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Un espía en el chip

Fuentes: Dominiuris

En la película «Desafío Total», el personaje al que daba vida Arnold Schwartzenegger, actual gobernador de California, tenía un localizador que, curiosamente, se inutilizaba envolviéndose la cabeza en una toalla mojada. Sin perjuicio de su menor tamaño, y esperemos que mayor facilidad para su retirada, los chips que nos están preparando las grandes multinacionales (1), […]

En la película «Desafío Total», el personaje al que daba vida Arnold Schwartzenegger, actual gobernador de California, tenía un localizador que, curiosamente, se inutilizaba envolviéndose la cabeza en una toalla mojada.

Sin perjuicio de su menor tamaño, y esperemos que mayor facilidad para su retirada, los chips que nos están preparando las grandes multinacionales (1), sobre todo las de la distribución, no parece que pueda desactivarse con tan insustancial método.La preparación previa de la opinión pública, de cara a su implantación, ya ha comenzado.

En efecto, no hace mucho se anunciaba en diversos medios que «una discoteca catalana implantará un chip bajo la piel a personajes famosos» (2) (3), empezando por antiguos concursantes de un conocido programa televisivo basado en la burda mercantilización, y consecuente pérdida de valor, de un derecho fundamental. Obviamente, ninguna persona más apta para el experimento que quienes ya han colocado en el mercado gran parte de su intimidad.

Pero el chip de marras no es algo sólo previsto para las personas, sino también para las cosas, e incluso para el dinero (4), por lo que, acertadamente, se han levantado voces (5) que reclaman una adecuada defensa de la privacidad en relación con estas tecnologías, denominadas genéricamente por sus siglas en ingles RFID (identificación por radio frecuencia).

No vamos a hablar de las ventajas de este sistema que, para el usuario, pueden concretarse, pecando de simplista, en que no tendrá que hacer la cola en el supermercado, porque no habrá cajeras, aunque seguramente el ahorro de estas empresas en sueldos no implicará una reducción de sus precios. El precio de los productos será cargado directamente en la cuenta bancaria a la que tengamos vinculado el chip insertado en nuestra piel, y todo ello sin necesidad de sacar los productos del carrito.

Tratar de impedir el desarrollo de estas tecnologías, no es sino intentar poner puertas al campo, algo tan inútil como querer atar las lenguas de los maldicientes, que decía D. Miguel de Cervantes por boca de D. Quijote (6). Pero esperemos que no caigan en saco roto las iniciativas que intentan proteger algo tan manoseado como nuestra privacidad.

Está claro que los chips cutáneos, cualquiera que sea su uso, se encuentran vinculados a una persona concreta. Sin perjuicio de la necesidad de contar con una normativa específica para estos chips personales, al menos y de momento, deberá cumplirse en relación con los mismos toda la normativa relativa a la protección de datos de carácter personal; y estamos convencidos de que la Agencia de Protección de Datos actuará tan diligentemente en este terreno como lo ha venido haciendo en otros, donde las multas han sido considerables.

Pero cosa distinta puede suceder, si la legislación no lo remedia, en lo referente a los chips de las cosas, dado que, con la situación actual, y si no se cruzan los datos con otros, como por ejemplo los de las tarjetas de crédito con que paguemos, lo cierto es que en principio podría pretenderse que estos chips instalados, por poner un caso, en los condones del supermercado no tienen trascendencia legal alguna en materia de protección de datos. Lo cierto, en cambio, es que nada más alejado de la realidad, pues se antoja como imposible que los datos proporcionados por los chips no acaben de alguna manera directa o indirecta vinculados a alguna persona.

Recientemente, la Agencia de Protección de Datos, con la sana intención de proteger a los ciudadanos frente a posibles abusos, afirmaba el carácter personal de la dirección IP. Es pronto todavía para efectuar una aseveración así en relación con los chips del supermercado pero, en cualquier caso, lo que si resulta necesario es reclamar que cuanto antes se ponga en marcha la maquinaria normativa, a fin de regular adecuadamente, y con respeto a la privacidad de las personas, el abandono de los códigos de barras por los chips, que ya nos los quieren vender como inocuos.

Los gobernantes harán al final lo que quieran, pero está claro que a los «maldicientes», como chipespia.com, no se les podrá atar las lenguas.

Notas:

(1) Explicación sobre la RFID y los chips espía: http://www.kriptopolis.com/more.php?id=131_0_1_15_M22

(2) Una discoteca catalana implantará un chip bajo la piel a personajes famosos http://www.el-mundo.es/navegante/2004/03/17/esociedad/1079536632.html

(3) Identificación a flor de piel: http://enter.terra.com.co/ente_secc/ente_actu/noticias/ARTICULO-WEB-1001940-1779811.html

(4) El chip espía que supliría al código de barras: http://weblog.mendoza.edu.ar/tecnologia/archives/000691.html

(5) http://www.chipespia.com

(6) – No te enojes, Sancho, ni recibas pesadumbre de lo que oyeres, que será nunca acabar: ven tú con segura conciencia, y digan lo que dijeren; y es querer atar las lenguas de los maldicientes lo mesmo que querer poner puertas al campo. Si el gobernador sale rico de su gobierno, dicen dél que ha sido un ladrón, y si sale pobre, que ha sido un parapoco y un mentecato. D. Quijote Parte II. Cap. 55.