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Sindicalismo en la nueva etapa ¿Unidad o unificación?

Fuentes: Rebelión

A los cambios de gobierno corresponden reconfiguraciones o reposicionamientos políticos por parte de las organizaciones que dialogan con ese nuevo escenario. El ámbito sindical es uno en el que no sólo esos reposicionamientos se dan, sino que además se anticipan. Y ese es el momento que atraviesa el movimiento sindical. Hoy hay cinco centrales sindicales […]


A los cambios de gobierno corresponden reconfiguraciones o reposicionamientos políticos por parte de las organizaciones que dialogan con ese nuevo escenario. El ámbito sindical es uno en el que no sólo esos reposicionamientos se dan, sino que además se anticipan. Y ese es el momento que atraviesa el movimiento sindical.

Hoy hay cinco centrales sindicales en Argentina. O por lo menos cinco fuertes referencias bajo las que se alinean de manera vertical diferentes sindicatos: la CGT de los gordos, la CGT de Moyano, la CGT de Barrionuevo, la CTA de Yasky y la CTA de Michelli.

Las cinco autodenominadas centrales reciben trato discriminatorio por parte del Estado argentino, puesto que la Ley 23.551 de Asociaciones Sindicales no permite la libertad sindical, sino que otorga la personería a la entidad gremial con mayor índice de afiliación. Aun así, y sin recibir personería, una de las CTA es abiertamente oficialista, y sus dirigentes así lo expresan.

Años atrás el clásico enfrentamiento se daba entre la concepción conservadora y burocrática de la CGT, frente a la central alternativa que nació con, entre otros objetivos, la finalidad de que el sindicalismo argentino tuviera una herramienta de lucha que le permitiera expresarse al conjunto de los trabajadores y de las trabajadoras por opciones políticas anticapitalistas, y hasta de constituirlas. Aquella iniciativa que inicialmente surgió del «Grito de Burzaco» como el Congreso de los Trabajadores Argentinos.

En la última década, las reconfiguraciones en el movimiento sindical llevaron a la actual conformación pentatónica que no refleja los debates de carácter sindical de los de abajo, sino las posiciones políticas coyunturales de los de arriba.

Desde hace unos meses las tres CGT comenzaron a discutir la posibilidad de unificar en una sola central a las tres vertientes. Lógicamente lo que moviliza a los viejos dirigentes a ir por el camino de la unidad institucional y política es la expectativa de que el próximo gobierno esté en manos del PJ y de un PJ menos kirchnerista.

El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, dijo el 16 de septiembre a Radio 10 y destacó Página 12 que «hay dirigentes trabajando en la reunificación de la CGT. Serán ellos los que decidan cuándo, cómo y con quiénes. Pero no creo en las unidades bobas, es una opinión».

«Siempre he estado a favor de una CGT unificada, siempre he creído por mi formación, por mi origen político, que la unidad del movimiento obrero es indispensable para mejor defender los derechos de los trabajadores, sin lugar a dudas». Esto es lo que destaca el periódico de la entrevista con Radio 10.

En otros artículos, el mencionado diario sugirió que Moyano iría por el mismo camino aunque por el momento no se declara en acuerdo públicamente, y tal vez no sería la figura que efectúe el acuerdo.

Queda el interrogante de qué hará el kirchnerista Hugo Yaski en este escenario. Esa CTA que ha bancado al gobierno y actuado como el brazo de disputa oficialista dentro de sectores sindicales con los que compartió espacio durante años, hasta el punto de producir el quiebre de la CTA, sin obtener a cambio de tanto entregado la personería jurídica que la OIT y buena parte del movimiento obrero viene reclamando.

La unificación de las CGT no implica per se un sindicalismo más fuerte. Lo que hace sólido al sindicalismo es la capacidad de organización de las bases. Si el futuro ofrece una sola CGT dependiente del Ministerio de Trabajo y alineada al PJ, habrá una burocracia fuerte con bases de trabajadores y trabajadoras sin capacidad de acción gremial, o supeditada ésta a los acuerdos super estructurales.

Pero lo que más debilita al movimiento sindical es la configuración de acuerdos de las dirigencias, por un lado, con bases casi completamente desmovilizadas y con niveles de debates políticos casi nulos, por otro. ¿Cuándo fue la última vez que en una asamblea de tu sindicato sentiste que estabas debatiendo algo por fuera de coyunturas que te llevan puesto o reclamos salariales que van siempre detrás de la pérdida del poder adquisitivo real?

Es también destacable y preocupante que las dirigencias que aspiran a un movimiento sindical clasista y democrático supeditan su accionar a los vaivenes momentáneos de la política doméstica, en lugar de planificar pasos estratégicos de reconstrucción del sindicalismo, capaces de intervenir en la lucha por la distribución del ingreso y la política real.

Como nuevos actores aparecieron en la Argentina desde hace algunos años una serie de sindicatos con inscripción gremial simple que pelean por fuera de las organizaciones anquilosadas, una serie de comisiones internas que disputan el poder a los viejos carcamanes para quienes la práctica sindical se redujo a la mala costumbre de la transa y las ventajas personales. Sin embargo, estas organizaciones y comisiones no lograron aún un peso propio que permitan disputar herramientas.

El panorama del movimiento sindical en nuestro país padece las debilidades que sufre todo sector que aspire a pensar en dar un paso más allá del que como sociedad nos hemos permitido, una vez habiendo sido derrotados por el difícilmente revertible consenso ideológico del «por fuera del capitalismo nada» y de «si querés cambiar algo hacé un partido político, ganá las elecciones y goberná».

Si quienes han sostenido una mirada crítica de las burocracias sindicales y el capitalismo no atinan a dar pasos sólidos en la construcción de herramientas que salgan de la lógica de la funcionalidad coyuntural, hacia uno u otro lado, la suerte del movimiento sindical está echada a su capacidad de reacción en un momento crítico en el que se verán obligados a reaccionar. Pero la reacción sin proyecto suele desencadenar en nuevas decepciones ante la capacidad final, en el juego del más fuerte.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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