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Larralde y el necesario grito de los trabajadores

Fuentes: Huella del Sur

Hoy me toca el recuerdo de José Larralde. El maestro del canto sureño de Argentina que grabó su primer “larga duración” hace casi 60 años, en 1967.

Milongas, recitados, alguna zamba y hasta el loncomeo de resonancias mapuche hilaron su repertorio inigualable. El grueso formado por composiciones propias. Supo también dejarnos versiones inigualables de temas musicales y poemas de grandes autores: Aníbal Sampayo y Marcelo Berbel, para cita de sólo los primeros a los que interpretó con prestancia sin igual.

Grito changa

Cabe el rescate de una canción que debería ser el himno de los trabajadores rurales de Argentina. Si el sindicato que nuclea a esos obreros fuera combativo, claro. O aunque fuera tuviese vergüenza. Al contrario, van a tomar mate al puesto que la Sociedad Rural Argentina les reserva en su mascarada anual.

Su protagonista es el «changa», el jornalero que no tiene salario fijo ni derechos, que realiza trabajos duros y despliega variadas habilidades sin que nadie se lo reconozca.

Escribí «de los trabajadores rurales» y no alcanza. La letra es de rigurosa actualidad. Aún en zonas urbanas, a pesar de su tono campero y añejo.

Cambien el caballo por una bicicleta o una moto. Piensen en una espalda doblada por el peso de una mochila enorme, el desconocimiento de la misma condición de trabajador, un pago desparejo y arbitrario. Muy cerca nuestro están las y los «changas» del siglo XXI.

Todes sabemos que les «repartidores» son sólo un ejemplo entre muchos semejantes. O bien distintos, pero con tientos que los unen, como becarias y becarios de CONICET.

Transcribo la primera estrofa de “Grito Changa” porque más allá de alguna palabra de sonido “gauchesco” podría ser aplicada a los precarizados de nuestra sociedad y de estos días.

Me ofrecieron conchabo (empleo)

para ir tirando, para ir tirando,

el trabajo anda escaso,

la paga estrecha

y el lomo (espalda) es ancho.

Porque tengo a mis hijos

que a puro brazo los estoy criando,

me priendo (me sumo) a cualquier cosa,

el hambre es mucho y el pan escaso.

Un oscuro día de injusticia

Hace un tiempo corrió la versión de que, a los 88 años, se encontraba en serios apuros económicos. Larralde lo desmintió.

Contó que pasa un momento complicado “como todos” y que no recibió nada por la canción suya (el loncomeo “Quimey Neuquén”) que se usó en la serie Breaking Bad. Igual insistió en que el suyo no era un caso individual sino un padecimiento colectivo. Al tiempo manifestó que estaba “sin laburo”, al igual que tantos.

Es el mismo país en el que los potentados de la política tienen vestidores donde guardan millones de dólares. Y una banda de millonarios extranjeros busca la toma por asalto de nuestro suelo. Una gran figura del arte popular mientras tanto sufre estrecheces.

Nada que asombre, mucho que indigna.

Publicación original: Huella del Sur. 17/08/2026

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.