Si algo ha aprendido el capitalismo es a resignificar todos los aspectos de la vida y la sociedad; el buscar quitar de contenido –que entiendo por historia y sentido– a cualquier cosa para convertirlo en una mercancía promoviendo, imponiendo y resbalando de forma subrepticia su ideología, lo que es, finalmente, uno de sus frentes de guerra más importantes, y aunque no es propiamente nuevo, hoy ha tomado ribetes diferentes gracias al avance tecnológico y al internet.
En este sentido, conceptos como: libertad, democracia, bienestar, revolución, sociedad, Estado, capitalismo, socialismo, izquierda, derecha, han sufrido de forma deliberada una deformación escandalosa con campañas comunicacionales, pero también con procesos sociales y políticos que han afectado en su acepción social. En este último caso, la socialdmeocracia, o la derecha blanda, que es lo mismo, han tenido un papel devastador al trivializar los conceptos de revolución y socialismo, hasta sacarles mucho de su sentido anticapitalista o blandirlos como posibilidades de 500 años adelante, como más o menos apuntara en alguna parte Álvaro García Linera.
Hoy, en Bolivia, la línea entre izquierda y derecha también se ha tergiversado. Si bien son identificables los políticos neoliberales que actuaron entre 1985 a 2005 y los de la ultra derecha, que surgieron en la búsqueda separatista entre 2007 a 2009, para la izquierda ha quedado un espectro confuso luego de que el MAS se convirtiera en su expresión hegemónica entre 2006 a 2019.
El golpe de Estado de 2019 abrió esta representación de la izquierda, especialmente bajo la crisis interna del MAS, justamente por no tratarse por una pugna ideológica, sino por la ambición de sus fracciones emergentes por desplazar a Evo Morales, primero con guerra sucia, guerra judicial y represión desde el gobierno y luego, con maniobras para hacerse de su base social y electoral desde sus propias filas con Andrónico Rodríguez.
En todo caso, estas fracciones emergentes expresadas en Arce-Choquehuanca y Rodríguez, solo buscaron heredar mecánicamente la representación de la izquierda y la representación política de lo popular, en desmedro del significado mismo de lo popular y la izquierda en una contienda electoral irregular y con proscripción para tener una papeleta a medida.
En este escenario, las elecciones nacionales del pasado 17 de agosto dieron resultados un tanto sorpresivos, los mismos que reflexionaremos a continuación.
Votos: vigencia del liderazgo de izquierda de Evo
Proscrito de forma ilegal en medio de una sañuda guerra judicial, Evo Morales, acompañado del movimiento cocalero del Trópico de Cochabamba, sobreviviente entre las organizaciones y movimientos sociales heridas de muerte por la mano de Arce y su séquito, convocó a último momento al voto nulo cuando ya había intentado otras opciones que no fueran las siglas de los partidos tradicionales.
El resultado de las elecciones fue sorpresivo porque el Partido Demócrata Cristiano (PDC) obtuvo 1.717.532 votos que equivalen al 24,89% de los votos absolutos y del 32,06% de los votos válidos, en segundo lugar el Voto Nulo y Blanco que llegó a 1.543.884 con 22,37% de los votos absolutos, cuadruplicando los mismos de las elecciones 2020, además de que en el caso de la abstención tuvo una leve elevación comparada con el mismo periodo. Tercero se encuentra el ultraderechista Libre con 1.430.176 votos correspondientes al 20,73% de los votos absolutos y 26,70% de los votos válidos, el cuarto lugar lo tiene Unidad con 1.054.568 votos que corresponden al 15,28% de los votos absolutos y 19,69% de los votos válidos. En quinto lugar se encuentra AP con 456.002 correspondientes al 6,61% de los votos absolutos y al 8,51% de los votos válidos, en sexto APB Súmate con 361.640 votos que expresan el 5,24% de los votos absolutos y el 6,75% de los votos válidos, en séptimo lugar se encuentra el MAS-IPSP con 169.887 que significan 2,46% en votos absolutos y 3,17% de los votos válidos. En octavo lugar se encuentra FP con 89.253 que representan el 1,29% de los votos absolutos y el 1,67% de los votos válidos y por último, en noveno lugar, LYP ADN con 77.576 correspondientes al 1,12% de los votos absolutos y el 1,45% de los votos válidos, como podemos observar en el siguiente cuadro:
Cuadro votación de las elecciones generales de Bolivia del 17 de agosto 2025
Puesto | Partido/Voto | Total Absoluta | % | Total Válidos | % |
1 | PDC | 1717532 | 24,89 | 1717532 | 32,06 |
2 | Voto Nulo y Blanco | 1543884 | 22,37 | 0,00 | |
3 | Libre | 1430176 | 20,73 | 1430176 | 26,70 |
4 | Unidad | 1054568 | 15,28 | 1054568 | 19,69 |
5 | AP | 456002 | 6,61 | 456002 | 8,51 |
6 | APB Súmate | 361640 | 5,24 | 361640 | 6,75 |
7 | MAS-IPSP | 169887 | 2,46 | 169887 | 3,17 |
8 | FP | 89253 | 1,29 | 89253 | 1,67 |
9 | LYP ADN | 77576 | 1,12 | 77576 | 1,45 |
TOTALES | 6900518 | 100,00 | 5356634 | 100,00 |
Elaboración propia en base a datos del SIREPRE
El voto Nulo y Blanco superó el promedio histórico donde es innegable la gran influencia que tuvo el llamado del evismo y de Evo Morales, lo que en términos concretos demuestra su vigencia y su preponderancia a todas luces muy superior de todas sus escisiones que buscaron desesperadamente ser herederas y representantes de un capital político que es intransferible.
La victoria del PDC: Un voto prestado
Los votos del PDC, que ganó la mayoría de los votos válidos en las pasadas elecciones, no aparecieron en ninguna encuesta y se movieron más allá de las interpretaciones mecánicas y superficiales. En primera instancia, el PDC, que entró al mercado de partidos políticos para las elecciones nacionales de agosto en la debacle del movimiento popular, tiene al grueso de su militancia, pequeña y derechista, en contra de las candidaturas de Rodrigo Paz a la Presidencia y de Edman Lara a la Vicepresidencia, por lo que no tienen siquiera la representación de su propio partido.
Paz, con procesos por corrupción cuando fungía de alcalde de Tarija, y Lara, ex policía afín a las redes sociales con algo de fama por denunciar algún hecho irregular en su institución, no tienen un programa claro ni difundido, por lo que a no ser la breve y limitada fama de Lara por su denuncia en redes sociales, no son por sí mismos poseedores de un capital político gravitante y ni siquiera son figuras públicas de relevancia.
Por ello, como segundo factor a considerar, la votación que suman es producto de otros elementos como la decisión pragmática del electorado de favorecer a quien considera “el mal menor” o “la cara más contestataria”. Efectivamente, en una papeleta sin representación de lo popular, lo más cercano, lo más contestatario al poder, podría identificarse con Lara que denunció a la Policía. Por ello, el PDC ganó en los bastiones del propio evismo, donde si no salió primero, tuvo el segundo lugar.
En esto, como último factor a tomar en cuenta, es que la democracia boliviana que emergió de la victoria popular de 2005, era también una crítica al propio sistema de partidos políticos y su forma de política, es decir, la dinámica y la lógica liberal de expropiación de la capacidad política. El pueblo no solo votaba y entregaba su capacidad al electo, más propiamente cediendo su representación, sino que seguía organizado e interpelaba directamente al Estado sin ningún tipo de mediación. Un rasgo complejo y propio de momentos de efervescencia popular que es difícil de diluir.
Ahora bien, la contradicción entre representación y autodeterminación popular no se han resuelto, hay momentos de brotes y de luces de la capacidad política popular puestos en acciones que dan cuento de esto, aunque efectivamente con un desgaste significativo. De todos modos, el voto de PDC es prestado y puede disolverse si sus candidatos no cuidan las formas y no mantienen los códigos necesarios para mantener un diálogo permanente que exprese el reflejo de los intereses populares.
El evismo, por su parte, tiene la tarea de fortalecer sus estructuras políticas propias y evitar que sus cuadros dirigenciales sucumban al delirio y la tentación de saltarse al barco de papel del PDC. Tal vez el mayor peligro son los actuales huecos de formación política y de organización que hoy pueden evitar una rearticulación inmediata de lo popular.
La ultra derecha se recompone
Lo realmente alarmante en los resultados de las elecciones amañadas del 17 de agosto es la recomposición de la ultra derecha que ha apostado por Tuto Quiroga de Libre, uno de los viejos y más radicales derechistas de la paleta política boliviana.
Con presencia a nivel nacional y con un importante bastión en Santa Cruz, actual epicentro de la ultraderecha, Libre se constituye en el nuevo instrumento de la ultraderecha que no fue erradicada tras el intento de golpe cívico-prefectural de 2008.
La ultraderecha, con su visión liberal y de subordinación al imperialismo yanqui, su racismo y su violencia arraigada, representan un peligro para el presente y para el futuro de las grandes mayorías y para todas las conquistas sociales, como derechos conseguidos para las mujeres, el reconocimiento de pueblos y naciones originarias, etcétera.
La arremetida violenta propiciada por la ultraderecha es un hecho al cual lo popular debe saber resistir y luego vencer. Lamentablemente, el gobierno de Arce y sus asesores seudoizquierdistas dieron el norte para ejercer la represión con guerra judicial y el uso de grupos paramilitares y es necesario que lo popular asuma la necesidad de la autodefensa política y territorial, para evitar el encarcelamiento arbitrario, las y los heridos que luego nadie atiende y las muertes que siempre son de las y los más humildes. Pese a todo, y recordando el pasado inmediato, está demostrado que lo popular puede y sabe reorganizarse y que pese a todo lo que se encuentra en contra, sabe sobreponerse para vencer.
Andrónico, la representación y la izquierda
Como ya señalamos, Andrónico Rodríguez decidió ser candidato al margen de su base electoral y de su territorio luego de que su intento por dividir a la organización cocalera del Trópico de Cochabamba fracasara frente a Evo Morales que terminó siendo ratificado como su máximo líder. Sin embargo, Rodríguez insistió en su carrera electoral aludiendo a que finalmente, frente a la proscripción de Evo, él asumiría la representación de lo popular y de la izquierda, heredaría el liderazgo y los votos de Evo y se consagraría como la continuación renovadadora de lo conquistado
La pobre lectura y un círculo mediocre de asesores y operadores, llevaron a Andrónico a callar primero hasta que se decidiera por la ruptura y arremeter luego, cuando sentía más oportuno. Utilizó todos los artilugios a su disposición para encarnar la renovación de lo popular y asumir un liderazgo que buscaba heredar a la fuerza, pero sin éxito, fundamentalmente por su incapacidad personal, pues cuando tomaba el micrófono casi siempre salía a retractarse o intentar corregir después.
Asimismo, ciego en un futuro prometedor, entendió la representación de lo popular de forma mecánica, sin reparar en que el capital político no es heredable y que autonombrarse de izquierda era insuficiente para hacerse de su representación. Claramente, Andrónico, que fue ahijado político de Morales, no acumuló capital político propio, no surgió de la lucha sindical o jugó ningún rol político relevante, contando incluso la resistencia al golpismo en 2019 y 2020 donde lo popular lo encumbró artificialmente frente al vacío de liderazgos y figuras referenciales, pero de ninguna manera por mérito propio y mucho menos por sus capacidades como organizador y político.
A esta lectura tergiversada, Rodríguez sumó como marco práctico y teórico-político la apuesta de García Linera por el llamado a las clases medias y su exaltación, incluso para ser dirigentes en el Proceso de Cambio, y que promovió, a sazón del propio Banco Mundial, un proceso de desclasamiento obrero y campesino. Entre sus cuadros-candidatos sumó a agentes del linerismo y el clasemedierismo como su candidata a Vicepresidenta, Marina Prado, una tecnócrata pro agronegocio con transgénicos y defensora de feminicidas, desplazando a candidatos de los sectores populares y priorizando a personajes, algunas autoridades electas, desechados por el evismo, para ocupar y dirigir su plancha.
De la misma manera, tanto discursivamente como en su documento programático, se fue alineando a posiciones más tibias, conservadoras y de derecha moderada, dando una apuesta por el medio en la política, desoyendo a los poquísimos sectores que se habían sumado a su proyecto, pero que finalmente lo abandonaron.
La realidad golpeó al androniquismo con porcentajes bajísimos de los votos y con unos pocos candidatos electos cuyo análisis dejaremos para otro momento. Sin embargo, es evidente que un proyecto surgido de la traición, que no entiende la dinámica del movimiento popular, que no lo representa, que no lo interpela y que apuesta por el clasemedierismo y el centro en vez de la izquierda revolucionaria, iba a fracasar, solo alimentado al debilitación del movimiento popular y la izquierda revolucionaria en su gran ambición acrítica y sin proyecto político real. Por ello, tanto en el campo de lo popular, como de la izquierda revolucionaria, el referente sigue siendo Evo.
La tarea: fortalecer y rearticular al movimiento popular
Sería iluso negar que el movimiento popular, la izquierda revolucionaria y el proyecto histórico revolucionario se encuentran en crisis; ya sea en el ámbito de las organizaciones y movimientos sociales donde la división y el agotamiento por la falta de la capacidad creadora y la subsunción estatal han dejado al movimiento cocalero del Trópico de Cochabamba como único referente. Sea también por el debilitamiento de la propia izquierda revolucionaria y su dependencia a un movimiento social poderoso y organizado que terminó trazando un sendero de construcción y fortalecimiento del Estado que no había terminado de superar al capitalismo y al colonialismo, o, por último, que el horizonte revolucionario se fue diluyendo bajo superar los índices de pobreza y sumarse al clasemedierismo, finalmente “la revolución se haría en 500 años”.
Esta crisis es resultado de haber carcomido la potencia y capacidad creadora de las organizaciones y movimientos sociales, pero también de la fetichización de la democracia obviando la necesidad imperante de siempre dotarla de sentido para que no se reduzca en un instrumento de opresión. Asimismo, al no transitar en la necedad de negar al Estado burgués, se terminó abriendo muchos resquicios en donde éste se fue reconstituyendo, lo que es el dilema real de la lucha revolucionaria: cómo construir un Estado fuerte destruyendo al Estado burgués al mismo tiempo o en palabras de Lenin sobre la construcción de un Estado proletario: más vale tener poco y bueno que mucho y malo. De hecho, el poder del Estado se convirtió en el mecanismo perfecto para la prebenda, la subordinación acrítica y la pérdida de horizonte.
Este momento de peligro, el movimiento popular debe profundizar su conocimiento y convicción, reconstituir su autodeterminación, para la reconstrucción de un horizonte revolucionario común, fortalecer al Sujeto Histórico Revolucionario, cuyo papel sigue vigente como la contradicciones de Clase y Nación se encuentran vigentes, solo que en franca ofensiva derechista.
La izquierda revolucionaria y el movimiento popular se encuentran golpeados y en crisis, pero en mejores condiciones que el año 2000, cuando la Guerra del Agua, y el 2003, cuando la Guerra del Gas relampaguearon para mostrarnos el camino y vencer, lo que hoy es más posible.
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