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Crónica de la presentación del libro Hacia una crítica de la imaginación patriarcal, de Ana Hardisson

«Si las mujeres no tienen una vida buena, libre y autónoma, los hombres tampoco son felices»

Fuentes: Contextos

La filósofa canaria muestra cómo la novela romántica contribuyó a la reclusión de las mujeres en modos de vida que negaban su realización personal.

«Si las mujeres no tienen una vida buena, libre y autónoma, los hombres tampoco son felices». La frase la expresó la filósofa canaria Ana Hardisson durante la presentación de su libro Hacia una crítica de la imaginación patriarcal en la Librería de Mujeres de Santa Cruz de Tenerife.

«La última intención de esta obra es hacer ver que hay dos grandes problemas simbólicos, imaginarios, intelectuales, que impiden la buena vida de mujeres y de hombres: el eterno femenino y el amor romántico», explicó Hardisson. La filósofa feminista indicó que el eterno femenino define a la mujer como «algo hermoso, delicado, frágil, dependiente, sumiso, obediente, pero también abnegado, sacrificado», mientras que la idea del amor romántico lleva a la conclusión de que «la mujer que no es amada no tiene nada que hacer en esta vida, o es amada o no sirve para nada».

La obra de Hardisson es el resultado de un análisis crítico de las novelas del Romanticismo alemán que desempeñaron un papel esencial en la educación sentimental de las mujeres y los hombres de su época y posteriores, creando un modelo de vida y de relaciones entre los géneros que impidió «la construcción de la individualidad de la mujer moderna, en su doble dimensión de autonomía y autorrealización», según señala la autora.

Para compensar los efectos del amor romántico, «una buena recomendación para ellas y ellos sería la igualdad», propuso la autora, quien apuntó también otra recomendación: «sería bueno que se incluyera la igualdad en la educación», para alcanzar una «nueva educación sentimental: que niños y niñas aprendan a desear de otra manera, que no se construya su sensibilidad deseante con cuentos del estilo de Blancanieves o La Bella Durmiente».

Este cuento para Hardisson es «el más simbólico de todos», porque en él «ella duerme y está como ausente hasta que él la salva dándole un beso y convirtiéndola en ama de casa». Este destino subordinado es el de las mujeres que se guían por el amor romántico, un modelo «tóxico, dañino y lesivo», según María José Guerra, profesora de Filosofía de la Universidad de La Laguna (ULL), que presentó el libro.

«No solo de crítica a la razón patriarcal vive el feminismo», aseguró Guerra, una idea reforzada por la autora, que señaló que «la razón patriarcal ha sido ya muy analizada por muchísimas teóricas, sería interesante abrir esta nueva brecha de la imaginación», que se introduce en el terreno de, «lo simbólico, sentimental, emocional», según Hardisson. «La imaginación tiene que ver con la construcción del deseo, de creación de modelos de identidad y de relación, de modelos de amor», indicó Guerra y el modelo romántico «todavía tiene una vigencia social indudable».

Entregarse al amor en estas novelas era «vivir una existencia subordinada, secundaria y relativa a los fines de los otros», explicó Guerra y esta idea inventada a finales del siglo XVIII o XIX aún está vigente y se transmite como una religión en la que «por fuera todo es hermosísimo y por dentro, totalmente venenoso, como la manzana que la madrastra entrega a Blancanieves». El único contraveneno para esta manzana tóxica es «el amor igualitario», apuntó Hardisson.

Fuentes de la sensibilidad moderna

La obra de Hardisson es el resultado de una lectura feminista muy atenta «al subtexto de género» de las llamadas novelas de formación o Bildungsromane, «por su intención ejemplarizante y su valor para educar la sensibilidad», explica la autora, quien considera estos textos «fundamentales para la comprensión del patriarcado moderno desde la perspectiva de la educación sentimental». La filósofa se remonta a la literatura de hace casi doscientos años porque estas se obras constituyen en «las fuentes de la sensibilidad moderna»

Así, Los años de aprendizaje, de Wilhelm Meister de Goethe, Hiperion, de Hölderlin, Enrique de Ofterdingen, de Novalis y Lucinda , de Schlegel, entre las obras más significativas, crearon estereotipos y modelos de subjetividad, masculina y femenina y aparece un arquetipo de la mujer deseable o ideal que «contribuye a reafirmar las claves de la ideología patriarcal desde la perspectiva de los sueños y los deseos masculinos de supremacía», explica Hardisson.

En estos textos se encuentran coincidencias en los personajes femeninos que dan pie para establecer alguna hipótesis sobre la construcción de la subjetividad femenina, en clave patriarcal, en la que la mujer queda mitificada como «producto de la naturaleza diseñado específicamente para amar». Las mujeres quedan dotadas de todas las cualidades afines a este objetivo, como «la abnegación, la renuncia, la dedicación y servicio a los otros o el olvido de sí misma».

La sacralización del amor hace del amor romántico en una «especie de religión» en la que la mujer es la sacerdotisa, dedicada en exclusiva al amor. Se crean así modelos de identidad femenina marcados por «el rol de la mediación, la consideración de la mujer como soporte o fundamento de la identidad masculina», y la subjetividad femenina «es negada».

Ana Hardisson Rumeu nació en Santa Cruz de Tenerife y estudió Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Es doctora en Filosofía por la ULL y ha desarrollado su carrera docente en Institutos de Secundaria como Catedrática de Filosofía. Ha sido profesora de la ULL e investigadora sobre Ética y Género. Ha publicado en revistas especializadas como Isegoría, Gavagay, Laguna.. Es coeditora y coautora del libro 20 pensadoras del siglo XX. Desde 1996 forma parte de la Junta Directiva del Ateneo de La Laguna (Tenerife).