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Ediciones Dyskolo publica el ensayo Pasolini: pasión y muerte, de Salomé Guadalupe Ingelmo

45 aniversario de la muerte de Pasolini, ¿un crimen político?

Fuentes: Rebelión

El joven Pino Pelosi fue el único condenado, en mayo de 1976 -a nueve años y siete meses de prisión-, por el asesinato de Pier Paolo Pasolini. El cuerpo del ensayista, cineasta, poeta y narrador apareció brutalmente mutilado el 2 de noviembre de 1975 en la playa romana de Ostia. En noviembre de 2015, la justicia italiana ordenó que se archivara una investigación sobre el caso. Es el punto de partida del libro Pasolini: pasión y muerteCrónica de un asesinato anunciado, de la escritora Salomé Guadalupe Ingelmo, publicado en febrero por Ediciones Dyskolo.

Los Escritos Corsarios recogen textos y artículos del también periodista y traductor, comunista heterodoxo, publicados entre enero de 1973 y febrero de 1975. Nueve meses antes de la muerte violenta, Pasolini empleó en el periódico Corriere della Sera la metáfora de las luciérnagas, que empezaron a desaparecer por efecto de la contaminación a principios de los años 60 del siglo XX. Antes que se extinguiera este insecto, “la continuidad entre fascismo fascista y fascismo democristiano es casi absoluta”; el régimen democristiano se basaba, según el autor, en mayorías absolutas sostenidas por las clases medias y las masas de campesinos, dirigidas por el Vaticano y fundamentadas en valores esenciales como la familia, la patria, el ahorro y la moralidad.

Por el contrario, la desaparición de la luciérnaga -la industrialización de los años 70 en Italia – representa una “violenta homologación” de las culturas particulares y la “irreversible degradación” del pueblo italiano por la llegada del consumismo y el hedonismo de masas, explica Pasolini en el artículo El vacío del poder; en consecuencia, los políticos democristianos se vieron reducidos a “máscara fúnebre”ante un nuevo poder real, que asumía la forma de “ejércitos nuevos, trasnacionales, casi como policías tecnócratas”.

Con formación académica entre el estado español e Italia, Salomé Guadalupe Ingelmo (Madrid, 1973) imparte clases de lengua y cultura mesopotámica en la Universidad Autónoma de Madrid, es autora del monólogo teatral Alicia se mira en el espejo (2015), la antología de cuentos La imperfección del círculo (2012) y el libro-entrevista La narrativa es introspección y revelación (2012), además de publicar ensayos literarios y poesía.

En una entrevista del periodista Antonio Cuesta (Rebelion.org, marzo 2020), Salomé Guadalupe Ingelmo apunta algunas claves sobre el pensamiento de Pasolini; a la iglesia católica, su jerarquía y como institución, “no podía perdonarle que no se opusiese al nada cristiano consumismo” (cuestión distinta era la figura de Jesús de Nazaret y el cristianismo de base: para rodar el filme El Evangelio según Mateo pidió ayuda a la organización Pro Civitate Christiana de Asís). Expulsado del Partido Comunista Italiano (PCI) en 1949 por “indignidad moral” (tras las acusaciones de corrupción de menores y publicitarse su homosexualidad), reprochó al Partido “que se hubiese perdido demasiado en lo teórico, enfrascado en sus propias disputas sobre el sexo de los ángeles” y distanciado de los barrios empobrecidos, subraya la autora.

Pocas horas antes del crimen, el intelectual nacido en Bolonia concedió su última entrevista al periodista de La Stampa, Furio Colombo; Pasolini le sugirió el titular: “Todos nosotros estamos en peligro”. En una de las respuestas, evocaba el mundo de sus sueños –el de las obras de Bertolt Brecht- en el que el adversario quedaba bien retratado: el patrón con sombrero de copa y los bolsillos repletos de dólares; y frente al capitalista, la viuda hambrienta con sus hijos reivindicando justicia; “tengo nostalgia de la gente pobre y verdadera que luchaba para abatir a ese patrón, sin por ello convertirse en ese patrón. Porque estaban excluidos de todo, nadie los había colonizado”.

La autora de Pasolini: pasión y muerte aporta información de contexto. En septiembre de 1975 se produjo la llamada Masacre de Circeo; en el municipio de San Felipe Circeo, a 100 kilómetros de Roma, tres jóvenes de extracción burguesa e ideología fascista secuestraron y violaron a dos muchachas de familias modestas; una de ellas –Rosaria López- murió como consecuencia de las torturas y la otra joven, Donatella Colasanti, resultó herida de gravedad. El 12 de junio un militante de Lotta Continua de 22 años, Alceste Campanile, fue asesinado por un ultraderechista en Reggio Emilia; la semana anterior Margherita Cagol, dirigente de las Brigadas Rojas, perdió la vida a causa de los disparos de los carabinieri (policía).

El 16 de abril de 1975 un estudiante antifascista de 17 años, Claudio Varalli, fue liquidado a tiros por un grupo neofascista tras una manifestación en Milán; al día siguiente, en la misma ciudad, un vehículo de los carabinieri atropella y mata a otro militante de izquierdas, Giannino Zibecchi. En 1975 continuaba el proceso judicial por la masacre de la Plaza Fontana de Milán (diciembre de 1969), que se saldó con 17 muertos y 88 heridos; este atentado con explosivos –en la sede de la Banca Nazionale dell’Agricoltura– se insertaba en la denominada “Estrategia de la tensión” (atentados perpetrados por la extrema derecha con el apoyo del Estado y otros actores –como la red Gladio de la OTAN- y atribuidos a la izquierda, para generalizar el miedo y frenar el ascenso de ésta al gobierno).

“En los estrenos de las películas de Pasolini se había hecho habitual la presencia de grupos neofascistas que procuraban boicotear y atemorizar a los asistentes: el estreno de Accattone en 1960, el de Mamma Roma en 1962, el de El Evangelio según Mateo en 1964…”, explica Salomé Guadalupe Ingelmo.

Además recuerda dos obras que atribuyen un trasfondo político al asesinato del filósofo y poeta: la película Pasolini, la verdad oculta (2013), del realizador Federico Bruno, que señala a los servicios secretos, la Democracia Cristiana y el Vaticano; y el libro de investigación Profondo nero (2009), de los periodistas Sandra Rizza y Giuseppe Lo Bianco, que establece una conexión con el secuestro y desaparición del periodista Mauro De Mauro en 1970; De Mauro investigaba la muerte–en un misterioso accidente de aviación en 1962- del presidente del ENI (Ente Nacional de Hidrocarburos) Enrico Mattei, “quien se atrevió a desafiar a las petroleras internacionales” (Profondo nero se subtitula “Mattei, De Mauro, Pasolini. Una única pista sobre los orígenes de las masacres de Estado”).

Cuando se produjo la muerte atroz de Pasolini, éste trabajaba en su última novela, Petrolio, finalmente publicada en 1992; en el volumen de 500 páginas se refería –entre otras cuestiones- al ENI, al caso Mattei y a una figura muy sombría –el industrial Eugenio Cefis-, quien presidió la estatal energética, la corporación Montedison y fue miembro destacado de la logia masónica P2; la logia italiana fue vinculada –en los años 70, durante la dirección de Licio Gelli- a la “Estrategia de la tensión”.

El 14 de noviembre de 1974 el escritor comunista publicó un artículo en el Corriere della Sera titulado Qué es este golpe, en el que afirmaba: “Sé los nombres de los responsables de las matanzas de Brescia y de Bolonia de los primeros meses de 1974” (8 muertos y 102 heridos por un atentado neofascista -con explosivos- en una plaza céntrica de Brescia, en el transcurso de una manifestación de sindicatos y grupos antifascistas; también se atribuyó a las tramas negras la bomba contra el tren italicus en Bolonia, con un balance de 12 muertos y 48 heridos).

Pasolini resaltaba en el diario milanés la “ayuda de la CIA” a un “grupo de poderosos”, y añadía: “Sé los nombres de los que, sin dejar de ir a misa, han dictado las disposiciones y asegurado la protección política a viejos generales (para tener a punto, en reserva, la organización de un posible golpe de Estado), a jóvenes neofascistas más bien neonazis (para crear concretamente una tensión anticomunista) y, por fin, a criminales comunes, hasta este momento y quizá para siempre sin nombre (…)”. Fueron los años de plomo en Italia. 

En 1975 el realizador y filósofo ultimaba el filme Saló o los 120 días de Sodoma, basado en la obra del marqués de Sade. Censurada en Italia y estrenada de manera póstuma en París, Saló estaba ambientada en 1944-1945, durante la ocupación nazifascista en el norte de Italia –la República de Saló-. El espectador se enfrentaba a escenas de sexo sadomasoquista: la representación de cómo el poder mercantiliza los cuerpos. 

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