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Perdimos, pero vamos a regresar sin partidos políticos a San Juan Copala

Fuentes: Rebelión

1. VENCIENDO EL MIEDO Una niña estaba muriendo de una enfermedad de la que su hermano, de dieciocho años, había logrado recuperarse tiempo atrás. El médico dijo al muchacho: «Sólo una transfusión de tu sangre puede salvar la vida de tu hermana. ¿Estás dispuesto a dársela?». Los ojos del muchacho reflejaron verdadero pavor. Dudó por […]

1. VENCIENDO EL MIEDO

Una niña estaba muriendo de una enfermedad de la que su hermano, de dieciocho años, había logrado recuperarse tiempo atrás. El médico dijo al muchacho: «Sólo una transfusión de tu sangre puede salvar la vida de tu hermana. ¿Estás dispuesto a dársela?». Los ojos del muchacho reflejaron verdadero pavor. Dudó por unos instantes, y finalmente dijo: «De acuerdo, doctor, lo haré». Una hora después de realizada la transfusión, el muchacho preguntó indeciso: «Dígame, doctor, ¿cuándo voy a morir?». Sólo entonces comprendió el doctor el momentáneo pavor que había detectado en los ojos del muchacho: creía que, al dar su sangre, iba también a dar la vida por su hermana. -Cfr. La «Oración de la rana», Anthony de MELLO. Ed. Sal Terrae. Espana.

Así como en este sencillo y hermoso cuento, veníamos a ofrecer la vida si era necesario. La mayoría de los compañeros de la segunda Caravana Humanitaria a San Juan Copala, Oaxaca, traíamos esa disposición, a fin de romper el cerco de los paramilitares y auxiliar a la población con comida y medicinas, pues llevan alrededor de 6 meses sin poder entrar ni salir de la comunidad, con los alimentos agotados en una situación verdaderamente dramática. Treinta toneladas se juntaron en pocos días, y más de 300 participantes formamos una caravana con más de 30 vehículos extendidos a lo largo de un kilómetro aproximadamente: eran 7 autobuses completamente llenos, un trailer y un camión torton, una unidad médica móvil, y más de veinte vehículos vigilados por la policía a todas horas, desde los cerros y desde todos los ángulos, como si fuéramos los más peligrosos delincuentes. Yo venía en el camión número 4, junto a la ventanilla del último asiento, como los estudiantes rebeldes que en la escuela siempre nos sentamos mero atrás.

2. LA POLICÍA PROTEGE A SUS PARAMILITARES

Era el martes 8 de junio de este bicentenario. Partimos todos juntos de Huajuapan de León, y antes de llegar a Juxtlahuaca, comenzaron los continuos bloqueos por parte de la policía, incrementando las intimidaciones a fin de disuadir a los caravaneros en su propósito. No lo lograban. En ese primer bloqueo policíaco (de cuatro), nos dijeron que sólo podíamos seguir caminado, lo que significaba un recorrido de siete horas. Posteriormente, valientes compañeros cruzaron caminando, obligando a que se dejara pasar a toda la caravana de vehículos. Ya nos habíamos bajado todos para emprender esa caminata, y me quité un personificador que decía «prensa popular, el volador», y la camiseta que por atrás decía «la Otra Campana», pues pensaba entre mi: no me van a agarrar de tiro al blanco. La Subprocuradora de Justicia del Estado, María de la Cruz Chiñas, quien adelante acompañaba a la caravana, informó a los coordinadores que no podían garantizarnos nada, que la única seguridad posible era la que podían brindarnos ¡los paramilitares de la ubisort! (Unión para el Bienestar Social de la Región Triqui), que los dejáramos integrarse, lo cual fue rechazado y la caravana continuó.

Las patrullas al frente, aminoraron el paso, de manera que avanzábamos con extrema lentitud… acaso necesitaban tiempo para pensar cómo detenernos. Hasta que próximos a San Juan Copala, nos detuvimos nuevamente. ¿Y ahora qué?, nos preguntamos todos, y seguimos esperando a ver a qué horas avanzábamos. De repente empezaron a rebasarnos camionetas llenas de niños y mujeres triquis envueltas en esos espectaculares vestidos rojos que les caracterizan. Quién sabe qué sucede. Al rato la policía pasa en sentido contrario… Se están regresando, dice otro companero. Me asomo del otro lado del camión por una de las ventanas que dan a la carretera, y sí, ahí venía otro vehículo en retirada, era la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Y luego otro vehículo, y otro. No quise pensar nada. Pero enseguida pasa uno de los autobuses con caravaneros, y otro más, y se me impuso un pensamiento: ya valió madres. En seguida, vamos a bajarnos a ver qué está pasando, dijeron varios, y así lo hicimos, rompiendo las reglas de la caravana.

3. «REGRESEMOS», EL TRAGO AMARGO

Sobre el asfalto de la carretera, los coordinadores de la caravana, y también los representantes del municipio autónomo, nos informaron que no podíamos pasar porque más adelante estaba bloqueada la carretera con dichas mujeres y niños, y más allá con grandes piedras -de más de un metro de altura, según las fotos de la prensa que habíamos visto días antes-. Por si fuera poco, los paramilitares del ubisort están armados hasta los dientes, nos decían. Y hay disparos al aire. En efecto, las fotos del día siguiente mostraban ese bloqueo de las mujeres traídas por los paramilitares, protegidos por los policías armados, pero sólo la prensa llegó hasta ahí. Yo había colocado mi mochila entre el cristal de la ventana y la cortina, «por lo menos de una pedrada no me van a matar», dije entre mi. Pero no nos dejaron llegar hasta ese retén y los coordinadores decidieron que debíamos regresar con los víveres ya que estaban arriesgando la vida de los caravaneros. Así que tuvimos que tomarnos ese trago amargo pues no estábamos de acuerdo, y nos sumamos a la retirada, no obstante que algunas mujeres triquis nos decían que los disparos eran cosa de todos los días, que no debíamos detenernos por eso.

4. EL DELITO DE SER LIBRE

El gobierno estatal priista de Ulises Ruíz lograba de nuevo su cometido de derrotar la movilización ciudadana. Entre los elementos de Seguridad Pública del Estado, algunos triquis del municipio autónomo reconocieron a paramilitares de la UBISORT disfrazados de policías. Por su parte, el gobierno federal panista de Felipe Calderón, sumó a la Policía Federal Preventiva (PFP), a la Procuraduría General de la República (PGR) y a la Agencia Federal de Investigación (AFI), no para proteger la caravana, sino para la protección y apoyo a los paramilitares. Toda la fuerza del estado en contra del pueblo de San Juan Copala, y en contra de la caravana humanitaria. ¿Llevaron ellos asistencia a esos pobladores?, desde luego no.

Miles de pesos se invirtieron para toda esa movilización policíaca, pero ni un grano de maíz les fue entregado por parte del gobierno ni de nadie. De esta forma, una vez más, quedó de manifiesto que en México ser autónomo es mayor delito que ser paramilitar o narcotraficante. Y para que el gobierno garantice tus derechos humanos es menester integrarse a las fuerzas armadas del Estado, o ser entrenado como paramilitar para combatir a tu propio pueblo, armado por la policía y el ejército; así podrás matar a placer y nunca serás castigado sino premiado, como los paramilitares que asesinaron a los 45 desplazados de Acteal, en Chiapas. Seguramente la subprocuradora de «justicia» también recibirá su premio por esta «hazaña» de detener la ayuda humanitaria.

Pero esto es lo que a simple vista cualquiera pudo ver. Analicemos ahora los movimientos de la caravana, donde el Partido de la Revolución Democrática (PRD) jugó un papel decisivo en esta derrota de la ciudadanía que se proponía romper el cerco.

5. EL OPORTUNISMO Y EL CHANTAJE DEL PRD

La prensa comercial de la región expuso los acontecimientos con cierta veracidad, pero superficialmente y sin mayor análisis. Con naturalidad informó que el diputado Alejandro Encinas y otros diputados del PRD iban al frente de la caravana tomando decisiones, convirtiendo cada bloqueo en una conferencia de prensa. De manera oportunista, este personaje convirtió la caravana en un acto proselitista y electorero, sonriendo ante las comunidades que a su paso lanzaban vivas al PRD, y nosotros los zapatistas de la Otra Campana, íbamos ahí, haciéndole el caldo gordo. Si bien ante los medios de comunicación el diputado afirmaba que respetaban las decisiones de las autoridades triquis, los participantes sabemos que el PRD se montó sobre la caravana desde la convocatoria y la organización, hasta la coordinación de la misma y la toma de decisiones, con un marcaje permanente a los representantes del municipio autónomo a través de sus operadores políticos, manejando un discurso hipócrita. De esta forma presionaron y condicionaron la voluntad de los representantes triquis, induciéndolos a que finalmente desistieran de romper el cerco. Mediante manipulaciones y chantajes les hicieron sentir responsables de cualquier ataque a la caravana y de una posible masacre, cuando sabían que todos íbamos asumiendo esos riesgos.

6. PERRO QUE MUERDE NO LADRA

No podemos creer que las autoridades triquis hayan podido tomar decisiones libremente. Sabíamos y sentíamos que sus decisiones no eran genuinas ni propias, por ello comenzamos a levantarnos de nuestros asientos y protestamos ante los coordinadores generales. No podíamos seguir siendo manipulados de esa forma por los perredistas que actuaban a nombre de la voluntad de los triquis autónomos. Aunque varios compañeros de la Otra Campaña platicamos con los triquis, y éstos accedieron para que al menos llegaramos al punto del bloqueo, enseguida los perredistas se les echaron encima para disuadirlos nuevamente, y nos empezaron a inculpar de que no estábamos respetando los «acuerdos» y la decisión de los triques, cuando ellos en todo momento violaban sus propias reglas y eran los verdaderos manipuladores. Del mismo modo, disuadieron al resto de la caravana, excepto a la mayoría de la Otra Campana, que no obstante tuvimos que acatar la decisión perredista; no porque estuviéramos de acuerdo, no por respeto a la supuesta palabra de los triquis, sino porque no podíamos seguir solos, necesitábamos la fuerza de la caravana.

No podemos forzar la máquina cuando la mayoría ya no quiere, comentaba con razón un compañero de la Otra Obrera. Y no estábamos de acuerdo porque claramente veíamos que teníamos ganada la batalla. Las mujeres y los niños puestos como retén eran una señal de su debilidad. Los paramilitares no podían dispararnos, pues el gobierno estaba atado de manos ante la observación nacional e internacional. No les convenía una masacre en la presente coyuntura electoral, y no podían dispararnos en presencia de la subprocuradora de «justicia», ni en presencia de tantos medios de comunicación, tanto libres como comerciales, nacionales e internacionales. Todas sus amenazas e intimidaciones eran gritos desesperados de impotencia al ver que la caravana avanzaba. «Perro que muerde no ladra ni avisa», era la síntesis del análisis, en una situación que difícilmente podría mejorarse a nuestro favor, donde todas las condiciones estaban dadas; pero finalmente los perros del gobierno ladraron tan fuerte, que lograron asustar a los perredistas y éstos decidieron emprender el regreso.

7. EL AUTORITARISMO DEL PRD

No podíamos creer la decisión tomada, y más de uno no habríamos participado en la caravana de haber sabido que al fin se iba a decidir la retirada; no teníamos contemplada la posibilidad de la derrota. Tampoco hubiéramos asistido de saber que los perredistas tomarían ese papel protagónico y oportunista, lo cual era lógico y previsible; de hecho, muchos adherentes a la Otra Campana no participaron debido a la presencia de los perredistas, lo cual fue una decisión acertada pues tuvieron mayor claridad política. Ingenuo era pensar que los perredistas se sumarían de manera anónima y desinteresada a la caravana, o que Alejandro Encinas se hubiera incorporado como uno más en el último de los camiones, y no por aparte al frente de la caravana. Eso sería más increíble que el cinismo con que el gobierno protege a los paramilitares.

Sí, fueron los perredistas los que no respetaron la autonomía triqui. La mayoría de los caravaneros llegamos con la disposición de dejarnos guiar por los triquis, pero desde el principio el PRD se montó manejando las cosas como ellos las saben hacer, como les han enseñado en su partido, como les han enseñado sus líderes charros: de manera vertical y autoritaria, sin tomar en cuenta que la caravana era de todos, de los triquis y de todo el pueblo solidario con el objetivo común de romper el cerco. Aunque pagamos nuestros pasajes, ellos consiguieron los camiones y acaso por ello, como buenos capitalistas, se sentían con derecho a tomar las decisiones. Esa era su «revolución democrática». Una vez más lograron montarse en los movimientos del pueblo para desviarlo de sus propósitos.

8. «USTEDES CÁLLENSE»

En pleno zócalo, antes de emprender la caravana, los perredistas comenzaron por mencionar con altavoz cada uno de los compañeros que estaban participando, así como el camión en el que viajaríamos, sin tomar en cuenta que muchos de los participantes eran luchadores sociales perseguidos por el gobierno por oponerse al capitalismo y al sistema de partidos, a sus políticas públicas; ahora eran exhibidos ante los operadores de Gobernación y temíamos asesinatos selectivos como sucedió en el bloqueo de la reciente ayuda humanitaria a Palestina. Traemos su palabra (del pueblo triqui) -nos dijeron los coordinadores-, ustedes cállense, obedezcan lo que les vamos a decir y nadie se baje del camión. Estaban exigiendo un cheque en blanco para la toma de decisiones, como les gusta a los diputados, sin tomar en cuenta al pueblo.

Durante el recorrido, la compañera coordinadora de nuestro camión llevó nuestra palabra ante los perredistas, pero tampoco fue escuchada. El espíritu zapatista de «mandar obedeciendo» estaba muy lejos de ser cumplido. Más aún, nos hicieron firmar una carta «responsiva», de la que ni siquiera nos dieron copia, donde se deslindaba a las autoridades de cualquier ataque a la caravana, donde los únicos responsables éramos nosotros. Desde luego, varios firmamos bajo protesta y -a riesgo de que nos bajaran del camión- con nuestro puno y letra añadimos que no estábamos de acuerdo y que hacíamos responsables al gobierno estatal y federal. No se atrevieron a bajarnos.

9. ¿ASÍ PROCEDEN LOS INDÍGENAS?

Por lo que conocemos de las culturas indígenas, no podíamos creer que los compañeros triquis tomaran decisiones sin respetar la opinión de los caravaneros. Nosotros confiamos en ellos porque sabemos de su honestidad, del respeto mutuo y de su espíritu comunitario a la hora de tomar decisiones, donde los caravaneros éramos sus companeros de lucha y juntos íbamos a vencer al enemigo exponiendo nuestras propias vidas, en una relación de iguales donde nadie está por encima del otro… pero las cosas no estaban sucediendo así y de inmediato sospechamos que había mano negra. No podíamos creer que una organización tan autoritaria y cupular pudiera venir de los compañeros triquis. ¿En algún momento se le ocurrió a la dirigencia de la caravana consultar a los participantes sobre las decisiones que se deberían tomar? Nunca. No nos habría llevado más de media hora contabilizar camión por camión, auto por auto, cuál era la determinación de los caravaneros. Pero no lo hicieron porque sabían que la mayoría estaba resuelta a seguir. Así que optaron por decidir en lugar de los demás, violando la carta que nos hicieron firmar, usurpando nuestro libre albedrío, desdeñando nuestra capacidad de análisis, menospreciando las ayudas venidas de varios estados de la república y el ofrecimiento de la vida que ellos no iban dispuestos a arriesgar. En nada nos distinguíamos de los sacos de maíz que llevábamos, éramos bultos sin vida, sin voluntad ni capacidad pensante.

10. MEJOR QUE SE MUERAN DE HAMBRE

Los argumentos que después usaron para justificarse, a saber, que no hubo organización, que faltó la comunicación a los caravaneros para que comprendieran las decisiones tomadas, no son válidos: organizaron las cosas como ellos querían, y comunicaron también lo que ellos quisieron, de acuerdo a su conveniencia. En verdad tomaron a los companeros triquis como rehenes para chantajearnos a todos: ustedes van a ser los responsables de que la UBISORT ataque al municipio autónomo, nos decían, cuando todos sabíamos que la violencia ya estaba instalada en San Juan Copala desde hace muchos años; ésa era la forma de esconder su miedo.

No queremos que ustedes mueran, los necesitamos más vivos que muertos, nos decían a nombre de los triquis, cuando lo cierto es que los perredistas no querían arriesgar sus vidas pues viven en las mieles del poder y tienen atractivos planes en su carrera política. Preferimos morir luchando que seguir viviendo de rodillas, les respondió más de uno. Sus muertes no van a resolver el problema, nos decían, pero la muerte del pueblo triqui si les resuelve a ellos su problema de la autonomía, de los pueblos dignos y rebeldes. En realidad, los perredistas llegaron hasta donde llegó la caravana cobijados por el arrojo de los demás integrantes, de otra forma jamás habrían emprendido este viaje. Prefirieron que los triquis mueran de hambre antes que arriesgar sus vidas. Más todavía, se demostró que a los perredistas les importa un bledo el pueblo y los indígenas, pues en verdad las autonomías no les agradan, quieren que la única opción del pueblo sea votar por ellos. A eso iban a San Juan Copala, a desbaratar la autonomía, haciéndole el juego a Ulises Ruiz, a Felipe Calderón, a toda la clase política acomodada en el poder, y a los intereses capitalistas que quieren adueñarse de todo el territorio mexicano.

11. LA CARAVANA POR LA PAZ NO ES PACÍFICA

En algunos espacios de la prensa se criticó que la caravana no era por la paz, que sólo venía a confrontar a las comunidades. Y en parte tenían razón, pero no del todo, porque la caravana sí era por la paz, pero no era pacífica pues no venía conciliar intereses inconciliables, venía a confrontar la fuerza del pueblo con la fuerza del estado, pues sabíamos que no basta tener la razón, es también un asunto de fuerza. No iba de manera neutral por el solo hecho de ser humanitaria, naturalmente no, sino que venía tomando partido por los desposeídos, por los explotados, por los oprimidos, enfrentándose a los intereses del poder pues -tenía razón Marx- lo que hay de fondo es una lucha de clases con intereses diametralmente opuestos.

Es que el diálogo y el acuerdo son pacíficos, pero si estos no existen o se agotan, entonces entramos inevitablemente en el terreno de la violencia; es la lucha contra el poder. Incluso algunos sectores de la iglesia han entendido esto, pero no ha sido así en San Juan Copala, donde el párroco ha manifestado su intención de mezclar el agua con el aceite sin tomar partido por los oprimidos y sin arriesgar la vida por esos hermanos, como se supone que lo pide el evangelio que presumen vivir. No. Muy lejos está Monseñor Romero, Rutilio Grande, Camilo Torres, Ignacio Ellacuría, y los cientos de sacerdotes que lucharon por nuestra independencia como Hidalgo, Morelos, Matamoros y tantos otros que dejaron su vida en la lucha por la justicia, y cuyas muertes han dado tantos frutos como los están dando las semillas de Bety Carino y Jyri Jaakkola. Todos ellos han sido mártires sin pretenderlo y sus muertes no fueron en vano.

12. LA PARTICIPACIÓN DIGNA Y REBELDE DE LA OTRA CAMPANA

Por su parte, todos los compañeros de la Otra Campana jugaron un papel digno y rebelde en esta caravana, desde los que decidieron no acudir por la presencia del PRD, o los que enviaron algún apoyo solidario, hasta quienes denunciaron constantemente la intromisión perredista en las decisiones del pueblo triqui; y los que iban dispuestos a arriesgar su vida, que éramos prácticamente todos. De suyo, más de uno dejó una carta de despedida a sus hijos sabiendo que podía perder la vida. Y hasta los choferes, que sólo venían haciedno su trabajo para la supervivencia cotidiana, que no traían la fuerza y el arrojo de la convicción, siendo los más vulnerables se mantuvieron firmes (en una próxima caravana no deben manejar ellos). Por nuestra parte, como Red Unidos por los Derechos Humanos (RUDH), y como Otra Huasteca-Totonacapan, entregamos en el zócalo media tonelada de ayuda humanitaria, y no acopiamos más porque no tuvimos ni el tiempo ni el dinero para hacerla llegar.

Fue apenas una ayuda simbólica, pero hicimos lo que nos han enseñado nuestros compañeros zapatistas: a cumplir nuestra palabra. Así que sí fuimos a San Juan Copala, e hicimos nuestra su lucha más allá de la solidaridad… ése fue el encargo que nos hicieron los compañeros de la Otra Hidalgo, porque la solidaridad no basta. Y los compañeros solidarios de otros países, que no los podemos considerar extranjeros como bien dijo otro compañero en la marcha y mitin final de Huajuapan ese mismo día en la noche, mostraron mayor claridad política que muchos mexicanos participantes en la caravana. ¡Ni PRI, ni PAN, ni PRD, la Otra Campana contra el poder!, ¡Copala, aguanta, el pueblo se levanta!, gritábamos a coro junto con ellos frecuentemente, y Alejandro Encinas tuvo que callarse lo antes posible en sus conferencias de prensa. Y he aquí otro detalle, pues estas conferencias fueron anunciadas a los caravaneros como supuestas asambleas para la toma de decisiones, pero fuimos usados para ayudarle a lucirse ante los medios. ¡Qué diplomacia de hombre!, ¡qué prudencia, qué sabiduría!… ¡Qué sinverguenza! Si no les dijimos todo lo que se merecían a los perredistas fue por no lastimar a los compañeros triquis que fueron tomados como sus rehenes en este fuego cruzado de discusiones por la defensa de la autonomía.

13. ¿EL FUTURO CANCELADO?

De todo esto podemos concluir que al pueblo se le cierran todas las salidas posibles para su sobrevivencia, con las leyes en la mano o a contrapelo de las mismas. Desde hace muchos años las vías pacíficas para cambiar este sistema han quedado canceladas, y de cuando en cuando esto se hace evidente y no lo pueden ocultar, como aconteció con esta caravana. ¿A qué están orillando al pueblo? Si el pueblo se arma y se hace justicia por propia mano para ejercer sus derechos, es porque no le han dejado otra salida. Si una caravana, que de suyo es violenta, pero que es lo menos violento que puede haber, no es permitida, ¿entonces que está permitido? ¿Hasta qué grado tiene que llegar la violencia? Si nuestros gobiernos resuelven aniquilar comunidades enteras como en San Juan Copala, ¿hasta cuándo lo vamos a permitir?

Si los mexicanos no podemos vencer estos obstáculos, pequeños, comparados con el gran problema de cambiar este sistema diseñado para producir tantas injusticias, ¿entonces qué es lo que podemos? Una vez más la sociedad organizada ha sido derrotada. Si no entendemos que esto es una guerra, que no hay diálogo posible ni acuerdo que pueda ser cumplido, siempre seguiremos sometidos por los capitalistas. Si no entendemos que las razones no bastan, que es también un asunto de fuerza; si no entendemos que la abstención electoral no basta, que hay que organizarse para derrocar este régimen neoliberal y poder construir un mundo nuevo. Si no entendemos que las autonomías no tienen futuro en el capitalismo, que en el capitalismo no hay alternativas, que este sistema no es tierra fértil para la justicia, la democracia, la libertad, donde sólo crecen los espinos que ahogan a la gente, y todo lo que florece es pisoteado como en San Juan Copala.

Si no entendemos que estos gobernantes son cobardes y jamás estarán dispuestos a arriesgar su vida por el pueblo, que son inútiles a la patria, que sólo sirven para buscar la manera de robarle al pueblo mediante este estado de derecho que nos han impuesto, vividores de la política y de las luchas sociales. Si no entendemos que no bastan las luchas de resistencia para cambiar las cosas, que no basta la autonomía, que no basta la abstención electoral, que no basta la insurrección, que no basta la lucha por los presos, que no basta una caravana humanitaria, que no basta la solidaridad, que no basta con sobarnos los golpes y lamernos mutuamente las heridas. Si no entendemos que debemos pasar a la ofensiva, entonces la esperanza y el futuro de nuestros hijos, de nuestra patria y de la humanidad entera, han quedado cancelados.

14. VAMOS A CONSPIRAR Y A VENCER

Es por esto, que la lucha por San Juan Copala debe continuar, sin partidos políticos, que son nuestra gran lacra y gran debilidad. Hemos perdido otra batalla, mas no perderemos la guerra si empezamos por vencer nuestro miedo de enfrentar al enemigo. Nos vencieron otra vez, pero vamos a regresar, y regresaremos con toda nuestra fuerza, con la fuerza del pueblo; no nos podemos permitir una derrota más. Convertiremos su victoria en una victoria pírrica: nos ganaron, pero perdieron. Perdieron credibilidad y calidad moral ante los ojos del mundo, si acaso algo de eso tuvieron; perdieron fuerza; perdieron legitimidad; perdieron democracia; perdieron justicia; perdieron gobernabilidad… y todo eso que perdieron ellos, lo ganamos nosotros.

Perdimos, pero ganamos, y en esta lucha más de uno no preferiremos seguir viviendo de rodillas sino morir luchando dignamente; de nuestra vida no se van a valer para seguir explotándonos y enriqueciéndose los opresores. Ya brotan las primeras burbujas y estamos a punto del hervor; el gato acorralado se empieza a esponjar y se prepara para el ataque con toda su furia. Vamos a conspirar, compañeros. Que toda nuestra libertad, nuestra memoria, nuestro entendimiento, nuestros sueños, estén inundados por este deseo de liberación. Conspiremos contra los dueños del capital, contra sus administradores y operadores políticos, esos que todo el tiempo están conspirando contra el pueblo para imponernos sus tributos y la sumisión. Revolucionemos nuestra conciencia, atrevámonos a romper los esquemas de pensamiento difundidos por los medios de comunicación que satanizan la ira popular. Arrebatémosles nuestro país, nuestros derechos, acabemos con ellos sin escrúpulos ni falsos remordimientos, no merecen ningún respeto. Ellos son nuestros enemigos.

Éste es, pues, mi reporte a la RUDH como comisionado a la segunda caravana de ayuda humanitaria para el pueblo autónomo de los triquis. No es a nombre de la Otra Huasteca-Totonacapan, ni mucho menos a nombre de toda la Otra Campana; son apreciaciones a título personal que pueden ser cotejadas y complementadas con otros testimonios y puntos de vista, a fin de obtener una mejor y más completa apreciación. (Pongo mi nombre porque luego dicen que uno no da la cara).

Juan Castro Soto
Red Unidos por los Derechos Humanos
11 de junio de 2010, desde la Otra Huasteca-Totonacapan, México

¡VIVA LA AUTONOMÍA DE LOS PUEBLOS TRIQUIS!
¡VIVA LA OTRA CAMPANA!
¡LIBERTAD, DEMOCRACIA, JUSTICIA!