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Sobre los efectos de la Reforma Educativa (I)

Si no sirves una vez ya no sirves para siempre

Fuentes: FRAGUA

El texto que publicamos a continuación fue elaborado a partir de una entrevista realizada a un profesor de educación secundaria ya jubilado, el profesor César Mendoza Toro, quien durante más de 30 años ha militado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y ha participado en todos los procesos de movilización y […]

El texto que publicamos a continuación fue elaborado a partir de una entrevista realizada a un profesor de educación secundaria ya jubilado, el profesor César Mendoza Toro, quien durante más de 30 años ha militado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y ha participado en todos los procesos de movilización y lucha que ésta ha desarrollado a lo largo de su historia, tanto en los que han logrado victorias como en los que han terminado en derrotas. Esperamos que las ideas aquí plasmadas sirvan para que los lectores de FRAGUA profundicen su entendimiento sobre las causas de la lucha magisterial y, particularmente, sobre las consecuencias de la recientemente aprobada e implementada Reforma educativa en la vida de maestros, estudiantes y padres de familia. Sin más preámbulos, pasemos a la información.

La Reforma educativa gira fundamentalmente en torno a la evaluación del magisterio. Nadie se opone a que se evalúe a los maestros, el dilema aquí es la forma de evaluar, quién evalúa y cuáles son los objetivos de la evaluación. En la reforma se habla de tres tipos de evaluación obligatoria para todos los maestros. La primera es para ingreso, la segunda para promoción y la tercera para permanencia. Seamos un poco más explícitos, la evaluación para ingreso está planteada de la siguiente forma: para entrar a trabajar como maestro, cuando terminas la Normal tienes que realizar un examen de oposición, el examen es estandarizado (sin tomar en cuenta las condiciones de la región de trabajo en las que te vas a desenvolver), de opción múltiple (es decir, no evalúa directamente sino al azar) y dura de seis a ocho horas (casi toda una jornada de trabajo) que transcurren frente a una computadora (y no frente a un grupo escolar como idealmente debería ser).

Este examen da la posibilidad de ingresar al servicio pero, para quien logra entrar, es solamente por un año y se le asigna un tutor para vigilar el trabajo realizado. Al año de estar trabajando se tiene que hacer otro examen en el que, por la vía de los hechos, no van a importar las referencias que dé el tutor. Si se reprueba ese examen se gira una «advertencia» y se puede trabajar un año más, eso sí, sin generar antigüedad (algo, de hecho, ilegal e injusto). Si al segundo año del ingreso el profesor no vuelve a pasar la evaluación que, repetimos, es altamente injusta y punitiva por lo señalado anteriormente, el profesor es despedido sin ninguna responsabilidad laboral para la SEP o alguno de los órganos centralizados.

Así, sin más ni más, al profesor se le corre, sin importar que estudiara tres años de preparatoria y cuatro años de Normal para ser maestro, solamente cuenta con dos años de posibilidad para ejercer su trabajo. Aquí es donde, nos decía el profesor César, uno como profesor no entiende porqué «si yo estudié en una Normal, ¿quién hizo los planes y programas de la normal?, pues la SEP; terminé y me hicieron un examen profesional a partir de mi tesis, ¿quién me avaló mi tesis?, ¿quién me dio el título de maestro? Y ahora resulta que para todo lo que me enseñaron sólo sirve un examen estandarizado para ver si soy o no soy idóneo, sin ver si di una clase, si sirvo para dar clases, sin ver cómo trato a los alumnos».

El examen de promoción es fundamentalmente para los que quieran subir de puesto. Antes existía un escalafón, el cual, según el profesor César, no era democrático, pero no estaba tan mal. En dicho escalafón, de acuerdo con sus méritos, cursos y el desempeño del profesor en el trabajo (porque, eso sí, una vez al año a cada maestro lo evalúa el director del plantel), los profesores podían ir subiendo. Ahora para permanecer, para poder ser director o subdirector, lo que hay que hacer es un nuevo examen de oposición: otra vez estar frente a una computadora durante ocho horas para resolver preguntas que, en algunos casos, según testimonios de compañeros que ya lo han hecho (y como en todo examen de opción múltiple), no tienen respuesta o, al contrario, pueden ser respondidas correctamente con cualquiera de las opciones que se dan.

Además, las condiciones en las que se aplica la evaluación, en muchos casos afectan a los maestros porque, debido a las fallas técnicas, se ha llegado a ir la línea («se ha caído el sistema») y en otros momentos hasta se ha ido la luz. Con este examen como única opción, ya no hay oportunidad alguna de que los profesores puedan aumentar sus horas de trabajo para tener mayores ingresos, además de que si ganan un concurso ya no pueden participar en otro y si no sirven una vez, ya no sirven para siempre.

El examen de permanencia es el que «ahorita está moviendo las aguas a todos» , dice el profesor César. Como su nombre lo indica, esa evaluación es para que los profesores puedan o no continuar en el Servicio Nacional Docente. Pero no es un examen nada más, la evaluación son tres pasos que hay que seguir obligatoriamente: se tiene que realizar este examen (8 horas frente a la computadora), se tienen que mostrar «evidencias» del trabajo y se tiene que presentar la evaluación que realiza el director, además de que los profesores de inglés y educación indígena tienen que presentar un examen de idioma. Las evidencias no consisten solamente en presentar fotos de los alumnos en clase, sino en probar cómo se adaptó la currícula para, por ejemplo, un alumno discapacitado, cómo se llevó y desarrolló el plan de estudios y la elaboración de material didáctico, etcétera, peor que si un profesor se presentara a juicio.

Ahora, por órdenes de la SEP, los directores están evaluando por medio de un mecanismo que se llama staying (que en español significa varias cosas, entre ellas, para este caso significa «siguiendo» o «seguimiento»), que tiene que ver con tiempos y movimientos. ¿Cómo se va a manejar «tiempos y movimientos» si se está trabajando con seres humanos? Cuando se evalúan cuestiones industriales, en donde se repite el mismo movimiento 200 veces o más y lo importante es reducir el tiempo en que se realiza el movimiento es posible evaluar de esta forma, pero… ¿con los niños?, ¿con seres humanos desarrollando actividades cognoscitivas? Es algo absurdo.

Por el momento dejaremos hasta aquí el desarrollo de la transcripción de lo relatado por el profesor César Mendoza en la entrevista que le realizamos acerca de la forma de operar y las consecuencias de la Reforma Educativa. Esperamos que lo dicho hasta el momento haya servido para el objetivo que nos trazamos al inicio del artículo que, seguiremos desarrollando en una segunda entrega.

Nota:

Este artículo fue publicado como parte de la sección TRABAJO del No. 15 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 12 de marzo de 2016.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.