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Tentayapi contra Repsol: la legitimidad del no

Fuentes: Rebelión

Un 12 de octubre es una fecha propícia para recordar que en España todavía el ejército desfila recordando su colonial pasado. En Bolivia, en las paupérrimas calles de El Alto, 67 familias aymaras recuerdan a sus muertos. Son los muertos del gas. Siete años después, el conflicto sigue encendido. Las corporaciones petroleras insisten en sacar […]

Un 12 de octubre es una fecha propícia para recordar que en España todavía el ejército desfila recordando su colonial pasado. En Bolivia, en las paupérrimas calles de El Alto, 67 familias aymaras recuerdan a sus muertos. Son los muertos del gas.

Siete años después, el conflicto sigue encendido. Las corporaciones petroleras insisten en sacar a todo precio el gas mientras los guaranís, legítimos propietarios de sus tierras, se niegan a malvivir la maldición de los recursos. La negativa de la comunidad Tentayapi a permitir el ingreso de Repsol, aviva las cenizas de la guerra del gas.

Margarita y la guerra

En 2003, octubre amaneció en una movilización sin precedentes por evitar el saqueo del gas del Pozo Margarita. Repsol, British Gas y Pan American conformaban la alianza Pacific LNG y pretendían comercializar el gas del Bloque Caipipendi en los mercados californianos -en Wall Street ya lo contabilizaban para susto de los accionistas y posterior devaluación bursátil-

El entonces presidente Gonzalo Sánchez de Losada que defendió el petrocontrato hasta sus últimas consecuencias, abandonó el país dejando un rastro de sangre y muerte (1).

Abortado el pan californiano, Repsol ha redirigido sus exportaciones hacia Argentina. Después de una reunión en Sucre en marzo de 2010, Antonio Brufau asistió junto con el presidente de Bolivia, Evo Morales y la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, a la firma del acuerdo de compraventa de gas entre los dos países, por el que Repsol se convierte en el principal suministrador. Con estas perspectivas de negocio del bloque Caipipendi se pretenden exportar 14 millones de metros cúbicos por día a la Argentina. La apuesta exportadora incluye la construcción de un oleoducto que recorrerá el nordeste argentino con un tope de 27 millones de metros cúbicos de gas boliviano.

Embriagados por los beneficios que reportaría esta acelerada exportación, Repsol y sus socias British Gas y Pan American, se comprometieron a invertir 1.500 millones de dólares. Entretanto, en las instituciones departamentales de Chuquisaca y Tarija, se discuten estos días los límites -léase regalías- del bloque Caipipendi en sendos departamentos y no se ponen de acuerdo: todos pugnan por la mayor tajada del pastel gasífero.

Guaranís o Gas

El Bloque Caipipendi abarca casi 700.000 hectáreas de los departamentos de Tarija y Chuquisaca. Sus límites se superponen a territorios indígenas (como el Territorio Comunitario de Orígen (TCO) Itika Guasú, y el TCO Tentayapi), así como el Parque Nacional Aguaragüe. Es una trampa gigante de gas seco, atrapado a 4 kilómetros de profundidad esperando a ser agotada en las próximas décadas por un consorcio integrado por Repsol YPF Bolivia S.A. (37,5%-Operador), BG (37,5%) y PAE E&P Bolivia (25%) en el marco del Contrato de Operación suscrito con Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.

Los campos Margarita y Huacaya constituyen en conjunto un área de explotación con una superficie de 123.000 hectáreas, en la cual hay, de momento, 5 pozos -con una profundidad que oscila entre 4.000 y 6.000 metros- que fueron perforados entre 1998 y 2008.

Las comunidades guaranís, habitantes ancestrales y legítimos de estas tierras, ya han tenido tiempo de conocer y denunciar graves irregularidades en cuanto a las prácticas ambientales y de relaciones comunitarias. En 2005 la Asamblea del Pueblo Guaraní publicó los resultados de un monitoreo ambiental realizado por sus comunidades, entre mayo de 2004 y marzo de 2005 (2). Denunciaban la erosión y deforestación generada por la construcción de gasoductos, la contaminación de aguas, derrames de aceite y hasta el atropello mortal de un joven por parte de la empresa. Dos destinos se disputan el presente y futuro de las comunidades guaranís. Recuperar el control territorial o convertirse en pueblos neo-cautivos entre los gasoductos del Bloque Caipipendi, que con sus megacampos Margarita y Huacalla, algunos apodan el Kuwait de América.

Tentayapi o Caipipendi

La comunidad Ava-Guaraní de Tentayapi ya plantó cara con éxito en 2004 a la embestida petrolera. Esta comunidad, referente en América por su conservación de la cultura y la firme postura de mantener su territorio y modo de vida intacto, no permitió que Repsol ingresara para ejecutar su proyecto de exploración sísmica 2D y 3D. Su defensa legítima a la injerencia externa le ha permitido conservar su estatus de «Iyambae» (hombres libres, sin dueño). Su determinación unánime por el «no», aupada por la declaración de Patrimonio Histórico, Cultural de los Guaranís (3), valió a los tentayapeños la admiración y respeto de otros pueblos indígenas bolivianos, también en conflicto con las petroleras, pero que no han podido expulsarlas de sus territorios.

Posiciones parejas se conocen en cambio en otros países como la comunidad mapuche Huenctru Trawel Leufú en la Patagonia argentina, la comunidad quichua de Sarayaku en la Amazonía ecuatoriana, o el Cabildo Mayor U’wa en las montañas colombianas del Cocuy.

Petróleo y cultura son antagónicos, por esta razón la Asamblea del Pueblo Guaraní emitió recientemente un comunicado en su sede de Camiri: Prohibir el acceso a las petroleras en Tentayapi. «Ninguna empresa, ya sea sísmica, de exploración y menos de explotación, podrá ingresar, ésa es la resolución consensuada entre todas las autoridades, porque eso sería un atentado en contra de los derechos de cada uno de los ciudadanos», manifestó a la Agencia Erbol Celso Padilla Mercado, presidente de la APG, remarcando el peso histórico y cultural que alberga la negativa de Tentayapi. Su postura, añadiría la Red Oilwatch en su campaña por la Moratoria Petrolera, reportaría también consecuencias para el clima. Los millones de pies cúbicos que no afloren a la superfície, serán millones de toneladas de CO2 y metano que dejarán de ser emitidas a la atmosfera.

La guerra del gas en Boliva todavía no ha terminado. Los responsables de las masacres de 2003 siguen impunes y en El Alto la gente se pregunta el porqué de la demora judicial. Pero en el Chaco una comunidad guaraní ha dicho «no». Y en Europa, las poderosas corporaciones petroleras se resienten (4). El gobierno boliviano hará muy bien en escoger a quién defiende.

Notas

(1) Algunas referencias de la Guerra del Gas: GAVALDÁ, Marc, Viaje a Repsolandia. Tutuma Edicions, Barcelona, 2006; GÓMEZ, Luis, El Alto de pie: una rebelión aymara en Bolivia. Comuna-Indymedia-HdP, La Paz, 2004; RAMOS, Edgar, Agonía y Rebelión Social, Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, La Paz, 2004.

(2) Asamblea del Pueblo Guaraní Itika Guasú, Monitoreo Indígena Independiente: Impactos ambientales, sociales y culturales de REPSOL YPF en territorios indígenas del Pueblo Guaraní, CEADES, Tarija, 2005

(3) Reconocido por el Estado Boliviano en la Ley 2921 de enero de 2005.

(4) Para un seguimiento de los conflictos que genera Repsol-YPF consultar: http://repsolmata.ourproject.org

Marc Gavaldà investiga y documenta desde hace más de diez años los conflictos ambientales del petróleo. Es autor de libros como Las manchas del petróleo boliviano (1999), La recolonización (2003), Viaje a Repsolandia (2006), RepsolYPF: un discurso socialmente irresponsable (2007), y Patagonia petrolera, el desierto permanente (2008). Ha realizado documentales como Vivir sobre el pozo (2002), Tentayapi (2005) y Patagonia petrolera (2008).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR

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