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¿Quién ganó y quién perdió con la paralización de los 2/3 de Bolivia?

Fuentes: Rebelión

 Bajo el intenso sol radiante valluno, me dirigía de vuelta hacia la ciudad de Cochabamba. Si el sol era intenso, el asfalto de la Av. Blanco Galindo era infernal. Y allí fue que me topé con el primer y único «bloqueo» del paro «cívico» «consciencial» y «pacífico» que flageló una vez más a la Llajta. […]

 Bajo el intenso sol radiante valluno, me dirigía de vuelta hacia la ciudad de Cochabamba. Si el sol era intenso, el asfalto de la Av. Blanco Galindo era infernal. Y allí fue que me topé con el primer y único «bloqueo» del paro «cívico» «consciencial» y «pacífico» que flageló una vez más a la Llajta. Yo, temeroso, me aproximé al primer jovencito de la treintena de los bloqueadores.

Le pregunté: ¿A qué se debe el bloqueo? Me respondió con los ojos desorbitados y apretando fuerte un palo en la mano: «¡Es en contra de Evo Morales y estamos esperado a que se nos cruce el primer masista para matarlo!». Yo no sabía si reír o asustarme. Volqué la mirada hacia el resto de los jóvenes «democráticos». Casi todos llevaban lentes oscuros, los cabellos rubios o quizás oxidados. Tenían envidiables botellitas de agua. Y, muchos de ellos, con los ojos enrojecidos. Quizás estaban borrachos o bajo el efecto de alguna droga para soportar el calor infernal y matar masistas en nombre de la democracia. Pero, de lo que sí estoy seguro es que ni ellos mismos creían en los objetivos confusos del fallido paro «cívico» y que cuando caiga la noche volverán en los autos de sus papis a seguir bebiendo en las plazas y avenidas y alardear entre ellos sobre sus alucinantes anécdotas democráticas.

Así, caminando llegué hasta la plazuela Colón. Escuché cánticos como: «¡Si esto no es el pueblo, dónde está el pueblo!». Me aproximé y vi que era el Sr. Oscar Zurita, «Presidente» de lo que fue el Comité Cívico. Junto a él estaba la Sra. de pollera y sombrero Kochala, la infalible ornamentación étnica de los «cívicos» cochabambinos. En total, sin contar a los periodistas, eran a lo mucho cinco o siete ciudadanos posando y gritando frente a las cámaras atentas de la Red UNITEL. Era, entonces, la hora del noticiario de segunda edición. En directo transmitía el periodista: «Es el pueblo de sucrenses repudiando los actos del gobierno». Luego que terminó el espectáculo forzado, me aproximé al periodista y le pregunté: «Hermano, ¿por qué no dices cuántos manifestantes sucrenses hay aquí? ¿No ves que si cuentas te sobrarán los dedos de tu mano derecha?» Él me respondió. «No sé cuantos hay. Habrá que hacer un censo para ser exactos»

Ya cansado, seguía caminando hacia el puente de Cala Cala. Allí, una bagoneta 4×4, con vidrios ahumados, bloqueaba el puente. Junto al carrazo se encontraban jóvenes vestidos con poleras celestes cuya inscripción en las espaldas decía «K’ochalas de fábrica». Llevaban piedras y palos en las manos. Se me vino a mi frágil memoria los repugnantes cuadros de la masacre del 11 de enero. Sí, eran los mismos jóvenes. Sólo que aquella vez llevaban unas poleras blancas, en cuyas espaldas decía: «Todos somos Bolivia» y en los pechos, «2/3» y ocasionaron tres muertos, dos de ellos indígenas. Muchos de ellos, echados tomaban sobra bajo los árboles casi desnudos. O quizás también esperaban a los masistas que aún no pasaban por el lugar. Lo único cierto es que, al mejor estilo de las épocas del canibalismo humano, llevaban en sus vestidos inscrito el gentilicio de sus víctimas de enero pasado. Seguro para hacer alarde de su poder de matar o quizás para fortalecerse espiritualmente.

Así fue cómo soporté, una vez más, otro día del inmisericorde paro «cívico» conciencial y sin bloqueos como ordenó el Sr. Rubén Costas. Antes, los empresarios de la Llajta decían que cada vez que los campesinos bloqueaban Cochabamba perdía cerca de cinco millones de dólares diarios. Ahora nadie sabe cuánto dinero se pierde con los paros violentos, forzados e impuestos por los patrones de las 2/3 partes del país. Lo único cierto es que todos hemos perdido. Mañana el nuevo día que amanezca nos encontrará más empobrecidos que ayer y menos hermanos que hoy. Mientras tanto, los patrones seguirán mintiéndonos en sus cadenas de TV que Bolivia ganó con el paro

Los señores Rubén, Branco, Manfred, Oscar, Mario, Leopoldo y otros quienes arriaron a los trabajadores de las prefecturas y a los jovencitos por la democracia como a ganados de sus estancias a bloquear a Bolivia, se irán del país que tanto odian. Nos quedaremos Ud., yo y nuestros hijos, si acaso todavía nos animamos a arriesgar. Y, entonces, seguiremos lamentado por el destino adverso que nos pronosticó en el siglo pasado Guillermo Francovich.