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López Obrador se proclama «presidente legítimo»

Fuentes: IPS

En el 96 aniversario del inicio de la revolución que prometió instaurar en México la democracia y la justicia social, metas aún pendientes, el líder de la izquierda, Andrés López Obrador, se proclamó este lunes como «presidente legítimo».

López Obrador reiteró su repudio y desconocimiento al gobierno que asumirá el 1 de diciembre, reconocido por las autoridades electorales y encabezado por el oficialista Felipe Calderón, quien, según la oposición izquierdista, ganó mediante fraude los comicios del 2 de julio.

La «proclamación» fue un acto democrático y necesario para empezar a cambiar el país, según algunos analistas, pero para otros se trató de un sainete que marca el inicio del declive definitivo de López Obrador y de la izquierda política.

La primera figura de la oposición, cetro que nadie le disputa por ahora, se colocó este lunes una banda presidencial y se ungió como jefe del «gobierno legítimo» y como representante «verdadero» del pueblo.

Lo hizo ante miles de sus seguidores que colmaron el Zócalo, como se conoce a la Plaza de la Constitución en el centro histórico de la capital mexicana.

En su cargo simbólico, el ex candidato presidencial del Partido de la Revolución Democrática (PRD) recorrerá el país para animar un amplio movimiento social opositor, proponer reformas legales y oponerse a Calderón, a quien calificó de mandatario «espurio».

Lo mismo hará su gabinete de 12 miembros, integrado por militantes de la izquierda y ex colaboradores de la alcaldía de la capital, que él mismo encabezó entre 2001 y 2005.

No será un gabinete en las sombras, explicó el PRD, sino que ejercerá la crítica, frenará políticas antipopulares y hará propuestas viables para cambiar un país dominado por «los poderes fácticos» y una derecha facciosa representada por el gobernante Partido Acción Nacional (PAN).

En su discurso de este lunes, López Obrador se comprometió a «procurar la felicidad del pueblo» y presentó una agenda de gobierno con 20 objetivos.

Entre ellos figura la aprobación de una nueva Constitución, la restricción por ley de las tarifas de servicios públicos y privados, y la elevación a norma suprema del derecho a un salario justo y al establecimiento de un estado de bienestar social.

López Obrador atribuyó su proclamación a la intención de mantener sus principios y rescatar al país de la «oligarquía neofascista que se adueño de las instituciones» y que no tiene «escrúpulos morales».

El Zócalo, que tiene una capacidad para alrededor de 200.000 personas, estuvo llena y festiva. Allí no se escucharon las críticas que desde la misma izquierda han surgido en las últimas semanas contra la estrategia política del López Obrador y de su círculo más cercano.

Tampoco se habló sobre la pérdida de apoyo que, según todas las encuestas, ha sufrido el PRD tras los comicios de julio.

Ese declive, en parte, se expresó por la contundente derrota que sufrió en octubre el candidato apoyado por López Obrador en las elecciones de gobernador en el estado de Tabasco, en el golfo de México, de donde él es oriundo.

Según una encuesta telefónica nacional publicada este lunes por el diario Reforma, 56 por ciento de los consultados desaprueba la proclamación de López Obrador como «presidente legítimo», a 20 por ciento les es indiferente y 19 por ciento la aprueba.

La misma encuesta indica que 61 por ciento de los entrevistados creen que la decisión del izquierdista perjudicará al país, 17 por ciento que no tiene relevancia y 16 por ciento que lo ayudará.

«La izquierda ha lanzado una apuesta de alto riesgo con este acto, que ciertamente satisface a sus seguidores. Pero habrá que ver en el tiempo si logra su objetivo o si termina en una grave pérdida de credibilidad y votos», dijo a IPS el politólogo e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, Aroldo Romero.

López Obrador recibió el 2 de julio los sufragios de 20 por ciento de los 71,3 millones de los votantes habilitados, apenas medio punto porcentual menos que Calderón, según las autoridades electorales.

Se trata de un apoyo respetable, pero insuficiente para hablar en «nombre del pueblo y de sus aspiraciones», como hace el ex candidato, dijo Romero.

El líder de la izquierda dice recoger los principios de la revolución de inicios del siglo XX, algunos de cuyos protagonistas fueron Emiliano Zapata y Pancho Villa, para transformar al país. Se los encauzará a través de un movimiento pacífico, enfatizó.

Entre 1910 y 1920 murieron en México un millón de personas, alrededor de la décima parte de la población de entonces, por la guerra que desembocó en 72 años de gobierno del Partido Revolucionario Institucional, al que el hoy presidente saliente, Vicente Fox del Partido Acción Nacional (PAN), derrotó en 2000.

Para el historiador del Colegio de México Lorenzo Meyer, la izquierda es hoy el principal motor político de los cambios que requiere el país para instaurar las metas pendientes de democracia y justicia plenas.

A su entender, el gobierno paralelo creado por el PRD tiene el reto de recoger y encauzar las aspiraciones sociales de los sectores menos favorecidos por el neoliberalismo. La mitad de los poco más de 103 millones de mexicanos son pobres.

En los últimos meses, desde la izquierda y las organizaciones sociales surgieron movimientos de envergadura, como la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la cual mantiene una rebelión social en el estado de ese nombre.

Además, con actos de propaganda y la detonación de pequeños artefactos explosivos, volvieron a escena grupos de corte guerrillero, mientras diversos sindicatos anunciaron que renovarán su acción opositora.

Por ahora no existen planes de coalición entre esos sectores y el movimiento de López Obrador, pero no se descarta ese camino.

La asunción de López Obrador como «presidente» estuvo precedida de una amplia protesta social de más de 40 días en la capital, donde los seguidores del ex candidato cerraron el Zócalo y la céntrica avenida Reforma entre julio y septiembre.

Los manifestantes reclamaban la anulación de las elecciones presidenciales o la realización de un nuevo recuento de votos, pero los jueces rechazaron esa exigencia y avalaron el triunfo de Calderón.

Una vez agotados los canales institucionales para revertir su derrota, López Obrador y el PRD tomaron el camino de la Convención Nacional Democrática, que sesionará cada seis meses y que está integrada por diversas fuerzas sociales y seguidores del ex candidato.

Esa instancia fue la que en septiembre decidió que su líder sería proclamado «presidente legítimo».

Además, el PRD y los pequeños partidos del Trabajo y Convergencia, que también respaldan a López Obrador, se coaligaron en el Frente Amplio Progresista, y anunciaron que desde el Poder Legislativo, donde son la segunda fuerza detrás del PAN, apoyarán todas las propuestas de su líder.

El siguiente acto de estos opositores será impedir «a toda costa» que Calderón asuma la presidencia el 1 de diciembre ante el congreso legislativo en pleno, tal como lo ordena la Constitución.

Pero no hay consenso en la izquierda. Varios diputados del sector expresaron su disconformidad con la ruta de enfrentamiento y rechazo a las instituciones abierta por el Frente Amplio Progresista.

El ex candidato presidencial y fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, se desligó de esta estrategia y señaló que su partido ya no se escucha ni tolera las críticas.

Versiones aún no confirmadas indican que este líder histórico de la izquierda estaría a punto de dejar el PRD y fundar un nuevo partido.

Los críticos de López Obrador sostienen que la ruta seguida por ese líder llevará a la izquierda, que en julio consiguió la más alta votación de su historia, a futuros fracasos electorales.

«Creyéndose ungido por la nación, López Obrador dio un paso más hacia el precipicio, llevándose de paso a la coherencia democrática y la respetabilidad cívica de su partido», opinó el historiador Enrique Krauze, director de Letras Libres, revista fundada por el fallecido premio Nobel de Literatura Octavio Paz.

Con ese acto y el previsto boicot de la izquierda al acto de proclamación, los ciudadanos «repudiarán la violencia inherente al lopezobradismo, lamentarán la imagen grotesca que proyectará al mundo, y tendrán buen cuidado de no volver a entregar su voto a esa corriente política y su partido», sostuvo. *****

Andrés López Obrador (http://www.amlo.org.mx)