El régimen neocolonial y fascistoide de Javier Milei, libertario de cotillón que no tolera la prensa independiente ni opiniones discordantes con sus delirios mesiánicos, ha despedido de la Secretaría de Cultura a Kaloian Santos Cabrera después de haber servido durante 13 años como fotógrafo y fotoperiodista en dicha dependencia. ¿Su pecado? Haber sido el fotógrafo que identificó al gendarme que disparó contra Pablo Grillo durante la manifestación del 12 de marzo.
Kaloian es cubano y hace quince años que reside en la Argentina. Aparte de ser un eximio profesional es un cubano-argentino, como el Che. Y al haber hecho un aporte sustancial para que se haga justicia y se castigue a quien disparó contra Grillo la actitud de la autocracia reinante lejos de ser de agradecimiento, para esclarecer un delito, procede a despedirlo de su trabajo obedeciendo a órdenes que «vienen de arriba.» Así actúa este régimen infame que tanto dolor y tanta muerte está ocasionando a la Argentina. ¡Toda mi solidaridad con Kaloian!
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Ver a continuación el informe elaborado por Kaloian
Luego de 13 años de trabajo en el Ministerio/Secretaría de Cultura de la Nación, he pasado a formar parte de la lista de más de 40.000 despedidos del sector estatal de la República Argentina. A las 22:30 del lunes 31 de marzo, cuando casi me disponía a dormir, llegó a mi casilla personal el correo notificatorio:
*Estimado/a,*
Me dirijo a usted a efectos de notificar que su contrato no será renovado a partir del 1° de abril de 2025.
Asimismo, se le comunica que queda eximido/a de prestar servicios a partir del día lunes 31 de marzo del corriente.
*QUEDA USTED DEBIDAMENTE NOTIFICADO/A.*
Secretaría de Cultura.
Ministerio de Capital Humano.
Presidencia de la Nación.
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Así, en mayúsculas, como quien grita desaforadamente, resonaba lapidariamente la última frase: QUEDA USTED DEBIDAMENTE NOTIFICADO/A. Como un flashback, viajaron por mi cabeza los 13 años que pasé en el Ministerio de Cultura de la Nación como fotógrafo. Las cientos de miles de fotografías que tomé desde la Antártida hasta la Quiaca, registrando y cubriendo la identidad cultural de un país que un día, hace justo 15 años, me adoptó como uno más de sus hijos, sin pedir nada a cambio. ¡Qué privilegio! Por eso siempre agradezco y honro a esta nación.
Aparecieron también en ese vertiginoso vuelo por mi mente las caras de la gente linda, compañera, profesional y abnegada, que me enseñaron el valor del Estado y la responsabilidad de ser un trabajador estatal, de formar parte de quienes sostienen, con su trabajo diario, esta patria. Todo eso y más tejieron un amor y sentido de pertenencia hacia mi lugar de trabajo en el sector estatal, en la cultura, y me enseñaron que debía ser cada vez mejor como ser humano y como profesional. Que no importaba el tinte político de quienes ocuparan el sillón de Rivadavia porque, precisamente, el Estado es por y para el pueblo. Y así, sobreviví a lo largo de cuatro gestiones de contrastados colores e ideologías, hasta llegar a ser uno de los miles de despedidos de este gobierno.
Durante estos 13 años trabajé como fotógrafo contratado en el área de prensa de Cultura, siempre como monotributista. Además, como todos los trabajadores de prensa y fotoperiodistas, tengo colaboraciones freelance en varios medios, pues ya sabemos de la precariedad de nuestro sueldo. A través de mis redes, siempre mostré mi trabajo fotoperiodístico, cubriendo marchas y otros sucesos en el país.
Cuando asumió este gobierno, sabía que mi puesto en Cultura podía estar en riesgo. Pensé incluso en dejar de publicar mis fotos o en hacerlo bajo seudónimo, pero finalmente decidí seguir siendo fiel a mi nombre y a mi carrera como fotoperiodista. Además, no había conflicto con mis tareas en el ministerio. Incluso, a pesar de los despidos masivos de 2023 y principios de 2024, nunca aparecí en esas listas. Sobre todo porque no tenían argumentos para señalarme, ya que mi desempeño dentro del ministerio era incluso reconocido por las propias autoridades.
En enero de 2024, mi contrato debía renovarse por un año tras aprobar el examen de idoneidad, pero sorpresivamente, solo me lo renovaron por tres meses. Reclamé y, entre idas y vueltas, desde recursos humanos asumieron que fue un error de ellos. Me aseguraron que, en abril, mi contrato se renovaría automáticamente hasta diciembre. Sin embargo, el lunes pasado, 31 de marzo, Directora de Comunicación de la Secretaría de Cultura de la Nación, María José Pérez Insúa, me llamó cordialmente para anunciarme que, “desde arriba”, le llegó la orden de no renovar mi contrato debido a una «reducción de personal». Curioso, ya que fue una reducción de personal personalizada, pues fui el único de toda el área de prensa desafectado de mis funciones.
Desde el sindicato (ATE) se reunieron con la funcionaria, quien reafirmó que las órdenes venían «de más arriba» y que ella no podía hacer nada. Paradójicamente, incluso ella les dijo que había manifestado buenas referencias sobre mi desempeño a los de Recursos Humanos. Sin embargo, le respondieron que mi caso era irreversible.
Aunque no lo asuman, todo esto se debe a mis coberturas fotoperiodísticas, a que mis fotos de las marchas, los jubilados y la represión comenzaron a circular y ser compartidas. También a mi serie de dípticos «De qué lado de la mecha te encontrás». Y, puntualmente, como la gota que rebalsó el vaso, fue la foto que tomé durante la represión del 12 de marzo, cuando un gendarme disparó a Pablo Grillo. Gracias a esa foto y otras de varios colegas, el Mapa de la Policía pudo identificar al efectivo.
Sabía que esto podía ocurrir con este gobierno y no me arrepiento. Mi trabajo en el ministerio fue impecable, con un sentido de pertenencia labrado a lo largo de más de una década, sin importar quién fuera el gobierno de turno. De todo eso y de poder mostrar la realidad a través de mi cámara en la calle, me siento profundamente orgulloso. Como canta mi querido Silvio:
«El que tenga una canción tendrá tormenta
El que tenga compañía, soledad
El que siga buen camino tendrá sillas
Peligrosas que lo inviten a parar
Pero vale la canción buena tormenta
Y la compañía vale soledad
Siempre vale la agonía de la prisa
Aunque se llene de sillas la verdad»
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