Recomiendo:
0

Reseña del libro Las invasiones , de Juan Manuel Romero

Fuentes: Rebelión

DVD ediciones, PoesíaBarcelona, 200648 pp. Juan Manuel Romero, poeta y crítico literario sevillano, nacido en 1974 y actualmente residente en Lleida, tiene una obra interesantísima jalonada de importantes reconocimientos: Los ángeles confusos fue premio Universidad de Sevilla, Invitaciones sospechosas (editada en Renacimiento) obtuvo el premio Surcos y Casa quemada (aparecida en la editora regional murciana) […]

Las invasionesDVD ediciones, Poesía
Barcelona, 2006
48 pp.

Juan Manuel Romero, poeta y crítico literario sevillano, nacido en 1974 y actualmente residente en Lleida, tiene una obra interesantísima jalonada de importantes reconocimientos: Los ángeles confusos fue premio Universidad de Sevilla, Invitaciones sospechosas (editada en Renacimiento) obtuvo el premio Surcos y Casa quemada (aparecida en la editora regional murciana) el Antonio Oliver Belmás. Con este excelente Las invasiones obtuvo el V Premio de poesía Radio 3.

Poema extenso, repartido en diez fragmentos -aunque también puede leerse cada uno de ellos como un poema con su sentido propio, cerrado-, escrito en endecasílabos blancos, Las invasiones llama la atención por la ambición estética de su autor, por la audacia y el rigor de la apuesta poética, por la densidad y altura de sus logros.

Juan Manuel Romero nos invita en Las invasiones a acompañarle en un proceso de indagación vital, de exploración en el misterio de lo real y en las palabras que intentan transmitirlo. Nos convoca así a un viaje, a un valiente ejercicio de búsqueda de sentido. El poeta, situado en estos poemas en estado de crisis, de transformación, afronta su transición como una aventura del conocimiento, como una ocasión para el aprendizaje, por un lado, y, por otro, como una oportunidad para luchar por la transmisión lingüística del proceso vivido con las herramientas y recursos de la poesía. La reflexión metafísica nos es así propuesta desde la experiencia cotidiana, desde la anotación de lo percibido, de lo sentido, y se nos ofrece desde el latido poético, desde su vibración, con un ritmo preciso y elegante. Ya en Casa quemada, publicado en 2004 y antecedente directo de este que nos ocupa, escribía este poeta: «Medir en la conciencia de la herida / El calor de la sangre, su sentido». Este es el objetivo con el que parece enfocar este último trabajo.

Las invasiones ofrece una deriva por el fluir de la corriente del estar vivo. El autor se interna en las oscuras aguas de lo no nombrado, de lo no sabido, de la experiencia desgarrada, y se abandona a la navegación para tratar de acercarnos en crudo, con ojos asombrados, su vivencia convertida en palabras para ayudarse (y ayudarnos) a entender un poco mejor el mundo. «Di algo que no sepas decir», nos aconsejaba Carlos Edmundo de Ory, y eso es lo que pretende la voz poética que en el libro va desgranando su peripecia (las dudas, los recuerdos que le asaltan, sus provisionales convencimientos): amarrar lo desconocido con palabras que desean decirlo, cantar lo que se va descubriendo en el proceso, en el aprendizaje, desde la posición del querer saber y sin saber aún del todo. Se trata pues de una actitud poética que aúna la poesía con el conocimiento, la experimentación vital con su transmisión ajustada. Si el resultado es fructífero para el lector concreto, esta poesía alcanza durabilidad, permanencia, pues ofrece la consecuencia de una investigación en el vivir, una destilación de hallazgos. No son pocos tampoco los riesgos a los que esta poesía se enfrenta, las tentaciones a eludir: el narcisismo, el solipsismo en sus diferentes registros, una trascendencia vacua, u obvia, o excesiva…Peligros que salva muy bien Juan Manuel Romero con un personaje poético (una encarnación, una máscara, una voz) cercano y natural, coloquial por momentos, empeñado en la comunicación de lo que no es fácil comunicar, siempre en pos de una trascripción exacta, en un ejercicio que a nuestro juicio sabe ser humilde («en la fragilidad está tu fuerza», escribe) y, a la vez, tener un peso específico suficiente y seductor, en una enunciación muy trabajada, evocadora, plena de aciertos que quedan resonando una vez concluida la lectura.

Abre el libro una oportuna cita de Maurice Blanchot, extraída de un trabajo del escritor e intelectual francés significativamente llamado L´écriture du desastre: «No hay soledad si ésta no se deshace a sí misma / para exponer lo que queda solo al afuera múltiple». La soledad, aire de la atmósfera que compone Las invasiones, asumida como un reto -y al precio de pagar la dolorosa cuenta que nos exige- acaba explicándose, entendiéndose, como estímulo, como puerta abierta al aprendizaje, a la construcción de uno mismo que supone desconocerse, reconstruirse, en el reconocimiento de la crisis, de los desplazamientos de sentido que provoca. Juan Manuel Romero conjura el horror, el caos de la existencia -su imprevisibilidad, su desbordamiento-, con una escritura que, en lo que dura su ensueño, señala el desastre -sin miedo, con certitud y firmeza- a la par que, de alguna forma, nos ampara del mismo, nos abriga contra su frío. La poesía se nos muestra pues en las páginas de este libro como un parapeto contra la muerte, como un espacio para respirar por hostil o viciado que sea el entorno. El poeta granadino Javier Egea (1952-1999) lo nombró de esta forma: «Y me mantengo firme gracias a ti, poesía, / pequeño pueblo en armas contra la soledad». O como queda dicho en Las invasiones: «Así el poema ordena y dignifica / y en su fuerza comprendes la marea».

Atraviesan el libro múltiples preocupaciones contemporáneas: la identidad; el trabajo del tiempo sobre el ser (por ejemplo, ese otro desorden que llamamos madurez); la violencia física y simbólica de la usura y de la explotación capitalista; las imposiciones diversas que obstruyen, amedrentan, eclipsan, esclavizan o condenan el deseo; el horror azaroso, a la vuelta de la esquina, y el milagro asombroso del vivir que está en cada cosa, en cada visión, en cada encuentro… El amor y su capacidad de supervivencia en los tiempos de la precariedad queda retratado con emoción, arrojo y fineza conceptual y verbal en el magnífico cuarto fragmento, uno de los más hermosos del conjunto. La discursivización es meditativa y sutil, fragmentaria, elíptica a veces, fluida, bien hilada, coherente, con intensidad en el decir.

Las invasiones nos narra heridas dejando sangrar la herida, nos muestra cicatrices, y sabe no caer en el exceso sentimental ni en la palabrería. «Digo mi queja pero no su óxido» [27]. La herida, nos dice el poeta, es individual pero es también colectiva. Así lo escribe Chantal Maillard: «La herida nos precede, / no inventamos la herida, venimos / a ella y la reconocemos». Es por eso que puede compartirse su vivencia.

«Basta con que la luz abra la mano», principia Las invasiones. Basta con saber verla, con saber mirar, añadimos. Juan Manuel Romero ha vuelto a certificar en este último trabajo que quiere, puede y sabe mirar el mundo poéticamente y contárnoslo luego con generosidad y acierto. En breve aparecerá un nuevo libro suyo, Golpes, en la editorial sevillana independiente del editor César Sastre, en su colección Carne y Sueño, con imágenes del artista plástico Javier Parrilla. Me atrevo a aconsejarles que tampoco se lo pierdan.