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Prensa Latina, el verbo y la acción

Fuentes: Prensa Latina

El proceso revolucionario era muy joven. La dictadura de Fulgencio Batista había quedado atrás y se vivía una gran efervescencia en la isla. Para los barbudos de la Sierra Maestra vendrían nuevas batallas. El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, y sus compañeros lo sabían. Por eso se prepararon con absoluta sangre fría para […]

El proceso revolucionario era muy joven. La dictadura de Fulgencio Batista había quedado atrás y se vivía una gran efervescencia en la isla. Para los barbudos de la Sierra Maestra vendrían nuevas batallas.

El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, y sus compañeros lo sabían. Por eso se prepararon con absoluta sangre fría para enfrentar los nuevos desafíos.

No era sólo la amenaza militar del imperialismo yanqui.

Por esos días, las agencias de noticias estadounidenses Associated Press (AP) y United Press International (UPI) encabezaban la campaña de desinformación y manipulación contra la isla.

Las nuevas batallas se librarían también en el campo de la propaganda.

Antes de que la revolución proclamase el socialismo, y de que promulgase incluso la reforma agraria y nacionalizara las minas y las empresas, alentada por Estados Unidos, la prensa burguesa y derechista del hemisferio y del mundo lanzó un diluvio de calumnias y distorsiones contra ella.

En ese contexton Fidel Castro decidió convocar a la Operación Verdad en La Habana.

El 22 de enero de 1959, 380 periodistas de Estados Unidos, América Latina y el Caribe acudieron a su llamado.

Allí nació la idea de crear una agencia informativa que tuviera como divisa la verdad, únicamente la verdad.

El 16 de junio siguiente nacía oficialmente la agencia Prensa Latina bajo la dirección del periodista argentino Jorge Ricardo Masetti.

En 1958, Masetti había sido enviado a la isla por Radio El Mundo de Buenos Aires, para entrevistar a los rebeldes cubanos. Allí conoció a Fidel Castro y a Ernesto «Che» Guevara.

Pero Masetti bajó de la Sierra convertido en un oficial del Ejército Rebelde, amigo del alma del Che y discípulo revolucionario.
Y cuando poco después Fidel y el Che le encargaron la creación de Prensa Latina, su lema fue: «Somos objetivos pero no imparciales, porque no se puede permanecer imparcial entre el bien y el mal».

Para Masetti, la Revolución no era un hecho a observar. «La Revolución somos nosotros mismos… es nuestra conciencia, la que nos juzga y nos critica y nos exige», dijo en carta a su esposa.

En la agencia trabajaron o colaboraron destacados periodistas e intelectuales como Gabriel García Márquez, Jean-Paul Sartre, Rogelio García Lupo, Paco Urondo, Aroldo Wall, Gregorio Selser, Carlos María Gutiérrez y Baldomero Álvarez. También Rodolfo Walsh.

Walsh llegó a La Habana invitado por Masetti y se integraría además como miliciano en las tareas de defensa de la revolución, amenazada por Estados Unidos.

Allí conoció al Che. Los tres argentinos compartirían largas veladas de mate y discusiones políticas en las oficinas de Prensa Latina, cuando pasada la media noche Guevara dejaba sus tareas ministeriales.

El paso de Walsh por la isla en 1960-1961 estuvo signado por su pasión militante y también por la criptología, que lo ayudó a descifrar un plan de Estados Unidos para invadir la isla. ÂíNada menos que la invasión a Playa Girón!.

A raíz de un cable comercial de la empresa Tropical Cable de Guatemala, que llegó al teletipo de su precaria oficina en Prensa Latina, y que le resultó sospechoso por estar en clave y por su extensión, Walsh se dedicó a descifrar el texto con la ayuda de un manual básico de criptografía que compró en una librería de viejos de La Habana.

El cable brindaba detalles del plan que la administración de John F. Kennedy heredó de Dwight Einsenhower para la invasión a Cuba a través de Bahía de Cochinos, invasión que ocurrió el 17 de abril de 1961.

Con meses de anticipación, Walsh descubrió que el cable estaba dirigido a Washington desde la embajada estadounidense en Guatemala, por el jefe de la estación de la CIA.

El contenido del cable era un informe minucioso de los preparativos de una invasión a Cuba, y revelaba incluso el lugar donde oficiales de la Agencia Central de Inteligencia estaban adiestrando y equipando a un ejército de «gusanos» anticastristas: la hacienda Ratalhuleu, un antiguo cafetal ubicado al norte de Guatemala.

Cuando llegó el día del desembarco mercenario, apoyado por aviones de la Marina de guerra de EEUU sin bandera de identificación, el Ejército cubano estaba esperando a los contrarrevolucionarios y abortó en un par de días la agresión imperialista.

La vida de Walsh en Cuba, como todo lo ocurrido allí en esos años de conspiraciones, tuvo la marca del secreto.
Pero sí se sabe que Walsh fue feliz en la isla.

Su paso por Prensa Latina y el contacto con la realidad cubana dejaron una marca en la formación de su conciencia latinoamericana, en sus futuros alineamientos políticos con la guerrilla argentina y en su convicción de que «en una revolución verdadera», como dijo el Che, «se triunfa o se muere».

Dieciocho años después, el 25 de marzo de 1977, Rodolfo Walsh, entonces militante de la organización Montoneros, fue emboscado en un barrio de Buenos Aires por un Grupo de Tarea de la Escuela de Mecánica de la Armada.

Para no ser secuestrado, para obligarlos a dispararle, se resistió a balazos con una miserable pistolita Walter PPK 22. Una ráfaga de ametralladora lo partió al medio a la altura del pecho.

Igual que el Che en Ñancahuazú, y que Jorge Ricardo Masetti, el «Comandante Segundo», quien desapareció al frente de la primera guerrilla guevarista en la selva de Orán, Salta, en 1964, Walsh murió en combate. Los tres lograron romper con el falso dilema entre «el verbo y la acción».

(*) El autor es un reconocido articulista mexicano de origen uruguayo, colaborador de Prensa Latina.