Este 2 de abril será recordado como el día en el que el presidente Milei y su vice Villarruel pronunciaron dos discursos en apariencia antagónicos, pero en el fondo idénticos en lo que se refiere a escamotear el significado emancipatorio de la recuperación de las Malvinas en 1982.
Mientras el bufón de Trump batía todos los récords de servilismo sosteniendo desde el cenotafio porteño la tesis británica según la cual las Malvinas son inglesas porque así lo quieren los tres mil británicos que allí residen, desde el sur del país la ‘indoblegable malvinera’ Villarruel jugaba todas las fichas de su cruzada por la recuperación de las islas al panamericanismo, o sea, a Trump.
Lo de Milei representa un nuevo escalón hacia la cumbre de la desmalvinización y el entreguismo. En el ‘Acto de homenaje a los veteranos y caídos en Malvinas’ armó un cerco a su alrededor y le prohibió el ingreso a los pocos veteranos de guerra que se acercaron espontáneamente al lugar. Solo podían pisar la Plaza San Martín los funcionarios de su gobierno y un puñado de ancianos mayormente ex oficiales de las FF.AA, que escuchaban impertérritos al patán leer -con una seguidilla de furcios– una alocución en donde exaltaba a los kelpers y denostaba a ‘los políticos’ argentinos. Mientras tanto, a su lado, Bullrich, Petri, Espert, Menem, Francos, Jorge Macri y cia. fingían demencia. El cuadro no podía ser más grotesco en esta parodia de homenaje que culminó en unos pocos minutos pues el patán debía prepararse para su viaje al Norte a hacer el besamanos de Trump.
Lo de Villarruel fue más emotivo y con una importante presencia popular. Viajó a la ciudad de Ushuaia que, en tanto capital de la provincia de Tierra del Fuego que incluye a las islas Malvinas, organiza cada 2 de abril actos masivos y de fuerte evocación patriótica. Cuando le tocó hacer uso de la palabra reivindicó con efusivos adjetivos la gesta del ’82, exaltó más allá de lo razonable el papel del Ejército Argentino en la contienda, reclamó un reconocimiento a los veteranos de guerra -que ya existe hace rato- y, lo que aquí nos interesa destacar, calificó a la causa Malvinas como un reclamo continental, ‘desde el Ártico a la Antártida’, que debe mancomunar esfuerzos para expulsar a la potencia extra-continental ocupante. Más adelante resaltó como parte de esa estrategia los contactos que estableció hace algunos meses con la Jefa del Comando Sur, Laura Richardson, con miras a levantar una base naval en Ushuaia.
Tanto Milei como Villarruel apuestan a Trump. El primero para mendigarle los dólares necesarios a fin de no sucumbir a la crisis que su esquema económico provocó; Villarruel, en tanto, le hace guiños al magnate para que EE.UU le quite apoyo a Gran Bretaña en Malvinas, tal como Galtieri y su camarilla de oficiales lo intentaron en 1982 con Reagan. Es decir, la ‘malvinera’ coloca la causa soberana en el carro del trumpismo y busca convertir a la Argentina en el baluarte yanqui en el cono sur en un escenario de guerra mundial. En el MAGA del mandamás del Norte, la hija del excombatiente quiere meter a nuestras islas irredentas.
Naturalmente, el panamericanismo al que aspira Villarruel es una fantasía completamente extemporánea que correspondió a un momento histórico en el que un EE. UU en ascenso buscaba imponer en Sudamérica su dominio en detrimento de sus rivales europeo, principalmente Gran Bretaña. Pero desde hace rato el imperialismo occidental es un sistema de dominación global que tiene su vértice superior en EE.UU. y su lugarteniente en el Reino Unido, que por otra parte jamás podría sostener la base de la OTAN en las islas sin el apoyo norteamericano. Los choques que puedan provocar los exabruptos de Trump con Europa son escaramuzas que buscan someter al viejo mundo, especialmente a Alemania y Francia, a la estrategia guerrerista para rediseñar el tablero internacional en beneficio del imperialismo yanqui, que quiere volver a ser el ‘dueño del mundo’.
En suma, el intento de recuperar las Malvinas de la mano del principal sostén de la usurpación inglesa que, como si fuera poco, contribuyó decisivamente a su triunfo militar en 1982, es no solo una torpeza geopolítica sino una infamia para la memoria de los que combatieron y murieron por el sueño de una islas argentinas y latinoamericanas.
Fernando Cangiano es exsoldado combatiente de Malvinas y autor del libro ‘Malvinas, la cultura de la derrota y sus mitos’ Ed. Dunken, 2019.
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