Recomiendo:
0

Si leyeran a Scalabrini Ortiz

Fuentes: Rebelión

«El conocimiento abstracto, la técnica teórica de los problemas que atañen a la nación, no son suficientes para desempeñar una tarea efectivamente útil para nuestro pueblo, así como no son suficientes la honradez de propósitos y la buena fe de intenciones […] No olvidemos que somos víctimas de una ecuación meticulosamente calculada para apartarnos del […]

«El conocimiento abstracto, la técnica teórica de los problemas que atañen a la nación,

no son suficientes para desempeñar una tarea efectivamente útil para nuestro pueblo,

así como no son suficientes la honradez de propósitos y la buena fe de intenciones […]

No olvidemos que somos víctimas de una ecuación meticulosamente calculada

para apartarnos del conocimiento de nuestra realidad e impedirnos que planteemos

los problemas argentinos en términos que admitan solución»

Scalabrini Ortiz

 

Lejos del «movimiento de realismo nacionalista» que supiera proponer Scalabrini Ortiz, hoy la política argentina se desenvuelve en un mar de discursividades vacías y delirantes, que sin la chispa y el talento de Washington Cucurto, se asemeja más a su enarbolado «realismo atolondrado», que a un cuadro de situación más o menos acorde a lo que sucede diariamente en nuestro país.

Así, oficialismo y oposición discuten sobre (i)realidades construidas por ellos mismos. Una oposición que reúne a lo peor y más mediocre de la política (también de las ciencias, técnicas y artes) del país, asentados en sectores reaccionarios, egoístas y racistas, que buscan por todos los medios (masivos) avanzar en la construcción de un país servil a los intereses más espurios en nombre de una supuesta libertad. Muchos de ellos altamente beneficiados por el actual estado de situación y por la propuesta económica del gobierno, pero que no soportan cierta impostura del grupo gobernante y su militancia. En fin, un grupo de gente cargado de odio y resentimiento, que en lugar de argumentar escupe chiclés superficiales y sin sentido, que no expresa un solo fundamento válido, asentado en bases reales que justifiquen el rumbo en que pretenden sumir al conjunto de la nación. Las únicas veces que tienen números y argumentos creíbles actuando como oposición, los obtienen desde argumentos que «corren por izquierda» al gobierno, camino que claramente, nada tiene que ver con las intenciones que movilizan a estas aves de rapiña y mercenarios de todo tipo y color que dicen llamarse oposición.

Del otro lado, un oficialismo más hábil y talentoso, discursivamente más humano, habitado por gente profundamente despreciable que convive con otra respetable y sincera en su labor política, científica, técnica o artística. Un espacio contradictorio en su composición, e incluso en la direccionalidad de sus políticas públicas aisladas, donde se combinan algunas (pocas) medidas progresistas interesantes, defendibles y defendidas, con una abrumadora cantidad de decisiones que profundizan el statu quo. Un proyecto general que tiene como horizonte un capitalismo extractivo que está desangrando al país y sus bienes comunes (recursos naturales dirán ellos -y ellas), y que propone muerte para miles, decenas de miles de argentinos y argentinas. Porque eso es la minería, los agro-negocios, Monsanto, un sistema de «salud» pública (y privada) desastroso, una política represiva intensa que recientemente organiza una campaña de propaganda y denuncia contra la violencia institucional que ellos mismos impulsan, fomentan, financian, necesitan.

Tantos unos como otros entonces, construyendo discursivamente realidades que abonan y sirven a una discusión etérea que entretiene cual programa de chimentos de la tarde, pero que no pone en discusión la dependencia de todos los resortes económicos y estructurales de la nación al capitalismo y el poder transnacional. Tampoco pone en discusión la vida cotidiana de los sectores populares que mueren como moscas por la terrible precariedad en que están inscriptas esas vidas, o sobrevivencias sería más correcto, mientras unos pocos arriba, muy arriba, se llevan todo. Daría gracia, sino fuera que es patético, observar como unos arguyen desesperados estar luchando contra lo que ellos entienden como un gobierno socialista y dictatorial (que favorece a transnacionales y gana las elecciones con el 54% de los votos, curioso socialismo y dictadura el construido por el kirchnerismo), y otros defienden a un gobierno, sostenido por todos los sectores de poder real (económico) que están saqueando al país (salvo, Clarín, algunos sectores de la Sociedad Rural y ahora, relativamente Repsol), de un supuesto acechante golpe de estado que amenaza cada vez que las acciones discursivas del gobierno vienen cuesta abajo. ¿Para qué querría Monsanto o Barrick Gold un golpe de Estado en Argentina? ¿Para qué lo querrían las empresas pesqueras y los pooles de siembra? ¿Acaso los militantes kirchneristas creen que unos decrépitos y decadentes estancieros junto a una empresa de multimedios pueden orquestar un golpe de estado en estas tierras en tiempos de economía transnacionalizadas?

No se discute aquí que, lo que da en llamarse «la oposición», representa y reúne a lo peor de la sociedad, historia y cultura argentina. Se comprende también lo heterogéneo y complejo que es la composición de sectores e intereses que habitan y disputan el espacio kirchnerista. Sin embargo, no puede desconocerse la dirección general de la economía propuesta por el gobierno, que busca profundizar el consumo en lo interno, y la expoliación y el saqueo en lo externo, que insiste en profundizar el sistema capitalista y de poder, lógica total que tiende a generar una sociedad desigual, violenta y decadente.

Scalabrini Ortiz comenzó su «Política británica en el Río de La Plata» con la siguiente oración: «La economía es un método de auscultación de los pueblos». Siguiendo la advertencia, se considera que es ahí, en la estructura económica, uno de los lugares prioritarios donde se debe mirar para identificar la cuerda vital que se esconde detrás de discursos que son expresiones diversas de una misma realidad, que guste o no a oposición y oficialismo, es una economía absolutamente transnacionalizada y dependiente, que ordena un país de esclavos al servicio de unas pocas mega-empresas que saquen el suelo patrio. «Los pueblos fuertes no temen su propia realidad» escribió el correntino forjista. Quienes sinceramente queremos cambiar este país, no tenemos que escondernos tras discursos justificatorios y cobardes, sino asumir la realidad estructural que se presenta ante nosotros, para así desplegar todos nuestros saberes y voluntades, orientar nuestros ingenios y esfuerzos, en avanzar contra los enemigos de la patria. Debemos dejar de lado «las discordias de entre casa», que no hacen más que hacerle «el juego al enemigo», apuntar hacia donde se debe, hacia quienes manejan realmente los resortes principales de la nación, esto es: las empresas transnacionales. Sólo desde ahí podremos dejar de lado el circo discursivo que ocupa tiempo en las pantallas y hojas en los periódicos, para poder pensar de conjunto, entre quienes nos negamos a ser soldados del capitalismo transnacional, el modo de recuperar la patria y sus bienes para el bien de todos y todas.

Nada fructífero para el pueblo, tiene para ofrecernos la absurda diatriba discursiva de los de arriba. Nada hay ahí para nosotros y nosotras. Reformulando una vieja frase de Hernández Arregui, donde insistía en que él era peronista porque era marxista, hoy varios insistimos en que no somos parte del oficialismo ni de la oposición porque somos anti-imperialistas, porque queremos recuperar la patria para nuestros propios intereses que no son ni los de Clarín y Repsol, ni los de Monsanto y Barrick Gold. No es luchando contra realidades que sólo tienen existencias en los discursos que los enuncian como vamos a defender la vida y la libertad. Es hora que la militancia oficialista, siguiendo el consejo de Scalabrini Ortiz, deje de lado la excusa precoz y el «optimismo falaz [que] oculta un descreimiento que es criminal en los hombres dirigentes: el descreimiento en las reservas intelectuales, morales y espirituales del pueblo argentino». Bueno sería, dejar la excusa rápida que justifica la cobardía y la tibieza, para confiar en el pueblo y como parte de él, tomar de una buena vez la historia entre manos darlo vuelta todo.

Sergio Job es integrante del Colectivo de Investigación «El Llano en llamas» y militante del Movimiento Lucha y Dignidad en el Encuentro de Organizaciones de Córdoba.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.