A propósito del caso del origen de los Bs 423 millones transportados en un Hércules de la Fuerza Aérea Boliviana, que se estrelló en El Alto en febrero, cabe recordar que el hecho nunca fue esclarecido del todo. A pesar del tiempo transcurrido, persisten demasiadas preguntas sin respuesta y, por alguna razón, hoy volvió a mi memoria.
Desde el inicio hubo contradicciones sobre el monto, la procedencia, el destino e incluso la naturaleza de los billetes.
Primero, el Gobierno informó que se trataba de Bs 50 millones. Poco después, el BCB desmintió esa cifra y confirmó que el Hércules transportaba Bs 423 millones. Posteriormente, se aseguró que eran billetes nuevos destinados al BCB; sin embargo, existen testimonios de personas que encontraron billetes entre los restos del accidente y que incluso llegaron a utilizarlos.
Aunque un representante de la supuesta compañía aseguradora se encuentra detenido preventivamente en el marco de la investigación, las dudas sobre la verdadera procedencia de ese misterioso dinero siguen vigentes, alimentadas por las contradicciones y explicaciones poco convincentes ofrecidas entonces sobre su origen y destino.
Por ello, plantear la posibilidad de que detrás de esos millones existiera una trama financiera mucho más oscura de lo que el Gobierno quiso admitir no resulta, en absoluto, una exageración.
Más aún si tenemos en cuenta la ola de hechos ilícitos y los flagrantes casos de corrupción, narcotráfico, contrabando de oro y otras operaciones oscuras registrados posteriormente en el país. Y, especialmente, en la coyuntura actual, en la que Nadia Beller viene denunciando con lujo de detalles una serie de hechos que revelan la profunda podredumbre existente dentro del Gobierno.
Entonces surge una pregunta inevitable: ¿era realmente una remesa del BCB o se transportaba dinero cuya procedencia nunca fue explicada de manera convincente?
La sospecha de que esos millones podían tener un origen ilícito sigue, por tanto, más vigente que nunca. Y, aunque parezca demasiado pedir, no debería descartarse una investigación independiente, exhaustiva y transparente. Una investigación que, por alguna razón —o quizá por decisión de algún personaje incrustado en el poder— nunca llegó a realizarse con la profundidad que el caso exigía.
Además, existe un elemento adicional que podría ser clave en este caso: durante un allanamiento realizado en una de las viviendas de Fernando Cerimedo, se encontraron evidencias de que mantenía contacto con personas vinculadas a un banco suizo y relacionadas con la seguridad de billetes.
Este dato debe documentarse y corroborarse. De confirmarse, adquiriría especial relevancia y establecería una conexión que debe investigarse a fondo, especialmente a la luz de las interrogantes aún no resueltas sobre los Bs 423 millones transportados en aquel Hércules.
Todo este embrollo político plantea obligatoriamente más interrogantes: ¿De dónde salió realmente ese dinero? ¿Quién ordenó su traslado y cuál era su destino? ¿Por qué se habría ordenado a militares quemar los billetes? ¿Qué se pretendía ocultar o evitar que fuera investigado?
Y la pregunta del millón que ya no puede ser ignorada:
¿Qué papel desempeñaba realmente Fernando Cerimedo en todo este entramado relacionado con el misterioso dinero transportado en el Hércules?
Porque, si Cerimedo mantenía contactos con personas de un banco suizo vinculadas a la seguridad de billetes, resulta difícil considerar ese vínculo como una simple coincidencia sin importancia.
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