Recordando un recurso retórico que utilizaba un gran amigo mío, nos preguntamos por ¿cómo evaluar el desempeño de una economía?
En términos generales, el desempeño de una economía puede evaluarse a partir de tres criterios fundamentales: su ritmo de crecimiento económico, la situación de la distribución del ingreso y, finalmente, por el grado de dependencia externa.
Cuando revisamos estos aspectos en la economía mexicana desde 2018 a la fecha, resulta que, en los tres indicadores señalados el desempeño de la economía mexicana resulta claramente insuficiente. El llamado modelo del humanismo mexicano no significa una ruptura estructural con el neoliberalismo, sino que representa una modalidad del mismo acompañada de mayor gasto social. Veamos.
Según datos del INEGI (Estimación Oportuna del PIB, enero, 2026), el 2025 cerró con un crecimiento de 0.7% respecto a 2024. Si ajustamos por el crecimiento de la población, el PIB per capita creció solo 0.1%. Está situación no es novedosa. Desde 2018, año de inicio de la denominada Cuarta Transformación, la economía ha crecido a un ritmo promedio anual de 0.9%. Si se descuenta el crecimiento poblacional, cercano al 1.0% anual, el crecimiento del PIB per cápita se reduce a alrededor de 0.1% anual. Es decir, nos enfrentamos a un periodo de estancamiento económico secular que se viene arrastrando desde el inicio del modelo neoliberal en 1981.
Sólo para dimensionar estas cifras, a este ritmo de crecimiento, la economía mexicana tardaría aproximadamente 693 años en duplicar su producto por habitante. O bien, si quisiera alcanzar a su principal socio comercial, considerando que Estados Unidos sólo crezca a una tasa de 2.0% al año, debería crecer a un ritmo de 13.8% anual durante un periodo continuo de 25 años. Algo que resulta, en las condiciones actuales, completamente impensable.
En torno a la distribución del ingreso, sin minimizar la reducción de la pobreza durante 2018 a 2024, nos encontramos con un alto nivel de la tasa de plusvalía. Está, recordemos, expresa la relación entre los ingresos apropiados por el capital y aquellos que corresponden a la clase trabajadora. En 2018, esta tasa alcanzaba un nivel de 7.4, esto significa que, por cada hora de trabajo, el obrero se apropiaba de 7 minutos con 7 segundos, mientras que el capital de los restantes 52 minutos con 53 segundos. Para 2025, una estimación rápida sitúa la tasa de plusvalía en 6.8, esto es, por cada hora trabajada, el obrero se apropia de 7 minutos con 42 segundos, mientras que el capital se apropia de 52 minutos con 18 segundos (aspectos metodológicos se pueden encontrar en “Canasta salarial y valor de la fuerza de trabajo. El caso de México”, en El Trimestre Económico, 2023, del suscrito). Aun con una pequeña reducción de la tasa de plusvalía, estamos en presencia de altos niveles de explotación económica por parte de la burguesía mexicana hacia clase obrera.
Llama la atención que el incremento importante en el poder adquisitivo de los salarios mínimos presenciado durante el periodo comentado no se haya reflejado en reducciones sustantivas de la explotación económica y, tampoco, en un mercado interno solido que opere como base fundamental del crecimiento. Empero, tal vez no sea muy difícil vislumbrar que en la canasta de consumo salarial exista un componente importado muy elevado, el cual opera como forma de drenaje del mayor salario hacia el exterior. Por ello, no es de sorprenderse que exista un componente importado que sirve como anclaje de los precios y mantiene a raya las presiones inflacionarias. El llamado Paquete Contra la Inflación y la Carestía, que exenta del pago de contribuciones a la importación a un conjunto amplio de bienes de la canasta de consumo tiene esa finalidad.
Finalmente, si bien no es fácil hacerle frente al imperialismo estadounidense, resulta interesante ver cómo el gobierno en turno ha apostado por la integración económica con Estados Unidos, la cual han disfrazado de una especie de cooperación para hacerle frente a China. De ahí que la agenda arancelaria de Trump se extienda y se aplique desde México, gravando con nuevas tarifas a las importaciones provenientes de ese país o de otros países asiáticos. Manteniendo las condiciones del TMEC a favor de Estados Unidos y, perpetuando, la alta dependencia económica de nuestro país.
En suma, el neoliberalismo resultó más que un simple proceso de privatización y orientación del estado al llamado libre mercado, del cual, por cierto, algunos de sus herederos hoy operan como asesores empresariales y económicos del gobierno actual. Sin embargo, el neoliberalismo es un modelo de funcionamiento estructural de la economía, un patrón de acumulación de capital donde el estancamiento y la alta explotación operan como fundamento, no basta revestirlo de humanista ni menos legitimarlo con gasto social para que este deje de existir.
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