Recomiendo:
0

La situación de Bolivia y la naturaleza del poder internacional

Fuentes: Argenpress

El fondo del tema boliviano se conecta a una dinámica internacional donde las transnacionales y Estados Unidos forman un eje dominante. La situación no se ha dado en ningún otro período después de la Segunda Guerra Mundial, y con ninguna otra nación que no sea en la Ex Yugoslavia, se ha propagado el tema de […]

El fondo del tema boliviano se conecta a una dinámica internacional donde las transnacionales y Estados Unidos forman un eje dominante.

La situación no se ha dado en ningún otro período después de la Segunda Guerra Mundial, y con ninguna otra nación que no sea en la Ex Yugoslavia, se ha propagado el tema de la desintegración como Estado.

¿Por cuanto tiempo Bolivia se sostendrá como Estado- Nación? Es una pregunta legítima que surge especialmente después del referendo autonómico en Santa Cruz. Crece la incógnita a partir del referendo revocatorio promulgado el 12 de mayo por el Gobierno de Evo Morales respecto a los mandatos del presidente y el vicepresidente de la República, y de nueve prefectos departamentales.

Son frases para decirlas con el mayor cuidado posible, porque vastas legiones de funcionarios de gobierno, o ciudadanos que circulan por la calles en Bolivia ni en la más remota de sus ideas, se plantean esta posibilidad.

«Bolivia ha superado crisis mayores y la prensa internacional en particular magnifica», me dice una fuente contactada». «Hay un exceso de pirotecnia en algunos analistas que se alimentan de lo apocalíptico. Nadie quiere lo peor para Bolivia, y lo peor es lo que usted dice: la desintegración», agrega. Uno queda pensando, y saca como conclusión de que ni el capital transnacional que domina en gran parte el eje económico desea un colapso del estado.

En América latina Bolivia es un caso extremo. Ni Nicaragua ni El Salvador, – por citar dos ejemplos de violencia extrema con intervención externa-, en el peor período de la confrontación, estimularon la percepción de una nación al borde de la desintegración.

Puede ser también que la intensa actividad mediática que circunda los intereses económicos transnacionales relacionados con la competencia de los estados, estimule esa sensación. Pero aún así, hay elementos formativos de la nación Boliviana que el Gobierno de Evo Morales expuso en forma más descarnada. El tipo de estado liberal que se intentó armar por décadas en Bolivia no funcionó, y puede que sea un fenómeno generalizado en la región que se oculta bajo sofisticados ejercicios de perfeccionamiento de la democracia y la gobernabilidad.

Independiente del resultado de este referendo, la integridad futura de Bolivia como Estado-Nación de todas formas está condicionada por la naturaleza del poder internacional. Hay un número considerable de factores externos que han contribuido al actual estado de situación en Bolivia.

Impacta la información de que financieramente Bolivia ha sido uno de los países que ha contado con menos inversión directa en los últimos dos años (2006- 2007) según el informe de la CEPAL de 2007.

De 21 países analizados, en niveles bajos sólo es superada por Belice y Paraguay. Bolivia recibió en 2006 como inversión directa 278 millones de dólares y en 2007, US $164 millones. Es menos de la quinta parte de lo recibido en promedio durante el período 1998/2002, (US $814 millones). Los países que lideran son Brasil, México, Chile, Colombia, Argentina y Perú, en ese orden, con sumas que superan los 5 mil millones de dólares (Perú) en el renglón bajo, y Brasil en el alto con US $34.585 millones. Argentina exhibe magros US $5.720 millones.

Como contraste, existe una gran dinámica financiera en torno a los hidrocarburos. Bolivia exporta cerca de 1.500 millones de dólares en hidrocarburos, con el grupo español REPSOL controlando el 74% de las reservas de gas. Existe una ley de gas y petróleo adoptada por los gobiernos anteriores a Evo Morales, que fue impuesta por el Fondo Monetario Internacional como condición para un préstamo. Con esa ley se transferían $108 mil millones de dólares en reservas de gas y petróleo a las compañías extranjeras.

Estados con territorios desvalorizados

Algunos poderes del Estado, (el legislativo y el judicial, o el ejército, por el factor de las armas), como entidades a cargo del territorio donde funciona el capital transnacional y el liderazgo político que asume las responsabilidades del ejecutivo en el Estado, no siempre están en la misma sintonía.

Las zonas de clientela a veces no coinciden. Sin embargo el trasvasije de influencias en el nivel alto del poder es inevitable por el peso de la variable económica: el capital transnacional nivela a estos diferentes poderes y los uniformiza. Los pone a conversar en un mismo lenguaje.

Se compone una simbiosis en la cual se hace difícil distinguir lo que es el carácter del Estado con su centralidad y autoridad política y territorial, y lo que es el liderazgo político circunstancial y económico, que en la mayor parte de los casos es sostenido por el capital transnacional. Tampoco se puede distinguir qué poder representa a más cabalidad el capital transnacional. Para esta simbiosis no hay instituciones de control, o informes de corrupción provenientes de Transparency Internacional.

Bajo Sánchez de Lozada, Yacimientos Petroliferos Fiscales Bolivianos se refunda a través de tres consorcios semi privados: dos para exploración y producción y uno para transporte. El control mayoritario, incluyendo reservas e infraestructura por un valor de 11 mil millones de dólares, fue entregado a la British Petroleum y Enron a cambio de futuras inversiones. Evo Morales, desde que asumió ha intentado revertir esa situación con resultados mixtos. Pero igual ha marcado la diferencia y ahora las transnacionales deben operar a dos y más bandas para mantener su territorio.

Lo más notorio en esta nueva fase de vulnerabilidad del estado, donde resalta el ejemplo de Bolivia, es que tanto el estado, como los que disputan su control, son sostenidos por el capital transnacional. Léase por esto un vasto rango, que va desde la ayuda externa de las agencias internacionales y los países y las transacciones propias que las empresas multinacionales, que también están engarzadas en la ayuda externa de los países.

Como lo decía un informe del Institute for Policy Studies de Washigton, «Bolivia es un paraíso corporativo de las trasnacionales». Pero internamente hay una disputa entre estado y agentes externos. En la medida de que los países menos desarrollados se deshacen de sus riquezas naturales, se van debilitando los ejes de sustentación de sus territorios. En consecuencia, los estados desnaturalizan (o pierden) su misión ordenadora y de control.

La naturaleza del poder internacional es una caja negra, y está resguardada por una elite. Tanto Evo Morales como Hugo Chávez han desordenado los accesos a esta caja negra. «Han abierto la cancha» como dice un cientista político, y los que forman y aspiran a formar esa elite, en una posición central o marginal se incomodan.