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Los parecidos entre Trump y Macri

Fuentes: Rebelión

Naomí Klein es una de las intelectuales progresistas más destacadas de la actualidad, recorrió el mundo certificando los desastres del neoliberalismo, investigación indispensable para países como el nuestro que en estos precisos instantes está siendo asolado por la política demencial del macrismo que aplica todas las recetas que esa ideología impone, aún cuando de antemano […]

Naomí Klein es una de las intelectuales progresistas más destacadas de la actualidad, recorrió el mundo certificando los desastres del neoliberalismo, investigación indispensable para países como el nuestro que en estos precisos instantes está siendo asolado por la política demencial del macrismo que aplica todas las recetas que esa ideología impone, aún cuando de antemano se sepan las nefastas consecuencias para los pueblos.

Pero además de ser una investigadora, Klein también es una militante por eso en este libro nos dice que «Decir No, no basta» porque es necesario emprender acciones contra los gobiernos de las corporaciones que colocan el lucro de sus empresas por encima del interés general.

Este libro está centrado en señalar las graves consecuencias para la humanidad por la elección en los Estados Unidos de un personaje tan siniestro como Donald Trump, pero aquí no nos dedicaremos solamente a comentar este libro, porque precisamente encontramos sorprendentes parecidos entre el gobierno de Trump y el de Macri, por eso es que emprenderemos la tarea de remarcar esas similitudes, aclarando que aquellos señalamientos sobre el gobierno de Trump corresponden a Naomí Klein, en tanto que los comentarios sobre el gobierno argentino son responsabilidad de este sitio.

Diferencias entre Trump y Macri

Comenzamos por indicar las diferencias entre ambos presidentes por una sencilla razón, una cosa es ser el primer mandatario de una potencia imperialista, con la posibilidad de agredir y llevar el exterminio a cualquier rincón del mundo, y otra muy distinta, serlo de un país dependiente y que ahora ha pasado a ser directamente una colonia producto de las políticas aplicadas por el macrismo.

Esto provoca que mientras Trump actúa en todo momento como un bravucón y soberbio dispuesto a provocar a quién se le ponga adelante, Macri actúa con la misma soberbia ante aquellos a los que considera que no están a su altura, como los trabajadores, la oposición, los pueblos originarios, pero cuando debe tratar con algún mandatario de una potencia o de un organismo internacional como el FMI, tiene un comportamiento de vergonzosa sumisión.

Estas diferencias implican, por ejemplo, que Macri nunca haya defendido el uso de la tortura como sí lo hizo Donald Trump que dijo en una oportunidad: «La tortura funciona, sólo un idiota diría lo contrario». Y además prometió mantener repleta la cárcel de Guantánamo.

Así nos explica Klein a Trump: «Es la encarnación de la creencia de que el dinero y el poder otorgan licencia para imponer a los demás la propia voluntad, ya que exprese ese derecho metiendo mano a las mujeres o metiendo mano a los limitados recursos de un planeta que está al borde de un calentamiento catastrófico».

Existe otra gran diferencia, mientras gran parte del periodismo, salvo la ultraderechista Fox News, cuestionó duramente muchas de las declaraciones en la campaña y las medidas aplicadas por Trump, en la Argentina los grandes medios han sido cómplices de las políticas de hambre y saqueo aplicadas por el neoliberalismo, en una demostración que en el país del Norte aún existe un poco más de libertad de prensa, la que aquí ha sido enterrada por corporaciones como Clarín, América y La Nación.

Otra diferencia es que Trump hace el trabajo sucio personalmente no tiene pruritos de ningún tipo, llegó a insinuar que el padre de Ted Cruz, un competidor en la interna del Partido republicado, tuvo algo que ver en el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy o que Obama no había nacido en los Estados Unidos, Macri en cambio manda a otros a realizar el trabajo sucio ya sea a Duran Barba para calumniar al padre de Filmus o su partido procede a contratar a la consultora Cambridge Analytica para realizar una campaña sucia contra el kirchnerismo.

Los parecidos entre Trump y Macri

Tanto Trump como Macri fueron ricos desde que nacieron ambos hicieron algunos negocios que les salieron muy mal pero siempre la fortuna familiar significaba un respaldo que les permitía cometer esos errores sin graves consecuencias para su patrimonio.

Veamos una de las primeras cuestiones que señala Klein: «Mientras se desarrollaba todo esto, caí en la cuenta de que lo que está ocurriendo en Washington no es el acostumbrado traspaso de poderes entre partidos. Es una toma del poder indisimulada por parte de las corporaciones que lleva gestándose muchas décadas»

Miren si esto no es exactamente lo mismo que el desembarco de los CEOs en el gobierno argentino, en lo que muchos han dado en llamar «el país atendido por sus propios dueños».

La autora nos aclara que los verdaderos dueños del poder se cansaron de estar pagando a políticos de los dos partidos, Demócrata y Republicano, como estuvieron haciendo siempre, para ahora decidirse a dejar de lado los intermediarios y ser ellos directamente quien se encargan de apoderarse del Estado para desarrollar una política que asegure las mayores ganancias para sus empresas.

Macri ganó apenas por el 2% de los votos mientras que Trump tuvo casi tres millones de votos menos que Hilary Clinton y ganó por el sistema indirecto del régimen electoral estadounidense, sin embargo, el comportamiento de ambos es autoritario sin considerar que hay un gran número de compatriotas que no coinciden con su ideología y sus métodos.

También en los Estados Unidos se habla de conflicto de intereses y de eludir la responsabilidad de presentar las declaraciones juradas tal como ocurre por estas tierras.

Volvamos a citar a la autora: «Los pilares fundamentales del proyecto político y económico de Trump son: la deconstrucción del Estado regulador; una ofensiva total contra el Estado de bienestar y los servicios sociales…, el desencadenamiento de una fiebre por los combustibles fósiles nacionales … y una guerra de civilizaciones contra los inmigrantes y el ‘terrorismo islamista radical'».

Todos estos aspectos pueden aplicarse a la Argentina, Macri ha desplegado una política de despidos masivos en el Estado, aunque muchos de ellos han sido reemplazados por funcionarios con mayores sueldos que son militantes del PRO, además de implementar una política de destrucción de las empresas estatales, hay una deliberada intención de aniquilar Aerolíneas Argentinas para reemplazarla por empresas que pertenecen a miembros del gabinete y que no respetan las más mínimas normas de seguridad aérea.

Bajo la excusa de reducir el gasto público se ha llegado a la política cruel de eliminar subsidios a discapacitados, ya que estamos hablando de parecidos recordemos que Trump se ha burlado de discapacitados, Macri no se burla pero les quita los subsidios.

Mientras Trump ha llenado su gabinete de gente de las petroleras, Macri ha convertido a Vaca Muerta en una de sus principales herramientas en el que según él se basa la salida de la recesión, pero como lo único importante de su gestión es asegurar los negocios para la familia, Macri ha visto en la generación de energía en parque eólicos buenos negocios porque también ha volcado los negocios familiares hacia ese rumbo.

En cuanto a la guerra de civilizaciones, tanto Trump como el macrismo necesitan crear un enemigo supuestamente muy peligroso, en Argentina fue el kirchnerismo, luego los docentes pero diríamos que el enemigo ideal para el macrismo y que en su irracionalidad ya tuvo dos víctimas, Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, fueron los mapuches a los que se trató de presentar con la colaboración de la prensa canalla, principalmente Clarín, como grupos peligrosos que estaban tramando su emancipación del Estado Nacional.

Casos mellizos

La cadena NBC News indicaba que el gabinete elegido por Trump sumaba una riqueza de 14.500 millones de dólares, hacer ese cálculo en la Argentina es mucho más difícil porque gran parte de los funcionarios de Macri, incluyendo al presidente, tienen sus cuantiosos ahorros ocultos en paraísos fiscales, una vez que fueron descubiertos han indicado que de ninguna manera los piensan repatriar.

Muchos de los ricachones de Trump también tienen fama de haber logrado esas fortunas especulando con la desgracia ajena, por ejemplo Steven Mnuchin secretario del Tesoro es presidente de una empresa que ha sido la responsable de expulsar a miles de familias de sus hogares tras la crisis financiera de 2008, en tanto que el secretario de Estado Rex Tillerson fue director de Exxon una de las petroleras que más contamina el medio ambiente, argentinos ¿se acuerdan de Aranguren el presidente de Shell designado por Macri como ministro de Energía? ¡Qué coincidencia!

Tanto Trump como Macri ni bien llegaron al gobierno comenzaron a beneficiar a sus empresas personales y a la pléyade de socios comerciales y familiares, Trump redujo los impuestos de las corporaciones en un 20%, utiliza sus hoteles, clubes de golf, clubes vacacionales en su gestión como presidente como forma de publicitar sus negocios, lo que le sirve para valorizar sus productos comerciales.

El presidente de China y su esposa fueron agasajados en Mar-a-lago un resort propiedad de Trump. El presidente de los Estados Unidos puede estar brindando un discurso y en el medio del mismo elogiar la calidad del mármol utilizado en los hoteles Trump o promocionar el pastel de chocolate de Mar-a-lago. Tanto Trump como su hija, también empresaria, han optado por mantener todas las empresas.

De Macri ya conocemos de sobra todas la medidas tendientes a favorecer a sus empresas citemos sólo tres casos, el intento de evitar el pago del cánon adeudado por el Correo, que ya suma 70.000 millones de pesos, y que el accionar de una fiscal honesta por ahora evitó, pero que el gobierno sigue intentando imponer, también hay que recordar el blanqueo de dinero oscuro por parte del hermano de Macri en una maniobra por demás cuestionable, además de la venta de empresas después de cotizarlas aumentando las tarifas como fue el caso de los peajes o una empresa eléctrica.

El aprendiz y la meritocracia

Trump fue protagonista de un reality show «El aprendiz» donde el ganador obtenía un contrato en una de las empresas del magnate, hoy presidente, la competencia era feroz y los perdedores eran sometidos a humillaciones porque la idea era la de promover esa forma de vida, una sociedad donde no existen semejantes sino competidores y la única meta es sobrevivir a costa de los demás.

«El aprendiz» llegaba semanalmente a millones de personas con ese mensaje salvaje del libre mercado recurriendo «al lado más egoísta e implacable» de las personas, el equipo ganador era agasajado con champagne en enormes piletas de lujosos hoteles mientras que al equipo perdedor se lo mandaba a vivir en carpas sin luz eléctrica, comiendo en platos de cartón, en lo que era la más clara moraleja sobre la cara más salvaje del capitalismo.

En este show había una inmensa cuota de sadismo porque «se convertía el acto de despedir a la gente en un entretenimiento de masas», al PRO aún no se le ocurrió televisar los despidos de Lombardi pero el gobierno macrista han recurrido a las maneras más crueles e ilegales de despedir empleados del Estado.

El macrismo también fue una usina de esa forma de vida que intentaba mostrar que quienes nos gobiernan, todos millonarios, lo son por mérito propio porque son gente exitosa, mientras que críticos son «perdedores», por eso es que el trabajador debe ser reemplazado por emprendedores que hicieran gala de esa meritocracia tan cacareada por Cambiemos, si te va mal en la vida no era producto de políticas económicas al servicio de los poderosos sino porque no eras capaz como ellos, capaz de cualquier cosa por trepar.

El primer secretario de Trabajo elegido por Trump no pudo ser nombrado por la resistencia que levantó, se llama Andrew Puzder es el dueño de una cadena de comidas rápidas que tiene la fama de ser uno de los patrones más abusivos, que no pagan horas extras a sus empleados que han sido objeto de gran cantidad de denuncias por incumplimientos y que es partidario de reemplazar a los trabajadores con máquinas.

Macri en cambio eligió a Jorge Triaca que tenía una empleada en negro y que además utilizaba un sindicato intervenido al que saqueaba y en donde colocaba a sus empleados para que sea el sindicato quien le pagara el salario y además donde colocaba a toda su familia, es bien sabido el odio de Macri hacia los abogados que defienden trabajadores a los que calificó de mafiosos por tener la osadía de cuidar el cumplimiento de las leyes laborares.

Klein nos informa con una enorme agudeza que la llegada al gobierno de Trump es el contragolpe de las corporaciones a la creciente fuerza de los movimientos sociales y políticos que reclaman un mundo más justo. «Antes que exponerse al riesgo de que estos continuaran avanzando (y ellos siguieran perdiendo beneficios) esa banda de prestamistas depredadores, contaminadores desestabilizadores del planeta y ventajistas de la guerra y la ‘seguridad’ unieron sus fuerzas para asaltar el gobierno y proteger su ilegítima riqueza».

Que otra cosa es Cambiemos sino la reacción de la oligarquía ante el avance del kirchnerismo que logró el avance de un pueblo que obtuvo conquistas inimaginables en el 2001 y que no se registraban en nuestro país en esa cantidad y calidad desde 1955.

Reflexión sobre el odio

Klein nos dice algo sobre lo cual deberíamos reflexionar muy seriamente los argentinos: «nunca, jamás debemos subestimar el poder del odio» Y agrega: «Nunca subestimemos el atractivo de tener autoridad sobre ‘el otro’, ya se trate de inmigrantes, los musulmanes, los negros, los mexicanos, las mujeres o cualquier otra forma de alteridad».

La ex presidenta argentina repitió varias veces que el «amor vence al odio», mientras que la competidora de Trump, Hillary Clinton, hizo un juego de palabras utilizando el apellido de su adversario que decía «Love trumps hate» que significa que «El amor puede más que el odio».

A la vista de los resultados, un Estados Unidos gobernad por Donald Trump y una Argentina por Mauricio Macri, parecería que el amor puede vencer al odio … pero a largo plazo.

Como muy bien dice Naomí Klein no hay que subestimar el poder del odio, ya que los nazis llegaron al poder agitando el odio a los judíos y comunistas, Trump a los musulmanes, afroamericanos, inmigrantes e incluso a las mujeres.

El partido de Macri y sus socios de la prensa canalla desarrollaron a lo largo del kirchnerismo una demonización de los funcionarios de ese gobierno apelando a todo tipo de mentiras y difamaciones, también lo hicieron con los jóvenes que ingresaron por esos años a la política y de manera ostensible con los beneficiarios de los planes sociales («los choriplaneros»), sin embargo, en la campaña de manera descarada e hipócrita Macri desplegó un mensaje propio de un pastor mediático, pero ni bien asumió, vomitó todo su odio hacia los trabajadores, pobres, jubilados y pueblos originarios.

Los trolls que utiliza Cambiemos para atacar a opositores son una expresión evidente de ese odio utilizado como herramienta política para acallar las críticas.

¿Cómo enfrentarlo entonces? Obviamente no podemos oponer más odio al odio de los poderosos, pero no hay que tener ningún tipo de contemplación, hay que denunciarlos en los pocos medios de comunicación que no están al servicio de la oligarquía, hay que denunciarlos también ante la Justicia y sobre todo hay que promover un radical cambio en el Poder Judicial para que los actos de discriminación y odio sean severamente castigados.

La resistencia

La autora transcribe la declaración de un dirigente de un pueblo originario que le dijo a un periodista lo siguiente: «Quiero agradecer al presidente todas las nefastas decisiones que está tomando, sus desacertados nombramientos para el gabinete y que haya despertado a un gigante dormido. Personas que nunca antes se habían defendido, que nunca se habían hecho oír, que nunca se habían implicado, ahora están indignadas. Quiero dar las gracias al presidente Trump por su racismo, por su sexismo, por hacer que todas las personas de esta nación nos hagamos oír y nos unamos».

Precisamente de eso se trata este libro de ver que el sólo hecho de decir No a las políticas de estos ricachones inservibles e insensibles no alcanza, hay que organizarse para emprender la resistencia, incluyendo a aquellos que rara vez se movilizan pero que ahora deben entender que está en juego de futuro de varias generaciones.

Desde que asumió Trump la presidencia gran cantidad de personas han participado en acciones y reuniones por primera vez en sus vidas y se han volcado a demostrar solidaridad con las personas perseguidas, el mismo día de la asunción de Trump hubo grandes manifestaciones en las inmediaciones donde se realizaba la ceremonia. Al día siguiente se realizó una marcha de las mujeres que se concretó en 600 ciudades y se convirtió en la mayor marcha en la historia de los Estados Unidos.

Otra característica de esta resistencia es que está marcada por una transversalidad que abarca a los más diferentes grupos, se ha generado una conciencia que indica que es indispensable saltar las vallas que separan los compartimentos para bregar por una lucha que cuestione al sistema en general y no un solo aspecto del mismo, vieron indispensable unificar los reclamos por el cambio climático, contra la discriminación, por los derechos de las mujeres, etc.

En tanto Naomí Klein nos cuenta la experiencia en su país, Canadá, donde una serie de activistas de distinta procedencia se juntaron para elaborar un documento que se dio en llamar «Dar el Salto, llamamiento a favor de una Canadá basada en el cuidado mutuo y de la Tierra».

El documento dice en sus comienzos: «La intensificación de la pobreza y la desigualdad constituyen una cicatriz visible en el presente del país. Sus antecedentes en materia de cambio climático constituyen un crimen contra el futuro de la humanidad».

Y más adelante afirma: «Como alternativa a la sed de lucro de las compañías privadas y la burocracia remota de algunas otras bajo control centralizado estatal, podemos crear estructuras de propiedad innovadoras: gestionadas democráticamente, que garanticen salarios dignos y mantengan los ingresos en las comunidades donde tanto se necesitan. Además, los pueblos indígenas deberían ser los primeros en recibir apoyo público para sus propios proyectos de energías limpias, al igual que las comunidades que hoy enfrentan graves problemas de salud debido a la actividad industrial contaminante».

Entre las propuestas contenidas en el documento se señala: eliminación de las subvenciones para combustibles fósiles, impuestos a las transacciones del sector financiero, aumentar los cánones a la extracción de combustibles fósiles, subir los impuestos a las corporaciones y a las personas de alto poder adquisitivo, impuesto progresivo a la contaminación, recortes al gasto militar.

En nuestro país desde diciembre de 2016 cuando el gobierno dispuso el saqueo a los jubilados la resistencia se incrementó de manera notable y las últimas manifestaciones contra el acuerdo con el FMI han contado con una masividad extraordinaria, no sabemos cual será el final de esta historia pero a Macri no le será fácil doblegar al pueblo argentino.

En los últimos meses ha surgido una marea verde de jóvenes mujeres reclamando y militando la despenalización del aborto que constituye un ejemplo de lucha y organización, porque además han tenido la virtud de hacer salir de sus cuevas a los dinosaurios vivos (Susana Giménez tenía razón, en la Argentina hay dinosaurios vivos) que han quedado en evidencia con sus propuestas retrógradas y oscurantistas, situación que ha puesto a reflexionar a muchos argentinos y eso de por sí es muy positivo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.