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Poder campesino: lucha por la dignidad y la autodeterminación

Fuentes: Red de Economía Política

Este periodo de crisis económica, social y política que vive el país nos obliga a reflexionar sobre cómo debemos comprender la lucha por la DIGNIDAD y la AUTODETERMINACIÓN de los pueblos del Estado Plurinacional de Bolivia. No se trata solo de resistir ante el deterioro institucional o la desigualdad creciente, sino de reafirmar los principios fundacionales que dieron origen al Estado Plurinacional: el reconocimiento de los pueblos como sujetos históricos y la defensa de su derecho a decidir sobre su destino. En este contexto, la dignidad se convierte en el núcleo ético de la resistencia popular, mientras la autodeterminación representa su expresión política concreta, capaz de cuestionar las estructuras de poder que perpetúan la exclusión. Comprender esta doble dimensión es esencial para interpretar las movilizaciones actuales no como episodios aislados, sino como parte de una reconstrucción del Proyecto Nacional desde abajo, donde el pueblo busca restituir el sentido de justicia y soberanía que la crisis ha puesto en disputa.

Contexto del conflicto

El conflicto que atraviesa Bolivia no surge de la nada. Fue provocado por los grandes terratenientes que intentaron imponer la Ley 1720, destinada a consolidar sus privilegios sobre la tierra. Sin embargo, la marcha de los pueblos indígenas originarios de Pando y Beni, tras más de 28 días de marcha hasta llegar a la sede de gobierno (más de 600 km.), logró la abrogación de esa norma, demostrando que la dignidad y la autodeterminación no son consignas vacías, sino fuerzas vivas capaces de torcer el rumbo político.

Desde el inicio de su gestión, este gobierno ha mostrado un sesgo claro hacia los más ricos: anuló cuatro impuestos, se endeudó con la banca internacional para favorecerlos y repitió las mismas prácticas del anterior régimen. Con bloqueos que superaron los 50 días, descubrimos dos verdades fundamentales:

  1. Los campesinos fueron el alma de la movilización, sostén de las reivindicaciones y protagonistas de la demanda de renuncia presidencial.
  2. Hubo un abandono de los sectores populares urbanos y de las clases medias, especialmente de los trabajadores fabriles asalariados, que permanecen inmóviles en esta lucha.

Estos hechos nos obligan a postular ciertos derroteros: comprender que la crisis no es solo coyuntural, sino estructural; reconocer que la dignidad campesina y la autodeterminación indígena son el motor de la resistencia y; advertir que el destino del país dependerá de si estas luchas logran articularse con otros sectores sociales para reconstruir el proyecto plurinacional desde abajo.

Tal vez, se podría resumir en una idea: defender la integridad de la CPE Plurinacional. Pero, es necesario desarrollar la idea, vayamos por partes.

Veamos:

1. Dignidad como principio

  • La dignidad no se concede ni se negocia: es una construcción social de clase y pueblo.
  • Reconocerla, significa afirmar que ningún poder puede someter ni reducir a los seres humanos a objetos de uso o mercancía.
  • Es el núcleo de los derechos fundamentales y la base de cualquier pacto social legítimo.

2. Dignidad frente al poder

  • Un gobierno que vulnera la dignidad del pueblo pierde legitimidad, porque rompe el contrato moral que lo sostiene.
  • La represión, la corrupción y la exclusión son formas de violencia contra la dignidad colectiva.
  • Defender la dignidad es resistir a la subordinación y exigir respeto pleno a la vida, la voz y la voluntad popular.

3. Dignidad como horizonte comunitario

  • No se trata solo de la dignidad individual, sino de la dignidad colectiva: la de los trabajadores, campesinos, pueblos originarios y sectores populares.
  • La comunidad digna, es aquella que se reconoce en su diversidad y se organiza para que nadie quede atrás.
  • La dignidad se convierte en bandera de unidad, porque une luchas dispersas bajo un mismo principio de respeto y justicia.

4. Dignidad y soberanía

  • La dignidad, también se expresa en la capacidad de decidir sobre los recursos, el territorio y el destino colectivo.
  • Un pueblo digno no acepta imposiciones externas ni la entrega de sus bienes comunes a intereses privados.
  • La soberanía nacional es inseparable de la dignidad: ambas son condiciones para vivir bien, libres y con futuro.

Ahora, hagamos un repaso de las torpezas del gobierno entreguista de Rodrigo Paz:

Crisis de Gobernabilidad:

Rodrigo Paz Pereira, en ningún momento propuso en campaña electoral que a los 100 días o 3 o 6 meses implementaría medidas económicas y transformaciones estructurales en la línea liberal para desmontar el Estado Plurinacional.

Por eso, desarrolla una estrategia de gobierno que la ponemos en tela de juicio:

a. La mentira como argumento y práctica política

El gobierno de Rodrigo Paz ha convertido la mentira en herramienta cotidiana de gestión. Promesas de estabilidad económica, transparencia institucional y respeto a la Constitución se han revelado como la demagogia como estilo de gobierno.

La mentira no es un error aislado: es el método de gobierno, un mecanismo de gestión para ganar tiempo mientras la crisis se profundiza y la confianza ciudadana se erosiona.

Ha convertido la mentira en una marca corporativa registrada como forma de gobierno, la ha convertido en herramienta cotidiana de gestión. Promesas de estabilidad económica, transparencia institucional y respeto a la Constitución se han revelado como discursos vacíos.

b. Un plan de gobierno ajeno y la intención de violentar la Constitución Política del Estado (CPE)

Las acciones aplicadas por Rodrigo Paz no corresponden a su propio programa electoral, sino que reproducen medidas de otro candidato y de sectores que buscan imponer un proyecto neoliberal. Esta apropiación revela dos cosas:

  • Falta de legitimidad política, porque gobierna con un plan que no fue votado. De dónde, laimpostura y el tráfico es un delito, no es un error menor.
  • Intención de modificar la Constitución Política del Estado, debilitando sus garantías y abriendo la puerta a la privatización de recursos estratégicos y a la concentración de poder. La CPE, conquistada como pacto social, se convierte en blanco de una ofensiva que pretende vaciarla de contenido y someterla a intereses externos. Pero se vocifera que se respeta la CPE.

c. La reorganización del pueblo frente a los derechos arrebatados

  • A pesar de la represión y del aparato institucional que bloquea la legalidad – el Tribunal Constitucional Plurinacional y el Tribunal Supremo Electoral actuando como brazos del Poder Ejecutivo–, el pueblo mantiene viva su capacidad de reorganización. Los derechos arrebatados por el gobierno de Arce y ahora profundizados por Paz no han sido olvidados: están en la memoria colectiva y alimentan la combatividad de sindicatos, organizaciones sociales y sectores populares.
  • La resistencia se articula en torno a la defensa de la CPE y a la denuncia de la ilegalidad que impide la participación del instrumento político del Pueblo. Esa energía latente anuncia que la renuncia de Paz no es solo un reclamo político, sino una necesidad para restablecer la soberanía popular para retomar el proceso de cambio y la revolución cultural que vivió Bolivia.

El ente aglutinador de todas las demandas nítidamente es la Constitución Política del Estado, y ésta se ha convertido en la bandera de lucha de las protestas y demandas populares y en el mayor temor de las minorías privilegiadas.

Al concluir este documento, se informa que las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba han decidido declarar un “cuarto intermedio” en las movilizaciones y levantar los bloqueos. La Federación de Campesinos de La Paz Tupac Katari se adelantó a esta medida tras el convenio firmado entre la COB y el gobierno, en una acción unilateral que quebró la unidad del pueblo movilizado.

Sin embargo, el “repliegue” o la declaración de un cuarto intermedio deben entenderse como parte de la lucha histórica de los pueblos originarios, indígenas y campesinos. Estos sectores poseen una visión clara de Estado y defienden la CPE surgida de la Constituyente. Al retornar a sus comunidades, no se retiran de la lucha: se fortalecen, se reorganizan y vuelven con mayor ímpetu. No responden a un liderazgo individual, sino a un pensamiento colectivo. Al no estar amarrados al sistema capitalista, se autofinancian y se rearticulan desde sus bases, reemprendiendo la movilización cada vez que se afectan derechos fundamentales vinculados a la tierra, el territorio y la identidad.

Los pueblos luchan y hacen pausas en un devenir permanente de su historia, marcada por la búsqueda de reconocimiento y autodeterminación. En ese proceso, las derrotas y las traiciones no son definitivas: se transforman en experiencias pasajeras que alimentan la fortaleza de un nuevo porvenir.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.