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2025, un año de retrocesos para la lucha popular

Fuentes: Rebelión

El 2025 fue sobre todo de derrotas para la izquierda global, por una parte Donald Trump regresó con mayor estridencia y nulo respeto por el derecho internacional, a la vez que Israel prosiguió con el genocidio sin un mínimo de decoro. Concretamente en América Latina este año fue de avances para la derecha populista.

Si bien el triunfo del demócrata socialista Zohran Mamdani en Nueva York fue recibido con esperanza a nivel global, la realidad es que es la repetición de una constante en la política neoliberal (de izquierda o de derecha), en la que todas las esperanzas se ponen sobre un solo personaje y no en los procesos sociales.

No es necesario ser un socialista para estar de acuerdo con que la participación es fundamental para que una sociedad sea realmente democrática, sin embargo esa idea se ha ido desterrando de la mente de la mayoría a cambio de la falsa comodidad de delegar toda la política en las manos de un líder carismático y esperar que lo resuelva todo.

Es comprensible en tanto que la acción colectiva es costosa, pasar horas o tal vez incluso días, discutiendo opciones puede ser altamente desgastante, la mayoría de las personas prefieren evitarlo y dejarlo en manos de alguien más, pagar si es necesario, para quitarnos de encima esos líos. Situación que tras la pandemia se ha agudizado.

Pero dejar la política en manos de unos pocos puede tener costos que no se perciben fácilmente. Las afectaciones al medio ambiente son un buen ejemplo, pero en general el bienestar social depende del adecuado manejo de los recursos de una sociedad, dejarlo en manos de una minoría es empeñar el futuro a cambio de una falsa comodidad.

La era neoliberal ha sido muy exitosa en precarizar la vida de la mayoría, gracias a lo cual la mayor parte de la sociedad está exhausta y por ello poco dispuesta a invertir tiempo en algo tan fundamental como la política. Así es como la mayoría no sólo se siente ajena a este tema, sino que además le es más fácil caer en las soluciones fáciles o mesiánicas.

Es probable que sea necesario tocar fondo para darse cuenta de que este sistema económico social es una condena de fracaso para el grueso de la humanidad y en general para el planeta; pues a la vez que los políticos (de cualquier facción) se esmeran por reducir la participación de la mayoría, nuestra atención está puesta en temas menos relevantes.

No pasará mucho tiempo para que Mamdani se convierta en otra decepción y que en otras latitudes la izquierda vuelva a vitorear un triunfo estéril más. Todo ello vendrá de la mano con nuevos análisis sesudos, rupturas y escisiones, todo al margen de la organización y participación popular, lo que seguirá abonando a la desesperanza.

México ante la derecha radical

En México el gobierno emanado de la 4T mantiene su fuerza y popularidad, aunque sufriendo un desgaste constante, será cuestión de tiempo para que los medios masivos logren hacer mella en la fuerza comunicativa que legó el gobierno de López Obrador al de Claudia Sheimbaum, y que una derecha radical desafíe su hegemonía.

Si el actual gobierno tuviera una verdadera vocación por detener el avance de las expresiones de la ultraderecha haría un esfuerzo por acercar la política a las bases sociales, pero ya sea por mantener los privilegios de sus élites, o por una desconfianza en la base popular, el gobierno ha mostrado muy poco interés en promover esos cambios.

Ante la amenaza latente de la intervención militar estadounidense, el gobierno de la 4T enfrentará grandes desafíos en 2026, pero es un error pensar que éste puede ser el único damnificado de estas acciones, basta con ver el desastre que ha dejado EEUU por cada lugar por el que ha pasado.

Si bien México es un país que EEUU ha tratado de controlar con cierto margen de libertad, sobre todo en aras de evitar un conflicto grave que termine por tocar sus fronteras, la racionalidad no es algo que caracterice a Trump y sus allegados, quienes se caracterizan tanto por su incompetencia como por su estridencia de sus posturas amenazantes.

La única respuesta efectiva a esa amenaza, como en general al avance de la derecha radical, que como podemos ver en el caso de Israel no tiene límites para cometer los peores crímenes contra la humanidad, es la organización popular, pero la izquierda neoliberal ha decidido no apostar por esa posibilidad.

Para qué, si es mejor seguir siendo un administrador ejemplar de los intereses del gran capital y sólo pugnar por unas dádivas -unas veces más generosas que otras- para el grueso de la población, hasta que sea momento de cederle paso nuevamente a la derecha, que seguirá haciendo más o menos lo mismo, pero dando rienda suelta al odio al pueblo.

Sin perder la esperanza…

En 2026 lo mejor que se puede desear es que nos sacudamos esa pereza hacia lo político y que tengamos un mayor compromiso participativo en toda decisión, desde lo que atañe al barrio, hasta lo que es de carácter global.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.