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Un pueblo malvinero para un gobierno colonial

Fuentes: Rebelión

Invitado por una amiga militante malvinera, tuve la oportunidad de asistir a un acto-vigilia el día primero de abril por la noche en un local partidario de la Ciudad de Buenos Aires. Una nutrida presencia de jóvenes escuchó con atención a un panel de veteranos de guerra respondiendo preguntas sobre la guerra y la posguerra. Lejos de esgrimir un discurso de victimización, los exsoldados resaltaron con gran elocuencia el carácter patriótico y anticolonial de la contienda. Fueron vitoreados por los jóvenes cada vez que señalaban la legitimidad de la lucha que les tocó librar, incluso bajo condiciones adversas y padecimientos extremos provocados por la acción enemiga y la improvisación de la conducción político-militar de la dictadura liberal oligárquica argentina.

Unas horas después de ese encuentro entusiasta, el gobierno nacional celebró el 2 de abril en el Cenotafio porteño con un vergonzoso acto, completamente desteñido, protocolar, vacío de pueblo y de veteranos, y con una asistencia que no superaba las 100 personas entre funcionarios y curiosos transeúntes. El presidente se limitó a leer un discurso de 5’ en el que se cuidó muy bien de no mencionar la palabra colonialismo, pronunció algunas frases de circunstancia y esbozó un elogio a las Fuerzas Armadas, lo que debe leerse como parte del intento de integrarlas a la cruzada guerrerista de Trump (Escudo de las Américas). Al inefable bufón de pelo enmarañado, que dos días antes había usado la palabra ‘robo’ para referirse a la justa y legal expropiación de YPF en 2012, no se le ocurrió utilizar ese mismo vocablo para referirse al colonialismo como política y, mucho menos, a la usurpación de nuestras islas y sus riquezas en beneficio del Reino Unido. Digamos que el momento más ‘emotivo’ del encuentro fue el abrazo sobreactuado con su Jefe de Gabinete Manuel Adorni, comprometido hasta el cuello en escandalosos casos de corrupción que afloran a un ritmo diario.

Esta crónica resultaría incompleta si no mencionáramos la columna vespertina del periodista Fernando Borroni en la señala ‘progresista’ C5N pues ella resume una tercera concepción de los acontecimientos de 1982 dominante en sectores medios preferentemente capitalinos. Borroni desplegó con total desenfado el guion recalentado contra el que la mayoría de los veteranos polemizamos en las últimas décadas por tratarse de una versión ‘derecho-humanista’ de la desmalvinización. Según esa narrativa, la inmensa movilización que acompañó la recuperación de las islas y condenó el colonialismo, fue la ‘plaza de la vergüenza’ y quienes participaron de ella deberían pedir disculpas, si es que aún viven. Naturalmente, los soldados que fuimos a Malvinas éramos corderitos asustados, ignorantes de lo que sucedía y cruelmente martirizados por los propios suboficiales y oficiales argentinos, no por los ingleses que nos bloqueaban y bombardeaban. ‘Chicos de la guerra’ fue la identidad construida en la literatura de posguerra. La guerra, según esta mirada a gusto de los británicos, no fue una batalla anticolonial contra la usurpación de 150 años sino ‘el último campo de concentración de la dictadura’. Era exactamente lo que decía la Thatcher y su dispositivo propagandístico por aquellos días: la ‘democracia inglesa vs la dictadura argentina’. Cambiando los actores y extrapolado al tiempo presente, es la misma lógica que hoy sostiene Netanyahu como justificación de la masacre de palestinos, libaneses o iraníes. ‘Es la democracia israelí que se defiende de sus enemigos’ repite el cínico genocida.

En los tres hechos que rescatamos en esta sumaria crónica vemos los componentes principales de la escena que se repite en la Argentina cada 2 de abril.

Escena 1: el gobierno cumpliendo a desgano con un ritual cuya evocación compromete la estrategia política de subordinación obscena a los enemigos de Malvinas, hoy potenciada hasta límites estratosféricos por Milei y su camarilla;

Escena 2: el progresismo liberal – siempre refractario a la idea de Patria pues ve en ella resabios ‘fascistas’- intentando demoler la lucha anticolonial que emergió en Malvinas bajo las nobles (y falaces) mistificaciones del occidente imperialista;

Escena 3: los Veteranos de Malvinas y la juventud, imbuidos de un sano patriotismo, rescatando lo esencial de la historia frente al cáncer paralizante del derrotismo, esto es, el pueblo argentino movilizado para recuperar lo que le pertenece con el apoyo solidario de los pueblos sudamericanos.

Como se dijo reiteradamente en el acto mencionado al iniciar esta nota, es imprescindible que las jóvenes generaciones conviertan la memoria -ya lejana en el tiempo- en un poderoso programa de acción política para el presente que tenga como horizonte la independencia nacional y la unidad latinoamericana. ‘Liberación o Dependencia’ sigue siendo la gran dicotomía de esta hora.

Fernando Cangiano es exsoldado combatiente de Malvinas, autor del libro Malvinas, la cultura de la derrota y sus mitos (Ed. Dunken – 2019) y de diversos artículos sobre el problema de la ‘desmalvinización’
en el posguerra
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