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Entrevista a Suely Barreto, hija de la periodista desaparecida en 1971

«Mi madre, Leslie Andreuzzi, fue fusilada en Viacha y desapareció muy joven»

Fuentes: Rebelión [Imagen: Lic. Suely Barreto Andreuzzi, hija de la periodista Leslie Magdalena Andreuzzi Vaca Díez, con un ejemplar del periódico EL DEBER domingo 12 de mayo de 2013 página A 28 en la que aparecen su hermano Alberto Barreto Andreuzzi y su abuela Luisa Vaca Díez Peña que cuidó a sus nietos ante muchos riesgos]

Suely Barreto Andreuzzi creció al lado de su abuela Luisa Vaca Díez Peña. Su madre, la periodista Leslie Andreuzzi está desaparecida desde el 13 de septiembre de 1971, fue fusilada en el Regimiento Bolívar de Viacha que era un campo de concentración de 700 presos políticos.

“Se muy poco de la infancia de mi madre”, señala Suely quien en 1971 tenía dos años de edad y su hermano, Alberto solo 8 meses. “Mi familia se adjudicó silencio para no contar un recuerdo doloroso como es la desaparición de mi madre”, reconoce.

Leslie desapareció muy joven, con 28 años de edad, “Trabajaba en Radio Piraí de Santa Cruz, escribía para el periódico local ‘Crónica’ y era corresponsal de ‘Los Tiempos’ de Cochabamba”, recuerda Suely que ahora tiene 52 años y es graduada en: Relaciones Públicas y Geriatría.

La periodista Andreuzzi fue detenida el 19 de agosto de 1971 cuando hubo convulsión en la plaza 24 de septiembre. “Ella estaba en la Universidad Gabriel René Moreno junto con otros jóvenes que se resguardaban porque ingresaban a la plaza tanques militares” encabezados por el coronel Andrés Selich, comandante del Regimiento “Manchego-Rangers” de Montero.

“Hubo una explosión previa en el edificio de la Policía (actual Brigada Parlamentaria Cruceña). Había mucho tumulto. Ella hacía cobertura de prensa, estaba haciendo su trabajo ahí afuera de la Universidad y fue apresada junto con otros jóvenes”, indica Barreto.

Ya detenida, “a ella no le permitieron que hable con ningún familiar que se acercaba. Fueron a buscarla mi abuela Luisa Vaca Díez Peña y mi tío Alberto Abudinen; él conocía a personas de la Policía pero aun así no les permitieron hablar con mi madre”, agrega.

En Santa Cruz de la Sierra, la periodista Leslie estuvo detenida en cuatro lugares: La Universidad, la Dirección de Investigación Criminal DIC (Brigada Cruceña), la carceleta El Pari y la 8va División de Ejército (calle Charcas) donde fue vejada por 100 soldados. Luego fue llevada, a La Paz y a Viacha.

Para Suely es doloroso recordar todo esto. “Siempre he preguntado, y seguiré preguntando: ¿Por qué mi madre fue tan severamente castigada? ¿Por qué se empeñaron en hacerle tanto daño y por último desaparecerla? ¿Qué era lo que ella sabía? Qué tan importante era ella para que la hayan desaparecido?”

Y no solo eso. “Le cortaron el pelo porque ella tenía cabellera larga, le sacaron las uñas, la torturaron, le fracturaron el hombro por golpes de culetazos de las armas, le desfiguraron la cara por los golpes. Lo sé por las personas que estuvieron presas con ella”, precisa.

“Mi madre era una persona que no iba a dejar que le embarguen su voz. Como era mujer valiente y contestataria, estas personas, los torturadores lo único que podían hacer era agredirla para que se calle pero ella no se calló”, aclara.

Le consultamos si conoce a Pedro Percy “Paye” Gonzales, uno de los acusados por esas torturas. “Sí. El señor Paye Gonzales sigue paseándose por las calles de Santa Cruz. Hace unos años me encontré con él y le grité que era un asesino. Fue en la plaza 24 septiembre. Él Iba acompañado de su hija, y le dije: ‘¡Ud es un asesino!’. Entonces, la hija me quiso agredir, y para que no haya ese conflicto él se retiró”, recuerda.

“Mi madre está  desaparecida. Fue fusilada junto a otras personas el 13 de septiembre de 1971 a horas 4:00 de la madrugada en Viacha (Regimiento Bolívar). Antes de eso, ella estuvo junto a otras personas en celdas del Ministerio del Interior. De ahí la sacaron y se la llevaron a Viacha”, señala con precisión.

En lo personal, Suely Barreto enfrentó muchas dificultades. “A pesar del impasse que la vida me ha otorgado, he tenido la bendición de tener a mi abuela y a la familia por parte de mi madre, que protegieron y cuidaron, y me han hecho la mujer que hoy soy: una mujer fuerte, valiente. Una mujer que durante muchos años sí ignoró la vida de mi madre, no sabía nada de ella. Pero en el pasar del tiempo investigué, entonces gracias a esa investigación puede amar a mi madre. Me considero que soy obra de ella”. FIN

Edgar Ramos Andrade. Comunicador, Investigador y Activista Social, devenido en historiador por necesidad nacional. Es autor de “Ninguneados y despreciados de Bolivia” (calendario de pared, cartilla, y libro en edición final) entre otros.

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