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El conflicto en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

Nada humano me es ajeno

Fuentes: Rebelión

Esta sentencia de profundo humanismo que nos heredó el gran Publio Terencio la reivindicamos plenamente el día de hoy. Por ejemplo, podemos decir de forma estentórea: ¡Viva la lucha del pueblo palestino! También podemos decir en voz muy alta: ¡Viva la lucha democrática de la comunidad de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México! […]

Esta sentencia de profundo humanismo que nos heredó el gran Publio Terencio la reivindicamos plenamente el día de hoy. Por ejemplo, podemos decir de forma estentórea: ¡Viva la lucha del pueblo palestino! También podemos decir en voz muy alta: ¡Viva la lucha democrática de la comunidad de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México!

Por alguna razón muy poderosa y más que justificada esta máxima de Terencio la hizo suya como lema institucional esta universidad. Pero a decir verdad esta sentencia la hacen suya en la práctica los empleados administrativos y de intendencia, los estudiantes y los maestros en una admirable lucha de resistencia defendiendo el espíritu universitario crítico, democrático, científico y popular de la UACM ¿Contra quien o quienes defienden este modelo universitario alternativo? Algo paradójico: contra las autoridades de la propia institución encabezadas desde mayo del 2010 por la rectora Esther Orozco Orozco, quien desató un verdadero conflicto interno a los pocos meses de asumir su cargo cuando en un desplegado público se colma de autoelogios y emprende un insólito y severo ataque a su propia universidad calificándola de «fraude educativo», introduciendo además un cuestionable Coeficiente de Desempeño Académico (CDA) para evaluar tendenciosamente a los estudiantes.

La UACM se funda en abril del 2001 por el Gobierno del Distrito Federal; en diciembre del 2004 adquiere su autonomía, y al año siguiente, en noviembre nace el Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (SUTUACM). Dejemos de lado el Síndrome F-Alzati de la rectora Orozco y Orozco (Fausto Alzati, el inolvidable Secretario de Educación de Ernesto Zedillo que no tenía el título universitario que ostentaba), pues su autoritarismo -iniciado contra el sindicato- dejan entrever que la respalda Marcelo Ebrard, actual jefe saliente del gobierno del DF.

Pero no quiero contar aquí las vicisitudes de esta universidad porque el libro Pienso luego estorbo. Textos en defensa de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, coordinado por Claudio Albertani -profesor investigador e integrante del sindicato- da cuenta de tales sucesos magistralmente. El libro es un auténtico testimonio de la lucha democrática de la comunidad uacemita. Con introducción del reconocido poeta y ensayista David Huerta, con tres largos apartados del propio Albertani, el libro reúne también una serie de opiniones esclarecedoras como las de Manuel Aguilar Mora, Enrique Dussel, Enrique González Rojo, Hugo Aboites, Víctor Flores Olea y Humberto Musacchio, entre otros; además, escuchamos las voces de la comunidad estudiantil y académica, especialmente aquellas que nos explican claramente por qué estalló la huelga estudiantil en agosto pasado. El libro detalla como empezó el conflicto laboral y después el conflicto académico al que le se sumó el conflicto estudiantil. Si alguien ha violentado la legislación universitaria ha sido la rectora Orozco. A juicio de Albertani «la causa del conflicto es clara: existe, por un lado, una universidad que pretende ser profundamente innovadora y lucha por el derecho a existir al margen de los parámetros neoliberales. Por el otro, tenemos a una rectora que, en complicidad con el Gobierno del Distrito Federal, quiere llevar a cabo una contrarreforma educativa…» aplastando la dignidad y los derechos de la comunidad transgrediendo la legalidad institucional y abusando del presupuesto discrecionalmente. La funesta rectora «convirtió a nuestra universidad en el espejo de la sociedad mexicana: una política laboral que anticipa las contrarreformas del PAN-PRI y un fraude electoral (en el consejo universitario) de proporciones inauditas.»

El libro contribuye a conocer mejor las consecuencias ominosas de la política neoliberal educativa y sus conflictos inevitables provocados desde las cúpulas del poder. Esto es lo interesante: pocos estudios dan cuenta de cómo las universidades públicas también son instrumentos del poder político dominante y de la creación de camarillas y mafias universitarias, como en la Universidad de Guadalajara, solapadas por los niveles de gobierno local y federal.

El filósofo catalán Eduardo Subirats dice que debemos criticar «el estrangulamiento de la vida intelectual de nuestras aulas por jerarquías académicas que no se legitiman por su actividad científica sino por su astucia burocrática…» Muy cierto. «Autonomía, educación y libertad» es una triada política que enarbola el Consejo Estudiantil de Lucha de la UACM para reivindicar legítimamente un proyecto universitario muy ajeno al mercantilismo educativo. El pensamiento crítico -a contrapelo del pensamiento único conservador- es, entonces, un verdadero estorbo a los intereses del poder y del dinero.

Sabemos muy bien que para lograr e impulsar ciertos cambios en los contenidos académicos, y de la política educativa superior nacional, requerimos de una profunda reforma universitaria democrática; por lo que si queremos mejorar la educación universitaria para mejorar el país también es necesario cambiar el país si queremos cambiar a la educación universitaria. Una reforma universitaria necesaria y deseable en profundidad es posible si se parte de la transformación del país. El pensamiento de Marx sigue siendo tan vigente cuando afirma que «es necesario cambiar las condiciones sociales para crear un nuevo sistema de enseñanza; por otra parte, hace falta un sistema de enseñanza nuevo para poder cambiar las condiciones sociales».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.