, uno de cada diez chicos afirma que “no disfruta de ir a la
escuela” (10,5%). Esta incidencia aumenta a medida que aumenta la edad,
llegando al 15,6% en los adolescentes. Este “rechazo” es particularmente
elevado entre los estratos sociales bajos (15,8%).
El informe
-basado en la Encuesta de la Deuda Social Argentina 2025-, relevó esta
situación a través de entrevistas a más de 2.200 chicos y sus familias,
residentes en aglomerados urbanos de todo el país, y es el primero en
medir sistemáticamente estas dimensiones.
Lo que muestran los números
es que la deuda social argentina no es solo una cuestión de ingresos.
Es una deuda con la salud y la educación que el Estado podría mejorar
con la gestión, incluso aunque no haya plata.
En menos de 96 horas, Jorge Macri recortó más de 3.300 millones de pesos en viandas escolares
Por Martín Suárez
El viernes pasado se publicó en el Boletín Oficial un ajuste de $860 millones y, cuatro días después, otro de $2.465.000.000. Ambas quitas desfinancian la asistencia alimentaria para estudiantes de escuelas públicas porteñas.
[…] Ambos suman una cifra superior a los $3.300 millones.
Este nuevo ajuste en educación se suma al cierre de jardines maternales, al despido de docentes de alfabetización, a la eliminación de las orquestas juveniles y a la quita de las viandas en los clubes de chicos. Pero también al desfinanciamientos en diferentes sectores que incluyen despidos de estatales y hasta la eliminación de organismos del Estado porteño, y que integran el plan de ajuste firmado por la alianza PRO-LLA en mayo del año pasado.
Recorte en viandas y negocio entre aportantes
La alimentación de estudiantes en escuelas públicas de la Ciudad viene siendo desfinanciada desde el 2007. Una fuente de la cartera educativa envió un punteo con algunos ajustes históricos en la alimentación escolar y, de acuerdo a los guarismos analizados, durante las dos intendencias de Mauricio Macri las viandas escolares sufrieron un recorte de alrededor del 5% en términos nominales, en las dos gestiones de Rodríguez Larreta un poco más del 10% y en la actual administración todo indica que será el mayor recorte de la historia.
Cabe aclarar que los recortes no se hacen sobre las empresas privadas que reciben los montos millonarios aprobados en la Legislatura, pero el gobierno porteño históricamente subejecuta parte de la ampliación presupuestaria.
Algunas de las empresas que manejan la alimentación en escuelas porteñas fueron aportantes de la campaña electoral del PRO en 2015. Entre ellas se encuentran Teylem SA, perteneciente al Grupo L; y Friends Food SA. Esta última perteneciente a Rubén Forastiero, que además obtuvo varios contratos distritales, negocios vinculados con el Pami y también adjudicaciones del Ministerio de Salud para la provisión en hospitales durante la presidencia de Mauricio Macri.
En su momento G 25 y Formar, ONGs vinculadas a Guillermo Dietrich y Esteban Bullrich, recibieron durante la campaña más de 14.000 dólares en concepto de donaciones por parte de la empresa Friends Food SA. En un informe realizado por Tiempo Argentino en noviembre de 2018, se destaca que esas organizaciones también obtuvieron financiamiento de Teylem SA y de la Cámara de Concesionarios de Servicios de Comedores y Refrigerios, de la cual participan ambas firmas. En ese período aportaron más de 18.000 dólares, según consignó Chequeado, que accedió a los balances presentados ante la Inspección General de Justicia.
Poca comida y baja calidad
En 2023 Tiempo publicó un informe sobre viandas escolares basado en un relevamiento de la Universidad Popular Barrios de Pie. La institución educativa exhibió que el 64% de las familias dijo estar disconforme con la calidad de la comida.
De la encuesta participaron 247 familias de estudiantes que asisten a 65 instituciones educativas de distintos niveles inicial, primario y secundario, en las Comunas 1, 4, 7, 8, 9 y 15. Del mismo se desprende que 1 de cada 2 familias recibe beca alimentaria, de las cuales el 15% está en nivel inicial, el 70% en nivel primario y el 15%, en secundario. Respecto a las viandas, el 64% de las familias dijo estar disconforme, mientras el 77% cree que la calidad podría mejorar. Por último, más de la mitad contestó que no recomendaría la alimentación que sus hijos e hijas reciben en el ámbito escolar.
El ejecutivo porteño mantiene el monopolio de la concesión de las becas alimenticias y las viandas escolares. En la Ciudad de Buenos Aires, sólo 4 de las 1783 escuelas de gestión pública autogestionan el servicio de comedor; y reparte ganancias millonarias entre 19 empresas privadas. En abril del año pasado, Tiempo realizó un informe sobre la situación alimentaria y la baja calidad de las viandas.
Recortes a la comida de los niños en La Matanza
En
un comunicado oficial del Consejo escolar, informaron que deja de
llegar a los comedores de las escuelas carne vacuna, queso y solo podrán
comer “media fruta”.
El menú de los comedores escolares de La
Matanza vuelve a poner en evidencia una realidad preocupante: no solo
hay problemas de calidad nutricional, sino también “porciones cada vez
más insuficientes”, proponen que cada estudiante coma una comida por el
valor de $900.
En un contexto donde cada vez más familias dependen de
la escuela para garantizar la alimentación diaria, lo que está en juego
no es un detalle técnico sino una cuestión estructural: la nutrición de
las infancias. En el caso de las escuelas, la comida depende
directamente del gobierno de la Provincia de Buenos Aires y en el caso
de La Matanza, también es responsabilidad de la intendencia de Fernando
Espinoza.
Ya era insuficiente el menú que se venía enviando a los
comedores escolares y este nuevo “recorte” se siente como una verdadera
provocación, ya que perjudica directamente a las infancias.
El
esquema semanal del “menú Kicillof” muestra una fuerte presencia de
arroz, fideos y papa, combinados con cantidades muy reducidas de
proteínas (pollo, huevo o lentejas). A esto se suma la eliminación de
alimentos clave como la carne vacuna y el queso, sin que exista un
reemplazo nutricional equivalente. La ausencia de lácteos implica además
un déficit serio de calcio, fundamental para el desarrollo óseo en
niñas, niños y adolescentes.
Las verduras aparecen en cantidades
mínimas y con poca variedad, mientras que la fruta ni siquiera está
garantizada todos los días (en algunos casos se ofrece solo media
porción). En contrapartida, se repiten opciones como el dulce de batata,
que aportan escaso valor nutricional.
Este cuadro se agrava al
observar la situación social. Según datos recientes, más del 60% de las
niñas y niños en Argentina vive en condiciones de pobreza, una cifra que
en el Conurbano bonaerense alcanza niveles aún más altos. En distritos
como La Matanza, esto significa que para miles de estudiantes el comedor
escolar no es un refuerzo alimentario: es, muchas veces, la comida
principal del día.
En este contexto, el recorte en los comedores
implica consolidar situaciones de malnutrición, afectar el rendimiento
escolar y profundizar desigualdades desde la infancia.
Un indicador olvidado de la pobreza en las infancias
Por Agustina Bordigoni
Dos estudios del Observatorio de la Deuda Social de la UCA analizan la situación de niños y adolescentes argentinos desde el punto de vista de acceso a bienes y servicios básicos y a otros que hacen a su desarrollo. El 58% de los que viven en hogares de menores ingresos experimentó privaciones en el acceso a vestimenta y el 33% tiene dificultades para hacer amigos: el porcentaje casi duplica al de los sectores más acomodados.
Cuando durante el desarrollo de un estudio cualitativo realizado por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA les preguntaron a los niños qué significaba para ellos la pobreza, la mayoría respondió: “No tener amigos”. Y aunque no lo parezca, ese también es un indicador de desigualdad y de acceso a recursos económicos: según un estudio reciente de este Observatorio, en Argentina, el 32,9% de los niños, niñas y adolescentes que viven en hogares de ingresos más bajos tiene dificultades para hacer amistades, frente a un 19,2% de quienes crecen en ambientes con ingresos altos.
La respuesta a esto está en la calidad del empleo de las personas que están a cargo de su cuidado, el nivel de ingresos, el hábitat y el tiempo disponible para la crianza. Por primera vez, además, la UCA analizó factores como el acceso a la vestimenta, y concluyó que, mientras el 58,3% de los niños y adolescentes de los hogares de ingresos más bajos experimentó privaciones por problemas económicos, este porcentaje se reduce al 17,8% en el estrato más alto. Del total, señalaron, “el 12,3% no puede vestirse como sus pares y el 6,9% sufre por ello”. Entre otras cosas, esto se asocia con mayores dificultades para construir vínculos.
“A medida que el capital educativo y social de la familia es menor, también es menor el acompañamiento”, comentó Ianina Tuñón, investigadora y autora del estudio. “Muchas veces somos los padres los que promovemos las amistades en el nivel inicial, en la escuela primaria, invitando amigos a casa, permitiendo que nuestros hijos vayan a la casa de los amigos. Y eso implica una inversión por parte de las familias de tiempo y de la posibilidad de la hospitalidad, de recibir amigos en casa”.
La UCA evalúa a través de tres indicadores la calidad del ambiente en el que crecen niños, niñas y adolescentes en la Argentina: el hacinamiento, el déficit de calidad de las viviendas y el déficit de saneamiento. El primero, que se refiere al porcentaje de los que habitan en viviendas en las cuales conviven tres o más personas por cuarto habitable, ascendía al 20,9% para fines de 2025 (levemente superior al 18,3% de 2024). El segundo hace referencia a la cantidad de niños y jóvenes de hasta 17 años que habitan en viviendas de construcción precaria, y presentó una leve mejoría: el déficit pasó del 20,9% al 18,1% entre 2024 y 2025. En tanto, el tercer indicador –el déficit de saneamiento de viviendas, que alude a la cantidad de infancias y adolescencias en viviendas que no tienen cloacas, agua corriente o inodoro con descarga– empeoró por primera vez en cinco años, aunque se trata de una leve variación estadística que los investigadores entienden más como una condición de estabilidad: lo cierto es que para 2025 el 42% vivía en hogares sin estos servicios (cuando para 2023 y 2024 este porcentaje era del 39,5% y del 39,1% respectivamente).
“El leve aumento del hacinamiento en 2025 se concentra en los adolescentes de 13 a 17 años, que pasaron del 14,4% en 2024 al 22,9% en 2025. Es un salto de 8,5 puntos porcentuales, el más pronunciado de toda la serie”, detalla el documento, que reúne datos desde el año 2010.
Poder participar de actividades culturales o deportivas extraescolares también influye en la posibilidad de hacer amigos, afirmó Tuñón. Sobre este factor se advierten diferencias marcadas: mientras que el 85,3% de los niños y jóvenes de los estratos de ingresos más bajos no realiza ninguna actividad deportiva, este porcentaje se reduce al 34,1% en los de mayores recursos. En cuanto a los porcentajes de quienes no realizan actividades culturales, son del 86,6% y del 68,8% respectivamente.
Brechas en la inseguridad alimentaria
El Observatorio de la UCA entiende a la inseguridad alimentaria total como la falta de acceso a la cantidad suficiente de alimentos en el hogar, y a la inseguridad alimentaria severa como la situación en la que infancias y adolescencias padecen hambre por motivos económicos. En 2025, señalan desde la institución, la primera experimentó una mejora significativa, “ubicándose en el 28,8%, lo que representa una caída de 6,7 puntos porcentuales respecto del pico de 2024 (35,5%)”. El valor es el más bajo desde 2018 y representa “una mejora en relación con el progresivo ascenso que comenzó con la crisis de 2018-2019 y se profundizó en la pandemia”.
Sin embargo, “sigue siendo superior a todos los registros de la década de 2010, cuando se movía en un rango de entre el 18% y el 22%”.
La inseguridad alimentaria severa (o haber experimentado hambre) también reflejó una mejora en relación con 2024, cuando presentó el pico más alto de los últimos dieciséis años: el 16,5%. De todas maneras, el indicador de 2025 se ubicó casi en el mismo nivel que en 2023: el 13,2%.
Por lo tanto, concluyeron desde la UCA, “no logra retornar a los niveles previos a la crisis. El 13,2% de 2025 es superior al 12,8% de 2018 y duplica largamente la meseta del 9%-10% que se sostenía antes de 2017”.
“La merma del último año se da particularmente en los niños de los estratos trabajadores marginales integrados y en los pobres, que son los sectores sociales que tuvieron una mayor protección a través de transferencias de ingresos como la Tarjeta Alimentar, que se extendió a partir del año pasado hasta los 17 años”, aseguró Tuñón. Pero, afirmó, “aun cuando hubo alguna mejora, hay desigualdades sociales que son muy importantes y que además se han incrementado”.
Como ejemplo, la investigadora señaló que entre quienes están en el estrato socioeconómico más bajo la inseguridad alimentaria severa en 2025 fue 30 puntos porcentuales superior a la de los sectores más acomodados. En 2010 –al comienzo de la serie– y 2017 –en la mitad– estas diferencias eran de 21,5 y 19,1 puntos porcentuales, aunque pasaron por picos como el de 2024, con 38,6 puntos de distancia.
En las aspiraciones de las infancias, las distancias se achican. “Lo interesante del relevamiento cualitativo fue que no había diferencias entre niños pobres, ricos, niños del interior del país y del área metropolitana. La gran mayoría, independientemente de su condición, tenía un particular valor por la amistad”.
Fuentes: Perfil, La Izquierda Diario, Tiempo Argentino
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