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Crónica sobre la “Marcha de las Bertas”

¿Quién no tiene nada que ver con el TIPNIS?

Fuentes: Rebelión

Seguramente el ministro de gobierno Carlos Romero quisiera ver a los y las marchistas en defensa del TIPNIS aislados y sin apoyo social; seguramente quiere cumplir su estrategia de dividirlos, deshacerlos por dentro, comprar dirigentes, descalificar dirigentes y desactivar la marcha, mientras la ciudad y las organizaciones sociales miramos de palco su labor de descuartizamiento […]

Seguramente el ministro de gobierno Carlos Romero quisiera ver a los y las marchistas en defensa del TIPNIS aislados y sin apoyo social; seguramente quiere cumplir su estrategia de dividirlos, deshacerlos por dentro, comprar dirigentes, descalificar dirigentes y desactivar la marcha, mientras la ciudad y las organizaciones sociales miramos de palco su labor de descuartizamiento de la IX marcha.

Por eso, desinformando, nos califica de «infiltrados» que hemos provocado a la Policía que tuvo que defenderse… etc., etc., etc.

No somos infiltradas en la IX marcha. Nosotras, las Mujeres Creando, organizamos la «Marcha de las Bertas» y quiero contarles cómo fue y por qué lo hicimos.

Pedimos permiso a Berta Bejarano para usar su cara y bautizar con su nombre la marcha; ella acepto gustosa. No fue como en los spots pagados por el gobierno para criminalizar a Berta Bejarano, donde usan su imagen seguramente sin ningún permiso.

La marcha partió, como se puede ver en las fotografías, de la Plaza Garita de Lima. Allí arriba eramos al menos 300 mujeres. Al llegar a la pasarela de la Perez Velasco, ya nos convertimos en al menos 500 mujeres, muchísimas de ellas con sus wawas.

La «Marcha de las Bertas» tenía dos ideas básicas, en torno de las cuales planteamos las consignas:

– No a la criminalización de la pobreza en la figura de Berta Bejarano y por la dignidad de las mujeres de la IX marcha.

– Pedir que las mujeres no lleven a sus wawas, es como pedir que las mujeres no participen de las luchas sociales: lo hicieron las mineras de los setenta, lo hicieron las cocaleras de los noventa y lo hacen hoy las indígenas del TIPNIS, simplemente porque los hombres no se hacen cargo de niños y niñas. Fernando Vargas tiene 10 hijos y no lo vemos cargar wawas, Berta Bejarano tiene 10 hijos y 6 están en la marcha con ella. ¿Por qué? Porque él es hombre y ella es mujer.

Bajamos la larga calle Tumusla hablando con la población. En el trayecto no recibimos más que el cariño de las mujeres y aplausos en la calle. La marcha iba además engrosándose a su paso con mujeres urbanas, en una mezcla de mujeres cambas, collas, indígenas, urbanas y de todo, con wawa y sin wawa. La «Marcha de las Bertas», por eso, era además hermosa, porque era un resumen del complejo universo social que representamos las mujeres, en una mezcla insólita, compleja y bella de diferencias que nos unen y no nos separan.

La marcha estaba encabezada por Nazareth Flores, presidenta de la Central de Pueblos Indígenas del Beni; Berta Bejarano presidenta del Comité de Marcha, compañeras como Rocío Paty del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasusyu (CONAMAQ) y María Galindo de Mujeres Creando.

Entramos por la calle Comercio gritando: «Todas somos Bertas». .y que bien sonaba!

¿De quién es la Plaza Murillo?

Se ha convertido en un símbolo de dignidad para los movimientos sociales la posibilidad de entrar a la Plaza Murillo, por eso avanzamos hacia allí. Le preguntamos al ministro Romero: ¿es un delito querer entrar a la plaza, exigir entrar a la plaza, criticar el hecho de que la barrera policial no nos haya dejado entrar? Como decía Nazareth Flores: «¿acaso no se jactaba hace poco el presidente Evo Morales del hecho de que los indígenas jamas tuvieron entrada a la plaza y que con él eso sí se logró, y que jamás tuvieron acceso al Palacio y que con él eso sí se logró? El hecho de que nuestra marcha no entrara a la plaza por orden del Ministerio de Gobierno, es una prueba más de que en este país hay indígenas de primera e indígenas de segunda.

Es una patraña de Romero, el descuartizador de movimientos, decir que se nos gasificó porque quisimos entrar a la Plaza Murillo. Hubo abuso de poder y violencia policial como siempre.

En la Comercio y en la calle Ayacucho pedimos entrar a la plaza y no nos dejaron. Les colamos en todos los escudos policiales la cara de Berta Bejarano, impresa en una cartulina junto con dos grafitis: «Todas somos Bertas» y «Evo, tu post consulta a todo el pueblo insulta». Luego continuamos nuestro recorrido hacia la vigilia instalada en las inmediaciones de la Vicepresidencia, porque la ruta de la «Marcha de las Bertas» pasaba por esa vigilia, para precisamente subir los animos del campamento y continuar después rumbo al Ministerio de Gobierno. Por ello, a la altura del Ministerio de Culturas, en la calle Potosí, volvimos a reclamar el ingreso a la plaza. Allí los medios solicitaron nuestras declaraciones y mientras lo hacíamos, desde un costado los policías echaron gas pimienta a nuestras cara, a pesar del hecho de que en la primera fila de la marcha y pegada contra la barrera policial había muchas mujeres con wawas. Eso nos dispersó, las mujeres empezaron a correr, a toser; las wawas gritaban y fuimos bajando en desorden hacia la vigilia. Allí muchos de los varones de la IX marcha reaccionaron con rabia y en respuesta a la agresión policial que había sufrido la marcha de las mujeres.

Entonces la gasificación se hizo más intensa y los policías, para aplacar la ira de los varones marchistas sacaron el carro Neptuno y ocurrió lo que muy atinadamente Amalia Pando calificó como Chaparina dos, porque nuevamente la Policía se ensañó contra mujeres, niños y niñas como en la VIII marcha.

Conclusiones:

La «Marcha de las Bertas» volvió a movilizar la solidaridad y el respeto de la población que reaccionó de inmediato.

La «Marcha de las Bertas por todo el centro de la ciudad desmintió lo ocurrido el día anterior en la Ceja de El Alto: no hubo hostigamiento de la población ni rechazo, sino más bien mucho apoyo.

La «Marcha de las Bertas» logró volver a posicionar a la vigilia en defensa del TIPNIS en estado de alerta y apronte, y colocar a Berta Bejarano como vocera política de la IX marcha. Hasta la «Marcha de las Bertas» en los medios veíamos únicamente a Fernando Vargas y a Adolfo Chávez como voceros políticos, mientras que con las mujeres sólo se hablaba de la cotidianidad de la cocina y de la atención; eso se rompió. Las mujeres en la marcha retomaron su papel político de voces rebeldes, que es el que siempre queda invisibilizado en las movilizaciones populares.

El gobierno puede decir lo que quiera, porque su capacidad de distorsionar, acusar y mentir no tiene ya límite; por eso han perdido toda credibilidad. El Ministerio de Gobierno y el Ministerio de la Presidencia deberían llamarse ministerios de destrucción de las organizaciones sociales.

No permitimos que criminalicen a Berta Bejarano.

No permitiremos que nos criminalicen ni amedrenten, ni menos que rompan el profundo vínculo de amor que hay entre nosotras y las mujeres rebeldes de esta sociedad.

Respetamos todo lo que diga y decida la IX Marcha

Sin embargo, creemos que sería una posibilidad muy interesante y esperanzadora, pedir una mesa de diálogo del gobierno con las mujeres de la IX Marcha, puesto que sus acuerdos firmados son con puritito varones, como si no hubieran mujeres en el TIPNIS.

Por último, luego de la represión, como estaba propuesto, un reducido grupo de mujeres retomamos la «Marcha de las Bertas» y fuimos hasta el Ministerio de Gobierno.

Y por si acaso, Wilma Plata ni siquiera estuvo en la marcha; al ver tantos periodistas allí, en la Vicepresidencia, seguramente bajó apurada a hacer alguna declaración. Ni para enterarse de eso sirve la inteligencia del Ministerio de Gobierno.

María Galindo. Mujeres Creando

Ver fotos:

www.mujerescreando.org

www.mujerescreando.com

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.